Queridos todos:
Tal como les prometí, les envío en adjunto la primera entrega de una novela mía.
Saludos fraternales
Joirge C.
--
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
jueves, 29 de enero de 2015
martes, 27 de enero de 2015
AVISO
--AVISO
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Queridos amigos:
Cuando dos conversan, buscando entenderse, la mejor contribución de
cualquier tercero al dialogo es callarse. Toda intervención puede ser
inoportuna e imprudente, desde la del famoso hasta la del más simple
comentarista. Por ese motivo y porque los años acumulados comienzan a
pasarme su cuenta, y me obligan a someterme a distintos exámenes
médicos, interrumpo por un tiempo mis crónicas de opinión. En
compensación, se me ha ocurrido enviarles una novela que escribí hace
tres años, sobre el llamado "Período Especial"; después de
infructuosos intentos por publicarla, la haré llegar a ustedes en
forma de entregas parciales y sucesivas. No es un recurso nuevo, la
"novela por entregas" fue vehículo de difusión para importantes obras
literarias y fue usado por escritores que alcanzaron la fama gracias a
ellas. Sin pretender tanto, próximamente, comenzaré a enviarles ese
engendro mío que titulé "TIEMPO DE SOBREVIVIR". Sirva esta nota de
aviso, además de justificación por mi silencio temporal. Espero volver
a opinar, cuando el diálogo avance y despeje incógnitas y horizontes...
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Enero 28 de 2015
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Queridos amigos:
Cuando dos conversan, buscando entenderse, la mejor contribución de
cualquier tercero al dialogo es callarse. Toda intervención puede ser
inoportuna e imprudente, desde la del famoso hasta la del más simple
comentarista. Por ese motivo y porque los años acumulados comienzan a
pasarme su cuenta, y me obligan a someterme a distintos exámenes
médicos, interrumpo por un tiempo mis crónicas de opinión. En
compensación, se me ha ocurrido enviarles una novela que escribí hace
tres años, sobre el llamado "Período Especial"; después de
infructuosos intentos por publicarla, la haré llegar a ustedes en
forma de entregas parciales y sucesivas. No es un recurso nuevo, la
"novela por entregas" fue vehículo de difusión para importantes obras
literarias y fue usado por escritores que alcanzaron la fama gracias a
ellas. Sin pretender tanto, próximamente, comenzaré a enviarles ese
engendro mío que titulé "TIEMPO DE SOBREVIVIR". Sirva esta nota de
aviso, además de justificación por mi silencio temporal. Espero volver
a opinar, cuando el diálogo avance y despeje incógnitas y horizontes...
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Enero 28 de 2015
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
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jueves, 22 de enero de 2015
QUEDAR CHAO-CHAO
--QUEDAR CHAO-CHAO
Por Sempronio, el de Regla
Cuando yo era un fiñe y jugábamos a las postalitas o cualquier otro
juego, para determinar que no había ganador ni perdedor, que todo
terminaba parejo, o para equilibrar algún desbalance con justicia,
echábamos mano a esa frase. Entonces, decir "quedar chao-chao"
significaba lo mismo emparejar un pleito, que aceptar la equidad del
reparto con la conformidad de las partes. Ahora, el dicharacho se lo
podemos decir a los vecinos que quieren normalizar sus relaciones con
nosotros, al convencerse de que el camino que llevaban no los conducía
a su objetivo, objetivo al que no han renunciado: cambiar nuestro
sistema y "regresarnos" a la democracia diseñada por ellos.
Empeñados en volver a sojuzgarnos, ahora ensayan otros procedimientos,
más sutiles, pero igual de torvos y siniestros. Con esas intenciones,
vienen a la mesa del diálogo. Sin embargo, todavía no hemos comenzado
a hablar y ya se oyen voces estridentes haciendo exigencias y poniendo
condiciones. ¡Hay que ver que son soberbios y prepotentes! Así,
mientras uno reclama las indemnizaciones que Cuba les "debe" como
compensación a los bienes norteamericanos nacionalizados, otro exige
que expatriemos a los asilados que permanecen en nuestro suelo y que
ellos califican de terroristas.
OK, a los primeros podemos decirles que está muy bien eso de las
compensaciones; no faltaba más, seguro que se las pagaremos, pero
descontándolas del monto a que ascienden los daños causados a la
economía cubana durante más de cincuenta años de bloqueo; verán que
todavía nos quedan a deber. A los segundos, cómo no, es correcto que
entreguemos a los reclamados por otro país, -y más si son terroristas-
pero que empiecen por devolvernos a Posada Carriles y a los demás
asesinos que ellos albergan y protegen. De esa forma, queridos y
amistosos vecinos, quedaremos CHAO-CHAO.
Desde Regla,
Tierra bendita de Yemayá, cuna bravía de los abacuá.
Enero 22 de 2015
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
Por Sempronio, el de Regla
Cuando yo era un fiñe y jugábamos a las postalitas o cualquier otro
juego, para determinar que no había ganador ni perdedor, que todo
terminaba parejo, o para equilibrar algún desbalance con justicia,
echábamos mano a esa frase. Entonces, decir "quedar chao-chao"
significaba lo mismo emparejar un pleito, que aceptar la equidad del
reparto con la conformidad de las partes. Ahora, el dicharacho se lo
podemos decir a los vecinos que quieren normalizar sus relaciones con
nosotros, al convencerse de que el camino que llevaban no los conducía
a su objetivo, objetivo al que no han renunciado: cambiar nuestro
sistema y "regresarnos" a la democracia diseñada por ellos.
Empeñados en volver a sojuzgarnos, ahora ensayan otros procedimientos,
más sutiles, pero igual de torvos y siniestros. Con esas intenciones,
vienen a la mesa del diálogo. Sin embargo, todavía no hemos comenzado
a hablar y ya se oyen voces estridentes haciendo exigencias y poniendo
condiciones. ¡Hay que ver que son soberbios y prepotentes! Así,
mientras uno reclama las indemnizaciones que Cuba les "debe" como
compensación a los bienes norteamericanos nacionalizados, otro exige
que expatriemos a los asilados que permanecen en nuestro suelo y que
ellos califican de terroristas.
OK, a los primeros podemos decirles que está muy bien eso de las
compensaciones; no faltaba más, seguro que se las pagaremos, pero
descontándolas del monto a que ascienden los daños causados a la
economía cubana durante más de cincuenta años de bloqueo; verán que
todavía nos quedan a deber. A los segundos, cómo no, es correcto que
entreguemos a los reclamados por otro país, -y más si son terroristas-
pero que empiecen por devolvernos a Posada Carriles y a los demás
asesinos que ellos albergan y protegen. De esa forma, queridos y
amistosos vecinos, quedaremos CHAO-CHAO.
Desde Regla,
Tierra bendita de Yemayá, cuna bravía de los abacuá.
Enero 22 de 2015
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
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miércoles, 21 de enero de 2015
AUDACIA SIN LÍMITES
-- AUDACIA SIN LÍMITES
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Fue, no hacía mucho, una actriz sin talento que devino vedette en
cabarets de segunda categoría; convencida de "su poca suerte", decidió
sacar provecho de lo "que Dios le dio": un cuerpo escultural y una
carita de ángel. Desde entonces, se convirtió en la amante de gente
importante, que pudieran pagarla. Ahora, era la "querida oficial" de
un connotado asesino de la dictadura, el siniestro Esteban Ventura
Novo. Eso a ella no le importaba, él se portaba galante y sobre todo
muy generoso, pagaba todos sus gastos y le mantenía un apartamento,
donde la visitaba una vez por semana, días fijos y a la misma hora,
porque era un hombre muy ocupado y extremadamente disciplinado,
ensimismado en su rutina de asesinar, torturar y mandar a matar. Eso
sí, como hombre de detalles, cada visita era anunciada por el
mensajero de una florería que, como ofrenda y aviso, le traía un
enorme ramo de rosas.
Ese dato lo tuvo muy en cuenta un destacado combatiente del movimiento
clandestino, quien se propuso ajusticiar a una de las figuras más
repulsivas de la represión. Fue así que, después de un prolongado
chequeo sobre el apartamento de la bella, una tarde, en que estaba
programada "la visita habitual", un mensajero de la florería apretó el
timbre; identificado a través de la mirilla por el ramo de flores,
ella le abrió la puerta confiada. De inmediato, quedó petrificada de
terror; ante ella no estaba el muchacho de siempre, sino un hombre que
le apuntaba con su pistola y la conminaba a guardar silencio. El
desconocido, sin dejar de amenazarla, cerró la puerta tras sí y le
ordenó desvestirse; envanecida por sus encantos físicos, ella pensó en
un asalto sexual de algún maníaco, al que no sería difícil
satisfacerle su obsesión y le obedeció con rapidez. Contrariamente a
lo que imaginó, el intruso no se quitó su ropa ni le hizo objeto de
caricia alguna; simplemente, le ordenó acostarse y lo hizo a su lado,
sin desvestirse ni dejar de apuntar, ahora hacia la puerta, mientras
le aclaraba: "ahora, cuando llegue Ventura, antes que se reponga de la
sorpresa, será hombre muerto".
Pero, el tiempo pasó y el esperado visitante no llegó; había roto su
rutina, como cosa excepcional. Convencido que ya no vendría, el
intrépido asaltante decidió marcharse, no sin antes dejarle un serio
mensaje a la alimaña que, por esta vez, evadía la mortal trampa:
_Dile a Ventura, que aquí estuvo Mingolo para ajustarle las cuentas...
Ah, y dile también que te vi encuera y que estás muy buena.
Arístides Viera, alias "Mingolo", una de las más fogueadas figuras del
Movimiento 26 de Julio en La Habana, acababa de realizar una de sus
espectaculares acciones, todas caracterizadas por una AUDACIA SIN
LÍMITES.
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Enero 23 de 2015
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Fue, no hacía mucho, una actriz sin talento que devino vedette en
cabarets de segunda categoría; convencida de "su poca suerte", decidió
sacar provecho de lo "que Dios le dio": un cuerpo escultural y una
carita de ángel. Desde entonces, se convirtió en la amante de gente
importante, que pudieran pagarla. Ahora, era la "querida oficial" de
un connotado asesino de la dictadura, el siniestro Esteban Ventura
Novo. Eso a ella no le importaba, él se portaba galante y sobre todo
muy generoso, pagaba todos sus gastos y le mantenía un apartamento,
donde la visitaba una vez por semana, días fijos y a la misma hora,
porque era un hombre muy ocupado y extremadamente disciplinado,
ensimismado en su rutina de asesinar, torturar y mandar a matar. Eso
sí, como hombre de detalles, cada visita era anunciada por el
mensajero de una florería que, como ofrenda y aviso, le traía un
enorme ramo de rosas.
Ese dato lo tuvo muy en cuenta un destacado combatiente del movimiento
clandestino, quien se propuso ajusticiar a una de las figuras más
repulsivas de la represión. Fue así que, después de un prolongado
chequeo sobre el apartamento de la bella, una tarde, en que estaba
programada "la visita habitual", un mensajero de la florería apretó el
timbre; identificado a través de la mirilla por el ramo de flores,
ella le abrió la puerta confiada. De inmediato, quedó petrificada de
terror; ante ella no estaba el muchacho de siempre, sino un hombre que
le apuntaba con su pistola y la conminaba a guardar silencio. El
desconocido, sin dejar de amenazarla, cerró la puerta tras sí y le
ordenó desvestirse; envanecida por sus encantos físicos, ella pensó en
un asalto sexual de algún maníaco, al que no sería difícil
satisfacerle su obsesión y le obedeció con rapidez. Contrariamente a
lo que imaginó, el intruso no se quitó su ropa ni le hizo objeto de
caricia alguna; simplemente, le ordenó acostarse y lo hizo a su lado,
sin desvestirse ni dejar de apuntar, ahora hacia la puerta, mientras
le aclaraba: "ahora, cuando llegue Ventura, antes que se reponga de la
sorpresa, será hombre muerto".
Pero, el tiempo pasó y el esperado visitante no llegó; había roto su
rutina, como cosa excepcional. Convencido que ya no vendría, el
intrépido asaltante decidió marcharse, no sin antes dejarle un serio
mensaje a la alimaña que, por esta vez, evadía la mortal trampa:
_Dile a Ventura, que aquí estuvo Mingolo para ajustarle las cuentas...
Ah, y dile también que te vi encuera y que estás muy buena.
Arístides Viera, alias "Mingolo", una de las más fogueadas figuras del
Movimiento 26 de Julio en La Habana, acababa de realizar una de sus
espectaculares acciones, todas caracterizadas por una AUDACIA SIN
LÍMITES.
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Enero 23 de 2015
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debo.
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martes, 20 de enero de 2015
UN EMPECINADO CONTUMAZ
--UN EMPECINADO CONTUMAZ
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Cuando trasmití los testimonios del "Gallego Goicochea" sobre Gustavo
Machín y Díaz Argüelles, los califiqué como los héroes que la muerte
respeta porque la desafían reiteradamente. Tanto los que atacaron el
Cuartel Moncada (26-7-53), como los asaltantes al Palacio (13-3-57)
mostraron, en sus temerarias acciones, un desprecio absoluto por la
inexorable Señora de la Guadaña. A la mayoría les costó la vida,
fueron pocos los sobrevivientes y estos se empecinaron en continuar la
lucha. Así, entre los expedicionarios del Granma, encontramos a
algunos participantes de los sucesos de aquel 26 de julio. Constituían
el grupo de los que persistían, consecuentes con el ideal que los
llevó a la primera acción; eran los incorregibles porfiados de
siempre, los que no se arredran ante el fracaso. En definitiva,
continuaban fieles a la causa y a la organización que habían fundado,
eran los continuadores de siempre, los que perseveran y triunfan.
Igual proceder mostraron los diezmados miembros del Directorio después
del 13 de marzo.
Sin embargo, el que un mismo hombre haya sobrevivido a esas dos
acciones, su mera participación en ambas, es un hecho único que merece
destacarse y que sin embargo, no ha sido muy divulgado. El
protagonista de la doble hazaña, sin discusión merece el título de
"Empecinado Contumaz". Nos referimos a un joven que, en su natal
Guanajay, llegó a ser Presidente de la Juventud Ortodoxa, se alistó en
la Generación del Centenario y participó en el asalto al Cuartel
Moncada; guardó prisión en Boniato junto a Fidel y demás
sobrevivientes, pero llevado a juicio fue absuelto por falta de
pruebas; fue uno a los que se orientó no declararse culpable. Una vez
libre, no escarmentó y continuó colaborando con Haydee Santamaría y
Melba Hernández; su decisión de continuar el combate frontal contra la
dictadura, la canalizó al vincularse al Directorio Revolucionario y,
como militante del mismo, participar en la hombrada del asalto al
Palacio. Fue uno de los ocho hombres que llegó a la tercera planta y
de los pocos que lograron salir vivos del lugar. Protegido por una
suerte increíble, sobreviviente de las dos acciones más violentas
realizadas contra la tiranía, se asiló en la Embajada de El Salvador y
de allí saltó a Miami, donde continuó su labor revolucionaria; así
alcanzó, "empecinadamente vivo," (*) la hora del triunfo. Esto le
permitió seguir brindando sus servicios a la Revolución en el frente
diplomático. Pasado el tiempo, con la sencillez que caracteriza a los
gigantes, ofreció el siguiente testimonio; "--Hoy, lo veo igual que
entonces. Cuando se está convencido, resuelto a hacer algo, se asume
cualquier consecuencia. No es que yo fuera guapo ni nada de eso. Tenía
sencillamente la convicción de la utilidad y la necesidad de la
lucha".
La muerte, que parecía haberse olvidado de este EMPECINADO CONTUMAZ,
vino a buscarlo el 21 de junio del 2013, bajo la forma de un accidente
cardiovascular; su nombre: Ángel Eros Sánchez.
Desde Regla, ayer, "La Sierra Chiquita";
Ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Enero 20 de 2015
(*) Referencia a la novela "EMPECINADAMENTE VIVOS" de Rodolfo Alpízar
Castillo, cuyo tema gira alrededor del asalto al Palacio y el DR.
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Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
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Por Jorge C. Oliva Espinosa
Cuando trasmití los testimonios del "Gallego Goicochea" sobre Gustavo
Machín y Díaz Argüelles, los califiqué como los héroes que la muerte
respeta porque la desafían reiteradamente. Tanto los que atacaron el
Cuartel Moncada (26-7-53), como los asaltantes al Palacio (13-3-57)
mostraron, en sus temerarias acciones, un desprecio absoluto por la
inexorable Señora de la Guadaña. A la mayoría les costó la vida,
fueron pocos los sobrevivientes y estos se empecinaron en continuar la
lucha. Así, entre los expedicionarios del Granma, encontramos a
algunos participantes de los sucesos de aquel 26 de julio. Constituían
el grupo de los que persistían, consecuentes con el ideal que los
llevó a la primera acción; eran los incorregibles porfiados de
siempre, los que no se arredran ante el fracaso. En definitiva,
continuaban fieles a la causa y a la organización que habían fundado,
eran los continuadores de siempre, los que perseveran y triunfan.
Igual proceder mostraron los diezmados miembros del Directorio después
del 13 de marzo.
Sin embargo, el que un mismo hombre haya sobrevivido a esas dos
acciones, su mera participación en ambas, es un hecho único que merece
destacarse y que sin embargo, no ha sido muy divulgado. El
protagonista de la doble hazaña, sin discusión merece el título de
"Empecinado Contumaz". Nos referimos a un joven que, en su natal
Guanajay, llegó a ser Presidente de la Juventud Ortodoxa, se alistó en
la Generación del Centenario y participó en el asalto al Cuartel
Moncada; guardó prisión en Boniato junto a Fidel y demás
sobrevivientes, pero llevado a juicio fue absuelto por falta de
pruebas; fue uno a los que se orientó no declararse culpable. Una vez
libre, no escarmentó y continuó colaborando con Haydee Santamaría y
Melba Hernández; su decisión de continuar el combate frontal contra la
dictadura, la canalizó al vincularse al Directorio Revolucionario y,
como militante del mismo, participar en la hombrada del asalto al
Palacio. Fue uno de los ocho hombres que llegó a la tercera planta y
de los pocos que lograron salir vivos del lugar. Protegido por una
suerte increíble, sobreviviente de las dos acciones más violentas
realizadas contra la tiranía, se asiló en la Embajada de El Salvador y
de allí saltó a Miami, donde continuó su labor revolucionaria; así
alcanzó, "empecinadamente vivo," (*) la hora del triunfo. Esto le
permitió seguir brindando sus servicios a la Revolución en el frente
diplomático. Pasado el tiempo, con la sencillez que caracteriza a los
gigantes, ofreció el siguiente testimonio; "--Hoy, lo veo igual que
entonces. Cuando se está convencido, resuelto a hacer algo, se asume
cualquier consecuencia. No es que yo fuera guapo ni nada de eso. Tenía
sencillamente la convicción de la utilidad y la necesidad de la
lucha".
La muerte, que parecía haberse olvidado de este EMPECINADO CONTUMAZ,
vino a buscarlo el 21 de junio del 2013, bajo la forma de un accidente
cardiovascular; su nombre: Ángel Eros Sánchez.
Desde Regla, ayer, "La Sierra Chiquita";
Ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Enero 20 de 2015
(*) Referencia a la novela "EMPECINADAMENTE VIVOS" de Rodolfo Alpízar
Castillo, cuyo tema gira alrededor del asalto al Palacio y el DR.
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http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
domingo, 18 de enero de 2015
QUÉ ENTIENDEN POR "NORMALIZAR
-- QUÉ ENTIENDEN POR "NORMALIZAR"
Por Jorge C. Oliva Espinosa
El mundo progresista aplaudió la decisión, anunciada simultáneamente
por los presidentes Barack Obama y Raúl Castro, de normalizar las
relaciones entre nuestros dos países. Se sobrentiende que "normalizar"
significa e infiere, unívocamente, hacer normales dichas relaciones.
Pero, ya en su alocución inicial, el Gobierno norteamericano dejó
clara su interpretación particular de esa "normalidad"; para ellos,
relaciones normales no son las establecidas entre naciones por el
Derecho Internacional, las de respeto recíproco y colaboración.
Ahora, la Subsecretaria de Relaciones Exteriores para el hemisferio
Occidental reitera esa interpretación; ella es quien encabezará la
delegación norteña a las conversaciones que, con el fin de
"normalizar" nuestras relaciones, se iniciarán en La Habana el próximo
21 de enero (pasado mañana). Nos queda claro entonces, lo que
entienden nuestros vecinos por "relaciones normales". Son las
relaciones que establecen con gobiernos obedientes, incapaces de
réplica alguna a sus mandatos imperiales; con gobiernos que acepten la
hegemonía norteamericana por confluencia de intereses o por cobardía.
En esas "relaciones normales" que pretenden establecer con nosotros,
ellos ignoran nuestra soberanía y se inmiscuyen, groseramente, en
asuntos que solo nos conciernen a los cubanos. Relaciones en que, el
Embajador norteamericano, como un procónsul, ejerza su influencia
determinante sobre nuestro gobierno; donde este "diplomático" tenga
franquicia para espiar, conspirar, fomentar y financiar grupos de
oposición, sobornar y corromper a funcionarios sobornables y
corruptibles, todo con absoluta impunidad. Como culminación de esa
"normalización", la actual Oficina de Intereses se convertirá en
Embajada; es decir, se llenará de agentes de la CIA con credenciales
diplomáticas y, como toda embajada norteamericana, será un centro de
subversión, espionaje y provocaciones constantes.
Como la designación del Señor Embajador depende de la aprobación del
Congreso, puede ser que al frente de la misión quede un funcionario de
menor rango, algo así como un "encargado de negocios". Eso no importa,
independiente de la jerarquía que le otorguen, las funciones que
asumirá y su actuación serán las mismas: "normalizar", según sus
criterios, nuestras relaciones. Ya el presidente de Cuba les ha
aclarado que nuestra soberanía no es negociable, que no aceptaremos
injerencias ni toleraremos menoscabo alguno a nuestra dignidad como
país. Por lo tanto, el camino a transitar será difícil, lleno de
tropiezos y complejo; los métodos de lucha serán otros y debemos estar
preparados para utilizarlos con éxito.
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Enero 19 de 2015
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
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Por Jorge C. Oliva Espinosa
El mundo progresista aplaudió la decisión, anunciada simultáneamente
por los presidentes Barack Obama y Raúl Castro, de normalizar las
relaciones entre nuestros dos países. Se sobrentiende que "normalizar"
significa e infiere, unívocamente, hacer normales dichas relaciones.
Pero, ya en su alocución inicial, el Gobierno norteamericano dejó
clara su interpretación particular de esa "normalidad"; para ellos,
relaciones normales no son las establecidas entre naciones por el
Derecho Internacional, las de respeto recíproco y colaboración.
Ahora, la Subsecretaria de Relaciones Exteriores para el hemisferio
Occidental reitera esa interpretación; ella es quien encabezará la
delegación norteña a las conversaciones que, con el fin de
"normalizar" nuestras relaciones, se iniciarán en La Habana el próximo
21 de enero (pasado mañana). Nos queda claro entonces, lo que
entienden nuestros vecinos por "relaciones normales". Son las
relaciones que establecen con gobiernos obedientes, incapaces de
réplica alguna a sus mandatos imperiales; con gobiernos que acepten la
hegemonía norteamericana por confluencia de intereses o por cobardía.
En esas "relaciones normales" que pretenden establecer con nosotros,
ellos ignoran nuestra soberanía y se inmiscuyen, groseramente, en
asuntos que solo nos conciernen a los cubanos. Relaciones en que, el
Embajador norteamericano, como un procónsul, ejerza su influencia
determinante sobre nuestro gobierno; donde este "diplomático" tenga
franquicia para espiar, conspirar, fomentar y financiar grupos de
oposición, sobornar y corromper a funcionarios sobornables y
corruptibles, todo con absoluta impunidad. Como culminación de esa
"normalización", la actual Oficina de Intereses se convertirá en
Embajada; es decir, se llenará de agentes de la CIA con credenciales
diplomáticas y, como toda embajada norteamericana, será un centro de
subversión, espionaje y provocaciones constantes.
Como la designación del Señor Embajador depende de la aprobación del
Congreso, puede ser que al frente de la misión quede un funcionario de
menor rango, algo así como un "encargado de negocios". Eso no importa,
independiente de la jerarquía que le otorguen, las funciones que
asumirá y su actuación serán las mismas: "normalizar", según sus
criterios, nuestras relaciones. Ya el presidente de Cuba les ha
aclarado que nuestra soberanía no es negociable, que no aceptaremos
injerencias ni toleraremos menoscabo alguno a nuestra dignidad como
país. Por lo tanto, el camino a transitar será difícil, lleno de
tropiezos y complejo; los métodos de lucha serán otros y debemos estar
preparados para utilizarlos con éxito.
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Enero 19 de 2015
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
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jueves, 15 de enero de 2015
DOS LOCOS PELIGROSOS
-- (*)
Por Jorge C. Oliva Espinosa
El "Sanatorio Valdés Dapena", era una clínica privada para enfermos
mentales; estaba en la Carretera Central, en el trayecto entre los
pueblos de San Francisco de Paula y El Cotorro. En la pequeña
instalación, más asilo que clínica, algunas familias pudientes pagaban
por la reclusión de sus familiares trastornados; fue el lugar ideal
para refugiar a aquellos dos hombres, quizás los más buscados por la
jauría batistiana. Para ellos, ya no había lugar seguro en la Habana y
allí a nadie se le ocurriría buscarlos. Fogueados combatientes
clandestinos, estaban perfectamente identificados por los órganos
represivos, pues habían participado en connotados hechos, acciones
temerarias que golpearon a la tiranía y estremecieron a la población.
El ametrallamiento de dos pelotones de la policía, a la hora del
relevo, frente a una estación policiaca, o el atentado al Ministro de
Gobernación, Santiago Rey, eran dos hechos en que se les señalaba como
únicos autores.
Sin embargo, la seguridad que brindaba aquel refugio era temporal y
cada día aumentaba el peligro de una delación. Por ese motivo, al poco
tiempo, se decidió trasladar a ambos combatientes y enviarlos a las
montañas del Escambray, donde ya operaba una guerrilla del Directorio.
Fue así que, uno vestido como enfermero y custodio, el otro
caracterizado como un paciente furioso que viajaba dentro de una
camisa de fuerza, amparados por el certificado médico correspondiente,
aparecieran como remitidos a una clínica de la ciudad de Santa Clara,
donde el último continuaría su tratamiento; de chofer fungiría otro
miembro de la organización. El plan, de una teatralidad suprema, se
cumplía perfectamente en su primera etapa; todos los controles de
carretera fueron burlados y quedaron convencidos de que se trataba de
un caso irremediable de locura. El aspecto descompuesto, la barba
crecida, un babeo constante, los forcejeos desesperados que
acompañaban gritos ininteligibles, alejaban cualquier duda; lo que
nadie podía sospechar, era que debajo de aquellas largas mangas
cruzadas a la espalda, el supuesto orate, apretaba una granada en cada
mano y que cada uno de sus acompañantes llevaba una pistola al cinto.
Todo iba bien hasta llegar a la ciudad matancera de Colón. Allí, el
que hacía de loco exigió un cambio de papeles: ya estaba cansado de
estar amarrado y se le entumecían las manos aferradas a las granadas.
Hubo una fuerte discusión y como ninguno cedió, tomaron la decisión
loca de volver a La Habana y allí morir combatiendo. El destino les
reservó otro final, porque quizás la muerte respeta a los que la
desafían y desprecian. Sus vidas de combatientes, se prolongarían en
otras gestas y en 1967 Gustavo Machín Hoed De Beche moriría en Bolivia
como "Alejandro" el jefe de operaciones en la guerrilla del Che; el
otro, Raúl Díaz Arguelles viviría unos años más para caer,
finalmente, en Angola en 1975, al frente de las tropas
internacionalistas que enfrentaban la agresión de África del Sur.
Fueron dos guerreros excepcionales hasta el fin de sus días.
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Enero 16 de 2015
(*) Este episodio de la lucha clandestina lo relató el combatiente del
Directorio y asaltante a Palacio, Luis Goichochea ("El Gallego"), en
una de sus charlas.
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
Por Jorge C. Oliva Espinosa
El "Sanatorio Valdés Dapena", era una clínica privada para enfermos
mentales; estaba en la Carretera Central, en el trayecto entre los
pueblos de San Francisco de Paula y El Cotorro. En la pequeña
instalación, más asilo que clínica, algunas familias pudientes pagaban
por la reclusión de sus familiares trastornados; fue el lugar ideal
para refugiar a aquellos dos hombres, quizás los más buscados por la
jauría batistiana. Para ellos, ya no había lugar seguro en la Habana y
allí a nadie se le ocurriría buscarlos. Fogueados combatientes
clandestinos, estaban perfectamente identificados por los órganos
represivos, pues habían participado en connotados hechos, acciones
temerarias que golpearon a la tiranía y estremecieron a la población.
El ametrallamiento de dos pelotones de la policía, a la hora del
relevo, frente a una estación policiaca, o el atentado al Ministro de
Gobernación, Santiago Rey, eran dos hechos en que se les señalaba como
únicos autores.
Sin embargo, la seguridad que brindaba aquel refugio era temporal y
cada día aumentaba el peligro de una delación. Por ese motivo, al poco
tiempo, se decidió trasladar a ambos combatientes y enviarlos a las
montañas del Escambray, donde ya operaba una guerrilla del Directorio.
Fue así que, uno vestido como enfermero y custodio, el otro
caracterizado como un paciente furioso que viajaba dentro de una
camisa de fuerza, amparados por el certificado médico correspondiente,
aparecieran como remitidos a una clínica de la ciudad de Santa Clara,
donde el último continuaría su tratamiento; de chofer fungiría otro
miembro de la organización. El plan, de una teatralidad suprema, se
cumplía perfectamente en su primera etapa; todos los controles de
carretera fueron burlados y quedaron convencidos de que se trataba de
un caso irremediable de locura. El aspecto descompuesto, la barba
crecida, un babeo constante, los forcejeos desesperados que
acompañaban gritos ininteligibles, alejaban cualquier duda; lo que
nadie podía sospechar, era que debajo de aquellas largas mangas
cruzadas a la espalda, el supuesto orate, apretaba una granada en cada
mano y que cada uno de sus acompañantes llevaba una pistola al cinto.
Todo iba bien hasta llegar a la ciudad matancera de Colón. Allí, el
que hacía de loco exigió un cambio de papeles: ya estaba cansado de
estar amarrado y se le entumecían las manos aferradas a las granadas.
Hubo una fuerte discusión y como ninguno cedió, tomaron la decisión
loca de volver a La Habana y allí morir combatiendo. El destino les
reservó otro final, porque quizás la muerte respeta a los que la
desafían y desprecian. Sus vidas de combatientes, se prolongarían en
otras gestas y en 1967 Gustavo Machín Hoed De Beche moriría en Bolivia
como "Alejandro" el jefe de operaciones en la guerrilla del Che; el
otro, Raúl Díaz Arguelles viviría unos años más para caer,
finalmente, en Angola en 1975, al frente de las tropas
internacionalistas que enfrentaban la agresión de África del Sur.
Fueron dos guerreros excepcionales hasta el fin de sus días.
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Enero 16 de 2015
(*) Este episodio de la lucha clandestina lo relató el combatiente del
Directorio y asaltante a Palacio, Luis Goichochea ("El Gallego"), en
una de sus charlas.
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
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