sábado, 3 de agosto de 2013

LA PROFESIONALIDAD DEL HISTORIADOR
Por Jorge C. Oliva Espinosa

En mis más recientes artículos, estuve haciendo hincapié en
conceptualizaciones y definiciones. Así dediqué uno a la
profesionalidad y su ausencia, el segundo a la propiedad y un tercero
a la organización. Entendí que este es el momento, ya que se está
estudiando por parte de nuestro gobierno, el concepto de socialismo y
sin aún enunciarlo, ya se adoptan adjetivos como "próspero y
sustentable" para su modelo "actualizado". Con anterioridad, escribí
sobre la necesidad de defender la historia, nuestra historia. Ahora,
parece que dos de mis artículos enlazan sus objetivos y me obligan a
escribir el presente. La motivación me la dan tres trabajos de dos
historiadores, donde uno de ellos muestra cierta falta de
profesionalidad y demuestra, como bien y delicadamente le responde el
otro, un incumplimiento del primer deber de todo historiador: ceñirse
con objetividad al hecho y no dejarse llevar por la adjetivación que
suple la falta de argumentos y encubre tendenciosidad.
Resulta que recibí un serio y profundo trabajo de Newton Briones
Montoto, publicado por "Espacio Laical" (1/2013), titulado "Justicia
al Profeta". Briones Montoto es una figura de prosapia histórica y
revolucionaria; su quehacer de historiador y periodista está
impregnado de fidelidad a su estirpe y a la historia misma; con
frecuencia utiliza el testimonio como contrapartida de fuentes
documentales y en ambas se apoya. En su trabajo, Briones investiga,
descubre y revela luces y sombras que, como a toda figura histórica,
rodean a Ramón Grau San Martín. Lo hace desde una óptica alejada de
toda la subjetividad propia de detractores y de apologistas. Este
aporte de Briones, tuvo por infortunada respuesta el trabajo de la
también historiadora Latvia Gaspé Álvarez. Y uso el adjetivo
"infortunada", para adjudicarlo al trabajo, no a la autora; aunque en
el mismo muestra falta de profesionalidad en su labor de historiadora
y asume la posición de llenar de calificativos a todo el que no
concuerde con sus opiniones. Tan poco rigor aplicó Latvia, que hasta
desvió la dirección de la Corriente del Golfo, la que nunca llega a
enfriar las costas cubanas. Sinuosa como esa corriente marina, sin
precisar nombres, fue su redacción. Pero adornó esta falta con faltas
mayores, las de la intolerancia, ese mal que lleva a ver enemigos en
todos los que diverjan de "su verdad" y el delito de "lesa-historia"
de mellar y falsear el hecho o mostrar sólo una faceta del mismo. Mete
en un mismo saco, a los defensores del pasado y a todo aquel que lo
analice con objetividad, al que falsea la historia desde academicismos
extranjerizantes y al que cuestione alguna fuente que ella da por
válida, como el libro de Vázquez García, "El Gobierno de la
Kubanidad". Parece un burócrata oficinesco que, cuño en ristre, la
emprende marcando con un sello único a todos los que disientan de su
criterio. Me recuerda la imagen del empleadillo atado a un buró que,
en el filme "La Muerte de un Burócrata", resumía su trabajo en acuñar
cualquier documento que se le presentara.
En su "Respuesta Aclaratoria", respondió el indirectamente aludido.
Muy delicado se mostró Briones con esta pobre adversaria y triste
polemista, huérfana de argumentos, que recurre a la descalificación a
falta de demostraciones; que incurre en errores imperdonables a un
historiador. Hasta la llama amiga y la convida a que esa amistad no se
vea afectada por polemizar. Realmente, se torna para ella en un
formidable maestro y la da clases de profesionalidad y de rigor
histórico. Latvia debía aprovechar estas lecciones de quien, desde su
altura, la llama todavía amiga.

Desde Regla,
Ayer "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Agosto 1º de 2013
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.

Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com

miércoles, 31 de julio de 2013

ORGANIZACION

ORGANIZACIÓN
Por Jorge C. Oliva Espinosa

Cuando se estudia Física, se aprende que la Entropía mide el desorden
de un sistema; cuanto más organizado se encuentre éste, menor será la
entropía que posea. Posteriormente, la Informática definió la Entropía
como medida de la incertidumbre existente ante un conjunto de
mensajes, de los cuales se va a recibir uno solo. Al aplicar
cualquiera de los dos conceptos, se hace evidente que a nuestro
alrededor reina una gran Entropía; en efecto, es irrebatible que queda
mucho por avanzar en organización y que de continuo, están llegando
mensajes diversos y uno solo de ellos va a ser válido.
Al derrocar a la tiranía, se abrió ante nosotros el caos que significa
toda Revolución. En su discurso del 11 de enero de 1960, donde hizo un
resumen del año anterior (1), Fidel dijo: "La Revolución es, de todos
los acontecimientos históricos, el más complejo y el más convulso".
Como el día antes de la Creación, todo estaba por hacer; si se quería
construir una verdadera y nueva sociedad, era imprescindible
reemplazar las viejas estructuras del poder corrompido y opresor,
demoler instituciones, crear otras, promulgar nuevas leyes, establecer
el marco jurídico necesario para hacer valer el derecho de los
oprimidos; y entre esos derechos, el de labrar su propio destino. La
confusión de los primeros meses, se fue disipando y los confundidos
entendieron que esta era una Revolución verdadera y no otra demagógica
y frustrante, simple algarabía de farsantes politiqueros. Temprano lo
comprendió así, nuestro vecino del Norte, que de inmediato nos enfiló
sus cañones, se quitó la careta y se proclamó nuestro enemigo.
Conscientes de la necesidad de organizarnos, uno de los primeros años
(1962) fue llamado "Año de la Planificación"; pero no bastaba ni basta
con otorgarle a un año ese nombre y centrar los esfuerzos de ese lapso
en planear una organización eficiente. Organizar es una tarea
permanente, donde es necesario, continuamente, introducir la
corrección de desviaciones y la enmienda oportuna de errores. Está
demostrado que las rectificaciones no se pueden establecer a
intervalos periódicos, ni aplazarse su instrumentación; requieren de
aplicación inmediata, una vez detectada su necesidad. Para que esta
detección sea oportuna, es imprescindible una vigilancia constante
sobre el sistema.
Cuando el gobierno revolucionario se declaró socialista, todavía
estaba enfrascado en los cambios y no había alcanzado el nivel de
organización requerido. Todo volvió a cambiar en medio de un proceso
de cambios no concluido. Y esto repercutió en los abastecimientos, en
el comercio exterior, en las estructura institucionales, en la
economía y en general en la vida cotidiana de todos. Volvía a crecer
la Entropía; entonces, la palabra salvadora fue "El Plan"; la
planificación a que obligaba la nueva situación y la condición de país
no capitalista, se convirtió en la tabla de salvación a la que
aferrarse. Como buenos cubanos, se fue a los extremos y se aplicó una
planificación rígida; pero esta rigidez chocó con la necesidad y con
el voluntarismo de muchas decisiones tomadas en la cúpula de mando.
Fue así que la "Junta Central de Planificación" fue perdiendo
protagonismo y autoridad, sus presidentes fueron sustituidos y en
algunos casos, cayó sobre ellos, la culpa del desorden.
Cuando ocurrió el derrumbe del "socialismo real" y desaparecieron los
hermanos del Campo Socialista y con ellos la Unión Soviética, todavía
se estaba en la adaptación a las condiciones del CAME. Entonces, se
hizo evidente la exigencia de una rectificación del rumbo y de nuevo
volvía a crecer la Entropía. Hoy nadie niega la necesidad de sustituir
los modelos copiados de sistemas que probaron su ineficacia La
planificación, aunque caracterice a la economía socialista, no es
exclusiva del Socialismo, porque los capitalistas, atentos siempre al
Mercado, también planifican. Su utilización es necesaria, sin olvidar
que los planes deben poseer la flexibilidad que demandan las
contingencias a las que está expuesto nuestro país. Y esta
organización que es válida para la Economía, lo es también para toda
la sociedad; entonces, ¡Reduzcamos todo lo posible el nivel actual de
Entropía! Para ello es necesario que recibamos el mensaje de contenido
unívoco, que reine entre nosotros el orden y la disciplina. Pero
hagámoslo con la participación consciente de todos, no por impuesto
mandato disciplinario. ¡El destino de la Patria lo reclama!

Desde Regla,
Ayer "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Julio 31 de 2013
(1) Castro Ruz, F. (1967) "Aniversarios del triunfo de la revolución
cubana, (discursos)". La Habana, Editora Política, página 37


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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
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Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
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jorgecoliva@gmail.com

martes, 30 de julio de 2013

LA PROPIEDAD, DERECHO, CONSERVACIÓN Y DETERIORO

LA PROPIEDAD, DERECHO, CONSERVACIÓN Y DETERIORO
Por Jorge C. Oliva Espinosa

La propiedad, como categoría de los sistemas panteístas, es
consustancial a la naturaleza. No sólo a la humana. En otros niveles
de la escala zoológica vemos a individuos que ejercen y defienden su
propiedad sobre áreas, hembras, objetos, etc. Esta conducta feroz,
puramente animal, pudiera darnos la clave para entender el
comportamiento de la alta burguesía monopolista. Federico Engels situó
el origen de la propiedad privada, en la división de la sociedad en
clases. Clases determinadas por su posición con respecto al bien
apropiado. Yo, después de estudiar a Engels, simplifiqué el asunto y
concluí que la propiedad privada nació, cuando uno dijo "esto es mío"
y los demás se lo creyeron. El concepto de propiedad ha merecido la
atención de juristas desde los tiempos de la antigua Roma y hasta el
anarquista Proudhon, en 1840, trató la cuestión en su libro "¿Qué es
la Propiedad?", un estudio sobre los principios del derecho y del
gobierno, primer texto de la edad contemporánea donde alguien se
autodenomina anarquista en un sentido positivo.
Hace poco, a los cubanos nos devolvieron la propiedad de bienes que
nuestra Constitución garantizaba con anterioridad, como la vivienda y
el automóvil. Hasta ese momento, se declaraba que eran nuestros, pero
no podíamos venderlos ni disponer de ellos, como se supone podamos
hacer con lo que nos pertenece. Esto era difícil de comprender, porque
se desprende que, si algo es mío, puedo ejercer mi voluntad soberana
sobre esa propiedad. Entonces, resultaba que yo era el "propietario",
pero hasta cierto punto. De esta forma, se enmascaraba, otra relación
bien distinta entre el objeto poseído y el sujeto poseedor: la
relación de usufructo. En realidad yo no era propietario, sino
usufructuario de la cosa declarada como mía. Y eso con limitaciones.
Una vez más, no importaba lo establecido en nuestra pobre y sufrida
Constitución, cualquier órgano de gobierno podía emitir una resolución
que la contradijera o violara. En Derecho, la propiedad es el poder
directo e inmediato sobre un objeto o bien, por la que se atribuye a
su titular la capacidad de disponer del mismo, sin más limitaciones
que las que imponga la ley. Los romanos, grandes legisladores, dejaron
a la posteridad, una profusa normación jurídica con definiciones aún
válidas. Ellos consideraban que el derecho de propiedad pleno
comprende tres facultades principales: uso (ius utendi), disfrute (ius
fruendi) y disposición (ius abutendi). Así, de acuerdo a los romanos,
usábamos y disfrutábamos, pero no disponíamos de la propiedad personal
garantizada por nuestra Ley de Leyes.
Además de la propiedad personal, átomo o célula de la privada cuya
hipertrofia puede llevarnos a la creación de nuevos capitalistas,
tenemos la estatal que ha demostrado no conducirnos al socialismo, que
ha servido, por el contrario, para encubrir un capitalismo de estado
monopolista, y la propiedad cooperativa, a la cual se le comienza a
brindar, aunque tardíamente, posibilidades de desarrollo. El tipo de
propiedad prevaleciente estará en dependencia de la sociedad que se
quiera construir. La socialista requiere socializar verdaderamente la
propiedad. Es decir, entregarla a su verdadero dueño, la sociedad, con
las tres facultades que citaban los romanos.
Es verdad categórica que "para tener hay que mantener". Mantener una
propiedad, es decir, conservar el poder de decisión sobre algo y
cuidar de que no se deteriore, puede comprender muchas manifestaciones
y acciones. Desde luchar, de distintas formas, por retener el bien,
hasta emprender sobre el mismo labores del necesario mantenimiento.
Esto último, si no se acomete, puede hacer desaparecer el objeto
reclamado como propio. Y si se extingue y no hay objeto que nos
pertenezca, se acaba igualmente nuestro poder sobre el mismo. El
Mantenimiento, sus acciones y planeamiento eran temas, que explicaba
el inolvidable Profesor Fernando Portuondo y Pichardo, intelectual de
prestigio heredado y propio, hijo de Fernando Portuondo y Hortensia
Pichardo. Fue mi compañero de cátedra, de él recibí lecciones
magistrales, le admiré y quise en vida y hoy, ya fallecido, lo
rememoro con respeto. Explicaba Fernando, la necesidad de inventariar
los bienes que someteríamos a mantenimiento. Pero, para que esta
acción constituyera una herramienta de dirección, capaz de brindar una
información necesaria para la toma de decisiones, cada objeto o equipo
debía poseer su propia "historia clínica", donde quedaran consignadas
su fecha de adquisición, las reparaciones sufridas, su valor remanente
y otros datos. Luego, se empleaba con elocuencia sin igual, en
explicar los métodos y sistemas de mantenimiento. Por aquellos
tiempos, se había hipertrofiado el inventariar y veíamos que objetos
tan disparatados como una ventana o un closet en una oficina; un
cucharón y una espumadera en un comedor obrero, exhibían extensos
números de inventario. Se pretendía con ello, tener "control" de la
propiedad estatal sobre cuanto ensere, objeto, equipo, etc., hubiera
en una dependencia. Propiedades cuyo control, dado por una numeración,
era más que discutible; bienes que nunca recibían mantenimiento
alguno. Cuando el maltrato o el tiempo volvía inservible algo, se le
daba de baja y ya. Mientras tanto, vivíamos rodeados de numeraciones
de muchos dígitos; todas inútiles, por supuesto. Tan inútiles como una
Constitución que no se cumple.
Nada, amigos, que la propiedad y su mantenimiento necesitan de mucho
estudio y atención en estos días de definiciones que vivimos.

Desde Regla,
ayer "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Julio 30 de 2013


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lunes, 29 de julio de 2013

PROFESIONALIDAD

PROFESIONALIDAD
Por Jorge C. Oliva Espinosa

Hace poco señalé la falta de profesionalidad como deficiencia que
aquejaba a muchos sectores. Por eso, porque es un mal bastante
generalizado que nos aqueja, hoy quiero referirme al término
"Profesionalidad", ese atributo deficitario, y precisar algunos
conceptos alrededor del mismo.
El diccionario de la RAE nos da las siguientes definiciones que copio:
"profesionalidad. fem. Cualidad de la persona u organismo que ejerce
su actividad con relevante capacidad y aplicación. || 2. Actividad que
se ejerce como una profesión". Estamos entonces ante dos acepciones:
una refiere la cualidad del sujeto que ejecuta la acción de una forma
determinada; la segunda, califica la acción y condiciona que la misma
se realice como profesión. Según la primera definición, un
"profesional", ya sea persona u organismo, que demuestre incapacidad o
poco interés en el ejercicio, carece de profesionalidad. Este defecto
puede aquejar lo mismo a un plomero que realice malas instalaciones
hidráulicas, a un dependiente que no nos atienda correctamente o a un
médico que se desinterese por sus pacientes. Se sobrentiende así que,
la posesión de un título no otorga, de por sí, profesionalidad. Sobran
los casos de personas que, sin haber egresado de Universidad alguna,
ejercen una profesión con igual o mayor profesionalidad que los
graduados y descollantes figuras que han hecho aportes significativos
a una profesión, la desempeñaron sin titulación. En contraposición,
podemos encontrar los que han obtenido un título que los declara
"profesionales aptos para ejercer" y no actúan como tales. Es que, la
profesionalidad entraña compromiso, dedicación e infiere una conducta
o modo de actuar, ceñido a normas éticas; algunas generales y otras
particulares de cada profesión. Por ejemplo, un sacerdote católico
está obligado a guardar el secreto de confesión; si viola este
precepto, además de caer en el pecado que condena su religión, está
obrando con falta a la ética que le impone su profesión. De forma
similar, incurre el periodista que revela la fuente que ha pedido
permanecer incógnita y en la cual basó la información brindada en su
trabajo. En los casos mencionados, se manifiesta una falta de ética
profesional. Por otra parte, ya se vio que, según el diccionario de la
RAE, la "profesionalidad" requiere dedicación y esto implica
superación constante; un profesional que no se supere, no actúa con
profesionalidad.
La "Dirección", esa actividad tan maltratada hoy en día, requiere
igualmente de profesionalidad. A pesar de que se hayan abierto
carreras de Dirección y centros donde se capacita a profesionales para
ejercerla, suele ocurrir lo mismo que en otros sectores. No todos
estamos capacitados para dirigir, pero los que lo hagan, deben
desempeñar su rol con profesionalidad, hayan o no cursado los estudios
pertinentes. Entonces, en lugar de exigir a los que dirijan la
profesionalidad de que carecen, sería mejor elegir para los cargos de
dirección, correctamente, a los que la posean. De lo contrario, no
dirigirán, más bien "des-dirigirán" las tareas a ellos encomendadas y
su accionar conducirá las mismas al fracaso.

Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía
Julio 29 de 2013


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viernes, 26 de julio de 2013

NOTICIAS DE UN OPORTUNISTA ANUNCIADO

NOTICIAS DE UN OPORTUNISTA ANUNCIADO
Por Jorge C. Oliva Espinosa

Llegar a longevo conlleva, entre otras cosas, lamentar afectos
perdidos, acumular errores, almacenar recuerdos. Con todas esas
vivencias, se pueden construir anécdotas que sirvan a otros de
lección, si es que somos capaces de convertirlas en advertencias para
evitarles yerros semejantes. En ese caso, sería útil el volvernos
anecdóticos antes que el tiempo nos convierta en escleróticos. Hoy
referiré un hecho real donde, afortunadamente, se pudo percibir la
presencia del oportunismo. Y digo afortunadamente, porque las
consecuencias en este caso las pagó el oportunista, quien no pudo
sacar el provecho que esperaba de su acción. Para muchos, fue la
primera ocasión de contemplar de cerca este proceder tan nefasto. No
menciono el nombre del pobre diablo, porque ignoro su destino
posterior. Quizás le sirvió de escarmiento y enmendó su conducta.
Entonces no habría por qué añadirle vergüenza a sus recuerdos. El
hecho que motiva mi anécdota, sucedió así:
El profesor García Bárcena, al frente del Movimiento Nacionalista
Revolucionario, había concebido un plan para la toma del campamento
militar de Columbia, en connivencia con militares destacados en dicha
instalación. Algunos de esos militares habían sido sus alumnos y por
ello, el profesor confiaba en ellos. Pero, el servicio de inteligencia
de Batista, a través de los complotados de uniforme, logró penetrar
al Movimiento revolucionario y frustrar la acción planeada. Se fijó la
fecha para el sábado de Semana Santa de 1953. El día señalado, todos
los comprometidos fueron citados para la casa de García Bárcena,
cercana a Columbia; la hora: siete de la mañana. Pero a esa hora, ya
la vivienda del profesor había sido tomada por las fuerzas de la
dictadura y los complotados iban siendo apresados a medida que hacían
acto de presencia. Sobre las 8 AM, ya la casa se había convertido en
una prisión para todos los que habían concurrido a cumplir aquel
compromiso. Con aparatoso despliegue policial, los esbirros de azul
custodiaban el lugar y en la cuadra y calles aledañas estaban
parqueados numerosos carros patrulleros. Fue esa la hora en que el
infeliz, calculando que ya el golpe había culminado con éxito, se
presentó con aire marcial ante el primer oficial que encontró y
anunció prepotente: "Capitán del MNR, (aquí dijo su nombre y
apellido), se presenta para servir a la Patria". La organización no
había otorgado grados militares a sus miembros civiles, pero el
oportunista se los adjudicó triunfal. En honor a "su alta graduación"
recibió tan brutal paliza que casi echó los pulmones por la boca.
Me pareció útil escribir esta anécdota, en estos días de recordar la
fecha gloriosa del 26 de julio de 1953, hito que marcó el despertar de
la conciencia popular y que significó un cambio radical en el carácter
de la lucha contra el tirano. Acto de arrojo sin igual, que nos hizo
comprender a muchos la diferencia entre insurrección y Revolución, que
nos dio una guía de acción y nos dotó de una doctrina y de un programa
de transformaciones necesarias.

Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía
Julio 26 de 2013

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NOTICIAS DE UN OPORTUNISTA ANUNCIADO

NOTICIAS DE UN OPORTUNISTA ANUNCIADO
Por Jorge C. Oliva Espinosa

Llegar a longevo conlleva, entre otras cosas, lamentar afectos
perdidos, acumular errores, almacenar recuerdos. Con todas esas
vivencias, se pueden construir anécdotas que sirvan a otros de
lección, si es que somos capaces de convertirlas en advertencias para
evitarles yerros semejantes. En ese caso, sería útil el volvernos
anecdóticos antes que el tiempo nos convierta en escleróticos. Hoy
referiré un hecho real donde, afortunadamente, se pudo percibir la
presencia del oportunismo. Y digo afortunadamente, porque las
consecuencias en este caso las pagó el oportunista, quien no pudo
sacar el provecho que esperaba de su acción. Para muchos, fue la
primera ocasión de contemplar de cerca este proceder tan nefasto. No
menciono el nombre del pobre diablo, porque ignoro su destino
posterior. Quizás le sirvió de escarmiento y enmendó su conducta.
Entonces no habría por qué añadirle vergüenza a sus recuerdos. El
hecho que motiva mi anécdota, sucedió así:
El profesor García Bárcena, al frente del Movimiento Nacionalista
Revolucionario, había concebido un plan para la toma del campamento
militar de Columbia, en connivencia con militares destacados en dicha
instalación. Algunos de esos militares habían sido sus alumnos y por
ello, el profesor confiaba en ellos. Pero, el servicio de inteligencia
de Batista, a través de los complotados de uniforme, logró penetrar
al Movimiento revolucionario y frustrar la acción planeada. Se fijó la
fecha para el sábado de Semana Santa de 1953. El día señalado, todos
los comprometidos fueron citados para la casa de García Bárcena,
cercana a Columbia; la hora: siete de la mañana. Pero a esa hora, ya
la vivienda del profesor había sido tomada por las fuerzas de la
dictadura y los complotados iban siendo apresados a medida que hacían
acto de presencia. Sobre las 8 AM, ya la casa se había convertido en
una prisión para todos los que habían concurrido a cumplir aquel
compromiso. Con aparatoso despliegue policial, los esbirros de azul
custodiaban el lugar y en la cuadra y calles aledañas estaban
parqueados numerosos carros patrulleros. Fue esa la hora en que el
infeliz, calculando que ya el golpe había culminado con éxito, se
presentó con aire marcial ante el primer oficial que encontró y
anunció prepotente: "Capitán del MNR, (aquí dijo su nombre y
apellido), se presenta para servir a la Patria". La organización no
había otorgado grados militares a sus miembros civiles, pero el
oportunista se los adjudicó triunfal. En honor a "su alta graduación"
recibió tan brutal paliza que casi echó los pulmones por la boca.
Me pareció útil escribir esta anécdota, en estos días de recordar la
fecha gloriosa del 26 de julio de 1953, hito que marcó el despertar de
la conciencia popular y que significó un cambio radical en el carácter
de la lucha contra el tirano. Acto de arrojo sin igual, que nos hizo
comprender a muchos la diferencia entre insurrección y Revolución, que
nos dio una guía de acción y nos dotó de una doctrina y de un programa
de transformaciones necesarias.

Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía
Julio 26 de 2013
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martes, 23 de julio de 2013

DIRIGIR, PALABRA MÁGICA

DIRIGIR, PALABRA MÁGICA
Por Jorge C. Oliva Espinosa

Dirigir entraña mucha responsabilidad. Es actividad compleja y
delicada, codiciada por los que ansían poder, detentada muchas veces
por incompetentes. Para estos y aquellos, se trata de trasmitir
órdenes y velar porque se cumplan. En caso contrario, sancionar
"ejemplarmente" al infractor o incumplidor. ¡Y, señores, dirigir no es
eso! Para dirigir se requieren muchos atributos y conocimientos,
prudencia y osadía, valor y tacto. Un buen director es aquel que hace
cumplir con el ejemplo, demuestra una conducta intachable,
caracterizada por modestia y honestidad, que conoce y emplea,
correctamente, técnicas y métodos de Dirección. Porque dirigir es una
actividad que demanda conocimientos, habilidades y destrezas, además
del liderazgo aceptado por sus subordinados. Ellos le reconocerán
autoridad para ejercer la dirección y sólo así acatarán con respeto
sus instrucciones. Señalo el uso de la palabra "instrucciones", en
lugar de "órdenes". Es que, al dirigir, si se hace con eficiencia, se
instruye, es decir, se practica la enseñanza, con toda su relación
dialéctica enseñanza-aprendizaje. Un dirigente, como conductor, tiene
mucho de maestro y como maestro tiene siempre que aprender. Este
conduce el aprendizaje del alumno, el que dirige conduce todo un
proceso a su cargo, mediante la acción de sus subordinados, que son
los ejecutores de las instrucciones que trasmita. A ellos debe
enseñarles. Pero, mal puede enseñar, quien no sabe. Porque nadie puede
instruir a otro sobre asuntos que ignora. A la vez, cobra suma
importancia, la habilidad del conductor para trasmitir y comunicarse
con sus subordinados. Por algo la Dirección es una Ciencia y como tal
se estudia en algunas carreras universitarias.
En nuestro entorno, es frecuente encontrar a incapaces e ignorantes,
dirigiendo actividades que desconocen. Esto ha sucedido porque, muchas
veces, los capacitados rehúyen ocupar cargos de dirección. Otras,
porque el elegido ha sido objeto de favoritismo o impuesto "desde
arriba", sin tomar en cuenta las opiniones del colectivo que va a
dirigir. Si esto último no ocurre, se abre la brecha para que los
ansiosos de escalar, den el famoso "paso al frente", se auto propongan
y se hagan de la posición que anhelan, confundidos con los que, en
verdad, están dispuestos a sacrificarse. Entonces, podemos contemplar
y sufrir situaciones enojosas y enojantes, en general desagradables,
que traen aparejadas tristes consecuencias. Esas secuelas se observan,
fundamentalmente, en el deterioro de la actividad que se pretende
dirigir. Cuando ejercía mi profesión, asesorando algunas Empresas y
Uniones de Empresas, tuve oportunidad de ver casos lamentables, como
el Director de una Unión, que presidiendo un Consejo de Dirección
ampliado, se dirigió a los presentes con grosera altanería, usando
palabras obscenas, sin respetar la presencia de compañeras y dio sus
instrucciones "inapelables y de obligatorio cumplimiento". Aquel
energúmeno rebuznó más o menos así: "Yo no sé ni coj... de esto, pero
ustedes sí y al que falle le parto las patas". Como ven, su mensaje
estaba lleno "de sabiduría, precisión y tacto". Al menos hay que
reconocerle sinceridad al proclamar su ignorancia.
Como acompañante del deterioro físico, nuestra sociedad en pleno
presenta un generalizado deterioro moral, que nos alcanza a todos y
que se refleja en cualquier actividad que analicemos. Y esto sucede en
planos que recorren de lo general a lo particular. Así, he visto
deteriorado el concepto de Dirección, su práctica problemática, el
periodismo y la conducción de órganos de prensa por cuadros que
carecen de profesionalidad y liderazgo. He tratado de generalizar para
no herir susceptibilidades y provocar enojos. Pero, como dice el viejo
dicho: "al que le sirva el sayo, que se lo ponga".

Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Julio 23 de 2013


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