--LA NOTICIA
Por Sempronio, el de Regla
Como mi carnal Jorge C. está ocupado en otros trajines y la "ausencia
de gato es gozadera de ratones", yo aprovecho para adueñarme de la
escribidera y descargar algo que me está trajinando el coco. Hoy voy a
escribir sobre LA NOTICIA, aquello por lo que se desvivían los
periodistas de épocas ya idas.
Conocer algo caliente, de actualidad y ser el primero en divulgarlo,
era el sueño de todo profesional de la prensa. Por eso los periodistas
de antes andaban a la caza de LA NOTICIA, husmeando y metiendo las
narices donde quiera, aunque algunas veces salían con ella quemada. La
noticia tenía que sorprender al público y además tener inmediatez, la
primacía en ofrecerla era "dar el palo periodístico", algo así como el
batazo que botaba la pelota en un estadio. Por dar "un palo" algunas
veces se exageraba y hasta se inventaba una noticia, cuando estas no
abundaban. Por lo general, se amplificaba un suceso, se le
"descubrían" conexiones con asuntos o personajes al parecer ajenos, o
simplemente se "fabricaba" en la redacción. En aquel entonces había
una "Prensa Seria" y contra la lógica, la otra no se llamaba "De
Relajo" sino "Amarilla"; al parecer ese color era chistoso. Las
agencias suministradoras o fabricadoras de noticias eran
norteamericanas, la AP y la UPI abarcaban y condicionaban el panorama
informativo que bebía el cubano; como excepción, la británica Reuters
colaba, de cuando en cuando, su despachito; por supuesto, todas estas
agencias eran fuentes de la "Prensa Seria". Con esa seriedad, nos
convencimos que la Segunda Guerra Mundial la lucharon los americanos
en el Pacífico y que luego tomaron Berlín, mientras que los rusos
hicieron su "bobería" para cogerse el oriente de Europa. Así nos
informaba la prensa seria, al analizar los hechos con objetividad y
mesura. La espectacularidad, el sensacionalismo y la chacota los ponía
la prensa criolla, porque las noticias nacionales se condimentaban con
estos elementos folclóricos. Así, por ejemplo, podíamos anunciar a
grandes voces que el diamante del Capitolio había desaparecido, o que
Juanita la burlada le mutiló la masculinidad a su novio en Jiguaní.
También tuvimos la noticia en décimas cantadas que, el inolvidable
Joseíto Fernández inmortalizó con el estribillo de "guantanamera,
guajira guantanamera" y que alcanzó tal popularidad, que salir en la
guantanamera" era sinónimo de sufrir una tragedia, lo mismo que
"cantarle la guantanamera" significaba armarle un escándalo a alguien.
Hasta hubo un reportero que radiaba sus reportajes desde la sala de
urgencias de un hospital; ahí la inmediatez sí que era súper
inmediata.
En nuestra Habana se publicaban numerosos órganos de prensa, la
mayoría diarios y algunas revistas semanales como Bohemia, Carteles y
Vanidades; cada cual con su línea editorial y tendencia política;
entre gobierno y oposición ninguno era totalmente imparcial. Cuando
Fulgencio puso los pies en polvorosa, fue sorprendentemente reveladora
su lista de "atenciones de Palacio a la Prensa"; en el listado
aparecían con distingos en la cifra de billetes, los más conocidos
plumíferos de aquellos tiempos. Todos ellos, unos más cautos, otros
camaleónicos, comenzaron a ejercer como críticos y consejeros
voluntarios del nuevo gobierno revolucionario. Pronto sacaron las
pezuñas y entonces los trabajadores implantaron aquello de "la
coletilla", nota en la que expresaban su inconformidad o desacuerdo
total con los editoriales y artículos "de fondo" que sacaban del fondo
los verdaderos intereses de los dueños. Fue así que la lucha de clases
se hizo visible en el terreno de la letra impresa, aquella que recogía
el acontecer nacional y extranjero. Fíjense que dije "visible", porque
presente siempre estuvo. Como toda confrontación entre clases
antagónicas, tenía que terminar con el sometimiento de una clase por
la otra y la forma que tomó esa dominación fue la expropiación de los
medios que "pasaron a manos del pueblo". Curiosamente, ni los
trabajadores ni sus sindicatos, sustituyeron a los dueños; de ello se
encargaron los funcionarios nombrados por la conducción política. De
privada, cada publicación pasó a funcionar como una empresa estatal,
parte de un monopolio nacional: el monopolio de la noticia.
Hoy, los periodistas no tienen que desvelarse a la "búsqueda y captura
de la noticia", no les hace falta porque se las suministra un centro
emisor y distribuidor. Pero la cosa no fue así, de ran-plan; durante
el tiempo transcurrido, la noticia sufrió sucesivas transformaciones.
Primero, eran loas al cumplimiento de planes, al logro de metas y a
triunfos pregonados (ésta tónica, aunque no tan fuerte, subsiste hoy);
la crítica comenzó a brillar por su ausencia (la gente decía que se
había ido por Camarioca) y el triunfalismo "reinaba sobre la faz" de
la prensa. Más tarde, se tornaron en agoreras pitonisas, en oráculos
de un futuro siempre incumplido; todas mostraban una redacción de
términos semejantes, utilizando los verbos en futuro, nunca en
presente o en pasado. La carreta iba delante de los bueyes y LA
NOTICIA se adelantó al tiempo, cuando anunciaba que "se cumplirá tal
cosecha", "se construirán tantos miles de viviendas", o "que los
trabadores del ramo más cual cumplirán las metas acordadas". Ya no
reportaba acontecimientos pasados, sino sucesos por venir; sin duda,
era una noticia futurista. Luego, se centró en desastres, tragedias y
calamidades ocurridos en otras latitudes y esto, aparte de llenarnos
de conmiseración por los damnificados, nos fortalecía en la convicción
de que vivíamos en un paraíso donde nada de eso pasaba. Así hemos
llegado a la situación actual de un vacío informativo de campana
neumática, donde LA NOTICIA no existe y si existe se vuelve fiambre,
al demorar en publicarse. El retardo más reciente, fue el aumento de
precio de la leche en polvo en las TRD, que se puso en práctica el
pasado 4 de abril y Granma la publicó casi una semana después, el día
10. Por todo lo anterior, después de una larga vida y múltiples
transfiguraciones, yo pienso que la noticia ha muerto. ¡En paz
descanse LA NOTICIA! Esa es la impresión que recibo cuando escucho un
resumen noticioso; en lugar de noticias, nos brinda las declaraciones
de alguna que otra organización de masas o el discurso que alguien
pronunció en la celebración de un acto cualquiera; todos son muestras
de adhesión a nuestra ideología y apoyo incuestionable a nuestros
líderes. A mí, a Sempronio, estos noticieros me recuerdan a "El
Padrino" de Mario Puzo y su amenazante solicitud: "¡No insultes a mi
inteligencia!"
Desde Regla,
Tierra bendita de Yemayá, cuna bravía de los abacuá.
Abril 18 de 2014
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
jueves, 17 de abril de 2014
martes, 15 de abril de 2014
LA GALLINA Y EL HUEVO
-- LA GALLINA Y EL HUEVO
Por Sempronio, el de Regla
Antes escribí sobre "El Trabajo", hoy voy a tratar de su productividad
y retribución. Entre estos dos elementos relacionados con "la pincha",
se plantea hoy un problema insoluble parecido al de la gallina y el
huevo. Dimas Castellanos tituló así un artículo suyo, pero invirtió el
orden al citar primero al huevo y aunque no comparto muchos de sus
enfoques, encontré muy feliz el símil y se lo tomo prestado. Hasta que
no se establezca cuál de esos dos elementos es la causa y cuál el
efecto, seguiremos revolcándonos en un problema insoluble. Es cierto
que los bajos salarios no estimulan la elevación de la productividad,
así lo ha reconocido el Presidente cubano, quien aduce que no se
pueden elevar, mientras no tengan un respaldo productivo. Productivo
es la calificación que debe acompañar al trabajo. Y aclaro que no me
refiero a aquellos "trabajos productivos" a los que convocaban
sindicatos y organizaciones de masas, en los que aportábamos nuestro
trabajo voluntario festivamente y que no tenían nada de productivos.
La productividad debe ser consustancial al trabajo, éste debe y tiene
que ser productivo, de lo contrario se convertiría, como muchos de
aquellos trabajos voluntarios, en un irracional malgasto de recursos
materiales y humanos o en un simple entretenimiento. El recurso humano
invertido es la fuerza de trabajo; esa fuerza tiene un valor y un
precio que no tienen que coincidir. Su valor lo definió Marx como "el
valor de los medios de subsistencia necesarios para la reproducción
del obrero, para la satisfacción de sus necesidades de primer orden y
las de su familia". El precio del trabajo, casi siempre fijado por el
empleador ya sea estatal o privado, se expresa por la cantidad de
dinero que recibe el trabajador como retribución de su fuerza de
trabajo. Ya sabemos que en el capitalismo la diferencia entre el valor
y el precio de la fuerza de trabajo, se la apropia el capitalista bajo
la forma de plusvalía. Ahora bien, según Marx, el Estado cubano, como
empleador, remunera la fuerza de trabajo por debajo de su valor. La
prueba es que los salarios actuales no son suficientes para solventar
las necesidades básicas del trabajador y su familia. Por ello, muchos
hombres y mujeres jóvenes, aptos todos para el trabajo, prefieren
vivir del invento, "lucharla en la calle", antes de optar por un
empleo estatal que, según ellos, "no les resuelve nada". Es que no
entienden, no pueden entender, que el pobre Estado tiene que afrontar
los gastos de la seguridad social, los de la defensa y orden interno
del país, los referidos al mantenimiento del propio aparato estatal,
la carga de los servicios básicos que brinda gratuitamente a la
población, que incluyen todos los salarios de miles de trabajadores de
la esfera no productora de bienes materiales y, claro está, la de
administrativos y dirigentes que, según nos dice el censo, rondan el
medio millón. ¡Señores!, el fondo de salarios no es infinito y cuando
los asalariados son muchos, los salarios tienen que ser pequeños. La
poca o ninguna comprensión de estas verdades, estriba en que son
asuntos de la macroeconomía, la del país todo, la que no entiende la
gente de abajo, que solo siente la que le toca el bolsillo.
¿Quién entonces es el culpable de la poca o ninguna productividad del trabajo?
¿La incultura económica de la gente o los insuficientes salarios? Como
ven, ya estoy metido en este berenjenal, coto particular de los
economistas y no acabo de aclararme el asunto de la gallina y el
huevo.
Desde Regla, tierra bendita de Yemayá, cuna bravía de los abacuá.
Abril 16 de 2014
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
Por Sempronio, el de Regla
Antes escribí sobre "El Trabajo", hoy voy a tratar de su productividad
y retribución. Entre estos dos elementos relacionados con "la pincha",
se plantea hoy un problema insoluble parecido al de la gallina y el
huevo. Dimas Castellanos tituló así un artículo suyo, pero invirtió el
orden al citar primero al huevo y aunque no comparto muchos de sus
enfoques, encontré muy feliz el símil y se lo tomo prestado. Hasta que
no se establezca cuál de esos dos elementos es la causa y cuál el
efecto, seguiremos revolcándonos en un problema insoluble. Es cierto
que los bajos salarios no estimulan la elevación de la productividad,
así lo ha reconocido el Presidente cubano, quien aduce que no se
pueden elevar, mientras no tengan un respaldo productivo. Productivo
es la calificación que debe acompañar al trabajo. Y aclaro que no me
refiero a aquellos "trabajos productivos" a los que convocaban
sindicatos y organizaciones de masas, en los que aportábamos nuestro
trabajo voluntario festivamente y que no tenían nada de productivos.
La productividad debe ser consustancial al trabajo, éste debe y tiene
que ser productivo, de lo contrario se convertiría, como muchos de
aquellos trabajos voluntarios, en un irracional malgasto de recursos
materiales y humanos o en un simple entretenimiento. El recurso humano
invertido es la fuerza de trabajo; esa fuerza tiene un valor y un
precio que no tienen que coincidir. Su valor lo definió Marx como "el
valor de los medios de subsistencia necesarios para la reproducción
del obrero, para la satisfacción de sus necesidades de primer orden y
las de su familia". El precio del trabajo, casi siempre fijado por el
empleador ya sea estatal o privado, se expresa por la cantidad de
dinero que recibe el trabajador como retribución de su fuerza de
trabajo. Ya sabemos que en el capitalismo la diferencia entre el valor
y el precio de la fuerza de trabajo, se la apropia el capitalista bajo
la forma de plusvalía. Ahora bien, según Marx, el Estado cubano, como
empleador, remunera la fuerza de trabajo por debajo de su valor. La
prueba es que los salarios actuales no son suficientes para solventar
las necesidades básicas del trabajador y su familia. Por ello, muchos
hombres y mujeres jóvenes, aptos todos para el trabajo, prefieren
vivir del invento, "lucharla en la calle", antes de optar por un
empleo estatal que, según ellos, "no les resuelve nada". Es que no
entienden, no pueden entender, que el pobre Estado tiene que afrontar
los gastos de la seguridad social, los de la defensa y orden interno
del país, los referidos al mantenimiento del propio aparato estatal,
la carga de los servicios básicos que brinda gratuitamente a la
población, que incluyen todos los salarios de miles de trabajadores de
la esfera no productora de bienes materiales y, claro está, la de
administrativos y dirigentes que, según nos dice el censo, rondan el
medio millón. ¡Señores!, el fondo de salarios no es infinito y cuando
los asalariados son muchos, los salarios tienen que ser pequeños. La
poca o ninguna comprensión de estas verdades, estriba en que son
asuntos de la macroeconomía, la del país todo, la que no entiende la
gente de abajo, que solo siente la que le toca el bolsillo.
¿Quién entonces es el culpable de la poca o ninguna productividad del trabajo?
¿La incultura económica de la gente o los insuficientes salarios? Como
ven, ya estoy metido en este berenjenal, coto particular de los
economistas y no acabo de aclararme el asunto de la gallina y el
huevo.
Desde Regla, tierra bendita de Yemayá, cuna bravía de los abacuá.
Abril 16 de 2014
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
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domingo, 13 de abril de 2014
¡AY, EL TRABAJO!
--¡AY, EL TRABAJO!
Por Sempronio, el de Regla
De mis buenos tiempos recuerdo aquella canción "El negrito del Batey",
quien decía que "el trabajo lo hizo Dios como castigo". Era simpático
el dicharacho, más en un país donde el trabajo escaseaba y el fantasma
del "tiempo muerto" estremecía la espina esquelética de esta ínsula
con escalofríos de hambre.
Pero quiso el mismo Dios, y el Diablo no se opuso, que las cosas
cambiaran y el trabajo se plasmó en una nueva Constitución como "deber
y derecho de todo ciudadano". Es verdad que un tiempito después, fue
necesaria una "Ley contra la Vagancia", porque al parecer habían
proliferado los negritos del batey. Sin embargo, aquel salomónico
edicto tuvo poca vigencia; a poco de su promulgación, quedó sin efecto
porque los procesados argumentaban con razón que la falta de empleos
era la causa de su inactividad involuntaria.
Hoy, caminando por las empinadas calles de mi Regla querida, constato
la presencia casi masiva de hombres con capacidad productiva, los que
deambulan o se agrupan en las esquinas en horario laboral, haciendo
evidente su alejamiento de cualquier centro de trabajo; ellos y los
viejos, conforman el paisaje humano en cada cuadra que recorro. De los
pocos que aún persisten en pinchar, la mayoría se desempeña como
custodios o CVP; hablando en plata, son escasísimos los que se emplean
en actividades productivas, creando bienes de consumo. ¡Y todavía nos
quejamos de la escasez! Cuando casi nadie produce, pero todos
consumen, es lógica la penuria.
A partir del relevo histórico y de los lineamientos para la
actualización de lo que probó ser insalvable, el gobierno decidió
tomar cartas en este asunto del trabajo. Era necesario desinflar las
plantillas (que se inflaron para combatir el desempleo que nos legó el
capitalismo privado) y se anunció que medio millón de asalariados
estatales serían declarados "disponibles" (ya no se llamaban
desempleados o despedidos). Como opción para que no quedaran en el
aire, se abrieron las puertas del "cuentapropismo", se legalizó la
actividad económica no estatal (la mismita que había sido abolida
durante la gran ofensiva revolucionaria de 1968). Los gobernantes
pensaban que los "disponibles" se convertirían en pequeños
comerciantes, nuevos contribuyentes al fisco; todos, gobierno y
merolicos, obtendrían mayores ingresos y "la paz reinaría en
Varsovia". Final feliz, "colorín colorao", las banderas del
triunfalismo tremolaron al anunciar que al comienzo del 2014, el
número de trabajadores por cuenta propia se aproximaba al medio millón
(unos cuatrocientos mil y pico). ¡Maravilla!, cifra aproximada a los
que quedaron sin empleo por ajustes de plantillas. La coincidencia de
estas cantidades, pueden llevarnos a pensar en un traslado masivo de
ocupación. Pero... las estadísticas, esos cerriles y empecinados
numeritos, nos dicen que más del 60% de estos cuentapropistas no
proceden de los dejados desempleados, perdón, "declarados disponibles"
por el estado; por el contrario, ellos no tenían empleo con
anterioridad. Otro por ciento de los nuevos comerciantes lo
constituyen los jubilados. Entonces, ¿qué se hicieron de los que antes
inflaban las plantillas? ¿A dónde fueron a parar "los racionalizados"?
¿Habrán emigrado?... ¡Cualquiera se eriza!
Son igualmente alarmantes, las cifras que brinda el Censo de Población
y Viviendas -realizado en septiembre de 2012-: de los cuatro millones
846 mil 647 personas que clasifican como grupo económicamente activo
en el país, hay 802,993 registrados como dirigentes y administrativos,
mientras que en categoría de obrero se reportan 2,186,369 ciudadanos.
Entonces, es comprensible que dónde hay muchos caciques y pocos
indios, estos no quieran trabajar. Nada, sigo caminando por mi Reglita
del alma y lo que observo me hace cantar otra canción, también vieja,
aquella que recomendaba a un tal Facundo: "Trabaja negro, trabaja y
vive de tu sudor".
Desde Regla, tierra bendita de Yemayá, cuna bravía de los abacuá.
Abril 14 de 2014
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
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jorgecoliva@gmail.com
Por Sempronio, el de Regla
De mis buenos tiempos recuerdo aquella canción "El negrito del Batey",
quien decía que "el trabajo lo hizo Dios como castigo". Era simpático
el dicharacho, más en un país donde el trabajo escaseaba y el fantasma
del "tiempo muerto" estremecía la espina esquelética de esta ínsula
con escalofríos de hambre.
Pero quiso el mismo Dios, y el Diablo no se opuso, que las cosas
cambiaran y el trabajo se plasmó en una nueva Constitución como "deber
y derecho de todo ciudadano". Es verdad que un tiempito después, fue
necesaria una "Ley contra la Vagancia", porque al parecer habían
proliferado los negritos del batey. Sin embargo, aquel salomónico
edicto tuvo poca vigencia; a poco de su promulgación, quedó sin efecto
porque los procesados argumentaban con razón que la falta de empleos
era la causa de su inactividad involuntaria.
Hoy, caminando por las empinadas calles de mi Regla querida, constato
la presencia casi masiva de hombres con capacidad productiva, los que
deambulan o se agrupan en las esquinas en horario laboral, haciendo
evidente su alejamiento de cualquier centro de trabajo; ellos y los
viejos, conforman el paisaje humano en cada cuadra que recorro. De los
pocos que aún persisten en pinchar, la mayoría se desempeña como
custodios o CVP; hablando en plata, son escasísimos los que se emplean
en actividades productivas, creando bienes de consumo. ¡Y todavía nos
quejamos de la escasez! Cuando casi nadie produce, pero todos
consumen, es lógica la penuria.
A partir del relevo histórico y de los lineamientos para la
actualización de lo que probó ser insalvable, el gobierno decidió
tomar cartas en este asunto del trabajo. Era necesario desinflar las
plantillas (que se inflaron para combatir el desempleo que nos legó el
capitalismo privado) y se anunció que medio millón de asalariados
estatales serían declarados "disponibles" (ya no se llamaban
desempleados o despedidos). Como opción para que no quedaran en el
aire, se abrieron las puertas del "cuentapropismo", se legalizó la
actividad económica no estatal (la mismita que había sido abolida
durante la gran ofensiva revolucionaria de 1968). Los gobernantes
pensaban que los "disponibles" se convertirían en pequeños
comerciantes, nuevos contribuyentes al fisco; todos, gobierno y
merolicos, obtendrían mayores ingresos y "la paz reinaría en
Varsovia". Final feliz, "colorín colorao", las banderas del
triunfalismo tremolaron al anunciar que al comienzo del 2014, el
número de trabajadores por cuenta propia se aproximaba al medio millón
(unos cuatrocientos mil y pico). ¡Maravilla!, cifra aproximada a los
que quedaron sin empleo por ajustes de plantillas. La coincidencia de
estas cantidades, pueden llevarnos a pensar en un traslado masivo de
ocupación. Pero... las estadísticas, esos cerriles y empecinados
numeritos, nos dicen que más del 60% de estos cuentapropistas no
proceden de los dejados desempleados, perdón, "declarados disponibles"
por el estado; por el contrario, ellos no tenían empleo con
anterioridad. Otro por ciento de los nuevos comerciantes lo
constituyen los jubilados. Entonces, ¿qué se hicieron de los que antes
inflaban las plantillas? ¿A dónde fueron a parar "los racionalizados"?
¿Habrán emigrado?... ¡Cualquiera se eriza!
Son igualmente alarmantes, las cifras que brinda el Censo de Población
y Viviendas -realizado en septiembre de 2012-: de los cuatro millones
846 mil 647 personas que clasifican como grupo económicamente activo
en el país, hay 802,993 registrados como dirigentes y administrativos,
mientras que en categoría de obrero se reportan 2,186,369 ciudadanos.
Entonces, es comprensible que dónde hay muchos caciques y pocos
indios, estos no quieran trabajar. Nada, sigo caminando por mi Reglita
del alma y lo que observo me hace cantar otra canción, también vieja,
aquella que recomendaba a un tal Facundo: "Trabaja negro, trabaja y
vive de tu sudor".
Desde Regla, tierra bendita de Yemayá, cuna bravía de los abacuá.
Abril 14 de 2014
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
jueves, 10 de abril de 2014
UN POCO DE VIEJA FILOSOFÍA ALREDEDOR DE UNA NUEVA LEY
--UN POCO DE VIEJA FILOSOFÍA ALREDEDOR DE UNA NUEVA LEY
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Los plátanos, aun los considerados frutas, son los pétalos de una
flor; en cambio, la rosa es el aparato sexual del rosal. Estas
transfiguraciones botánicas tienen, con frecuencia, su réplica en el
ámbito socio-político (1). Las falsas apariencias están presentes
tanto en la naturaleza como en lo social. Así, dentro de las
relaciones humanas, lo que consideramos una injusticia, puede ser una
adicción propia del poder y lo que aparenta ser una pifia es a veces
una razón meditada profundamente y que persigue un fin bien definido.
Con razón nos alertó Martí que "en política lo real es lo que no se
ve".
Estas disquisiciones filosóficas me vinieron a raíz de la LEY DE
INVERSIONES EXTRANJERAS y de la exclusión explícita que en ella se
hace a probables inversionistas cubanos residentes en la isla. Esa
exclusión la creí innecesaria por la poca probabilidad de que algún
cubano residente tuviera el capital requerido para invertir (2). Pero
la susodicha Ley lleva la marca de una prohibición, categoría que
analicé con anterioridad en mi artículo "Prohibir y Obligar". De ello
me alertaron amigos muy apreciados como Nelson López, Víctor Manuel
González y Natacha Vázquez, además de Gómez Barata que, en un
artículo, tacha de superfluo el adjetivo extranjera que califica la
inversión y opta por una simple "Ley de Inversiones", sin otros
apellidos. Ellos, sin proponérselo, me recordaron que el capitalismo
no prohibía casi nada, la prohibición estaba en la posibilidad real
que tuviera cada cual de realizar la acción. En teoría a todos se les
permitía casi todo, pero en realidad solo podían los que tenían.
También, estos amigos me advirtieron sobre la adicción a prohibir que
padecen algunos legisladores y redactores de leyes nuestras. Ya lo
dijo Sempronio; "Prohibir es la solución más fácil" y, al parecer, a
los que prohíben no les entusiasma mucho esforzarse en el cumplimiento
de sus tareas.
Y tienen toda la razón mis amigos, incluyendo a Sempronio, el reglano;
no hacía falta excluir a cubano residente alguno como posible
inversionista, bastaba con la exigencia de una cantidad de capital a
invertir. Con la ilusión de que "Usted también puede tener un Buick",
todos estaríamos contentos, porque no se nos negaría la posibilidad de
soñar, aunque sean sueños imposibles. Así se hizo con la "venta
liberada de autos", a nadie se le prohíbe adquirirlos, pero vamos a
ver quién puede. Por esta vía se va mi querida Natacha, hija de amigos
y a quien quiero como hija, que reclama su derecho irrenunciable a
soñar. Y es que el prohibir como método, cercena toda posibilidad al
sueño, aunque éste sea imposible y la prohibición innecesaria. Por
ello y por todo lo anterior, queridos amigos, pienso que la injusta
exclusión no ha sido otra cosa que una secuela perniciosa de esa
adicción a prohibir que padecen algunos con poder para hacerlo. Al
igual que los plátanos, estas inútiles prohibiciones aunque parezcan
frutas, son pétalos de una flor; pestilente pero, flor al fin: la flor
del BUROCRATISMO.
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Abril 14 de 2014
(1) Aclaro que ni en broma hago una concesión al reduccionismo ni al
neopositivismo, estas corrientes filosóficas no tienen nada que ver
con mi pensamiento.
(2) A menos que algún familiar en el extranjero le aporte el capital inicial.
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Los plátanos, aun los considerados frutas, son los pétalos de una
flor; en cambio, la rosa es el aparato sexual del rosal. Estas
transfiguraciones botánicas tienen, con frecuencia, su réplica en el
ámbito socio-político (1). Las falsas apariencias están presentes
tanto en la naturaleza como en lo social. Así, dentro de las
relaciones humanas, lo que consideramos una injusticia, puede ser una
adicción propia del poder y lo que aparenta ser una pifia es a veces
una razón meditada profundamente y que persigue un fin bien definido.
Con razón nos alertó Martí que "en política lo real es lo que no se
ve".
Estas disquisiciones filosóficas me vinieron a raíz de la LEY DE
INVERSIONES EXTRANJERAS y de la exclusión explícita que en ella se
hace a probables inversionistas cubanos residentes en la isla. Esa
exclusión la creí innecesaria por la poca probabilidad de que algún
cubano residente tuviera el capital requerido para invertir (2). Pero
la susodicha Ley lleva la marca de una prohibición, categoría que
analicé con anterioridad en mi artículo "Prohibir y Obligar". De ello
me alertaron amigos muy apreciados como Nelson López, Víctor Manuel
González y Natacha Vázquez, además de Gómez Barata que, en un
artículo, tacha de superfluo el adjetivo extranjera que califica la
inversión y opta por una simple "Ley de Inversiones", sin otros
apellidos. Ellos, sin proponérselo, me recordaron que el capitalismo
no prohibía casi nada, la prohibición estaba en la posibilidad real
que tuviera cada cual de realizar la acción. En teoría a todos se les
permitía casi todo, pero en realidad solo podían los que tenían.
También, estos amigos me advirtieron sobre la adicción a prohibir que
padecen algunos legisladores y redactores de leyes nuestras. Ya lo
dijo Sempronio; "Prohibir es la solución más fácil" y, al parecer, a
los que prohíben no les entusiasma mucho esforzarse en el cumplimiento
de sus tareas.
Y tienen toda la razón mis amigos, incluyendo a Sempronio, el reglano;
no hacía falta excluir a cubano residente alguno como posible
inversionista, bastaba con la exigencia de una cantidad de capital a
invertir. Con la ilusión de que "Usted también puede tener un Buick",
todos estaríamos contentos, porque no se nos negaría la posibilidad de
soñar, aunque sean sueños imposibles. Así se hizo con la "venta
liberada de autos", a nadie se le prohíbe adquirirlos, pero vamos a
ver quién puede. Por esta vía se va mi querida Natacha, hija de amigos
y a quien quiero como hija, que reclama su derecho irrenunciable a
soñar. Y es que el prohibir como método, cercena toda posibilidad al
sueño, aunque éste sea imposible y la prohibición innecesaria. Por
ello y por todo lo anterior, queridos amigos, pienso que la injusta
exclusión no ha sido otra cosa que una secuela perniciosa de esa
adicción a prohibir que padecen algunos con poder para hacerlo. Al
igual que los plátanos, estas inútiles prohibiciones aunque parezcan
frutas, son pétalos de una flor; pestilente pero, flor al fin: la flor
del BUROCRATISMO.
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Abril 14 de 2014
(1) Aclaro que ni en broma hago una concesión al reduccionismo ni al
neopositivismo, estas corrientes filosóficas no tienen nada que ver
con mi pensamiento.
(2) A menos que algún familiar en el extranjero le aporte el capital inicial.
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
miércoles, 9 de abril de 2014
LO QUE APRENDÍ DE LENIN
--LO QUE APRENDÍ DE LENIN
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Al marxismo accedimos los cubanos a través de uno de sus muchos
intérpretes, Lenin, cuyos continuadores difundieron la doctrina
modificada como "marxismo-leninismo", donde se elevaba a dogma todo lo
puntual de una situación dada en la Rusia de comienzos del siglo XX,
receta que volvían aplicable a cualquier lugar y tiempo. "Enriquecido"
así, el legado marxista se nos presentaba modernizado por la genial
figura de Lenin, más cercana a nosotros en el tiempo, y que definía
nuevas categorías, inexistentes en la época de Marx, entre ellas el
concepto de Imperialismo como fase superior del desarrollo
capitalista. Se nos presentaba también como el líder de la revolución
de octubre y constructor del primer estado socialista. Sin embargo,
estos aportes no bastaban para justificar la transformación apelativa
del cuerpo de ideas enunciadas por Marx y fue necesario "desaparecer"
a otros pensadores, también marxistas, que divergían de sus métodos y
vías, así como a los críticos de las soluciones que adoptaba; ellos
"nunca existieron" y, óiganme, la lista es larga.
Como estudiante, siempre tuve como defecto el desconfiar de los
maestros y cuestionarme sus enseñanzas; eso me obligó a profundizar en
el estudio, no conformarme con lo aprendido en clase y buscar
respuestas en las fuentes originales; en una palabra, me convertí en
un alumno inquisitivo, cuestionador y molesto. Quizás por eso estoy
condenado a ser un aprendiz permanente, pues nunca domino totalmente
ningún conocimiento y siempre estoy buscando el complemento faltante.
Con el marxismo, y gracias a su transformación estalinista en
marxismo-leninismo, me ocurrió lo mismo; es decir, sólo logré hacerme
un marxista aprendiz; tal vez la culpa de todo la tengan los malos
maestros que tuve. No puedo decir lo mismo de Lenin, vean si no lo que
aprendí estudiando su accionar en la historia y sus obras más
conocidas:
-Después de enarbolar la consigna de "todo el poder para los soviets",
una vez logrado el triunfo, procedió a disolver el Congreso de los
Soviets y concentró todo el poder en el Partido y en su Buró Político,
al que dominaba con su personalidad, sin admitir discrepancia alguna.
Es histórico que en una única ocasión en que todo el politburó estaba
en su contra, el camarada Ulianov obtuvo la anuencia de todos
utilizando la amenaza de dimitir como método extorsionador. ¡Bonita
forma de aplicar el famoso "Centralismo Democrático"!
-En una pequeña obra suya, titulada "¿Qué Hacer?", dejó plasmada su
desconfianza total en el proletariado y argumentó la necesidad de un
grupo instruido y especializado para asumir la conducción del Estado y
de la Revolución. Con ello sentó las bases de una burocracia
usufructuaria del poder, suplantadora del burgués capitalista,
soberbia, intrigante y sectaria, engendradora de verdaderos monstruos,
capaces de devorarse a sí mismos y a los restos del pretendido
socialismo. El arquetipo de este engendro fue Stalin.
-Convencido de poder construir el socialismo en un solo país, Lenin no
dudó decretar el llamado "comunismo de guerra", mediante el cual
condenó a muerte por hambre a miles de campesinos, sembró el "terror
rojo" e inmoló a inocentes tomados como rehenes, por el hecho de ser
familiares del execrado como enemigo del pueblo (ver la carta que le
dirigió el horrorizado Kropotkin en 1920). Más tarde, abjuró de esta
inicial vía constructiva y con la NEP abrió el camino al capital
privado, sembrando la semilla que décadas después germinaría con la
implosión de la "Gran Unión Soviética".
-Fue mucho lo que aprendí estudiando a Vladimir Ilich Ulianov (Lenin),
pero la enseñanza mayor que me brindó fue la demostración práctica e
incuestionable que el capitalismo monopólico estatal fue, es y será un
fracaso donde quiera que se ensaye y que no tiene nada que ver con
Marx y el Socialismo, ni con el verdadero poder de la ciudadanía,
muchas veces llamada, demagógicamente, pueblo.
Desde Regla, ayer, "La Sierra Chiquita";
Ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía. Abril 10 de 2014
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Al marxismo accedimos los cubanos a través de uno de sus muchos
intérpretes, Lenin, cuyos continuadores difundieron la doctrina
modificada como "marxismo-leninismo", donde se elevaba a dogma todo lo
puntual de una situación dada en la Rusia de comienzos del siglo XX,
receta que volvían aplicable a cualquier lugar y tiempo. "Enriquecido"
así, el legado marxista se nos presentaba modernizado por la genial
figura de Lenin, más cercana a nosotros en el tiempo, y que definía
nuevas categorías, inexistentes en la época de Marx, entre ellas el
concepto de Imperialismo como fase superior del desarrollo
capitalista. Se nos presentaba también como el líder de la revolución
de octubre y constructor del primer estado socialista. Sin embargo,
estos aportes no bastaban para justificar la transformación apelativa
del cuerpo de ideas enunciadas por Marx y fue necesario "desaparecer"
a otros pensadores, también marxistas, que divergían de sus métodos y
vías, así como a los críticos de las soluciones que adoptaba; ellos
"nunca existieron" y, óiganme, la lista es larga.
Como estudiante, siempre tuve como defecto el desconfiar de los
maestros y cuestionarme sus enseñanzas; eso me obligó a profundizar en
el estudio, no conformarme con lo aprendido en clase y buscar
respuestas en las fuentes originales; en una palabra, me convertí en
un alumno inquisitivo, cuestionador y molesto. Quizás por eso estoy
condenado a ser un aprendiz permanente, pues nunca domino totalmente
ningún conocimiento y siempre estoy buscando el complemento faltante.
Con el marxismo, y gracias a su transformación estalinista en
marxismo-leninismo, me ocurrió lo mismo; es decir, sólo logré hacerme
un marxista aprendiz; tal vez la culpa de todo la tengan los malos
maestros que tuve. No puedo decir lo mismo de Lenin, vean si no lo que
aprendí estudiando su accionar en la historia y sus obras más
conocidas:
-Después de enarbolar la consigna de "todo el poder para los soviets",
una vez logrado el triunfo, procedió a disolver el Congreso de los
Soviets y concentró todo el poder en el Partido y en su Buró Político,
al que dominaba con su personalidad, sin admitir discrepancia alguna.
Es histórico que en una única ocasión en que todo el politburó estaba
en su contra, el camarada Ulianov obtuvo la anuencia de todos
utilizando la amenaza de dimitir como método extorsionador. ¡Bonita
forma de aplicar el famoso "Centralismo Democrático"!
-En una pequeña obra suya, titulada "¿Qué Hacer?", dejó plasmada su
desconfianza total en el proletariado y argumentó la necesidad de un
grupo instruido y especializado para asumir la conducción del Estado y
de la Revolución. Con ello sentó las bases de una burocracia
usufructuaria del poder, suplantadora del burgués capitalista,
soberbia, intrigante y sectaria, engendradora de verdaderos monstruos,
capaces de devorarse a sí mismos y a los restos del pretendido
socialismo. El arquetipo de este engendro fue Stalin.
-Convencido de poder construir el socialismo en un solo país, Lenin no
dudó decretar el llamado "comunismo de guerra", mediante el cual
condenó a muerte por hambre a miles de campesinos, sembró el "terror
rojo" e inmoló a inocentes tomados como rehenes, por el hecho de ser
familiares del execrado como enemigo del pueblo (ver la carta que le
dirigió el horrorizado Kropotkin en 1920). Más tarde, abjuró de esta
inicial vía constructiva y con la NEP abrió el camino al capital
privado, sembrando la semilla que décadas después germinaría con la
implosión de la "Gran Unión Soviética".
-Fue mucho lo que aprendí estudiando a Vladimir Ilich Ulianov (Lenin),
pero la enseñanza mayor que me brindó fue la demostración práctica e
incuestionable que el capitalismo monopólico estatal fue, es y será un
fracaso donde quiera que se ensaye y que no tiene nada que ver con
Marx y el Socialismo, ni con el verdadero poder de la ciudadanía,
muchas veces llamada, demagógicamente, pueblo.
Desde Regla, ayer, "La Sierra Chiquita";
Ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía. Abril 10 de 2014
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
SUCESO Y COMPRENSIÓN, MI DISCREPANCIA CON SAUTIÉ
--SUCESO Y COMPRENSIÓN, MI DISCREPANCIA CON SAUTIÉ
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Dueño de un estilo muy personal, impregnado del cristianismo que
profesa y de su innegable amor a la Patria, Félix Sautié nos deleita
con sus "Crónicas Cubanas", las que publica en la revista mexicana
"Por esto". A Sautié lo admiro y respeto como cronista de su tiempo y
como hombre de fe; él ha sabido conjugar creencia religiosa y
militancia marxista en unión armoniosa y pensamiento íntegro; ama a la
humanidad y batalla por su futuro. Muchas veces coincido con sus
agudas observaciones y comparto con frecuencia sus criterios. Sin
embargo, recibí su más reciente crónica titulada "Para comprender lo
que realmente sucede", fechada ayer, 8 de abril y me invade la
impresión, quizás equivocada, de que es él quien no está comprendiendo
lo que sucede. Me baso en las dos últimas oraciones del tercer
párrafo, las que copio textualmente porque llamaron primeramente mi
atención y en ellas centro mi discrepancia:
"Mientras que se plantea que esa Ley de inversión extranjera crea un
conjunto de facilidades para los inversionistas de cualquier país del
mundo incluyendo a los cubanos que han emigrado y excluye a los que
vivimos en el país. Algo realmente muy significativo, porque una vez
más los residentes en el país somos relegados."
Permítame que, respetuosamente discrepe, querido Félix. Aquí no hace
falta relegar a nadie, porque sencillamente nadie ha logrado amasar
las decenas de millones necesarios para las inversiones requeridas.
Dudo que ningún "cuentapropista", ni siquiera el más afortunado, posea
ese capital. Tampoco es probable que tengamos, viviendo entre nosotros
a un Fangul incógnito que haya sabido esconder sus millones para
invertirlos ahora. Y si algún austero funcionario estatal, en su
prolongado desempeño y gracias a una vida monacal, ha logrado reunir
esos ahorritos, es muy difícil que quiera invertirlos aquí y provocar
con ello malintencionadas suspicacias (1).
Como bien usted dice, admirado amigo, la gente que usted ve en su
entorno está agobiada por problemas más cercanos que una ley de
inversión extranjera con la cual no se sienten afectados; que en buen
cubano "ni les va, ni les viene". Esos ciudadanos comunes, los de
Centro Habana y los de cualquier barrio, viven al día, tratando de
sobrevivir, de inventarla cada mañana; ya sea para apuntalar el techo,
ya para abastecerse de agua o para "conseguir" la esquiva papa o
cualquier condumio sustituto; la inmensa mayoría se enfrenta al
problema insoluble de conjugar el costo de la vida con el salario, en
un país donde "el número no juega con el billete". Eso es lo que
realmente sucede y lo que hay que comprender.
Termino mi pequeña discrepancia, tomando su estilo para reiterarle
"que así pienso y escribo, con mis respetos para la opinión diferente
y sin querer ofender a nadie en particular" y menos a Usted a quien
aprecio y tengo como amigo.
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy siempre, bastión de rebelde cubanía.
Abril 9 de 2014
(1) Ya traté sobre este tema en mi artículo "La Quinta Columna" de
fecha abril primero; todo parece indicar que Sautié no lo leyó.
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Dueño de un estilo muy personal, impregnado del cristianismo que
profesa y de su innegable amor a la Patria, Félix Sautié nos deleita
con sus "Crónicas Cubanas", las que publica en la revista mexicana
"Por esto". A Sautié lo admiro y respeto como cronista de su tiempo y
como hombre de fe; él ha sabido conjugar creencia religiosa y
militancia marxista en unión armoniosa y pensamiento íntegro; ama a la
humanidad y batalla por su futuro. Muchas veces coincido con sus
agudas observaciones y comparto con frecuencia sus criterios. Sin
embargo, recibí su más reciente crónica titulada "Para comprender lo
que realmente sucede", fechada ayer, 8 de abril y me invade la
impresión, quizás equivocada, de que es él quien no está comprendiendo
lo que sucede. Me baso en las dos últimas oraciones del tercer
párrafo, las que copio textualmente porque llamaron primeramente mi
atención y en ellas centro mi discrepancia:
"Mientras que se plantea que esa Ley de inversión extranjera crea un
conjunto de facilidades para los inversionistas de cualquier país del
mundo incluyendo a los cubanos que han emigrado y excluye a los que
vivimos en el país. Algo realmente muy significativo, porque una vez
más los residentes en el país somos relegados."
Permítame que, respetuosamente discrepe, querido Félix. Aquí no hace
falta relegar a nadie, porque sencillamente nadie ha logrado amasar
las decenas de millones necesarios para las inversiones requeridas.
Dudo que ningún "cuentapropista", ni siquiera el más afortunado, posea
ese capital. Tampoco es probable que tengamos, viviendo entre nosotros
a un Fangul incógnito que haya sabido esconder sus millones para
invertirlos ahora. Y si algún austero funcionario estatal, en su
prolongado desempeño y gracias a una vida monacal, ha logrado reunir
esos ahorritos, es muy difícil que quiera invertirlos aquí y provocar
con ello malintencionadas suspicacias (1).
Como bien usted dice, admirado amigo, la gente que usted ve en su
entorno está agobiada por problemas más cercanos que una ley de
inversión extranjera con la cual no se sienten afectados; que en buen
cubano "ni les va, ni les viene". Esos ciudadanos comunes, los de
Centro Habana y los de cualquier barrio, viven al día, tratando de
sobrevivir, de inventarla cada mañana; ya sea para apuntalar el techo,
ya para abastecerse de agua o para "conseguir" la esquiva papa o
cualquier condumio sustituto; la inmensa mayoría se enfrenta al
problema insoluble de conjugar el costo de la vida con el salario, en
un país donde "el número no juega con el billete". Eso es lo que
realmente sucede y lo que hay que comprender.
Termino mi pequeña discrepancia, tomando su estilo para reiterarle
"que así pienso y escribo, con mis respetos para la opinión diferente
y sin querer ofender a nadie en particular" y menos a Usted a quien
aprecio y tengo como amigo.
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy siempre, bastión de rebelde cubanía.
Abril 9 de 2014
(1) Ya traté sobre este tema en mi artículo "La Quinta Columna" de
fecha abril primero; todo parece indicar que Sautié no lo leyó.
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
miércoles, 2 de abril de 2014
PROHIBIR Y OBLIGAR
-- PROHIBIR Y OBLIGAR
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Prohibir es una acción riesgosa; como atribución de toda autoridad,
puede causar adicción al que la ejercita y con frecuencia no elimina
lo prohibido, sino lo traslada al clandestinaje. Tanto prohibir como
obligar significan imponer al sujeto una voluntad ajena, que dicta lo
que éste debe o no debe hacer. Prohibir y obligar son dos
prerrogativas complementarias del poder y donde éste es total y
absoluto, según dijo alguien, "lo que no está prohibido es
obligatorio". Prohibiciones y obligaciones serán, dolorosamente,
necesarias mientras el hombre no alcance la educación que le permita
convivir en armonía con la sociedad y con la naturaleza; es decir,
hasta que se eliminen o reduzcan al mínimo las contradicciones entre
el ser individual y el social; mientras tanto, constituirán
limitaciones a la libertad del individuo. Por algo los hippies y
existencialistas, abanderados del individualismo, acuñaron su lema de
"prohibido prohibir".
Existen muchas formas de prohibir y de obligar, aunque educar es la
vía más inteligente y la única verdaderamente eficaz. En nuestra etapa
republicana estaba prohibida la discriminación racial, así lo plasmaba
la Constitución de 1940; sin embargo, clubes, sociedades y empleadores
la practicaban, argumentando la exclusividad para grupos determinados.
De igual forma, nunca se prohibió a los pobres comer caviar, tomar
champán o correr autos lujosos, ni a sus mujeres vestir con la moda de
París; no era necesario, pues la prohibición la llevaba (y la sigue
llevando) cada cual en su bolsillo. ¡Ah!, pero en el ruedo, al toro
martirizado, destinado al inexorable sacrificio, se le permite un
consuelo vano: él puede resultar vencedor y matar al torero; así, al
infeliz explotado se le dice "usted también puede tener un Buick" (1),
se agita ante sus ojos la ilusión de una irrealidad imposible. A
nosotros, los cubanos actuales, no se nos prohíbe la compra de un
automóvil, ni alojarnos en un hotel de cinco estrellas o tener acceso
a Internet; sencillamente, todo eso se nos oferta en precios
inasequibles a la inmensa mayoría, para la cual resultan prohibitivos.
Cuando vivíamos bajo el capitalismo privado, no había una ley que
obligara a trabajar, era una necesidad implícita, condición sine qua
non para vivir dentro de la legalidad. Poco después de estatalizar los
bienes de capital, se entendió necesario prohibir la vagancia, hasta
se promulgó una ley que convertía en delito la renuencia al trabajo;
sin embargo, ante la escasez de empleos y la masividad de los
infractores, la vigencia de esa ordenanza fue efímera.
En nuestro pasado aún reciente, nunca se prohibió oír a los Beatles;
simplemente, se ignoraba su existencia y sin embargo, la juventud los
oía clandestinamente; durante el mal llamado "Quinquenio Gris" cuando,
imitando a la Iglesia, se excomulgaba un artista, un libro o un autor,
no es que estuvieran prohibidos, sino que, llanamente, no existían, ni
habían existido nunca; al "hereje" y a sus obras, usted no podía
encontrarlos ni en los centros espiritistas. Estas prohibiciones nunca
se proclamaron, eran implícitas, pero las hay también explícitas y
otras calificables con múltiples adjetivos, como la prohibición muy
reciente que se dictó contra los cines 3D, que además de explícita,
fue tajante, inapelable, militarista: "¡Cesarán de inmediato!".
Los gobernantes deberían tener mucho cuidado con el uso que hacen del
prohibir, pues puede llegar el día en que el pueblo, contagiado con
tanta prohibición, decida prohibir el gobierno y gobernarse a sí
mismo, sin delegar en un grupo sus atribuciones soberanas; entonces,
todos participarán en las decisiones que afecten sus vidas, será el
sistema de organización perfecto, bajo el que se ordenará la sociedad
del futuro, una sociedad plenamente desarrollada: La Anarquista.
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Abril 3 de 2014
(1) Ver mi artículo "Usted también puede tener un Buick", de fecha
enero 3 de 2014
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Prohibir es una acción riesgosa; como atribución de toda autoridad,
puede causar adicción al que la ejercita y con frecuencia no elimina
lo prohibido, sino lo traslada al clandestinaje. Tanto prohibir como
obligar significan imponer al sujeto una voluntad ajena, que dicta lo
que éste debe o no debe hacer. Prohibir y obligar son dos
prerrogativas complementarias del poder y donde éste es total y
absoluto, según dijo alguien, "lo que no está prohibido es
obligatorio". Prohibiciones y obligaciones serán, dolorosamente,
necesarias mientras el hombre no alcance la educación que le permita
convivir en armonía con la sociedad y con la naturaleza; es decir,
hasta que se eliminen o reduzcan al mínimo las contradicciones entre
el ser individual y el social; mientras tanto, constituirán
limitaciones a la libertad del individuo. Por algo los hippies y
existencialistas, abanderados del individualismo, acuñaron su lema de
"prohibido prohibir".
Existen muchas formas de prohibir y de obligar, aunque educar es la
vía más inteligente y la única verdaderamente eficaz. En nuestra etapa
republicana estaba prohibida la discriminación racial, así lo plasmaba
la Constitución de 1940; sin embargo, clubes, sociedades y empleadores
la practicaban, argumentando la exclusividad para grupos determinados.
De igual forma, nunca se prohibió a los pobres comer caviar, tomar
champán o correr autos lujosos, ni a sus mujeres vestir con la moda de
París; no era necesario, pues la prohibición la llevaba (y la sigue
llevando) cada cual en su bolsillo. ¡Ah!, pero en el ruedo, al toro
martirizado, destinado al inexorable sacrificio, se le permite un
consuelo vano: él puede resultar vencedor y matar al torero; así, al
infeliz explotado se le dice "usted también puede tener un Buick" (1),
se agita ante sus ojos la ilusión de una irrealidad imposible. A
nosotros, los cubanos actuales, no se nos prohíbe la compra de un
automóvil, ni alojarnos en un hotel de cinco estrellas o tener acceso
a Internet; sencillamente, todo eso se nos oferta en precios
inasequibles a la inmensa mayoría, para la cual resultan prohibitivos.
Cuando vivíamos bajo el capitalismo privado, no había una ley que
obligara a trabajar, era una necesidad implícita, condición sine qua
non para vivir dentro de la legalidad. Poco después de estatalizar los
bienes de capital, se entendió necesario prohibir la vagancia, hasta
se promulgó una ley que convertía en delito la renuencia al trabajo;
sin embargo, ante la escasez de empleos y la masividad de los
infractores, la vigencia de esa ordenanza fue efímera.
En nuestro pasado aún reciente, nunca se prohibió oír a los Beatles;
simplemente, se ignoraba su existencia y sin embargo, la juventud los
oía clandestinamente; durante el mal llamado "Quinquenio Gris" cuando,
imitando a la Iglesia, se excomulgaba un artista, un libro o un autor,
no es que estuvieran prohibidos, sino que, llanamente, no existían, ni
habían existido nunca; al "hereje" y a sus obras, usted no podía
encontrarlos ni en los centros espiritistas. Estas prohibiciones nunca
se proclamaron, eran implícitas, pero las hay también explícitas y
otras calificables con múltiples adjetivos, como la prohibición muy
reciente que se dictó contra los cines 3D, que además de explícita,
fue tajante, inapelable, militarista: "¡Cesarán de inmediato!".
Los gobernantes deberían tener mucho cuidado con el uso que hacen del
prohibir, pues puede llegar el día en que el pueblo, contagiado con
tanta prohibición, decida prohibir el gobierno y gobernarse a sí
mismo, sin delegar en un grupo sus atribuciones soberanas; entonces,
todos participarán en las decisiones que afecten sus vidas, será el
sistema de organización perfecto, bajo el que se ordenará la sociedad
del futuro, una sociedad plenamente desarrollada: La Anarquista.
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Abril 3 de 2014
(1) Ver mi artículo "Usted también puede tener un Buick", de fecha
enero 3 de 2014
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
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