--NUEVOS MINICUENTOS
Por Jorge C. Oliva Espinosa
CONTROL REMOTO
Rumbo a lo desconocido, lentamente, marchamos. En el trayecto se
producen frenazos, giros erráticos, largas paradas y retrocesos. A
nadie le importa ya la duración y el destino del viaje; los
conductores viajan en otro vehículo.
ESTRADO
Pensamos que, salido de nosotros, dirigiría desde abajo. Pero se puso
tan gordo que no cabía en nuestros asientos y asumió el mando a
distancia, desde una poltrona especial situada allá, en lo alto del
estrado.
LECCIÓN
Sobresalía por su disposición para ejecutar a chivatos y delatores;
participó en numerosos ajusticiamientos y hasta parecía hacerlo con
gusto. Pero cuando lo apresaron, delató a sus compañeros.
SEDIENTO
(Como versos)
En mi ya largo camino, no encuentro el vino
que me ayude a calmar esta sed.
Y sigo, peregrino,
pensando que más adelante lo encontraré.
SIN OPOSICIÓN
Una mitad emigró, la otra murió de vejez, sin voluntad para seguir
viviendo; y él se quedó sin nadie a quién gobernar. Entonces los
ministros, que hacía rato conspiraban en contra suya, formaron la
oposición y lo derrocaron.
EN VANO
Sacrificaron el presente para construir el futuro. Pero el futuro
llegó y todo estaba por hacer.
GÉNESIS: Cap. II
Todavía a Dios no se le había ocurrido inventar el CUC y el Dólar
imperaba sobre la faz de la Isla. Y dijo El Creador: "Hagan los
isleños el CUC" y el CUC fue hecho. Y fue milagro que el CUC valiera
más que el dólar; siempre dentro de la Isla, solo en la Isla y nada
más que en la Isla. Y el Dólar fue devaluado y desterrado. Pero ya el
espíritu del mal había soplado sobre los hombres y asolado la Isla con
la corrupción, el dengue y otras epidemias similares. Y se arrepintió
Dios de haber permitido la creación del CUC y ordenó la unificación
monetaria. Pasaron los siete días de la creación, ya avanzaba el
tercer milenio de la Nueva Era y todavía los isleños debatían cómo
cumplir el mandato divino.
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Noviembre 5 de 2014
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
martes, 4 de noviembre de 2014
lunes, 3 de noviembre de 2014
SIGILIAO
--SIGILIAO
Por Sempronio, el de Regla
La vida me ha enseñado que, cuando el enemigo se muestre cordial, te
sonría y se nos acerque de brazos abiertos, hay que estar más alertas
que nunca. Yo, esto de los yanquis promoviendo el levantamiento del
bloqueo y aplaudiendo nuestra contribución a la lucha contra el Ébola,
me da mala espina y me pone "sigiliao". Son muchos años sufriendo su
perfidia, para de pronto creer que han entrado en razones. Ya el Che
nos había advertido que no se puede confiar en ellos, "ni tantito
así".
Si al fin se comportan con decencia, bienvenidos sean al entendimiento
y al intercambio normal, civilizado entre naciones vecinas; pero me
queda clarito que ya se están sintiendo el rebote perjudicial de
mercados perdidos y por perder; la tortilla se les ha virado y ahora
ellos son los aislados.
Claro que, como cubano que vive en la isla, ansío el cese del absurdo,
ilegal y genocida cerco económico, comercial y financiero con que,
tozudamente, pretenden doblegarnos por asfixia. ¡Pero, cuidado! Ese
abrazo y esos aplausos me huelen mal, puede que sean el abrazo de la
muerte que dan los mafiosos. Es mejor guardar reservas, para que no
nos sorprendan de mansos.
Si levantan el bloqueo es porque les conviene ahora, precisamente
ahora, no porque se hayan vuelto buenas gentes... Yo, Sempronio, desde
Regla, doy la bienvenida al entendimiento y extiendo mi "mano franca",
pero sin soltar la tranca que tengo en la otra mano. ¡Sigo SIGILIAO!
Desde Regla,
Tierra bendita de Yemayá, cuna bravía de los abacuá.
Noviembre 4 de 2014
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
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jorgecoliva@gmail.com
Por Sempronio, el de Regla
La vida me ha enseñado que, cuando el enemigo se muestre cordial, te
sonría y se nos acerque de brazos abiertos, hay que estar más alertas
que nunca. Yo, esto de los yanquis promoviendo el levantamiento del
bloqueo y aplaudiendo nuestra contribución a la lucha contra el Ébola,
me da mala espina y me pone "sigiliao". Son muchos años sufriendo su
perfidia, para de pronto creer que han entrado en razones. Ya el Che
nos había advertido que no se puede confiar en ellos, "ni tantito
así".
Si al fin se comportan con decencia, bienvenidos sean al entendimiento
y al intercambio normal, civilizado entre naciones vecinas; pero me
queda clarito que ya se están sintiendo el rebote perjudicial de
mercados perdidos y por perder; la tortilla se les ha virado y ahora
ellos son los aislados.
Claro que, como cubano que vive en la isla, ansío el cese del absurdo,
ilegal y genocida cerco económico, comercial y financiero con que,
tozudamente, pretenden doblegarnos por asfixia. ¡Pero, cuidado! Ese
abrazo y esos aplausos me huelen mal, puede que sean el abrazo de la
muerte que dan los mafiosos. Es mejor guardar reservas, para que no
nos sorprendan de mansos.
Si levantan el bloqueo es porque les conviene ahora, precisamente
ahora, no porque se hayan vuelto buenas gentes... Yo, Sempronio, desde
Regla, doy la bienvenida al entendimiento y extiendo mi "mano franca",
pero sin soltar la tranca que tengo en la otra mano. ¡Sigo SIGILIAO!
Desde Regla,
Tierra bendita de Yemayá, cuna bravía de los abacuá.
Noviembre 4 de 2014
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debo.
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jorgecoliva@gmail.com
RECTIFICACIÓN IMPOSTERGABLE
-- RECTIFICACIÓN IMPOSTERGABLE
En mi más reciente artículo ("PODEROSO CABALLERO"), atribuí a Góngora
un verso que escribiera su acérrimo enemigo: Don Francisco de Quevedo.
Ofrezco disculpas a mis lectores por este lamentable error y agradezco
al fraterno Argelio Santisteban el habérmelo señalado.
Jorge C. Noviembre 3 de 2014. 10:50 AM
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En mi más reciente artículo ("PODEROSO CABALLERO"), atribuí a Góngora
un verso que escribiera su acérrimo enemigo: Don Francisco de Quevedo.
Ofrezco disculpas a mis lectores por este lamentable error y agradezco
al fraterno Argelio Santisteban el habérmelo señalado.
Jorge C. Noviembre 3 de 2014. 10:50 AM
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domingo, 2 de noviembre de 2014
PODEROSO CABALLERO
-- PODEROSO CABALLERO
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Aquel verso "Poderoso caballero es Don Dinero" del inmortal Góngora,
podemos parodiarlo en Regla y escribir: Poderoso caballero es el
bodeguero. Y lo es, porque tiene dinero y le entra sin mucho esfuerzo;
le basta con "cuadrar la caja" con los carreros y demás
suministradores del establecimiento. Mientras mantenga sin faltantes
el inventario, efectúe los depósitos correspondientes y llene el
inútil papeleo, la Empresa de la cual depende no lo molestará y lo
dejará obrar a su antojo.
Es que nuestro actual bodeguero dejó de ser el comerciante que atendía
un pequeño comercio minorista, para convertirse en el poderoso señor
que "desatiende" un centro de distribución de lo racionado. Por esa
labor, que cumple desmañadamente, es por lo que le pagan un salario
insuficiente para darse la vida que se da. Su contenido oficial de
trabajo, él lo cumple en unos pocos días, el resto del mes lo tiene
libre para dedicarlo a su verdadero negocio: traficar con los
seculares "desvíos". Así, usted puede obtener que este personaje le
venda "por la izquierda" arroz, azúcar, café, aceite, leche en polvo y
cualquier producto normado, a precios del mercado negro y en cualquier
cantidad. En su variada oferta, suele incluir otros renglones como
queso, embutidos, filetes de pescado y lo inimaginable.
Entre el Poderoso bodeguero, los inspectores y la Empresa, se teje una
corrupta maraña de complicidades. En estas relaciones prima el "tú
sabes que yo sé y yo sé que tú sabes". Así, la Empresa determina que
el remozamiento de la bodega lo asuma el bodeguero. ¿De dónde saca
éste los recursos necesarios para pagar albañiles y materiales? Eso la
Empresa lo sabe y se lo hace saber a su subordinado, que acepta la
extorsión a cambio de la libertad de acción. Es probable que existan
otros "intercambios de favores", pero eso es más difícil de probar.
Por lo general, cada bodeguero cuenta con un ayudante; este puede ser
otro empleado emplantillado de la Empresa, o ser un simple asalariado
de su patrón: el bodeguero, quien paga "de su bolsillo" el salario
convenido. Como poderoso al fin, el bodeguero no resiste la tentación
de ostentar su poder. Ya no se conforma con el mal trato habitual y el
"te tienes que esperar" con que acoge a los usuarios. Ahora se muestra
déspota y hasta se niega a vender cigarros, uno de los pocos productos
de oferta liberada. Ya van dos veces y en bodegas diferentes, que este
usuario-relator, ha sido castigado por el Poderoso Señor con el
inapelable dictamen: "Ahora no te puedo despachar". Así, me hicieron
pagar mi osadía por pretender que, con el dinero justo y sin necesidad
de darme cambio, quisiera comprar un paquete de diez cajetillas. El
primer caballero estaba solitario en su feudo, enfrascado en llenar
unos modelos de la Empresa; el segundo atendía a otros clientes y no
podía estirar el brazo para alcanzar los cigarros que tenía al alcance
de la mano. ¡Qué fallo el mío! ¡Pretender que se comportaran como
comerciantes eficientes! ¡Verdad que soy iluso! ¿Qué cómo terminaron
ambos incidentes? Pues nada, que viré mi espalda y me encaminé a otro
establecimiento donde el bodeguero estuviera desocupado y yo no fuera
a importunarle con mis impertinencias. En todas las bodegas, recién
reparadas y pintadas, vi un letrero que, como cruel escarnio, decía:
"Área de protección al consumidor".
Desde Regla, como siempre, noviembre 3 de 2014
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
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jorgecoliva@gmail.com
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Aquel verso "Poderoso caballero es Don Dinero" del inmortal Góngora,
podemos parodiarlo en Regla y escribir: Poderoso caballero es el
bodeguero. Y lo es, porque tiene dinero y le entra sin mucho esfuerzo;
le basta con "cuadrar la caja" con los carreros y demás
suministradores del establecimiento. Mientras mantenga sin faltantes
el inventario, efectúe los depósitos correspondientes y llene el
inútil papeleo, la Empresa de la cual depende no lo molestará y lo
dejará obrar a su antojo.
Es que nuestro actual bodeguero dejó de ser el comerciante que atendía
un pequeño comercio minorista, para convertirse en el poderoso señor
que "desatiende" un centro de distribución de lo racionado. Por esa
labor, que cumple desmañadamente, es por lo que le pagan un salario
insuficiente para darse la vida que se da. Su contenido oficial de
trabajo, él lo cumple en unos pocos días, el resto del mes lo tiene
libre para dedicarlo a su verdadero negocio: traficar con los
seculares "desvíos". Así, usted puede obtener que este personaje le
venda "por la izquierda" arroz, azúcar, café, aceite, leche en polvo y
cualquier producto normado, a precios del mercado negro y en cualquier
cantidad. En su variada oferta, suele incluir otros renglones como
queso, embutidos, filetes de pescado y lo inimaginable.
Entre el Poderoso bodeguero, los inspectores y la Empresa, se teje una
corrupta maraña de complicidades. En estas relaciones prima el "tú
sabes que yo sé y yo sé que tú sabes". Así, la Empresa determina que
el remozamiento de la bodega lo asuma el bodeguero. ¿De dónde saca
éste los recursos necesarios para pagar albañiles y materiales? Eso la
Empresa lo sabe y se lo hace saber a su subordinado, que acepta la
extorsión a cambio de la libertad de acción. Es probable que existan
otros "intercambios de favores", pero eso es más difícil de probar.
Por lo general, cada bodeguero cuenta con un ayudante; este puede ser
otro empleado emplantillado de la Empresa, o ser un simple asalariado
de su patrón: el bodeguero, quien paga "de su bolsillo" el salario
convenido. Como poderoso al fin, el bodeguero no resiste la tentación
de ostentar su poder. Ya no se conforma con el mal trato habitual y el
"te tienes que esperar" con que acoge a los usuarios. Ahora se muestra
déspota y hasta se niega a vender cigarros, uno de los pocos productos
de oferta liberada. Ya van dos veces y en bodegas diferentes, que este
usuario-relator, ha sido castigado por el Poderoso Señor con el
inapelable dictamen: "Ahora no te puedo despachar". Así, me hicieron
pagar mi osadía por pretender que, con el dinero justo y sin necesidad
de darme cambio, quisiera comprar un paquete de diez cajetillas. El
primer caballero estaba solitario en su feudo, enfrascado en llenar
unos modelos de la Empresa; el segundo atendía a otros clientes y no
podía estirar el brazo para alcanzar los cigarros que tenía al alcance
de la mano. ¡Qué fallo el mío! ¡Pretender que se comportaran como
comerciantes eficientes! ¡Verdad que soy iluso! ¿Qué cómo terminaron
ambos incidentes? Pues nada, que viré mi espalda y me encaminé a otro
establecimiento donde el bodeguero estuviera desocupado y yo no fuera
a importunarle con mis impertinencias. En todas las bodegas, recién
reparadas y pintadas, vi un letrero que, como cruel escarnio, decía:
"Área de protección al consumidor".
Desde Regla, como siempre, noviembre 3 de 2014
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
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jueves, 30 de octubre de 2014
CAMBIO Y EXTINCION
-- CAMBIO Y EXTINCION (*)
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Dicen los marxistas y yo lo creo, que cada vez que se produce un
cambio del modo de producción y se consolida un nuevo sistema
socio-económico, tiene lugar la hecatombe de una clase. Es decir, hay
un grupo social que no puede sobrevivir al cambio y que es barrido con
el anterior sistema. Así nuestros indígenas, -que vivían en el
Comunismo Primitivo- desaparecieron cuando los colonizadores españoles
les impusieron el esclavismo. Los esclavos, a su vez, se extinguieron
cuando la burguesía implantó el Capitalismo, -comenzaron a llamarse
obreros- y en el Socialismo sucumbieron los burgueses y aparecieron
los funcionarios.
Ahora, cuando ya teníamos nuestro Socialismo rectificado (y en vías de
actualización), enfrentamos un cambio más significativo y profundo,
impuesto por "el derrumbe del Campo Socialista y el desmembramiento de
la URSS", y algún grupo tendrá que desaparecer. El problema es:
¿Cuál?... Los campesinos no pueden ser. Esos ya se esfumaron cuando
socializamos la tierra. ¿Serán los comerciantes del patio, que ahora
resurgen como "trabajadores por cuenta propia", después que acabamos
con los chinchaleros en el 68?... No, porque aquí el que más y el que
menos ha tenido que convertirse en negociante y trapichero. ¿Entonces,
quiénes? ¿Los capitalistas extranjeros, que expulsamos del país con el
proceso nacionalizador? ¡Tampoco! Porque ellos hoy retornan para
ayudarnos a salvar el Socialismo y sus conquistas. ¿Serán acaso los
obreros los que desaparezcan? ¡Difícil! Porque, aunque ya nadie
trabaja, siempre serán necesarias grandes masas a quienes dirigir. Si
no, los dirigentes se quedan sin contenido de trabajo.
Entonces, ¿quiénes son los llamados a desaparecer? ¿Quiénes se
extinguirán ante los drásticos cambios que suponen el reajuste y
reorientación de nuestra Economía? ¡Analicemos, meditemos,
reflexionemos, pensemos!... Bueno, y si no son los campesinos, ni los
negociantes autóctonos, ni los inversionistas extranjeros, ni los
obreros... ¿qué clase o grupo tendrá ahora su holocausto? Yo, después
de profundas cavilaciones, y gracias a la aplicación consecuente de la
dialéctica marxista y el análisis policausal y multivariable, he
encontrado la respuesta a esta interrogante. ¡He aquí la verdad
deslumbradora, como linterna en medio de un apagón. Resplandeciente,
como una olla nuestra al mediodía: ¡LO QUE SE VA A EXTINGUIR, ES LA
NACIONALIDAD CUBANA! ¿Conclusión precipitada o tendenciosa? ¿Augurio
apocalíptico? ¿Exageraciones mías? ¡Nada de eso! A ese resultado
ineluctable apuntan muchas "variables-causas", como diría un sociólogo
amigo mío, con quien me he asesorado. ¡Enumeremos las de mayor
correlación!
a) Emigración masiva:
Real estampida, disparada dehiscencia, verdadera diáspora que ha hecho
asentar a más de dos millones de cubanos bajo otros cielos. Se me
dirá, que más diáspora hicieron los judíos y que, a pesar de Hitler y
de los árabes, aún existen. ¡Argumento fútil y sin peso! Los cubanos,
a diferencia de los hijos de Israel, dondequiera que llegamos,
plantamos, nos mimetizamos y mezclamos con los lugareños, de tal
suerte que, en dos o tres generaciones, somos más autóctonos que los
mismos nativos. Nuestros nombres se vuelven Michael o Katherine,
Giussepe o Josephine, Iván o Valia; y nuestros Díaz, Rodríguez y
Hernández se convierten en Day, Rodine o Herson, de acuerdo a la
latitud a donde hayamos ido a parar. Llegará el momento en que, el
último Luis Martínez se transforme en Louis Martin, Luigi Martini o
Ludvik Markhaimer. Prueba al tiempo.
b) Casamientos con extranjeros:
Sub-variable de la variable anterior y vía muy socorrida para poder
emigrar. Los hijos de estos cruzamientos ya serán sólo medio cubanos;
y los nietos, un cuarto, y así hasta desembocar en igual extinción de
la nacionalidad. A diferencia de los anteriores, los patronímicos y
apellidos de estos pasarán por la metamorfosis de etapas intermedias
en que aparecen los Cheo Robinson y los Willy Fernández.
c) Disminución progresiva del resto:
Aunque sobre esta variable inciden, indudablemente, las dos
anteriores, hay un sinnúmero de causas (según el Anuario Demográfico)
que tributan a la gradual reducción de los que no quieren emigrar o no
han podido hacerlo. Entre ellas citaremos: la disminución de la
natalidad -las cubanas en edad fértil que se quedan, están negadas
a parir en las actuales condiciones, los suicidios y muertes
violentas -como los accidentes de bicicleta y otros actos de
desesperado heroísmo, el envejecimiento creciente de la población que
la hace, aparte de no reproductiva, más vulnerable a los avatares del
Período Especial, además de los ciclones y otras inclemencias del
clima.
Por todas estas causas, anteriormente enumeradas y cuantificadas,
seremos nosotros, los empecinados, unos escasos especímenes, los que
demos testimonio a la posteridad, de que una vez existió un pueblo
alegre, ingenioso y dicharachero, a quienes llamaban: LOS CUBANOS.
Pura curiosidad turística como las reservas sioux donde, al igual que
en ellas, abundarán, -¡Oh universalidad de las supercherías!- muchos
cubanos apócrifos. Nada, que vamos a terminar siendo un grupo de
viejos decrépitos, raros ejemplares museables y arqueológicos, como
los tasmanos o la famosa familia Rojas, aquella de Yateras, que
ilustraba, como últimos descendientes de los taínos, mis primeros
textos de Historia.
(*) Fragmentos de "Instrucciones para sobrevivir en Cuba", engendro
mío concebido entre 1008 y 2002.
Desde Regla, como siempre, octubre 31 de 2014.
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
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jorgecoliva@gmail.com
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Dicen los marxistas y yo lo creo, que cada vez que se produce un
cambio del modo de producción y se consolida un nuevo sistema
socio-económico, tiene lugar la hecatombe de una clase. Es decir, hay
un grupo social que no puede sobrevivir al cambio y que es barrido con
el anterior sistema. Así nuestros indígenas, -que vivían en el
Comunismo Primitivo- desaparecieron cuando los colonizadores españoles
les impusieron el esclavismo. Los esclavos, a su vez, se extinguieron
cuando la burguesía implantó el Capitalismo, -comenzaron a llamarse
obreros- y en el Socialismo sucumbieron los burgueses y aparecieron
los funcionarios.
Ahora, cuando ya teníamos nuestro Socialismo rectificado (y en vías de
actualización), enfrentamos un cambio más significativo y profundo,
impuesto por "el derrumbe del Campo Socialista y el desmembramiento de
la URSS", y algún grupo tendrá que desaparecer. El problema es:
¿Cuál?... Los campesinos no pueden ser. Esos ya se esfumaron cuando
socializamos la tierra. ¿Serán los comerciantes del patio, que ahora
resurgen como "trabajadores por cuenta propia", después que acabamos
con los chinchaleros en el 68?... No, porque aquí el que más y el que
menos ha tenido que convertirse en negociante y trapichero. ¿Entonces,
quiénes? ¿Los capitalistas extranjeros, que expulsamos del país con el
proceso nacionalizador? ¡Tampoco! Porque ellos hoy retornan para
ayudarnos a salvar el Socialismo y sus conquistas. ¿Serán acaso los
obreros los que desaparezcan? ¡Difícil! Porque, aunque ya nadie
trabaja, siempre serán necesarias grandes masas a quienes dirigir. Si
no, los dirigentes se quedan sin contenido de trabajo.
Entonces, ¿quiénes son los llamados a desaparecer? ¿Quiénes se
extinguirán ante los drásticos cambios que suponen el reajuste y
reorientación de nuestra Economía? ¡Analicemos, meditemos,
reflexionemos, pensemos!... Bueno, y si no son los campesinos, ni los
negociantes autóctonos, ni los inversionistas extranjeros, ni los
obreros... ¿qué clase o grupo tendrá ahora su holocausto? Yo, después
de profundas cavilaciones, y gracias a la aplicación consecuente de la
dialéctica marxista y el análisis policausal y multivariable, he
encontrado la respuesta a esta interrogante. ¡He aquí la verdad
deslumbradora, como linterna en medio de un apagón. Resplandeciente,
como una olla nuestra al mediodía: ¡LO QUE SE VA A EXTINGUIR, ES LA
NACIONALIDAD CUBANA! ¿Conclusión precipitada o tendenciosa? ¿Augurio
apocalíptico? ¿Exageraciones mías? ¡Nada de eso! A ese resultado
ineluctable apuntan muchas "variables-causas", como diría un sociólogo
amigo mío, con quien me he asesorado. ¡Enumeremos las de mayor
correlación!
a) Emigración masiva:
Real estampida, disparada dehiscencia, verdadera diáspora que ha hecho
asentar a más de dos millones de cubanos bajo otros cielos. Se me
dirá, que más diáspora hicieron los judíos y que, a pesar de Hitler y
de los árabes, aún existen. ¡Argumento fútil y sin peso! Los cubanos,
a diferencia de los hijos de Israel, dondequiera que llegamos,
plantamos, nos mimetizamos y mezclamos con los lugareños, de tal
suerte que, en dos o tres generaciones, somos más autóctonos que los
mismos nativos. Nuestros nombres se vuelven Michael o Katherine,
Giussepe o Josephine, Iván o Valia; y nuestros Díaz, Rodríguez y
Hernández se convierten en Day, Rodine o Herson, de acuerdo a la
latitud a donde hayamos ido a parar. Llegará el momento en que, el
último Luis Martínez se transforme en Louis Martin, Luigi Martini o
Ludvik Markhaimer. Prueba al tiempo.
b) Casamientos con extranjeros:
Sub-variable de la variable anterior y vía muy socorrida para poder
emigrar. Los hijos de estos cruzamientos ya serán sólo medio cubanos;
y los nietos, un cuarto, y así hasta desembocar en igual extinción de
la nacionalidad. A diferencia de los anteriores, los patronímicos y
apellidos de estos pasarán por la metamorfosis de etapas intermedias
en que aparecen los Cheo Robinson y los Willy Fernández.
c) Disminución progresiva del resto:
Aunque sobre esta variable inciden, indudablemente, las dos
anteriores, hay un sinnúmero de causas (según el Anuario Demográfico)
que tributan a la gradual reducción de los que no quieren emigrar o no
han podido hacerlo. Entre ellas citaremos: la disminución de la
natalidad -las cubanas en edad fértil que se quedan, están negadas
a parir en las actuales condiciones, los suicidios y muertes
violentas -como los accidentes de bicicleta y otros actos de
desesperado heroísmo, el envejecimiento creciente de la población que
la hace, aparte de no reproductiva, más vulnerable a los avatares del
Período Especial, además de los ciclones y otras inclemencias del
clima.
Por todas estas causas, anteriormente enumeradas y cuantificadas,
seremos nosotros, los empecinados, unos escasos especímenes, los que
demos testimonio a la posteridad, de que una vez existió un pueblo
alegre, ingenioso y dicharachero, a quienes llamaban: LOS CUBANOS.
Pura curiosidad turística como las reservas sioux donde, al igual que
en ellas, abundarán, -¡Oh universalidad de las supercherías!- muchos
cubanos apócrifos. Nada, que vamos a terminar siendo un grupo de
viejos decrépitos, raros ejemplares museables y arqueológicos, como
los tasmanos o la famosa familia Rojas, aquella de Yateras, que
ilustraba, como últimos descendientes de los taínos, mis primeros
textos de Historia.
(*) Fragmentos de "Instrucciones para sobrevivir en Cuba", engendro
mío concebido entre 1008 y 2002.
Desde Regla, como siempre, octubre 31 de 2014.
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
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miércoles, 29 de octubre de 2014
NUESTRA IDENTIDAD Y EL RACISMO
--NUESTRA IDENTIDAD Y EL RACISMO (*)
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Mi querido amigo y profesor Esteban Morales, autoridad en la materia,
con sus enseñanzas me ha hecho meditar sobre los problemas de la
negritud en nuestra identidad y las irracionales prácticas del racismo
que aún subsisten. Morales ha abordado el tema con profundidad
académica, mediante amplios estudios a los que ha dedicado gran parte
de su vida. Yo voy a tratar de sintetizar mis opiniones, desde el
modesto ángulo del ciudadano común; el que palpa, sufre y asume
nuestra circunstancia. Lo hago desprovisto de pretensión alguna,
consciente de carecer del instrumental necesario, pero movido por el
patriótico deseo de cambiar todo lo negativo que todavía pervive en
esta realidad circundante.
Asumirse cubano, de auténtica raíz, es ya admitirse mestizo. Aquí no
hay etnia pura. El que crea lo contrario, está totalmente equivocado.
Todos, sin importar la intensidad o palidez del tinte que tengamos en
la piel, somos una amalgama de múltiples mestizajes, repetidos durante
siglos. Un "ajiaco étnico," como nos definió Don Fernando Ortiz. El
que se sienta cubano, no puede obviar esta realidad. Los europeos que
nos colonizaron ya venían mezclados y eran resultado de siete siglos
de dominación árabe sobre el sur de España, cuya población era, desde
mucho antes, un mosaico de suevos, iberos, celtas, visigodos y otros.
Fenicios, griegos, cartagineses y romanos tuvieron colonias en lo que,
andando el tiempo, sería España. Tal diversidad es evidente hoy: un
vasco es bien distinto de un andaluz, un gallego y un catalán tienen
muy poco en común. Igualmente, los esclavos africanos componían una
diversidad imposible de ignorar. No es posible confundir a un congo
con un wuatusi, un mozambicano con un eritreo; a un zulú con un
guineano. No existe nada más diferenciado, a pesar de que todos son
negros. Y como tales fueron esclavizados y traídos como bestias para
explotarlos inhumanamente.
Pero es el caso, que la explotación no se limitó a los negros
esclavos. También se explotó al criollo por el comerciante y el
funcionario peninsular. Por esa razón, a la manigua redentora de
nuestra independencia, acudieron en conjunto blancos y negros. Y allí,
el "Titán de Bronce," el héroe inclaudicable de Baraguá, fue el
ejemplo sin igual en la lucha contra el racismo divisionista. El
racismo que servía al Gobierno colonial, para calificar la lucha
mambisa como "revuelta de negros" y agitar el fantasma de una nueva
Haití. El espantajo pretendía apartar de la lucha emancipadora a los
criollos acaudalados que pudieran financiarla. También a la masa
desposeída e inculta, prejuiciada y temerosa de una probable venganza
negra. Cuando fue abolida la esclavitud, siguieron siendo explotados
los mismos sujetos esclavizados, ahora con el nombre de obreros. Y
eran blancos y negros, explotados por igual.
Y llegó la República soñada. El imperio colonial se había derrumbado.
Pero apareció otro. El intruso, que nadie llamó, intervino para
frustrar nuestro sueño. Era un imperio nuevo, vigoroso y pujante,
lleno de ambiciones. Vino cargado de su racismo anglosajón y nos lo
dejó sembrado en prejuicios nacidos de la ignorancia y alimentados por
quienes ya se sentían distintos al nacional que despreciaban. En esa
labor neo colonizadora, los usurpadores de nuestra soberanía contaron
con la ayuda de una burguesía parasitaria y antinacional, que soñaba
con ser norteña; descabezaron a la fuerza independentista y se
apoyaron en la ignorancia extendida. Ante los ojos del cubano,
exhibieron el progreso y la fortaleza de su nueva Nación, como
emblemas paradigmáticos de superioridad y civilización. "Debíamos
reconocer nuestra inferioridad latina e imitar a los poderosos que nos
protegían".
Cuando la sucesión de gobernantes genuflexos fue insuficiente para
mantener ese "estatus quo" y fue necesaria una dictadura sangrienta,
blancos y negros corrimos por igual a combatirla, exponiendo la piel
sin importar el color que esta tuviera. La polarización frente al
sátrapa fue otra. En uno y otro extremo había cubanos con diferentes
colores de piel. Batista la tenía oscura, pero Ventura y otros
asesinos la ostentaban blanca.
La parte de nuestra sociedad que sufre hoy una posición de desventaja,
está compuesta, mayoritariamente, por ciudadanos de piel negra. Es una
verdad innegable, pero ello es consecuencia que arrastramos desde la
época colonial. Es el resultado de la política divisionista que nos
impusieron para dominarnos y explotarnos como colonia primero y como
neo-colonia después. Ponerle fin a esta injusticia, de forma integral,
sólo podrá conseguirse mediante la más estrecha unión de todos los
oprimidos, sin distingos étnicos. En nuestra lucha por alcanzar la
Justicia, necesitamos la participación de todos. Solo así tendremos la
fuerza necesaria para esta y otras tareas que tenemos por delante.
Todo lo que nos divida, nos debilita y nos resta fuerzas para el
combate.
Ahora, en este presente convulso, donde nos debatimos por no perder lo
ganado y por erradicar los errores, por perfeccionar la obra que
dejaremos en herencia a nuestros hijos, nos llegan voces, voces que no
oímos nunca antes, para reclamar un puesto privilegiado para los
negros. Voces que claman por el fortalecimiento de una "conciencia
racial", como supuesta defensa de unos pretendidos derechos que deben
tener los negros, por el hecho de ser negros. Son las mismas razones
que invocan los defensores de una hegemonía blanca. Esas voces, por
cubano, redundantemente mestizo, a mí no me confunden. Son las voces
del racismo que intenta de nuevo dividirnos. Vienen de la vertiente
opuesta y se mimetizan a nuestro lado, pero son las mismas y albergan
igual propósito divisionista. Yo clamo por una CONCIENCIA NACIONAL, la
que nos identifica y une. La que Martí colocó por encima de las
categorías de blanco, mulato o negro. Por eso, consciente de mi
identidad, grito con orgullo: ¡SOY CUBANO!
(*) Publicado originalmente en Junio 17 de 2013 y vuelto a publicar en
conmemoración del natalicio de Quintín Banderas, general de nuestras
tres guerras por la independencia, de piel bien negra pero, sobre
todo, CUBANO.
Desde Regla,
Ayer "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía
Octubre 30 de 2014
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Mi querido amigo y profesor Esteban Morales, autoridad en la materia,
con sus enseñanzas me ha hecho meditar sobre los problemas de la
negritud en nuestra identidad y las irracionales prácticas del racismo
que aún subsisten. Morales ha abordado el tema con profundidad
académica, mediante amplios estudios a los que ha dedicado gran parte
de su vida. Yo voy a tratar de sintetizar mis opiniones, desde el
modesto ángulo del ciudadano común; el que palpa, sufre y asume
nuestra circunstancia. Lo hago desprovisto de pretensión alguna,
consciente de carecer del instrumental necesario, pero movido por el
patriótico deseo de cambiar todo lo negativo que todavía pervive en
esta realidad circundante.
Asumirse cubano, de auténtica raíz, es ya admitirse mestizo. Aquí no
hay etnia pura. El que crea lo contrario, está totalmente equivocado.
Todos, sin importar la intensidad o palidez del tinte que tengamos en
la piel, somos una amalgama de múltiples mestizajes, repetidos durante
siglos. Un "ajiaco étnico," como nos definió Don Fernando Ortiz. El
que se sienta cubano, no puede obviar esta realidad. Los europeos que
nos colonizaron ya venían mezclados y eran resultado de siete siglos
de dominación árabe sobre el sur de España, cuya población era, desde
mucho antes, un mosaico de suevos, iberos, celtas, visigodos y otros.
Fenicios, griegos, cartagineses y romanos tuvieron colonias en lo que,
andando el tiempo, sería España. Tal diversidad es evidente hoy: un
vasco es bien distinto de un andaluz, un gallego y un catalán tienen
muy poco en común. Igualmente, los esclavos africanos componían una
diversidad imposible de ignorar. No es posible confundir a un congo
con un wuatusi, un mozambicano con un eritreo; a un zulú con un
guineano. No existe nada más diferenciado, a pesar de que todos son
negros. Y como tales fueron esclavizados y traídos como bestias para
explotarlos inhumanamente.
Pero es el caso, que la explotación no se limitó a los negros
esclavos. También se explotó al criollo por el comerciante y el
funcionario peninsular. Por esa razón, a la manigua redentora de
nuestra independencia, acudieron en conjunto blancos y negros. Y allí,
el "Titán de Bronce," el héroe inclaudicable de Baraguá, fue el
ejemplo sin igual en la lucha contra el racismo divisionista. El
racismo que servía al Gobierno colonial, para calificar la lucha
mambisa como "revuelta de negros" y agitar el fantasma de una nueva
Haití. El espantajo pretendía apartar de la lucha emancipadora a los
criollos acaudalados que pudieran financiarla. También a la masa
desposeída e inculta, prejuiciada y temerosa de una probable venganza
negra. Cuando fue abolida la esclavitud, siguieron siendo explotados
los mismos sujetos esclavizados, ahora con el nombre de obreros. Y
eran blancos y negros, explotados por igual.
Y llegó la República soñada. El imperio colonial se había derrumbado.
Pero apareció otro. El intruso, que nadie llamó, intervino para
frustrar nuestro sueño. Era un imperio nuevo, vigoroso y pujante,
lleno de ambiciones. Vino cargado de su racismo anglosajón y nos lo
dejó sembrado en prejuicios nacidos de la ignorancia y alimentados por
quienes ya se sentían distintos al nacional que despreciaban. En esa
labor neo colonizadora, los usurpadores de nuestra soberanía contaron
con la ayuda de una burguesía parasitaria y antinacional, que soñaba
con ser norteña; descabezaron a la fuerza independentista y se
apoyaron en la ignorancia extendida. Ante los ojos del cubano,
exhibieron el progreso y la fortaleza de su nueva Nación, como
emblemas paradigmáticos de superioridad y civilización. "Debíamos
reconocer nuestra inferioridad latina e imitar a los poderosos que nos
protegían".
Cuando la sucesión de gobernantes genuflexos fue insuficiente para
mantener ese "estatus quo" y fue necesaria una dictadura sangrienta,
blancos y negros corrimos por igual a combatirla, exponiendo la piel
sin importar el color que esta tuviera. La polarización frente al
sátrapa fue otra. En uno y otro extremo había cubanos con diferentes
colores de piel. Batista la tenía oscura, pero Ventura y otros
asesinos la ostentaban blanca.
La parte de nuestra sociedad que sufre hoy una posición de desventaja,
está compuesta, mayoritariamente, por ciudadanos de piel negra. Es una
verdad innegable, pero ello es consecuencia que arrastramos desde la
época colonial. Es el resultado de la política divisionista que nos
impusieron para dominarnos y explotarnos como colonia primero y como
neo-colonia después. Ponerle fin a esta injusticia, de forma integral,
sólo podrá conseguirse mediante la más estrecha unión de todos los
oprimidos, sin distingos étnicos. En nuestra lucha por alcanzar la
Justicia, necesitamos la participación de todos. Solo así tendremos la
fuerza necesaria para esta y otras tareas que tenemos por delante.
Todo lo que nos divida, nos debilita y nos resta fuerzas para el
combate.
Ahora, en este presente convulso, donde nos debatimos por no perder lo
ganado y por erradicar los errores, por perfeccionar la obra que
dejaremos en herencia a nuestros hijos, nos llegan voces, voces que no
oímos nunca antes, para reclamar un puesto privilegiado para los
negros. Voces que claman por el fortalecimiento de una "conciencia
racial", como supuesta defensa de unos pretendidos derechos que deben
tener los negros, por el hecho de ser negros. Son las mismas razones
que invocan los defensores de una hegemonía blanca. Esas voces, por
cubano, redundantemente mestizo, a mí no me confunden. Son las voces
del racismo que intenta de nuevo dividirnos. Vienen de la vertiente
opuesta y se mimetizan a nuestro lado, pero son las mismas y albergan
igual propósito divisionista. Yo clamo por una CONCIENCIA NACIONAL, la
que nos identifica y une. La que Martí colocó por encima de las
categorías de blanco, mulato o negro. Por eso, consciente de mi
identidad, grito con orgullo: ¡SOY CUBANO!
(*) Publicado originalmente en Junio 17 de 2013 y vuelto a publicar en
conmemoración del natalicio de Quintín Banderas, general de nuestras
tres guerras por la independencia, de piel bien negra pero, sobre
todo, CUBANO.
Desde Regla,
Ayer "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía
Octubre 30 de 2014
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
DOBLE PRIVATIZACIÓN DEL TRANSPORTE
--DOBLE PRIVATIZACIÓN DEL TRANSPORTE EN CUBA (*)
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Una de las características más deleznables del Neoliberalismo es esa
tendencia obsesiva por privatizarlo todo. Desde los recursos
naturales, los servicios básicos, hasta la seguridad, las cárceles y
los hospitales. Ya se sabe que todo lo que se privatiza termina por
desaparecer. En los bolsillos afortunados, por supuesto.
Y en Cuba tenemos últimamente, un ejemplo cabal de ello. Porque en
este país de las paradojas, HEMOS PRIVATIZADO EL TRANSPORTE. Como lo
está usted oyendo, o leyendo, mejor dicho. Y como aquí somos
hiperbólicos y nos viene de la vena andaluza la exageración, pues...
lo privatizamos por partida doble. Hemos hecho la reprivatización del
transporte colectivo. Me explico: lo privatizamos y luego lo volvimos
a privatizar.
El desplome de la "Gran Unión Soviética" y la desaparición del "Campo
Socialista, nos colocó ante una situación de emergencia, donde la
falta de transporte y de combustible amenazaban paralizar el país.
Ante ello, El Estado pensó con toda lógica: "La masa importante a
mover, la que necesita irrecusablemente transportarse, es la que
produce". E inventó "El transporte obrero". Para ello, entregó a las
empresas un número de ómnibus que se encargarían de garantizar a sus
trabajadores (a otros no) la ida y el regreso a las fábricas y
oficinas. Resuelto el asunto. Los escolares tienen sus escuelas
cercanas al hogar y no necesitan transporte. Los de régimen interno,
becados en el sistema "escuela en el campo", y otros, ya tenían su
"Transporte escolar". Los jubilados están muy viejos para estarse
moviendo, es mejor que se dediquen a descansar, puesto que se lo
merecen, en el seno del hogar y así no tienen que salir a buscar nada.
En cuanto a paseo y distracción, no estamos para eso en estos momentos
difíciles. Algún día podremos...
Al pasar a ser propiedad de cada empresa uno o dos ómnibus, estos
irremisiblemente dejaban de ser propiedad estatal y se convertían en
propiedad privada de la empresa en cuestión. Pura aplicación de los
términos de la economía política del socialismo. Ah, pero las
Empresas no estaban diseñadas para explotar y menos aún para mantener
un transporte propio. Su razón comercial u objetivos declarados eran
otros. Y vino una segunda privatización. Las empresas entregaron los
transportes a ellas asignados a... los chóferes.
Este era un nuevo cargo en las plantillas: el de chofer. Su contenido
de trabajo se concentraba en las primeras horas del día y en las
últimas. En efecto, ellos tenían que levantarse más temprano que nadie
(incluso que el cocinero), hacer el recorrido de recogida y traer la
preciosa carga productiva al taller o a la oficina. Después, todo el
día inactivo, durmiendo, o "resolviendo" por ahí. Al caer la tarde,
salir de la Empresa y devolver a cada cual al sitio donde lo recogería
al día siguiente. Como terminaban muy tarde y debían comenzar muy
temprano, se hizo hábito que se llevaran el transporte a sus casas,
para asegurar la puntualidad de uno que garantizaba la puntualidad de
todos. Solución justa y salomónica. A la Dirección de la Empresa no le
pareció mal. Así se evitaba el problema del parqueo, garaje o
estacionamiento a pagar, ya que en la mayoría de los casos, no contaba
con la instalación idónea para estos menesteres. También se quitaba de
encima el rollo de la custodia nocturna del vehículo, ahora presa
apetecida de los amigos de lo ajeno, que trataban de brindar al
mercado nuevas existencias de acumuladores, neumáticos y otros
accesorios. Poco a poco, los abnegados conductores del vehículo,
fueron disponiendo de los mismos a su entera voluntad y acorde a sus
intereses particulares. Los sábados y domingos, lo mismo podían
usarlos para pasear a la familia y amigos, que alquilarlos para viajes
a la playa o explotarlos en su provecho como transporte intermunicipal
y hasta entre provincias. A la salida de La Habana, se podían ver los
sábados y domingos muchos carros de las distintas empresas,
practicando el boteo que a veces llegaba a Pinar del Río.
Pero pasó el tiempo y pasó más de "un águila sobre el mar". Vino la
Contabilidad y su adjetivo "confiable" y pusieron las cosas en su
lugar. La Empresa no tenía una cuenta con la que asumir la reparación
y la adquisición de componentes automotrices, los elementalmente
necesarios para mantener a sus transportes trabajando. Y entonces se
produjo la segunda privatización, la que ya venía tomando cuerpo y
forma en la práctica diaria o de fin de semana. El Director o el sub.
Director encargado de las finanzas, llamó un día a los chóferes y les
dijo:
__De ahora en adelante, ustedes corren con los gastos que haya que
hacer para mantener en buen estado sus guaguas. Para ello, pueden
disponer de los ingresos que de las mismas obtengan. No me importa
cómo. Pueden dar viajes urbanos una vez que terminen de traer o llevar
al personal y cobrar el pasaje. Además, nosotros sabemos que ya
ustedes venían haciendo más de cuatro cosas...
Y así, con la vieja fórmula de que "yo te sé y tú sabes que yo lo sé",
se consumó la segunda privatización del transporte urbano en Cuba.
Ayer, después de esperar inútilmente mi camello, abordé una guagua que
cobraba un peso por igual recorrido. De la muchedumbre que aguardaba
desesperada en la parada, fuimos más de cien los que subimos a ella,
después de fiera disputa. En la carrocería mostraba el rótulo de una
Empresa, no recuerdo cual porque no me fijé, pero creo que era del
Tribunal Supremo de Justicia...
(*) Fragmentos del manual "INSTRUCCIONES PARA SOBREVIVIR EN CUBA", que
escribí entre 1998 y 2002.
Muchos años después, presenciamos una nueva privatización en la
modalidad de "Taxis Ruteros", concebidos primeramente como empresa
estatal y más tarde arrendados a personas naturales o a cooperativas,
con tarifas de cinco pesos m.n. Recientemente, se reglamentó que los
choferes de ómnibus urbanos, una vez recaudado lo establecido como
plan, se apropien del exceso cobrado por el pasaje. Por mi cuenta, la
cuarta "reprivatización" y el transporte no mejora...
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Octubre 29 de 2014
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Una de las características más deleznables del Neoliberalismo es esa
tendencia obsesiva por privatizarlo todo. Desde los recursos
naturales, los servicios básicos, hasta la seguridad, las cárceles y
los hospitales. Ya se sabe que todo lo que se privatiza termina por
desaparecer. En los bolsillos afortunados, por supuesto.
Y en Cuba tenemos últimamente, un ejemplo cabal de ello. Porque en
este país de las paradojas, HEMOS PRIVATIZADO EL TRANSPORTE. Como lo
está usted oyendo, o leyendo, mejor dicho. Y como aquí somos
hiperbólicos y nos viene de la vena andaluza la exageración, pues...
lo privatizamos por partida doble. Hemos hecho la reprivatización del
transporte colectivo. Me explico: lo privatizamos y luego lo volvimos
a privatizar.
El desplome de la "Gran Unión Soviética" y la desaparición del "Campo
Socialista, nos colocó ante una situación de emergencia, donde la
falta de transporte y de combustible amenazaban paralizar el país.
Ante ello, El Estado pensó con toda lógica: "La masa importante a
mover, la que necesita irrecusablemente transportarse, es la que
produce". E inventó "El transporte obrero". Para ello, entregó a las
empresas un número de ómnibus que se encargarían de garantizar a sus
trabajadores (a otros no) la ida y el regreso a las fábricas y
oficinas. Resuelto el asunto. Los escolares tienen sus escuelas
cercanas al hogar y no necesitan transporte. Los de régimen interno,
becados en el sistema "escuela en el campo", y otros, ya tenían su
"Transporte escolar". Los jubilados están muy viejos para estarse
moviendo, es mejor que se dediquen a descansar, puesto que se lo
merecen, en el seno del hogar y así no tienen que salir a buscar nada.
En cuanto a paseo y distracción, no estamos para eso en estos momentos
difíciles. Algún día podremos...
Al pasar a ser propiedad de cada empresa uno o dos ómnibus, estos
irremisiblemente dejaban de ser propiedad estatal y se convertían en
propiedad privada de la empresa en cuestión. Pura aplicación de los
términos de la economía política del socialismo. Ah, pero las
Empresas no estaban diseñadas para explotar y menos aún para mantener
un transporte propio. Su razón comercial u objetivos declarados eran
otros. Y vino una segunda privatización. Las empresas entregaron los
transportes a ellas asignados a... los chóferes.
Este era un nuevo cargo en las plantillas: el de chofer. Su contenido
de trabajo se concentraba en las primeras horas del día y en las
últimas. En efecto, ellos tenían que levantarse más temprano que nadie
(incluso que el cocinero), hacer el recorrido de recogida y traer la
preciosa carga productiva al taller o a la oficina. Después, todo el
día inactivo, durmiendo, o "resolviendo" por ahí. Al caer la tarde,
salir de la Empresa y devolver a cada cual al sitio donde lo recogería
al día siguiente. Como terminaban muy tarde y debían comenzar muy
temprano, se hizo hábito que se llevaran el transporte a sus casas,
para asegurar la puntualidad de uno que garantizaba la puntualidad de
todos. Solución justa y salomónica. A la Dirección de la Empresa no le
pareció mal. Así se evitaba el problema del parqueo, garaje o
estacionamiento a pagar, ya que en la mayoría de los casos, no contaba
con la instalación idónea para estos menesteres. También se quitaba de
encima el rollo de la custodia nocturna del vehículo, ahora presa
apetecida de los amigos de lo ajeno, que trataban de brindar al
mercado nuevas existencias de acumuladores, neumáticos y otros
accesorios. Poco a poco, los abnegados conductores del vehículo,
fueron disponiendo de los mismos a su entera voluntad y acorde a sus
intereses particulares. Los sábados y domingos, lo mismo podían
usarlos para pasear a la familia y amigos, que alquilarlos para viajes
a la playa o explotarlos en su provecho como transporte intermunicipal
y hasta entre provincias. A la salida de La Habana, se podían ver los
sábados y domingos muchos carros de las distintas empresas,
practicando el boteo que a veces llegaba a Pinar del Río.
Pero pasó el tiempo y pasó más de "un águila sobre el mar". Vino la
Contabilidad y su adjetivo "confiable" y pusieron las cosas en su
lugar. La Empresa no tenía una cuenta con la que asumir la reparación
y la adquisición de componentes automotrices, los elementalmente
necesarios para mantener a sus transportes trabajando. Y entonces se
produjo la segunda privatización, la que ya venía tomando cuerpo y
forma en la práctica diaria o de fin de semana. El Director o el sub.
Director encargado de las finanzas, llamó un día a los chóferes y les
dijo:
__De ahora en adelante, ustedes corren con los gastos que haya que
hacer para mantener en buen estado sus guaguas. Para ello, pueden
disponer de los ingresos que de las mismas obtengan. No me importa
cómo. Pueden dar viajes urbanos una vez que terminen de traer o llevar
al personal y cobrar el pasaje. Además, nosotros sabemos que ya
ustedes venían haciendo más de cuatro cosas...
Y así, con la vieja fórmula de que "yo te sé y tú sabes que yo lo sé",
se consumó la segunda privatización del transporte urbano en Cuba.
Ayer, después de esperar inútilmente mi camello, abordé una guagua que
cobraba un peso por igual recorrido. De la muchedumbre que aguardaba
desesperada en la parada, fuimos más de cien los que subimos a ella,
después de fiera disputa. En la carrocería mostraba el rótulo de una
Empresa, no recuerdo cual porque no me fijé, pero creo que era del
Tribunal Supremo de Justicia...
(*) Fragmentos del manual "INSTRUCCIONES PARA SOBREVIVIR EN CUBA", que
escribí entre 1998 y 2002.
Muchos años después, presenciamos una nueva privatización en la
modalidad de "Taxis Ruteros", concebidos primeramente como empresa
estatal y más tarde arrendados a personas naturales o a cooperativas,
con tarifas de cinco pesos m.n. Recientemente, se reglamentó que los
choferes de ómnibus urbanos, una vez recaudado lo establecido como
plan, se apropien del exceso cobrado por el pasaje. Por mi cuenta, la
cuarta "reprivatización" y el transporte no mejora...
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Octubre 29 de 2014
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
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