lunes, 9 de marzo de 2015

HECHO Y CAUSAS

-- HECHO Y CAUSAS
Por Jorge C. Oliva Espinosa

El hecho ocurre y todo indica que viene de múltiples causas. Una de
ellas pudiera ser que, dedicados a sus altas funciones, muchos de
nuestros dirigentes han desatendido la educación de sus vástagos. Este
distanciamiento familiar es parte del precio que pagan los que deciden
consagrar sus vidas al servicio de la Nación. Sin embargo, una buena
educación no garantiza, por sí sola, un buen aprendizaje; otros
factores pueden distorsionarlo. Como resultado deplorable, hoy
comprobamos que "los muchachos" reniegan de sus padres y, en
frecuentes casos, se convierten en sus acérrimos opositores. Con clara
y tendenciosa intención, navega por la red una extensa lista de "hijos
de papá", que marcharon en busca de nuevos horizontes y hoy viven bajo
otros cielos; aferrados a la teleología, los divulgadores toman el
hecho como revelador de falsedades. No es esa mi visión del problema.
Repaso la arbitraria y parcializada lista:

Como era de esperar, comienza con Alina Fernández Revuelta, hija de Fidel.
Le siguen Juan Almeida, hijo del comandante Juan Almeida Bosque;
Javier Leal, hijo del Historiador de la Ciudad y miembro del Comité
Central Eusebio Leal Spengler; Agustín y Ramirito, hijos del
comandante Ramiro Valdés Menéndez; Antonio Luzón, hijo del General de
División y vicepresidente del Consejo de Ministros Antonio Enrique
Luzón Batlle; Josué Barredo, hijo del ex director de Granma, Lázaro
Barredo; Ofelia Crombet, hija de Jaime Crombet Hernández-Baquero,
miembro del Comité Central del PCC y ex Vicepresidente de la Asamblea
Nacional; Iván, Lily y Juan Carlos, hijos de Ministro del Interior
José Abrantes, condenado en la Causa 2/89; Déborah y Ernesto, hijos
del General de División Leonardo Ramón Andollo Valdés. Sergio Montané,
hijo del comandante Jesús Montané Oropesa; Yotuhel Montané (preso por
tráfico de drogas), nieto del comandante Jesús Montané Oropesa;
Cynthia, Mirell y Romy Vallejo, hijas del comandante René Vallejo;
Alexis y Margarita Roca, hijos del Ministro de la Industria
Alimenticia, Alejandro Roca Iglesias, preso por corrupción; Diana y
Deborah Cuza, hijas del ex jefe de la marina y contralmirante José L.
Cuza Téllez-Girón; Acacia y Marcos Gómez, hijos del comandante Delio
Gómez Ochoa y Acacia Sánchez Manduley (hermana de Celia Sánchez); Iván
López, hijo de José López Moreno, ex director de JUCEPLAN; Tania
Ameijeiras, hija del comandante Efigenio Ameijeiras Delgado; Juan
Carlos y Sasha Figueredo, hijos del comandante Carlos (El Chino)
Figueredo Rosales; Rolando Anillo, hijo de René Anillo Capote, ex
viceministro de Relaciones Exteriores, figura histórica de la FEU y
del Directorio Revolucionario; Aicel Gálvez Amaro, hija del General de
Brigada William Gálvez Rodríguez.
Engrosan la lista, la hija de José Pepe Ramírez Cruz, fundador de la
ANAP; el hijo del recién fallecido comandante Belarmino Castilla; la
hija de Pedro Álvarez, el de ALIMPORT y, por supuesto, no es un
listado completo. Faltan el hijo de Cheo y el de Chicho, padres y
revolucionarios ejemplares. Pero ellos no son dirigentes ni personajes
destacados, solo son conocidos por sus vecinos. No es necesario
abundar más... El hecho ocurre y lo está explotando el enemigo.
¡Enfrentémoslo y combatamos sus múltiples causas!

Desde Regla, la siempre rebelde y revolucionaria. Marzo 10 de 2015

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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.

Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com

COMENTARIO

-- COMENTARIO
Todas las discrepancias merecen respeto, pero algunos discrepantes
merecen lástima.
(Comentario de Sempronio al artículo "DE DISCREPANCIAS Y DISCREPANTES").
09/03/2015

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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
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Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
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domingo, 8 de marzo de 2015

DE DISCREPANCIAS Y DISCREPANTES

-DE DISCREPANCIAS Y DISCREPANTES
Por Jorge C. Oliva Espinosa

Aunque, como dice el refrán, "agua pasada no mueve molino", hoy pienso
que esta crónica, que nunca publiqué, pudiera ilustrar los procederes
tan distintos que encontramos en algunas discrepancias y discrepantes.
Si es así, que sirva de ejemplo de dos actitudes diametralmente
opuestas:

Apenas habían transcurrido dos horas de divulgar mi artículo "UN LIBRO
ESCLARECEDOR", (viernes 19 de septiembre 2014), cuando recibí este
mensaje nada diplomático, de un diplomático cubano:
Oliva:
No es aconsejable hacer conclusiones de un proceso tan vigoroso como
el argelino en unas pocas líneas y solo tomando en cuenta los
criterios del libro de Papito.
Me disculpas pero no sabes nada de lo que estás hablando y afirmando.

Aclaro que el destacado remitente y este humilde servidor solo se
conocen por referencias y la relación que han tenido se limita al
intercambio de algunos correos electrónicos; por lo tanto, el tuteo
entre ellos es improcedente. Por otra parte, resulta cómodo tachar de
ignorante a quien se le ha niega u oculta información. Mi respuesta
inmediata fue diplomática, aunque no pretendí darle una lección de
diplomacia a quien ejerce tal función:

Estimado (omito el apellido por el cual es conocido):
Gracias por sus criterios. Sin embargo, yo no hago conclusiones sobre
el proceso argelino, sino sobre el libro de Papito, lo gloso más bien.
Entiendo que es mi deber de lealtad para el amigo que salió difamado
del trance, donde actuó con entrega total a nuestro país.
Estimo mucho su opinión y le respeto. Espero merecer de usted igual trato.

Como ven, yo me limito a aclararle mis objetivos y le manifiesto
estimación por sus criterios y respeto por su persona; por último,
expreso mi aspiración de recibir similar tratamiento al que le
dispenso. En cambio, él me descalifica, en lugar de argumentar su
discrepancia; me critica por basar mis criterios en una fuente única,
pero no ofrece fuentes alternativas ni las cita; siquiera para
ilustrar a alguien que, como yo, "no sabe nada de lo que está
hablando". Me acusa de afirmar lo que desconozco, pero no impugna ni
desmiente ninguno de los hechos históricos que cito. Por último,
comienza su mensaje tildando de "no aconsejable" escribir como
escribo. Me asaltan preguntas: según el criterio del distinguido
diplomático, ¿cómo es "aconsejable" escribir sobre el asunto? ¿Sería
"aconsejable" callar y hacerse cómplice de la injusticia de que fue
víctima otro diplomático que fue mi amigo? Si yo padeciera de
paranoia, tomaría esas palabras suyas como un consejo, una advertencia
o una amenaza, según fuera la gravedad de mi trastorno mental. Pero
no lo hago, porque no soy paranoico y porque siempre he sido
imprudente en actos y criterios, aunque mi temeridad nunca me ha
llevado a ser irrespetuoso con la opinión de los demás. Para rechazar
el calificativo de "no aconsejable" dado a mi escrito, repito las
palabras de Rius Rivera en Las Lagunas: "Así pienso" y, como hizo el
insigne patriota cubano-borinqueño para respaldar sus criterios, llevo
mi mano a la empuñadura del machete de hoy: el pensamiento mambí.

Totalmente distinto fue el mensaje del compañero Carlos Benet, quien
también discrepó de mi artículo, pero lo hizo respetuosamente, basado
en argumentos, sin adjetivos ni descalificaciones; con la ética, la
caballerosidad y elegancia que lo distinguen y prestigian.

Desde Regla, perpetuo rincón combatiente. Marzo 9 de 2015

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miércoles, 4 de marzo de 2015

RESCATE DEL ORTOPÉDICO

-- RESCATE DEL ORTOPÉDICO (*)
Por Jorge C. Oliva Espinosa

Era inútil todo esfuerzo. No lograba concentrarme en lo que leía y
las líneas pasaban ante mis ojos desprovistas de sentido. Mientras, mi
mente viajaba de un tema a otro, todos ajenos al estudio de la
Fisiología. Por supuesto que, los episodios recientes de nuestra lucha
contra Batista me proyectaban multitud de imágenes. Entre ellas, la de
Arcos Bergnes, ingresado bajo custodia en el Hospital Ortopédico.

La decisión fue espontanea como una explosión. Lo rescataría de allí y
lo metería en alguna embajada. Eché el pesado libro sobre la cama,
tomé una bata sanitaria del chifonier, me la puse abierta sobre la
camisa, a la usanza de médicos y estudiantes, y ceñí a la cintura la
pistola que descansaba, rodeada de otros muchos objetos, sobre el
mueble. La casa de huéspedes donde yo vivía no quedaba lejos del
hospital, así que con toda mi calma, sin pensar en cómo lo haría, me
encaminé a cumplir mi propósito.

No fue difícil ubicar la habitación de Arcos; a su puerta, sentado en
un taburete y armado de fusil y revólver, un policía hacía guardia.
Como los demás cubículos que componían la sala, el de Arcos contaba
con una sola salida hacia un pasillo común, sobre el que se alineaban;
al fondo de ese corredor se hallaba un bebedero.

El plan surgió de forma automática. Me encaminé hacia el bebedero, al
pasar frente a la puerta donde hacía su guardia el custodio, eché un
vistazo y sin detenerme, le dije a Arcos, como en broma: "Prepárate,
que ahora nos vamos". Llegué al fondo del pasillo, bebí un sorbo de
agua y regresé sobre mis pasos. Esta vez, al llegar junto al asiento
del guardia, le puse la pistola en la cabeza y metiéndolo en la
habitación, procedí a desarmarlo y amarrarlo a la cama. Seguidamente
cargué a mi compañero hasta sentarlo en su silla de ruedas y me
encaminé hacia la salida. En la misma puerta del hospital tomamos un
taxi que, a mis órdenes, nos dejó en una dirección determinada. De
allí, otros compañeros lo moverían a lugares más seguros hasta
gestionarle el asilo.

Sin dar crédito al increíble triunfo, regresé a mi habitación; me
quité la bata y regresé la pistola a su lugar habitual. Solamente
entonces, vi que al lado del sitio donde siempre la colocaba, había
dejado el único peine con que yo contaba. Había realizado la acción
con un arma totalmente inútil.

Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Marzo 5 de 2015
(*) Hecho protagonizado por "Venturita", camagüeyano estudiante de
Medicina, en aquel ya lejano 1954.

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Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
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Jordán Pérez Garrigós
Consultor TIC
Barcelona y alrededores, España
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martes, 3 de marzo de 2015

UN PUÑADITO DE MINIS

UN PUÑADITO DE MIS MINIS
Por Jorge C. Oliva Espinosa

LA FUNCION
En el gran teatro del mundo se abrió el telón. Como no habían asistido
los actores principales, los dobles subieron a escena. Era su gran
oportunidad. En los papeles protagónicos actuarían la Astucia
sustituyendo a la Inteligencia, la Imprudencia tomaría el lugar del
Valor, mientras que el Cinismo suplantaría a la Sinceridad. En los
secundarios, la Vanidad actuaría por el Orgullo y el Servilismo por la
Humildad.
La función fue un éxito. Recibieron cerrada ovación. La sala estaba
totalmente colmada por la Hipocresía.

SIMULACI0NES
Se acostumbraron a fingir lo que en realidad no eran y a encontrar un
rostro distinto debajo de cada máscara. Sólo La Muerte fue más honesta
y no se disfrazó. Así pudo seguir sorprendiendo a todos.

MICROMUNDO
Era un microhombre que comía una micro-ración y tenía un microsueño.
Entró en la microbrigada y le premiaron con un microapartamento. Se
sintió satisfecho. Para evaluar sus microesfuerzos habían utilizado
una lupa.

PRINCIPIO Y FIN
El tiempo anduvo lento y lento, y cada vez más lento, hasta pararse en
una hora inmutable, donde lo eterno se hizo más eterno al quedar
detenido. Mientras, todos los caminos que allí habían convergido,
acordaron unir también sus destinos de regreso y, sin importar la
dirección que tomaran, marcharon de vuelta hacia un punto único. El
hombre, agotado, se sentó y comprobó el portento: había llegado al
Polo.

BABEL
Consternado, vio a sus criaturas volverse soberbias y prepotentes.
Unidos eran capaces de desafiarlo, como ahora, con esa torre cuya
construcción decidió detener. Y diversificó las lenguas, para que no
se entendieran entre sí. Desde entonces sus divinas palabras, mal
traducidas a tantos idiomas, se distorsionaron y su suprema voluntad
se tornó inescrutable.

IGUALDAD
En un barrio marginal, Juan (a secas) no duerme por la ansiedad de
tener lo que no tiene. Mientras, en su mansión palaciega, el Señor Don
Juan de Tal y más Cual no puede conciliar el sueño por el terror de
perder lo que posee. El insomnio toca a los dos por igual.

PÉRDIDA
Dios dijo. "No está bien lo de Pandora. Adán fue mi primera criatura.
A mi imagen y sexo lo hice. Que tenga pues él también una caja, de la
que pueda ir sacando lo perdido y que le será reintegrado. Sólo
reservaré algo que no pueda recuperar..."
Y calló Dios su designio.
Y el hombre comenzó a usar la caja, preguntándose siempre cuál sería
su bien irrecuperable. Y para probar dijo: "Devuélvaseme la juventud."
Y la juventud le fue retornada. Y pidió más: la confianza en sí mismo,
el poder rectificar, los afectos perdidos, las oportunidades
malgastadas, una vida más plena y larga... Y todo le era concedido...
Mientras, agazapada en el fondo de la caja, yacía la pérdida
irreparable: Allá abajo, desfigurada por la malicia, con una mueca
macabra, sonreía la Inocencia.

IMPARCIALIDAD
Alrededor de una obra, en conciliábulo de admiración, los miembros del
Jurado semejaban un círculo de engolosinados buitres, disfrutando de
carroñero festín. Impresionados, todos se deshacían en elogios. Uno
alababa su "consistencia", el otro su "textura", aquel su "colorido".
No faltó el que exaltara su "poder aglutinante", ni el que la
calificara como "el súmum de la más completa síntesis". Todos tenían
razón en adjudicarle tales calificativos, pues se trataba,
sencillamente, de excrementos, de mierda, de un soberano mojón que
reunía en sí todas aquellas cualidades. Cuando un desconocido les
señaló esta verdad, ellos le replicaron a coro: -¡Sí, pero lo cagó
García Márquez!

ALDEANAS COMIDILLAS
Desde que comenzó a notársele dio mucho que hablar. ¡Figúrese, hacía
tiempo que el novio estaba ausente del pueblo! No faltó aquí el
conquistador de oficio que, con medias palabras y sobreentendidos, se
jactara de ser autor del hecho. ¡La pobre muchacha estaba en todas las
bocas! ¡Pero vivir para ver! Regresó su prometido y aceptó como si
nada el asunto. Claro que, cuando se aproximó el nacimiento tuvo que
irse con ella bien lejos, donde nada se supiera y pudieran armar su
cuento. En nuestra aldea, todos desesperábamos por ver a quien se
parecería la criatura. ¡Sí, creo que se fueron a Belén!...

AUTOESTIMA
Estaba convencida de emitir el más celestial de los zumbidos, música
excelsa sólo destinada a oídos ilustres y poderosos. Por eso
atormentaba sin cesar las orejas del burro. Éste, queriéndose aliviar
de todo lo que le molestaba, defecó. Entonces la mosca creyó premiada
su enojosa letanía y voló golosa hacia la boñiga fresca.

INAPELABLE
El abejorro se presentó como aspirante en la Escuela de Aviación. El
jurado de aceptación fue terminante: No eres apto. Eres muy pesado, no
tienes formas aerodinámicas y tus alas son muy cortas y gruesas.
Apesadumbrado por el dictamen, el abejorro viró la espalda y se alejó
de la escuela volando.

FUTURO POSIBLE
Juan lleva su hijo al museo. Allí, en lugar prominente, junto al hacha
de pedernal del Neolítico, se exhiben otras piezas de una tecnológica
y remota antigüedad. Son las últimas armas de exterminio masivo
inventadas por el hombre. Todas datan de cuando se vivía en la
barbarie y se ambicionaba lo ajeno. Al chico le es difícil comprender
que aquello hubiera existido. Y a Juan también.

EL ÚLTIMO RECURSO DEL MÉTODO
Era un tirano muy metódico y cartesiano. Pero el descontento crecía y
era necesario mantenerlos bajo control. Fue cuando decidió volverlos
sordos para seguir sometiéndolos sin oposición. Y lo logró. Como no se
oían unos a otros, no podían confabularse para derrocarlo. La única
dificultad que surgió fue que, por la misma causa, ya nadie le
obedeció.

EN EL COLMENAR
Las abejas dijeron: "¡Basta ya de ser explotadas por reinas y
zánganos! Es hora de que las productoras tomemos el mando". Y pusieron
a la más laboriosa como jefa. Ésta, inmediatamente, dejó de trabajar
para ocuparse de sus nuevas funciones. Pero como no sabía gobernar,
necesitó todo un séquito que la auxiliara. Rodeada del mismo, su vida
se hizo otra, otros sus intereses; y se fue diferenciando cada vez más
de sus hermanas, a quienes ella y sus ayudantes miraban con desprecio.

VOZ DIVINA
Y Dios dijo: "Apúrate, es más tarde de lo que piensas". Y de inmediato
agregó: "¿Por qué te apuras tanto?... Evidentemente, les hablaba a dos
personas sumidas en situaciones diferentes. La confusión se produjo
porque su voz, divina y potente, fue escuchada por todos.

AMBICIÓN
Preguntó el simple: -¿Adónde ir, si todo es horizonte?...
Más allá estaban los sueños, pero él se conformó con sus pasos cortos
y jamás emprendió el vuelo.

ERROR
Creyó que su sueño era inaccesible y lejano. Por eso, ansioso, no
apartaba la vista del horizonte. Así, buscó lejos lo que estaba cerca
y jamás lo encontró.

PUNTOS DE VISTA
Cuando cambió la inclinación del planeta, éste comenzó a rotar más
rápido y los días disminuyeron su duración. Enrique a quien, de tan
ocupado, el tiempo no le alcanzaba pensó: "¡Qué desgracia, nuestras
vidas se han acortado!" Mientras Jotacé, que salvo vivir no tenía otra
cosa que hacer, exclamó: "¡Qué maravilla, viviremos más días!"

Desde Regla, empecinadamente,
Marzo 4 de 2015



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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.

Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
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jorgecoliva@gmail.com

domingo, 1 de marzo de 2015

CÓMO NOS HICIMOS "SOCIALISTAS"

--
Para complacer al fraterno Roberto Fernández (no el Retamar), sigo
desempolvando viejos archivos. Aquí les va otro proyecto nunca
terminado; lo comencé a escribir a principios del 2011, en ocasiones
le di continuidad y pensé terminarlo, pero los acontecimientos vividos
me hicieron irlo relegando hasta hoy, que lo rescato del polvo y del
olvido:
Desde Regla, como siempre, marzo 2 de 2015

CÓMO NOS HICIMOS "SOCIALISTAS"
(Un mini-ensayo casi histórico)
Por Jorge C. Oliva Espinosa.

Finales del año 2010
Al finalizar la primera década del siglo XXI, habíamos llegado a una
situación desoladora: A nivel nacional, lo que producíamos no
alcanzaba para cubrir los gastos del país, satisfacer nuestros
consumos y pagar las importaciones más imprescindibles . En la
economía del bolsillo individual, los salarios eran insuficientes para
sufragar los costos de la vida familiar. Mientras lo primero era
consecuencia del bloqueo prolongado, de algunas erróneas decisiones
del gobierno y de la ineficiente administración estatal; lo segundo
era causa a su vez de una corrupción extendida como la verdolaga, de
un deterioro moral que acompañó al deterioro material, resultante
tanto de factores externos como internos. Un contemporáneo, recordando
los tiempos capitalistas que vivimos, se me sinceró con esta amargura:
"Antes unos pocos robaban mucho, ahora muchos robamos cada uno un
poco". Lo cierto era que nadie podía vivir con lo que ganaba por
trabajar, pero todo el mundo había encontrado otra fuente de ingresos,
muchas veces al margen de lo lícito. Paralelamente, las prohibiciones
ya anacrónicas pero vigentes, engendraban ilegalidades que conformaban
la realidad hasta el punto de hacerla parecer irreal, absurda. Los
jóvenes emigraban en estampida y los viejos tuvieron que posponer su
edad de retiro. Los datos demográficos eran alarmantes: la población
iba decreciendo, a la vez que envejecía y los exiguos nacimientos no
garantizaban el reemplazo de la masa laboral. Se había perdido la fe
de los primeros años y con ella, el sentido de pertenencia sobre los
bienes socializados. Lo estatal era de nadie. Sólo se consideraba
propio lo que se robaba al gran propietario ausente que era El Estado,
por el que muchos se sentían robados. Así las cosas, la decepción y el
desaliento ganaron adeptos; la falta de moral, llamada doble moral,
campeó por sus respetos. Lo proclamado en público, se contradecía con
el desahogo en privado. Muchos militantes del partido habían dejado de
ser ejemplo, excepto de hipocresía cuando, fuera de los círculos
partidistas y en voz baja, se expresaban como los más acérrimos
enemigos del gobierno y del sistema. Otros negaban en la acción y en
su vida cotidiana, los ideales que debían encarnar. La falsa
unanimidad proclamada en reuniones y plenos se negaba en intimidad y
pasillos. Los que se sentían "defraudados", "desilusionados",
"decepcionados", proliferaron más que los aquejados por una gripe
estacional. Por doquier afloraron hipercríticos que llamaban a la
reforma, a la revisión, a la admisión del fracaso y algunos,
descaradamente, aconsejaban la rendición. El desorden, los absurdos y
la hipocresía matizaban el ambiente con colores de caos kafkiano.

Nuestro octogenario líder, ya recuperado de delicadas intervenciones
quirúrgicas, se hallaba aparentemente alejado del gobierno, pero una
serie de jóvenes llamados a formarse como relevo, no había logrado
realizarse a su lado. "La maldición del Abicú " parecía impedir que, a
la sombra del robusto tronco, crecieran ni pariguales ni nuevos
brotes. A falta de renuevo, la "Dirección histórica" le sucedía en el
poder personificada por Raúl, nuevo Presidente (también octogenario)
que nos prometía "cambiar todo lo que debía ser cambiado". Después de
tomarse un tiempo para formulación y análisis, capaz de desesperar a
los impacientes, crear expectativas y aparentar inercia, a cincuenta
años de habernos declarado socialistas, se nos plantea un
reordenamiento económico, una reorientación de la marcha, que no tiene
nada en común con los cambios y rectificaciones emprendidos con
anterioridad. La nueva proposición entraña transformaciones tan
profundas que afectarán las estructuras sociales y políticas que, mal
que bien, hemos edificado casi a empellones. Se trata de implantar un
nuevo modelo económico, donde se reduce drásticamente el papel
empleador del Estado, al convertir a cientos de miles de sus actuales
asalariados en trabajadores independientes o dependientes de un
empleador privado, ya sea nacional o extranjero . Sabemos, como parte
de la cultura adquirida en estos años, que al transformar el modelo
económico, cambiará el país todo. Cada una de las esferas de la vida
será afectada. Entre ellas la "conciencia social", parte de la supra
estructura. La influencia de lo económico en lo político y social nos
enfrentará a una sociedad distinta. La introducción de nuevas formas
de propiedad nos dividirá diferenciando nuestros intereses, modificará
la legislación, al elaborar un nuevo orden jurídico que vele por
ellos. Dicho de otro modo: cambiarán la composición clasista de la
sociedad y las relaciones que se establezcan y emanen de ella,
incluyendo las familiares. Veamos: En el sector administrativo es
donde se prevé reducir el mayor número de plazas. Allí, la presencia
femenina es mayoritaria; por lo tanto, muchas mujeres volverán al
ámbito doméstico, que ahora contribuyen a sostener con sus salarios,
para depender del marido . Con ello se transformará la típica familia
actual y muchos hogares regresarán al modelo patriarcal que habíamos
dejado atrás. Así lo aprendí de la doctrina marxista y, aunque se ha
aclarado que el cambio no significará abandonar el camino socialista,
que entre Planificación y Mercado prevalecerá la primera, una serie de
interrogantes se alzan ante mí: ¿En qué consiste el Socialismo? ¿Es
posible su construcción en el mundo de hoy? ¿Es capaz el hombre actual
de construir la sociedad que soñamos? ¿Cómo se construye? ¿Es esto un
repliegue táctico y coyuntural? ¿Qué costo tendrá? ¿Se estarán usando
"las armas melladas del capitalismo " para salvar el régimen que
habíamos escogido? ¿Es nuestro sueño una utopía irrealizable? ... Es
necesario entonces, en primer lugar, poner orden en mis ideas. Se
impone recapitular el camino transitado y meditar...

Según aprendimos de Engels, la propiedad privada trajo como
consecuencia la división de la sociedad en clases. Al socializarla y
convertirla en propiedad de todos, se edificaría un nuevo mundo sobre
bases más humanas y justas, sin poseedores ni desposeídos, sin
explotadores ni explotados, sin opresores ni oprimidos. Ese estadio
superior donde todos se beneficiaran de los resultados de la actividad
humana, mediante una distribución equitativa a su aporte, era el
Socialismo. Marx había previsto que el desarrollo del capitalismo en
los países más avanzados, conduciría al Socialismo. Sus predicciones
aún no se han cumplido. Lenin, en la práctica, lo contradijo al
iniciar su edificación en "el eslabón más débil" del sistema
capitalista mundial, la Rusia semifeudal de principios del siglo XX.
En esto no debe verse herejía alguna. Marx estudió al Capitalismo en
sus inicios, casi recién nacido de la Revolución Industrial; mientras
que Lenin analizó el sistema en una fase ulterior de desarrollo: El
Imperialismo.
En medio de las peores condiciones nació y se desarrolló el Primer
Estado Socialista . Lleno de paradojas, logró convertirse en potencia
mundial para luego desintegrarse aparatosamente a causa de los errores
cometidos por sus conductores. Según palabras de Fidel no explotó,
sino sufrió una implosión minada desde adentro.

Casi sesenta años atrás...
En la Cuba de la segunda mitad del siglo XX, los principales recursos
de la nación estaban en manos extranjeras, el país era un enclave
neocolonial, suministrador de materias primas al poderoso vecino que
controlaba su economía y monopolizaba su comercio. Los gobernantes,
salvo honrosas excepciones, eran simples servidores, siempre atentos a
las señas y órdenes que emitían sus amos del Norte. Incluso, la
reducida burguesía nacional se subordinaba a sus omnipotentes aliados
foráneos y velaba por los intereses de la Metrópoli, porque eran los
suyos propios. Ese Capitalismo importado, sufragáneo, había demostrado
la imposibilidad de alcanzar la verdadera independencia bajo un
régimen donde los intereses nacionales siempre estarían supeditados a
los del Capital extranjero. Era necesario no sólo derrocar la tiranía
instalada en el poder, sino también renovar el sistema para alcanzar,
con el rescate de lo que nos pertenecía, la independencia económica
que garantizara la independencia política. El Capitalismo implantado
en Cuba no había resuelto ninguno de los grandes problemas que
agobiaban al pueblo. Fidel los enumeró en "La Historia me Absolverá "
(El problema agrario, el de la industrialización, el problema de la
vivienda, el del desempleo, el problema de la educación y el de la
salud.)
Sin embargo, influenciados por la omnipresente propaganda yanqui y por
la inexplicable y a veces odiosa actuación de los comunistas del
patio, cuando perseguíamos, mediante la lucha armada, nuestra plena
liberación, estábamos muy lejos de tener como meta la construcción de
un estado socialista. Yanquis y comunistas, de consuno, habían
contribuido a llenar nuestras cabezas de contradicciones y prejuicios.
En los primeros veíamos el poder imperial vampiro de nuestra economía,
al intruso interventor en nuestra guerra independentista, el que había
frustrado el sueño de nuestros libertadores, ocupándonos militarmente
como territorio conquistado, el que nos impuso un primer Presidente a
su conveniencia y un apéndice a nuestra Constitución que nos castraba
como Nación; el Poder que convirtió en un simple protectorado, la
República independiente y soberana "con todos y para el bien de
todos", por la cual nuestros abuelos habían peleado por 30 años. El
mismo poder que volvió a ocuparnos en 1906, el que hizo permanente su
intervencionismo, frustrando la breve esperanza de la Revolución del
33 e imponiéndonos gobiernos serviles a sus designios, el mismo que
respaldaba al tirano que pretendíamos derrocar.
Odiosos de igual manera, nuestra historia nos hacía ver a los
comunistas del viejo partido. Su triste actuación en reiteradas
ocasiones así lo acreditaba. Eran los que expulsaron de sus filas al
fundador Mella; los que, ante la huelga que perseguía el derrocamiento
de Machado en 1933, habían llamado a concluirla; los que boicotearon,
con la creación intempestiva de soviets, al Gobierno de los Cien Días;
los que pactaron con el asesino de Guiteras, los que alabaron la
"vocación democrática y el origen humilde" de Batista, los que
hicieron alianza con él en el 40; los que, renegando de la lucha de
clases que preconizaban, declararon que el imperialismo ya no existía
y, sumisos, adoraron al revisionista Browder, suscribiendo sus
doctrinas; los que expulsaron a César Vilar por no sumarse a la
condena decretada por el Partido contra el asalto al Moncada; los
mismos que se opusieron a nuestra lucha armada, nos acusaron de
"Putchistas" y plantearon como contrapartida una quimérica huelga
general; los que en 1956 enviaron a México a uno de sus principales,
para convencer a Fidel que pospusiera la fecha de su anunciado
regreso, los que orientaron a González Lines no participar en el
alzamiento de Cienfuegos. El Imperio apoyaba al tirano y los que se
titulaban comunistas se oponían nuestro método de lucha y lo
saboteaban. Resultaba entonces natural, que aborreciéramos por igual
al imperio que nos oprimía y exprimía, y a los que se proclamaban sus
enemigos acérrimos y no eran más que fieles servidores de "otro
imperio erigido tras la cortina de hierro". Tal era, en nuestras
conciencias, el resultado de la propaganda yanqui y de las enseñanzas
de nuestra historia republicana: Contradicción de contradicciones. Con
esas ideas nos enfrentamos, desde el mismo día de su nacimiento, al
régimen usurpador que se apropió del poder la madrugada del 10 de
marzo de 1952. Y con ese rollo en la mente combatimos en una guerra
cruel que se prolongó por casi siete años. Ingenuamente, aspirábamos a
construir una sociedad más justa, a instaurar, con un gobierno honesto
y soberano, un capitalismo nacionalista, reivindicador de las capas
más desfavorecidas y menesterosas del pueblo. En esa lucha se consumó
y consumió una parte importante de mi vida.

La Victoria del primero de enero de 1959
Fueron momentos gloriosos, llenos de luz y euforia colectiva. Habíamos
alcanzado la victoria y el porvenir era nuestro. La candidez de
nuestros sueños nos la vino a demostrar, tan pronto triunfamos, la
temprana hostilidad del gobierno norteamericano. No hubo necesidad de
recurrir a la cultura y tradición antiimperialista, firmemente
arraigada en el pueblo; nuestro enemigo secular se encargó de
reiterarnos su identidad. Desde el inicio comenzaron a agredirnos.
Dieron refugio a nuestros asesinos y torturadores y cuando castigamos
ejemplarmente a los que pudimos capturar, nos acusaron de vengativos y
sanguinarios. Ellos, que habían permanecido callados e indiferentes
cuando la dictadura masacraba al pueblo, alzaron su voz "indignada"
contra nuestros actos de justicia soberana y organizaron una campaña
difamatoria contra la Revolución recién nacida. Nos calificaron de
comunistas cuando realmente no lo éramos. Y trataron de ahogarnos en
el terreno económico, cuando dependíamos de ellos para todo. A ellos
vendíamos nuestra azúcar y a ellos comprábamos el petróleo necesario
para producir, movernos e iluminarnos. Nuestro equipamiento industrial
y de transporte era norteamericano, dependíamos de sus repuestos para
mantenerlos funcionando. Incluso eran los suministradores de nuestros
principales alimentos Para comprarles, nada más teníamos un producto
que vender: azúcar. Y ellos, que eran nuestros compradores
principales, redujeron criminalmente las compras de nuestro azúcar,
cuando más falta nos hacía restaurar las arcas de la nación, vaciadas
por la dictadura. Trataban con ello de asfixiarnos y volvernos al
redil de la dependencia económica y la subordinación política. Pero la
URSS nos compró azúcar y nos ofreció petróleo en condiciones más
favorables. Cuando las refinerías norteamericanas, enclavadas en
nuestro territorio, se negaron a refinar el crudo soviético,
respondimos como no esperaban: con la intervención estatal de dichas
refinerías y su ulterior nacionalización. Como represalia, redujeron
aún más las compras que hacían de nuestra azúcar. Y en la URSS
encontramos un comprador sustituto para nuestro producto. De esta
forma, el gobierno norteamericano impulsó la socialización de una
parte fundamental de nuestra economía, la Unión Soviética ganó
nuestras simpatías, y nosotros un nuevo socio comercial del que
copiamos el modelo.
Al asumir el poder, ya habíamos heredado una diversidad de propiedades
de enriquecidos prófugos, que pasaron a manos del Estado para
mantenerse funcionando. Eran algunos centrales azucareros, uno que
otro latifundio, además de unas pocas fábricas, pequeñas y medianas,
cuyos propietarios las habían abandonado en la estampida que sobrevino
al derrocamiento del tirano. Además de volvernos gobernantes, debíamos
convertirnos en administradores. En ambas actividades carecíamos de
experiencia alguna. Para colmo, nos acompañaba una turba de arribistas
y farsantes que nos aturdían con sus "sabios consejos" y no pocas
veces entorpecían la labor gubernamental. Nuestro primer gobierno
"revolucionario" era lo más heterogéneo que se pudiera concebir.
Rodeando a un Presidente anodino e incapaz de ubicarse en la nueva
situación, el Gabinete Ministerial exhibía un amplio abanico de
tendencias. Al lado de genuinos revolucionarios, se encontraban
reformistas, figurones de la seudo intelectualidad, defensores del
viejo orden republicano y hasta representantes de la oligarquía y de
intereses foráneos . Sin embargo, una fuerza emergida de la lucha nos
llamaba a la unión y era nuestra garantía para no retornar nunca más
al pasado: El Movimiento 26 de Julio y su Ejército Rebelde. En el
cumplimiento del Programa del Moncada, irían quedando atrás los
retrógrados y vacilantes. El camino nos radicalizaría y nos limpiaría
de lastres.
En nombre de la unión, aceptamos aquel gobierno que nos acompañó por
un breve trecho. Poco después, en nombre de la unión, disolvimos
nuestro Movimiento para fundirnos con el Directorio Revolucionario 13
de marzo y con el Partido Socialista Popular. Así nació una nueva
organización que agrupaba a todos los que nos autoproclamábamos
revolucionarios: Las ORI (Organizaciones Revolucionarias Integradas),
que quedó estructurada territorialmente (Municipio, Región, Provincia)
con una Dirección Nacional y un Secretario General: Aníbal Escalante,
dirigente que provenía de las filas del Partido Socialista Popular.
Poco después, las ORI se disolvieron para dar lugar al PURSC (Partido
Unido de la Revolución Socialista Cubana) que más tarde se convertiría
en el actual Partido Comunista de Cuba (PCC).

De cómo nos hicimos socialistas
Nuestras diferencias con el Directorio no se reducían a simples
detalles tácticos, pero con los comunistas tradicionales manteníamos
divergencias que incluían tanto el método, como los fines
estratégicos. No todos acudimos a unirnos con iguales miras, a todos
nos quedaba mucho por aprender y más nos faltaba aún, para llamarnos
revolucionarios. Algunos rechazaron tal alianza, terminaron por
desgajarse y luego fueron a podrirse al campo enemigo. Eran los que no
pudieron vencer sus lastres mentales, o los que querían sólo un poco
de revolución, pero no tanta como para mezclarse con los repudiados de
ayer; otros, no deseaban molestar al poderoso vecino. Los que
aceptamos la fusión, tuvimos que olvidar resentimientos, abrir
nuestras mentes, librarnos de prejuicios y superarnos en la marcha.
Aún llamábamos a nuestro ideario "Humanismo", aunque reconocíamos en
él ciertos rasgos socialistas . Los ya unificados "camaradas" nos
señalaban de continuo la inconsistencia del proyecto asumido y
nuestras incoherencias ideológicas; no tardaron en mostrarse
sectarios, discriminarnos y tratarnos con desdén. Todavía los oíamos
con cierto recelo, pero reconociéndoles mayor experiencia, cultura
política y disciplina, terminamos por aceptar sus recomendaciones y
comenzamos a estudiar "Los Fundamentos del Socialismo en Cuba", libro
catequizante escrito por uno de sus principales líderes: Blas Roca .
Se trataba, como supimos después, de una Historia de Cuba, vista a
través del prisma dialéctico llamado "Materialismo Histórico". En
aquellas páginas encontramos muchas verdades irrebatibles. Con
entusiasmo de nuevos conversos, nos dimos a la aceptación y estudio de
la doctrina socialista. Además de aprender Historia y Economía
Política, era necesario adoptar una filosofía e implantar una política
económica. Con la fe intacta de los recién iniciados, sin tener una
idea precisa de lo que era el socialismo y sin conocer a fondo sus
fundamentos teóricos, declaramos: "Somos socialistas, pa'lante y
pa'lante." Además del fervor revolucionario que nos embargaba a todos,
teníamos una confianza absoluta en nuestro guía, confianza que
coreábamos en un pareado: "Si Fidel es comunista, que me pongan en la
lista." Así, con ritmo y estribillos de conga marginal , aceptamos la
doctrina, nos hicimos "socialistas". El pueblo, con una fe ciega y
compacta, siguió tras su líder en pos de un sueño: una sociedad nueva,
la socialista. En aquellos momentos, lo hubiera seguido al mismísimo
infierno si él lo conducía allí. Años después, nos sorprendió al
confesar que nadie conoce aún cuál es la meta a alcanzar, ni el camino
a transitar para llegar a ella.

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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.

Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com