martes, 25 de diciembre de 2012

UN PROCEDER DISTINTO

UN PROCEDER DISTINTO
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Recibí un mensaje del compañero Carlos Benet, mensaje que agradezco y
que tomo muy en cuenta. En él me expone con franqueza sus criterios
sobre un artículo mío y me dice que también interpretó que yo me
muestro despectivo con respecto a los diálogos auspiciados por
entidades no oficiales. Voy a tener que revisar mi redacción, pues en
ningún momento fue esa mi intención. Y si un compañero como Benet lo
entendió así, la culpa es enteramente mía. Quise decir y no lo expresé
claramente, que esos debates serían más útiles, si en ellos
participaran los que tienen poder para decidir sobre las cuestiones
que se discuten. No creo, sinceramente, que sean inútiles. En ellos,
en su práctica, muchos se ejercitarán y al fin lograremos la cultura
del debate, esa cultura que estimo necesaria para dialogar: la cultura
del respeto recíproco a las opiniones que se emitan, la de la cortesía
y la consideración con "el otro".
Hace poco escribí que si hacían falta explicaciones complementarias,
eso significaba que no habíamos explicado con claridad. Y eso es lo
que me ha pasado con mi artículo sobre los diálogos. Aquel que titulé
"COMBATIENTES Y DEBATIENTES". Por lo tanto, me propongo enmendar esta
deficiencia mía y redactaré un nuevo artículo con mayor claridad. Así
se lo prometí al compañero Benet, a quien agradezco mucho su
observación.
A propósito de su proceder para conmigo, me es grato reconocer que
Benet ha observado un proceder ético lleno de consideración y respeto.
Él no publicó su opinión a mis espaldas, ni se erigió en prepotente
juez de mis escritos y mucho menos trajo a colación un incomprensible
bistec de palomilla. Benet me brinda su opinión sobre la
interpretación que le dio a mi escrito, no sacó por ello conclusiones
inapelables acerca de una supuesta intolerancia mía y mi incapacidad
para escuchar ni me recomienda amenguar esos defectos. Todo lo
contrario, se dirigió directamente a mí y con honestidad me hizo saber
su opinión. Una opinión que valoro y que tomo muy en cuenta. Porque el
compañero Carlos Benet es una persona decente, merece mi mayor
respeto, simpatía y admiración. Él actúa como actúan los hombres, con
rectitud. Con él será un placer dialogar y discutir, incluso sobre lo
que no estemos de acuerdo, porque lo haremos siempre con las
consideraciones debidas a un compañero.

Desde Regla, ayer "La Sierra Chiquita", ayer, hoy y siempre un bastión
de rebelde cubanía.
Diciembre 22 de 2012


--
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.

Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com

sábado, 22 de diciembre de 2012

EXPERIENCIA DOCENTE CONTINUACION

EXPERIENCIA DOCENTE. Continuación
Por Jorge C. Oliva Espinosa

Como pudieron ver, Rodríguez comienza diciendo que no sabe quién soy
yo. Después se queja de que le he enviado una lluvia de correos a
nombre de Ana María Suárez, (mi esposa), pero firmados por mí, "todos
muy críticos y faltos de reflexión". Continúa, imputándome haberle
preguntado a un amigo suyo, sobre el tiempo que hacía que no se comía
un bistec de palomilla (recurso surrealista, cuya relación con los
diálogos no acabo de comprender), y termina acusándome de ser
intolerante con las opiniones de otros y de incapacidad para escuchar
otras voces que no sean las mías. A Rodríguez parece no importarle no
conocerme, para criticarme tan severamente. Y lo que es peor, como me
ignora, no merezco que use conmigo la elemental ética de informarme lo
que de mi persona y de mi escrito, expresa públicamente.
Ante tal provocadora y gratuita agresión e incivil atropello, no podía
yo quedarme impasible. Y le respondí de inmediato. También ese día,
escribí al Director de la revista donde publicó su arremetida
incomprensible. Miren lo que le dije a Rodríguez y que publiqué en mi
blog, el 19 de diciembre:


UNA ACLARACIÓN NECESARIA

A Guillermo Rodríguez Rivera: guillermorr@cubarte.cult.cu
CC: Revista Espacio Laical: espaciolaical@arzhabana.co.cu

Doctor:
Con asombro y pesar leí su artículo publicado en "Espacio Laical",
donde Usted afirma no conocerme, enjuicia un artículo mío, de los que
dice recibir "constantemente", los califica como "muy críticos, y no
necesariamente reflexivos," y me atribuye palabras que nunca se podrán
encontrar en mis escritos.
En cuanto a no conocerme, permítame que le recuerde a un compañero,
también profesor universitario, que se le acercó en el Aula Magna, con
una carga afectuosa de remotos e infantiles recuerdos... Recuerdos de
cuando Usted y él eran niños que jugaban en el apartamento de una tía
materna suya, llamada Ana Rivera. Aquel profesor le habló con
entrañable afecto de sus hermanos Luisito y Alipín, entonces dos
jóvenes santiagueros, estudiantes de Medicina, quienes vivían con
aquella tía aquí, en La Habana. Usted era "Guillermito," el niño que
venía, en vacaciones, a visitar a sus hermanos. No recuerda Usted al
que, motivado por aquel encuentro, le dedicó un relato. Relato que le
enviara y que no mereció de Usted ni un acuse de recibo. Porque el
profesor que se sentó a su lado en el Aula Magna, quizás
importunándole durante un acto solemne, era aquel niño vecinito de su
tía, que jugaba con Guillermito; es el mismo Oliva que usted afirma no
conocer, el mismo que suscribe esta misiva respetuosa y apenada.
Apenada, porque si la falta de memoria que Usted muestra respecto a mí
es excusable, no lo es tanto y apena su proceder falto de delicadeza.
Ese desconocimiento, alegado por usted, no ha sido óbice para emitir
su crítica, sin hacérmela conocer. Lo ha hecho respaldado por su
reconocida firma de escritor. Ignorando al sujeto que critica y
esperando que éste se entere, si acaso lee Espacio Laical. Y si nunca
se entera, a Usted le da igual. Porque no tuvo Usted la amabilidad de
dirigirse a este humilde compañero, aunque sea para hacerle las
recomendaciones de amenguar la intolerancia e incapacidad para
escuchar al otro, que Usted le atribuye. Recomendaciones que me hace,
sin embargo, en su publicado artículo. Ha enjuiciado Usted el escrito
de un tal Oliva, en un espacio público, a espaldas de este sujeto
desconocido. Al parecer, para merecer una pequeña consideración de su
parte, hay que ser amigo suyo o siquiera conocido. Compadezco a los
miles de millones de habitantes de este planeta, a quien usted no
conoce, Profesor.
Es un viejo recurso imputar a otro, ideas absurdas y repudiables, que
luego pueden ser rebatidas con facilidad. Pienso que, para afirmar que
"le parecen muy positivos los debates auspiciados por Espacio Laical",
no era necesario desvirtuar e impugnar con tanto brío un escrito que
la mayoría de los lectores sólo conocerá por la versión que Usted
brinda. ¡Menos mal que le concede Usted a mi escrito tener algo
"realmente positivo"! ¡Gracias por su magnanimidad!
Yo pienso que Usted no leyó con detenimiento mis escritos. O quizás
padece de una incapacidad para entender lo que otro, y no usted, diga.
He redactado tres artículos sobre el tema del diálogo, su necesidad y
la cultura necesaria para el mismo. En ninguno de ellos, desacredito
de antemano, como usted dice, los debates que se llevan a cabo en
espacios no oficiales. En todos afirmo la necesidad de ese diálogo, y
digo más: Que para ser de verdad útiles, debían auspiciarlos aquellos
que tienen poder de decisión sobre los problemas debatidos. A esos que
no participan en el diálogo, yo señalo. Usted en cambio, soslaya a los
ausentes y prefiere no provocar a los estamentos del poder. Así no se
busca problemas con los que le han permitido llegar a esas alturas,
que ahora disfruta y desde las cuales puede aplastar a un
insignificante Oliva. Usted clasifica a los participantes en los que
le son simpáticos y los que le son antipáticos. Yo digo que entre los
honestos debatientes, (y no lo digo de pasada, como usted afirma) se
pueden esconder especimenes con distintas motivaciones.
Usted se centró en desvirtuar al primero de mis artículos y no
merecieron su importante mirada los restantes. Me alegro que así sea.
No me imagino hasta donde pudiera llegar Usted, distorsionando las
ideas que expreso en mis humildes escritos. Los artículos de un
desconocido Oliva, no son los de un Rodríguez Rivera aureolado de
fama. Sin embargo, Rodríguez, son los de un hombre aferrado a la
verdad y a principios éticos que practica y que estima inviolables. No
sé si su memoria le permita recordar, que Don Pepe nos dejó como
mandato que "Solo la verdad nos pondrá la toga viril."
Usted declara no saber "si Oliva no quiere que haya diálogo para
protestar porque no existe, o si pretende que lo haya para protestar
por su inutilidad". Entonces, ante tal duda, ¿por qué tildarme de
inconforme apriorístico y nihilista, contrario a todo? ¿En que se
apoya esa afirmación suya de que soy incapaz de escuchar al otro? ¿De
dónde saca, que yo no quiero que haya diálogo? Por favor dígame ¿en
qué parte del escrito mío que usted menciona [1], yo desacredito el
diálogo auspiciado por Espacio Laical?
Por último, en su incomprensible, por incoherente, mención a un bistec
de palomilla, Usted recurre a un recurso bajo, impropio de su
formación intelectual y de su elevado nivel cultural. Lo hace, cuando
escribe que yo le dije a un amigo suyo, lo que al parecer le dijo él
que yo dije. ¡Oiga, Rodríguez, eso es chismografía! Chismografía de
repudiable vulgaridad. Perdone Usted, pero yo no acostumbro a
enlodarme por caminos tan sórdidos.
Concluyo rogándole me perdone si lo he importunado de nuevo y
asegurándole que no lo continuaré haciendo. A la vez, le informo que
envío copia de esta carta a la revista donde usted enjuicia de forma
pública, un escrito mío. El dirigirla directamente a Usted, me libera
para hacerla llegar a terceros. Así cumplo con una de las lecciones
que me enseñaron y aprendí desde muy niño: No referirme públicamente a
una persona, sin antes darle a conocer lo que pensamos sobre ella.
Gracias por todo. Muy apenado, le saluda respetuosamente,

Jorge C. Oliva Espinosa
Regla, diciembre 19 de 2012


[1] Mi artículo titulado "Combatientes y Debatientes" se publicó en mi
blog, el 13 de octubre de 2012. Ese mismo día lo circulé por la lista
de correos donde, como un destinatario más, aparecía el Dr. Guillermo
Rodríguez Rivera.

Como apreciarán, mi respuesta, aunque enérgica, se mantuvo en el
terreno de la delicadeza más diplomática de que soy capaz. La carta
que envié al Director de "Espacio Laical" no la publico, porque estoy
esperando su respuesta. De no recibirla, estaré en libertad de
publicarla, ya que será un llamado a la rectificación y equidad, que
ha sido desatendido.
En cambio, menos de 24 horas después, recibí este mensaje de Rodríguez Rivera:

Estimado compañero:
Lo primero que quisiera pedirte es que disculparas mi olvido en torno
a tu persona. Recuerdo perfectamente cuando te acercaste a mi en el
Aula Magna, como recuerdo aquel niño vecino de mi tía Ana, cuando
vivía en Consulado 20 pero, aunque me diste tu nombre entonces, no
asocié a aquel niño de mi infancia con la persona que debatía sobre
los problemas del diálogo.
La verdad es que recibí tus opiniones sobre el diálogo de espacio
laical como claramente despectivas sobre el esfuerzo hecho por la
revista por avanzar en esa dirección, que me parece correcta. Lee otra
vez tus opiniones de entonces y creo que advertirás que mi valoración
no es arbitraria. Discúlpame si incluí algún criterio que te
molestara. De todos modos, creo que sobrevaloras la influencia que yo
pueda ejercer. Recibe otra vez mis disculpas y un saludo de Guillermo
Rodríguez Rivera.

Como pueden apreciar, se disculpa de forma muy limitada y parcial.
Cree que puede enmendar en lo privado, con un mensaje personal, lo que
hizo en público. Por supuesto, no doy tal disculpa por recibida.
Porque lo que en público se dice, no se rectifica en privado. Además,
se excusa de lo menos importante, el no recordarme; pero no de lo
dicho y, lo ratifica lleno de soberbia, cuando me aconseja leer de
nuevo mis palabras, para comprobar que sus juicios no fueron
arbitrarios. Oración que he subrayado. De las opiniones que vertió
sobre mi persona y escrito, no retira ni una coma. Juzguen ustedes.
Todo lo anterior, que he expuesto cronológicamente, hizo que yo
publicara ayer mi artículo titulado "Experiencia Docente" donde, al
finalizar, les prometí la continuación que ahora cumplo, tratando,
como siempre, de ser consecuente con lo que prometo. Parte inexcusable
de mi código ético, el que me obliga a concordar lo que pienso y digo
con lo que hago

Desde Regla, ayer "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión
de rebelde cubanía, diciembre 21 de 2012

--
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.

Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com

viernes, 21 de diciembre de 2012

ESPIRITU NAVIDEÑO

ESPÍRITU NAVIDEÑO
Por Jorge C. Oliva Espinosa

Se acaba un año y pensamos, ilusoriamente, que el tiempo pasa rápido.
Somos nosotros los que pasamos raudos por esta vida. Mientras el
tiempo sigue su curso inexorable e imperturbable, isócrono.
Como en todas estas oportunidades, nos proponemos ser mejores, les
deseamos a nuestros amigos y conocidos un "happy new year" y nos
creemos que en el próximo año, porque así lo deseamos, nos irá mejor…
Unos pocos, cada vez menos, hacemos un resumen de lo vivido y un plan
para lo próximo por vivir. ¡Como si lo próximo estuviera garantizado!
Recientemente, leí un artículo en el cual su autor se quejaba de que
no existía espíritu navideño. Decía el compañero, que nos habíamos
acostumbrado a alegrarnos cuando nos lo orientaran y que, ahora, ante
la falta de una orientación precisa, que viniera "de arriba", nadie
asumía esa actitud festiva. Incluso daba datos y ponía ejemplos
irrebatibles, como que no había fiestas en los Círculos Sociales,
bailes en las principales plazas públicas, ni se ponían banderas y se
adornaban los edificios gubernamentales. Claro, que son memorables
aquellas cenas multitudinarias celebradas en la Plaza de la
Revolución, los 24 de diciembre del 59 y del 60. Las añoramos todos
los que vivimos aquellos tiempos de entusiasmo general y que, como
parte del pueblo, participamos de ellas.
Pero, quizás por "Contreras", no estoy de acuerdo con ese compañero
tan pesimista. Entiendo que la fiesta la llevamos dentro todos los
cubanos. Solo hay que sacarla afuera, cuando creemos justificado el
motivo. Y tenemos motivos suficientes para festejar. El haber nacido
en esta isla es el primero. ¡Tan pequeña en el mapa y tan grande en la
historia! Pero hay otro además: EL HABER SOBREVIVIDO…

Desde Regla, ayer "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre bastión de
rebelde cubanía, Diciembre 21 de 2012
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.

Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com

EXPERIENCIA DOCENTE, CONTINUACION

EXPERIENCIA DOCENTE. Continuación
Por Jorge C. Oliva Espinosa

Como pudieron ver, Rodríguez comienza diciendo que no sabe quién soy
yo. Después se queja de que le he importunado con una lluvia de
correos a nombre de Ana María Suárez, (mi esposa), pero firmados por
mí, "todos muy críticos y faltos de reflexión". Continúa, imputándome
haberle preguntado a un amigo suyo, sobre el tiempo que hacía que no
se comía un bistec de palomilla (recurso surrealista, cuya relación
con los diálogos no acabo de comprender), y termina acusándome de ser
intolerante con las opiniones de otros y de incapacidad para escuchar
otras voces que no sean las mías. A Rodríguez parece no importarle no
conocerme, para criticarme tan severamente. Y lo que es peor, como me
ignora, no merezco que use conmigo la elemental ética de informarme lo
que de mi persona y de mi escrito, expresa públicamente.
Ante tal provocadora y gratuita agresión e incivil atropello, no podía
yo quedarme impasible. Y le respondí de inmediato. También ese día,
escribí al Director de la revista donde publicó su arremetida
incomprensible. Miren lo que le dije a Rodríguez y que publiqué en mi
blog, el 19 de diciembre:


UNA ACLARACIÓN NECESARIA

A Guillermo Rodríguez Rivera: guillermorr@cubarte.cult.cu
CC: Revista Espacio Laical: espaciolaical@arzhabana.co.cu

Doctor:
Con asombro y pesar leí su artículo publicado en "Espacio Laical",
donde Usted afirma no conocerme, enjuicia un artículo mío, de los que
dice recibir "constantemente", los califica como "muy críticos, y no
necesariamente reflexivos," y me atribuye palabras que nunca se podrán
encontrar en mis escritos.
En cuanto a no conocerme, permítame que le recuerde a un compañero,
también profesor universitario, que se le acercó en el Aula Magna, con
una carga afectuosa de remotos e infantiles recuerdos... Recuerdos de
cuando Usted y él eran niños que jugaban en el apartamento de una tía
materna suya, llamada Ana Rivera. Aquel profesor le habló con
entrañable afecto de sus hermanos Luisito y Alipín, entonces dos
jóvenes santiagueros, estudiantes de Medicina, quienes vivían con
aquella tía aquí, en La Habana. Usted era "Guillermito," el niño que
venía, en vacaciones, a visitar a sus hermanos. No recuerda Usted al
que, motivado por aquel encuentro, le dedicó un relato. Relato que le
enviara y que no mereció de Usted ni un acuse de recibo. Porque el
profesor que se sentó a su lado en el Aula Magna, quizás
importunándole durante un acto solemne, era aquel niño vecinito de su
tía, que jugaba con Guillermito; es el mismo Oliva que usted afirma no
conocer, el mismo que suscribe esta misiva respetuosa y apenada.
Apenada, porque si la falta de memoria que Usted muestra respecto a mí
es excusable, no lo es tanto y apena su proceder falto de delicadeza.
Ese desconocimiento, alegado por usted, no ha sido óbice para emitir
su crítica, sin hacérmela conocer. Lo ha hecho respaldado por su
reconocida firma de escritor. Ignorando al sujeto que critica y
esperando que éste se entere, si acaso lee Espacio Laical. Y si nunca
se entera, a Usted le da igual. Porque no tuvo Usted la amabilidad de
dirigirse a este humilde compañero, aunque sea para hacerle las
recomendaciones de amenguar la intolerancia e incapacidad para
escuchar al otro, que Usted le atribuye. Recomendaciones que me hace,
sin embargo, en su publicado artículo. Ha enjuiciado Usted el escrito
de un tal Oliva, en un espacio público, a espaldas de este sujeto
desconocido. Al parecer, para merecer una pequeña consideración de su
parte, hay que ser amigo suyo o siquiera conocido. Compadezco a los
miles de millones de habitantes de este planeta, a quien usted no
conoce, Profesor.
Es un viejo recurso imputar a otro, ideas absurdas y repudiables, que
luego pueden ser rebatidas con facilidad. Pienso que, para afirmar que
"le parecen muy positivos los debates auspiciados por Espacio Laical",
no era necesario desvirtuar e impugnar con tanto brío un escrito que
la mayoría de los lectores sólo conocerá por la versión que Usted
brinda. ¡Menos mal que le concede Usted a mi escrito tener algo
"realmente positivo"! ¡Gracias por su magnanimidad!
Yo pienso que Usted no leyó con detenimiento mis escritos. O quizás
padece de una incapacidad para entender lo que otro, y no usted, diga.
He redactado tres artículos sobre el tema del diálogo, su necesidad y
la cultura necesaria para el mismo. En ninguno de ellos, desacredito
de antemano, como usted dice, los debates que se llevan a cabo en
espacios no oficiales. En todos afirmo la necesidad de ese diálogo, y
digo más: Que para ser de verdad útiles, debían auspiciarlos aquellos
que tienen poder de decisión sobre los problemas debatidos. A esos que
no participan en el diálogo, yo señalo. Usted en cambio, soslaya a los
ausentes y prefiere no provocar a los estamentos del poder. Así no se
busca problemas con los que le han permitido llegar a esas alturas,
que ahora disfruta y desde las cuales puede aplastar a un
insignificante Oliva. Usted clasifica a los participantes en los que
le son simpáticos y los que le son antipáticos. Yo digo que entre los
honestos debatientes, (y no lo digo de pasada, como usted afirma) se
pueden esconder especimenes con distintas motivaciones.
Usted se centró en desvirtuar al primero de mis artículos y no
merecieron su importante mirada los restantes. Me alegro que así sea.
No me imagino hasta donde pudiera llegar Usted, distorsionando las
ideas que expreso en mis humildes escritos. Los artículos de un
desconocido Oliva, no son los de un Rodríguez Rivera aureolado de
fama. Sin embargo, Rodríguez, son los de un hombre aferrado a la
verdad y a principios éticos que practica y que estima inviolables. No
sé si su memoria le permita recordar, que Don Pepe nos dejó como
mandato que "Solo la verdad nos pondrá la toga viril."
Usted declara no saber "si Oliva no quiere que haya diálogo para
protestar porque no existe, o si pretende que lo haya para protestar
por su inutilidad". Entonces, ante tal duda, ¿por qué tildarme de
inconforme apriorístico y nihilista, contrario a todo? ¿En que se
apoya esa afirmación suya de que soy incapaz de escuchar al otro? ¿De
dónde saca, que yo no quiero que haya diálogo? Por favor dígame ¿en
qué parte del escrito mío que usted menciona [1], yo desacredito el
diálogo auspiciado por Espacio Laical?
Por último, en su incomprensible, por incoherente, mención a un bistec
de palomilla, Usted recurre a un recurso bajo, impropio de su
formación intelectual y de su elevado nivel cultural. Lo hace, cuando
escribe que yo le dije a un amigo suyo, lo que al parecer le dijo él
que yo dije. ¡Oiga, Rodríguez, eso es chismografía! Chismografía de
repudiable vulgaridad. Perdone Usted, pero yo no acostumbro a
enlodarme por caminos tan sórdidos.
Concluyo rogándole me perdone si lo he importunado de nuevo y
asegurándole que no lo continuaré haciendo. A la vez, le informo que
envío copia de esta carta a la revista donde usted enjuicia de forma
pública, un escrito mío. El dirigirla directamente a Usted, me libera
para hacerla llegar a terceros. Así cumplo con una de las lecciones
que me enseñaron y aprendí desde muy niño: No referirme públicamente a
una persona, sin antes darle a conocer lo que pensamos sobre ella.
Gracias por todo. Muy apenado, le saluda respetuosamente,

Jorge C. Oliva Espinosa
Regla, diciembre 19 de 2012


[1] Mi artículo titulado "Combatientes y Debatientes" se publicó en mi
blog, el 13 de octubre de 2012. Ese mismo día lo circulé por la lista
de correos donde, como un destinatario más, aparecía el Dr. Guillermo
Rodríguez Rivera.

Como apreciarán, mi respuesta, aunque enérgica, se mantuvo en el
terreno de la delicadeza más diplomática de que soy capaz. La carta
que envié al Director de "Espacio Laical" no la publico, porque estoy
esperando su respuesta. De no recibirla, estaré en libertad de
publicarla, ya que será un llamado a la rectificación y equidad, que
ha sido desatendido.
En cambio, menos de 24 horas después, recibí este mensaje de Rodríguez Rivera:

Estimado compañero:
Lo primero que quisiera pedirte es que disculparas mi olvido en torno
a tu persona. Recuerdo perfectamente cuando te acercaste a mi en el
Aula Magna, como recuerdo aquel niño vecino de mi tía Ana, cuando
vivía en Consulado 20 pero, aunque me diste tu nombre entonces, no
asocié a aquel niño de mi infancia con la persona que debatía sobre
los problemas del diálogo.
La verdad es que recibí tus opiniones sobre el diálogo de espacio
laical como claramente despectivas sobre el esfuerzo hecho por la
revista por avanzar en esa dirección, que me parece correcta. Lee otra
vez tus opiniones de entonces y creo que advertirás que mi valoración
no es arbitraria. Discúlpame si incluí algún criterio que te
molestara. De todos modos, creo que sobrevaloras la influencia que yo
pueda ejercer. Recibe otra vez mis disculpas y un saludo de Guillermo
Rodríguez Rivera.

Como pueden apreciar, se disculpa de forma muy limitada y parcial.
Cree que puede enmendar en lo privado, con un mensaje personal, lo que
hizo en público. Por supuesto, no doy tal disculpa por recibida.
Porque lo que en público se dice, no se rectifica en privado. Además,
se excusa de lo menos importante, el no recordarme; pero no de lo
dicho y, lo ratifica lleno de soberbia, cuando me aconseja leer de
nuevo mis palabras, para comprobar que sus juicios no fueron
arbitrarios. De las opiniones que vertió sobre mi persona y escrito,
no retira ni una coma. Juzguen ustedes.
Y yo, que creía que Guillermo Rodríguez era un hombre de respeto, un
intelectual de valía, un escritor consecuente con lo que escribe...
Todo lo anterior que he expuesto cronológicamente, hicieron que
publicara ayer mi artículo titulado "Experiencia Docente" donde, al
finalizar, les prometí la continuación que ahora cumplo, tratando,
como siempre, de ser consecuente con lo que prometo. Parte inexcusable
de mi código ético, el que me obliga a concordar lo que pienso y digo
con lo que hago

Desde Regla, ayer "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión
de rebelde cubanía, diciembre 21 de 2012


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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.

Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com

jueves, 20 de diciembre de 2012

EXPERIENCIA DOCENTE

EXPERIENCIA DOCENTE
Por Jorge C. Oliva Espinosa.

Una verdad muy grande es que cuando se enseña se aprende. Muchas
fueron las enseñanzas provechosas que aprehendí y aprendí en mis 32
años de profesor universitario. Una de ellas, es que si son necesarias
explicaciones complementarias, eso quiere decir que lo fundamental no
se explicó bien. Si no se logra una reproducción fiel en el receptor,
el mensaje no fue trasmitido adecuadamente. A tal punto que los
oyentes, en este caso los alumnos, no lo entendieron y trastabillan en
busca de un mejor esclarecimiento. Es lo que debe haber pasado con
Guillermo Rodríguez Rivera y su interpretación de un escrito mío sobre
los Diálogos y los debates que se llevan a cabo en espacios no
oficiales. Él no comprendió lo que dije. La culpa no es suya, sino
mía. No expuse con claridad mi mensaje. Rodríguez es también profesor
de nuestra Universidad, persona de intelecto desarrollado. Entonces,
una cosa es indudable: en la mente de Rodríguez Rivera no pude
reproducir mi idea, sino otra distinta. Afirmar lo contrario,
equivaldría a poner en duda su capacidad de comprensión, su cociente
de inteligencia o la honestidad de sus intenciones.
Debo haberme expresado muy mal, para que alguien como Rodríguez Rivera
no me entendiera. Claro, yo no escribo para intelectuales de su
calibre; lo hago para lectores comunes, gente como yo, del montón. Y
ahí es donde estriba el problema. Por eso fue que este distinguido
profesor tergiversó mi mensaje. La culpa es toda mía y la asumo. Y
como responsable total de la incomprensión, aclaro mis palabras que,
por no mencionar un fenómeno holístico, ni tratar de la epistemología,
ni de sus derivaciones conceptuales, y mucho menos de las ontológicas
y sus procesos filogenéticos, fueron la causa de la interpretación
torcida que este reconocido intelectual diera a mi escrito.
¿De otra forma, cómo aceptar que Rodríguez interpretara que yo no
quiero que haya diálogo? O si lo quiero, es para después criticarlo
por inoperante. ¡Cuan mal me expresé, que he sumido en oscuridad a
esta lumbrera! ¡De qué endiablada forma redacté, que él pudo entender
que yo desacredito los debates que auspicia Espacio Laical! ¿Y quién
soy yo para acreditar o desacreditar algo?...
¡Miren eso!... Yo pensé que había dejado claro que el diálogo necesita
una cultura y que esa cultura se alcanza aprendiendo a dialogar. Pero
no quedaba explícito que dialogar no quiere decir que se sepa
dialogar. Usted puede vestirse de pelotero, ir a un estadio, tomar un
bate y esperar que le hagan el primer lanzamiento, pero eso no quiere
decir que usted sepa jugar pelota. Es necesario aprender y aplicar
determinadas reglas. Lo mismo sucede con el diálogo. Una cosa a
aprender es que el respeto recíproco es imprescindible para dialogar
o, como dicen ahora, debatir. Porque de lo contrario, en lugar de
diálogo, habrá una discusión sin salida, un dime que te digo, que no
conduce a ninguna parte, y que probablemente derive en insultos o
diatribas, totalmente inútiles. Pero, de ahí, de mi deficiente
expresión escrita, GRR coligió que yo calificaba de inútil el diálogo.
En fin: ¡Cuánto quise decir! ¡Y que mal lo dije! Me convenzo que no sé
redactar. Y para poner remedio a esta deficiencia mía, no encuentro
nada mejor, que tomar un curso de redacción. Debo capacitarme en el
arte de las construcciones gramaticales, adueñarme de los secretos de
la retórica, penetrar en la oculta hermenéutica del escriba. Sí, lo
tengo decidido: Voy a matricularme en un Curso de Gramática
Preceptiva. Y debo comenzar por el más elemental.
Preferiblemente, uno que sea impartido por el ilustre Profesor
Guillermo Rodríguez Rivera. Cuando lo termine, y si lo apruebo, quizás
yo pueda imbricar en una misma oración, al bistec de palomilla (cuya
mención me adjudica ese profesor), y su relación oculta con los
diálogos; o me sea dado relacionar un naufragio con la necesidad de
poseer un paraguas…
Por eso, porque estoy conciente de mi incapacidad para redactar, les
presento a continuación lo que mal dije y la interpretación que hizo
este brillante profesor de lo aquel desdichado escrito mío. ¡Júzguenme
Ustedes!

ARTÍCULO MÍO APARECIDO EN MI BLOG, EN OCTUBRE 13 DE 2012:

COMBATIENTES Y DEBATIENTES
Por Jorge C. Oliva Espinosa

Que un grupo de intelectuales, de diversas maneras de pensar, se
reúnan a discutir sobre los grandes problemas que nos afectan, ha
entusiasmado a muchos. Es algo sano, deseable y necesario. Pero a la
luz de estos encuentros, se ha creado la ilusión de haberse abierto el
diálogo que tanto necesitamos.
A mi criterio, para no dejarnos llevar por esa impresión ilusoria,
sería mejor observar quiénes están retomando el diálogo y cual poder
de decisión tienen para solucionar los grandes problemas que discuten.
Porque se dialoga para alcanzar un fin. De lo contrario caemos en el
placer de los bizantinos. A la vez, debe tomarse nota de quienes
permanecen sordos, mudos e indiferentes. También merece atención
apreciar el espacio en que tienen lugar esos diálogos. Ni las
reuniones de los últimos jueves de mes, propiciadas por Temas, ni el
Seminario Félix Varela, ni la revista "Espacio Laical" son los
escenarios deseados, necesarios y suficientes. Debían serlo nuestros
órganos de prensa y el único Partido que tenemos. Aquel que nuestra
Constitución [1] califica como "la fuerza dirigente superior de la
sociedad y del Estado".
Hace poco le reproché a un amigo, entusiasta participante de esos
diálogos, diciéndole que me daban la impresión de estar dirigiendo sus
preguntas en dirección errónea. Y le señalé que era como preguntarle a
los griegos por qué no devolvían a Helena, en lugar de preguntárselo a
los troyanos.
En los debates que se realizan hoy con pasión, escucho un amplio
diapasón de matices e ideas. Pero entre los honestos exponentes,
pueden hallarse algunos lobos cubiertos con piel de oveja, vigías de
tiempos por venir con los que sueñan y que clasifico en los siguientes
subgrupos o variedades de "debatientes":
a) Los que quieren pintarse con los colores de revolucionarios
combativos. Son los que se resguardan "para que después no digan que
no dije".
b) Los tapaditos que quieren demostrar que el diálogo es inútil,
porque los que gobiernan son sordos a los "reclamos populares", y que
solo queda el recurso de la rebelión. Son los se protegen para, en el
futuro que aguardan, poder decir "yo critiqué muy duro y desenmascaré
a aquel gobierno".
c) Los guapos que le vociferan al policía, a sabiendas que, desde
donde gritan, aquel no puede oírles.
d) Los onanistas de la oratoria, cultivadores del placer de oírse a sí mismos.
Estas especies pueden haberse infiltrado, porque no tenemos una real
cultura del debate. Porque, para que ocurra el debate fructífero, debe
existir como premisa la cultura del debate. Excúsenme lo reiterativo,
pero lo veo como un médico recetando limpieza a un paciente que
desconoce el uso del jabón y se ha acostumbrado a vivir en la
suciedad. En ese caso, el médico debe desdoblarse en educador y
difundir una cultura de higiene. En el caso nuestro es necesario crear
una CULTURA DEL DEBATE. Es una cultura que no se adquiere leyendo, se
crea con la práctica. Practicar el debate nos hace "debatientes" y el
aumento de los mismos ayudará a difundir dicha cultura.
Lamentablemente, nuestro sistema no ha propiciado esa práctica. La
Revolución nos enseñó a pensar, pero luego los encargados de dirigirla
nos exigieron dejar de hacerlo y que otros pensaran por nosotros. Y
aquí me es necesario citar a Habermas cuando expone: "No hay posible
situación de diálogo si los sujetos no se reconocen mutuamente la
plena igualdad de seres libres y responsables. La igualdad humana a
que tiende toda la tradición del idealismo hegeliano y del
materialismo histórico aparece exigida como situación radical y
originaria del diálogo: del diálogo de los seres libres y autónomos
surge la idea".
Y no puede existir una situación originaria de diálogo si no admitimos
al discrepante y reconocemos su derecho a expresarse. Es lo que ha
ocurrido cuando, extrapolando a Martí y a su obra independentista (que
continuamos), implantamos un Partido único, lo colocamos por encima de
la soberanía de la sociedad y del Estado y le negamos la existencia a
una contrapartida necesaria. Desde temprano, me enseñaron que en el
choque de contrarios, llamado contradicción, reside el desarrollo.
Pero si no reconocemos al "otro", si lo mandamos a callar o, peor aún,
por discrepar lo llamamos enemigo, entonces no habrá diálogo. Porque
donde habla una sola de las partes, lo que existe es monólogo, nunca
diálogo. Aún en su funcionamiento interno, nuestro único partido no ha
practicado la cultura del debate. Su estructura piramidal y su
disciplina hacen que decisiones tomadas en el ápice, sean acatadas en
cada escalón. Como decía un viejo profesor que tuve: "Gravedad siempre
va para abajo". Hacia arriba sólo fluyen sugerencias y planteamientos
que deben ser aprobados en el nivel superior (si es que son tomadas en
cuenta y no son calificadas de reprensibles). Si alguna voz discrepa,
de inmediato la aplasta una autoridad que hay que acatar en nombre de
la disciplina. No permitimos interlocutor alguno que discrepe, luego
no puede haber diálogo posible. Y menos aún, puede haber debate. Para
que exista, es necesario cambiar no sólo nuestra mentalidad, (donde
deben modificarse muchas de nuestras concepciones), también habría que
cambiar nuestra Constitución y nuestro sistema monopartidista.

Regla, octubre 13 de 2012

[1] Artículo 5 de nuestra Constitución.



LOS INVITO A LEER CÓMO INTERPRETÓ Y ENJUICIÓ GRR LO ANTERIOR.
LO QUE SIGUE, FUE PUBLICADO, BAJO SU FIRMA, EN LA MÁS RECIENTE EDICIÓN
DIGITAL DE LA REVISTA "ESPACIO LAICAL"

El diálogo posible
Por GUILLERMO RODRÍGUEZ RIVERA
Desde hace semanas recibo constantes mensajes
provenientes de un correo perteneciente a Ana María
Suárez, pero siempre firmados por Jorge C. Oliva Espinosa,
a quien no conozco.
Son todos ellos correos muy críticos y, no necesariamente
reflexivos. No ha mucho, Oliva le pedía al amigo
Nyls Ponce, que recordara el tiempo que hacía que no
se comía un bisté de palomilla.
Yo había leído la interesante información circulada
en torno al diálogo auspiciado por la revista Espacio
Laical, y en el que han tomado parte importantes intelectuales
de la Isla y la diáspora. Para no variar, Oliva
desecha ese diálogo: no considera a los que, de pasada,
llama los "honestos exponentes" en el debate, y se
dedica a impugnar cuatro subgrupos que él intuye "infiltrados"
en la discusión y cuyas características ocultas
devela.
Incurre en la abierta contradicción de rechazar el
debate porque no tenemos una cultura de debate pero,
enseguida, señala que esa cultura sólo se obtiene debatiendo.
No sé si Oliva no quiere que haya diálogo para protestar
porque no existe o pretende que lo haya para protestar
por su inutilidad.
No sé si el de Espacio Laical será "el Diálogo" que
Oliva pretende. Cuba le ha propuesto a los Estados Unidos
dialogar libremente sin precondiciones y la gran potencia
simplemente lo ha ignorado, quizá porque estima
que, para aceptar que alguien dialogue con ella, hay
que aceptar sus condiciones, que van aumentar indetenidamente.
A mí, el diálogo propuesto por la publicación de la
Arquidiócesis habanera me parece muy positivo. Puede
ser que no sea el "Definitorio" y que participe en él
algún personaje que no es de mi simpatía, pero en una
propuesta como la de Espacio Laical hay que darle cabida
no solo a lo simpático sino también a lo antipático,
porque lo que se quiere procurar es la empatía, es decir:
la actuación de los dialogantes con respecto a una
realidad mental que no es la propia.
Lo realmente positivo en el artículo de Oliva es la
afirmación de que, sin debate, nunca va a propiciarse
una cultura del diálogo. Entonces, ¿por qué desacreditar
de antemano un esfuerzo serio dirigido en ese sentido?
Amengüe Oliva la intolerancia, la incapacidad para
escuchar al otro, porque eso es exactamente la antítesis
del "cambio de mentalidad" que nuestra realidad
demanda, y que no está de un solo lado.

AHORA, AMIGOS MÍOS, QUE PUEDEN APRECIAR LO QUE DIJE Y LO QUE
INTERPRETÓ ESTE DESTACADO INTELECTUAL, TIENEN USTEDES LA POSIBILIDAD,
COMO DICE TALADRID, DE SACAR SUS PROPIAS CONCLUSIONES…
LAMENTABLEMENTE, ESTA HISTORIA NO TERMINA AQUÍ, CONTINÚA UNA SEGUNDA
PARTE DE ACLARACIONES, SOLICITUDES Y "DISCULPACIONES", PERO ESO, LO
DEJO PARA MI PRÓXIMO ARTÍCULO.

Regla, ayer "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre bastión rebelde,
21 de diciembre de 2012


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________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.

Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com

miércoles, 19 de diciembre de 2012

UNA ACLARACION NECESARIA

A Guillermo Rodríguez Rivera: guillermorr@cubarte.cult.cu
CC: Revista Espacio Laical: espaciolaical@arzhabana.co.cu

Doctor:
Con asombro y pesar leí su artículo publicado en "Espacio Laical",
donde Usted afirma no conocerme, enjuicia un artículo mío, de los que
dice recibir "constantemente", los califica como "muy críticos, y no
necesariamente reflexivos," y me atribuye palabras que nunca se podrán
encontrar en mis escritos.
En cuanto a no conocerme, permítame que le recuerde a un compañero,
también profesor universitario, que se le acercó en el Aula Magna, con
una carga afectuosa de remotos e infantiles recuerdos... Recuerdos de
cuando Usted y él eran niños que jugaban en el apartamento de una tía
materna suya, llamada Ana Rivera. Aquel profesor le habló con
entrañable afecto de sus hermanos Luisito y Alipín, entonces dos
jóvenes santiagueros, estudiantes de Medicina, quienes vivían con
aquella tía aquí, en La Habana. Usted era "Guillermito," el niño que
venía, en vacaciones, a visitar a sus hermanos. No recuerda Usted al
que, motivado por aquel encuentro, le dedicó un relato. Relato que le
enviara y que no mereció de Usted ni un acuse de recibo. Porque el
profesor que se sentó a su lado en el Aula Magna, quizás
importunándole durante un acto solemne, era aquel niño vecinito de su
tía, que jugaba con Guillermito; es el mismo Oliva que usted afirma no
conocer, el mismo que suscribe esta misiva respetuosa y apenada.
Apenada, porque si la falta de memoria que Usted muestra respecto a mí
es excusable, no lo es tanto y apena su proceder falto de delicadeza.
Ese desconocimiento, alegado por usted, no ha sido óbice para emitir
su crítica, sin hacérmela a conocer. Lo ha hecho respaldado por su
reconocida firma de escritor. Ignorando al sujeto que critica y
esperando que éste se entere, si acaso lee Espacio Laical. Y si nunca
se entera, a Usted le da igual. Porque no tuvo Usted la amabilidad de
dirigirse a este humilde compañero, aunque sea para hacerle las
recomendaciones de amenguar la intolerancia e incapacidad para
escuchar al otro, que Usted le atribuye. Recomendaciones que me hace,
sin embargo, en su publicado artículo. Ha enjuiciado Usted el escrito
de un tal Oliva, en un espacio público, a espaldas de este sujeto
desconocido. Al parecer, para merecer una pequeña consideración de su
parte, hay que ser amigo suyo o siquiera conocido. Compadezco a los
miles de millones de habitantes de este planeta, a quien usted no
conoce, Profesor.
Es un viejo recurso imputar a otro, ideas absurdas y repudiables, que
luego pueden ser rebatidas con facilidad. Pienso que, para afirmar que
"le parecen muy positivos los debates auspiciados por Espacio Laical",
no era necesario desvirtuar e impugnar con tanto brío un escrito que
la mayoría de los lectores sólo conocerá por la versión que Usted
brinda. ¡Menos mal que le concede Usted a mi escrito tener algo
"realmente positivo"! ¡Gracias por su magnanimidad!
Yo pienso que Usted no leyó con detenimiento mis escritos. O quizás
padece de una incapacidad para entender lo que otro, y no usted, diga.
He redactado tres artículos sobre el tema del diálogo, su necesidad y
la cultura necesaria para el mismo. En ninguno de ellos, desacredito
de antemano, como usted dice, los debates que se llevan a cabo en
espacios no oficiales. En todos afirmo la necesidad de ese diálogo, y
digo más: Que para ser de verdad útiles, debían auspiciarlos aquellos
que tienen poder de decisión sobre los problemas debatidos. A esos que
no participan en el diálogo, yo señalo. Usted en cambio, soslaya a los
ausentes y prefiere no provocar a los estamentos del poder. Así no se
busca problemas con los que le han permitido llegar a esas alturas,
que ahora disfruta y desde las cuales puede aplastar a un
insignificante Oliva. Usted clasifica a los participantes en los que
le son simpáticos y los que le son antipáticos. Yo digo que entre los
honestos debatientes, (y no lo digo de pasada, como usted afirma) se
pueden esconder especimenes con distintas motivaciones.
Usted se centró en desvirtuar al primero de mis artículos y no
merecieron su importante mirada los restantes. Me alegro que así sea.
No me imagino hasta donde pudiera llegar Usted, distorsionando las
ideas que expreso en mis humildes escritos. Los artículos de un
desconocido Oliva, no son los de un Rodríguez Rivera aureolado de
fama. Sin embargo, Rodríguez, son los de un hombre aferrado a la
verdad y a principios éticos que practica y que estima inviolables. No
sé si su memoria le permita recordar, que Don Pepe nos dejó como
mandato que "Solo la verdad nos pondrá la toga viril."
Usted declara no saber "si Oliva no quiere que haya diálogo para
protestar porque no existe, o si pretende que lo haya para protestar
por su inutilidad". Entonces, ante tal duda, ¿por qué tildarme de
inconforme apriorístico y nihilista, contrario a todo? ¿En que se
apoya esa afirmación suya de que soy incapaz de escuchar al otro? ¿De
dónde saca, que yo no quiero que haya diálogo? Por favor dígame ¿en
qué parte del escrito mío que usted menciona [1], yo desacredito el
diálogo auspiciado por Espacio Laical?
Por último, en su incomprensible, por incoherente, mención a un bistec
de palomilla, Usted recurre a un recurso bajo, impropio de su
formación intelectual y de su elevado nivel cultural. Lo hace, cuando
escribe que yo le dije a un amigo suyo, lo que al parecer le dijo él
que yo dije. ¡Oiga, Rodríguez, eso es chismografía! Chismografía de
repudiable vulgaridad. Perdone Usted, pero yo no acostumbro a
enlodarme por caminos tan sórdidos.
Concluyo rogándole me perdone si lo he importunado de nuevo y
asegurándole que no lo continuaré haciendo. A la vez, le informo que
envío copia de esta carta a la revista donde usted enjuicia de forma
pública, un escrito mío. El dirigirla directamente a Usted, me libera
para hacerla llegar a terceros. Así cumplo con una de las lecciones
que me enseñaron y aprendí desde muy niño: No referirme públicamente a
una persona, sin antes darle a conocer lo que pensamos sobre ella.
Gracias por todo. Muy apenado, le saluda respetuosamente,

Jorge C. Oliva Espinosa
Regla, diciembre 19 de 2012




[1] Mi artículo titulado "Combatientes y Debatientes" se publicó en mi
blog, el 13 de octubre de 2012. Ese mismo día lo circulé por la lista
de correos donde, como un destinatario más, aparecía el Dr. Guillermo
Rodríguez Rivera.


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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.

Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com

lunes, 17 de diciembre de 2012

DE RATAS Y DE RATONES

DE RATAS Y DE RATONES
Por Jorge C. Oliva Espinosa

Los ratones son roedores muy dañinos; medrando a nuestras expensas,
destruyen todo lo que esté al alcance de sus ávidos dientes. También
son trasmisores de letales enfermedades. Las ratas casi acaban con la
humanidad durante la edad media, diezmándola con la epidemia llamada
Peste Negra. Sin embargo, los dibujantes de historietas y dibujos
animados, desde Walt Disney para acá, así como los cuentistas han
hecho de los ratones, personajes simpáticos como "Mickey Mouse" cuya
versión castellana fue el Ratón Miguelito. Desde niños conocimos un
ratón que fue famoso por su apellido, "El Ratoncito Pérez," aquel que
cayó en la olla por la golosina de la cebolla. Nos cayeron
simpatiquísimos los ratones amigos de Cenicienta. Más reciente fue
Doroteo, el ratón de campo que emigró a la ciudad y trató de robarle
un huevo al búho. Por suerte, los cubanos tenemos a un ratón que
rescata su verdadera identidad de personaje negativo: Ruy la Pestex,
el pertinaz contrincante del Capitán Plín. Aún cuando siempre sale
derrotado, Ruy se nos muestra risible; vaya, patético y ridículo. Yo
he descubierto otro ratón cubano, que medra perjudicando a los demás,
que goza de cierta popularidad que le han dado sus creadores, y que se
respalda en ella para su labor destructiva. Pero lamentablemente, no
tengo habilidad para convertirlo en historieta infantil o dibujo
animado. Como Ruy y como el Pérez, este personaje tiene también
apellido y se escuda en él. Con su roer depredador, y muy pagado de sí
mismo, ha pretendido tomar uno de mis escritos para alimentar su
egolatría. Por suerte, tengo abundante provisión de dos raticidas
llamados "Ética" y "Verdad". Los llevo conmigo siempre y se los voy a
aplicar a este ratón del patio, vigorosamente, dentro de breves días…

Regla, diciembre 16 de 2012


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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.

Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
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