PRESENCIA PERMANENTE
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Es histórico que Martí visitó Regla varias veces y que habló en la
inauguración de su Liceo; de esos hechos, viven orgullosos los
reglanos. Ahora, al cumplirse 161 años de su nacimiento, me invitan a
una exposición de pintura que tiene a Martí como tema, titulada
"Martí: Su Regreso a Regla". Ya en las palabras de inauguración, ese
título es cuestionado por su propio organizador, pues solamente
regresa lo que se ha ido. Y "El Gigante", en espíritu y herencia,
nunca ha abandonado estas calles que le parecieron empedradas con
flores en 1879.
Al Maestro es posible evocarlo en imágenes, ya en un lienzo, en papel
o en un busto; se le puede traer al presente, citando sus sentencias y
siendo fieles a su legado, llevando a la práctica cotidiana lo que
llamamos "principios martianos", para cimentar la Patria que él soñó,
donde el amor de todos, "con todos y para el bien de todos", sea la
Ley Suprema. Pero hacer su presencia permanente en nuestra Regla, lo
ha logrado César Leal al exponer artistas consagrados del pincel,
junto a obras ya prometedoras, de pintores en ciernes, alumnos de su
escuela taller; reunidas como homenaje al "Apóstol" en un aniversario
más de su nacimiento. En rotunda unión de diversidad y continuidad,
ocho artistas logrados y catorce nobeles promesas, toman la efigie
martiana como tema para las obras expuestas.
"Los niños son la esperanza del mundo", parece repetir este pintor con
la muestra que expone desde el pasado día 23; bella conmemoración,
bien martiana, para este 28 de enero. Las obras infantiles de sus
alumnos, así lo corroboran y reiteran la fe depositada en el futuro.
César Leal es martiano, artista por demás, y abre en su casa, galería,
taller y escuela, un espacio donde Martí está presente en la voluntad
del empeño y en su realización misma; ha logrado convertir al "más
universal de los cubanos" en vivo protagonista del acontecer cultural
de este rincón capitalino y poblano. Lo hace surgir lo mismo de manos
infantiles, que de pinceles realizados y ofrece generoso a todo el
pueblo, las distintas visiones que tienen generaciones sucesivas sobre
el "Maestro". Loable labor divulgativa que, en continuación
generacional, demuestra que Martí es una presencia permanente en
Regla.
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita", ayer y hoy, bastión de rebelde cubanía,
Enero 27 de 2014
--
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
domingo, 26 de enero de 2014
jueves, 23 de enero de 2014
LOS MINIS DE LA SEMANA
Estimados amigos lectores:
Ya transitamos este 2014 que se promete cargado de nuevas y
reformadoras disposiciones que harán otra nuestra realidad. Mientras,
de recalcitrante, trataré de mantener la costumbre de intercalar cada
semana algunos de mis mini cuentos. Aquí le van los primeros del año:
VUELTA A LA REALIDAD
¡Basta! Ya has visto bastante. ¡Ahora, cierra los ojos, y piensa!...
ANTEO
Supe que Anteo mantenía permanente contacto con la tierra y que esa
unión lo hacía invulnerable. Luego, conocí a un anti Anteo que deseaba
separarse de la tierra, para distanciarse de todo lo detestable que
ella albergaba. Hoy, me quedo con el pobre Anteo y su frágil
invencibilidad; sé que cuando me separen de la tierra, pereceré.
CUESTIONAMIENTO
Es cierto que abogó por ellos, pero al final los abandonó. Así que no
era tan bueno como nos lo pintan. Si lo hubiera sido en realidad,
habría compartido la suerte de los suyos. Y no, en vez de luchar para
salvarlos, bien que supo salirse a tiempo; antes que la lluvia de
fuego cayera sobre Sodoma.
ENTREGA DESINTERESADA
Enfrentó dolor y penurias, renunció a todo, sacrificó su vida, con tal
de ganar la gloria eterna.
MERCADO
Pidió el producto deseado y, después que aceptó pagar su altísimo
precio, le preguntaron cuál modelo quería, porque existían varios. Él
respondió: "El auténtico, el mejor". Pero no tenían en existencia y
había que encargar su confección a la medida. El establecimiento se
llamaba "Liberación" y solo ofrecía: "Socialismo".
RENUNCIACIÓN
Le pidió que asumiera el papel de traidor, para poder cumplir las
predicciones y fortalecer la fe. En prueba de su fidelidad sin
límites, Judas aceptó la misión.
--
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
Ya transitamos este 2014 que se promete cargado de nuevas y
reformadoras disposiciones que harán otra nuestra realidad. Mientras,
de recalcitrante, trataré de mantener la costumbre de intercalar cada
semana algunos de mis mini cuentos. Aquí le van los primeros del año:
VUELTA A LA REALIDAD
¡Basta! Ya has visto bastante. ¡Ahora, cierra los ojos, y piensa!...
ANTEO
Supe que Anteo mantenía permanente contacto con la tierra y que esa
unión lo hacía invulnerable. Luego, conocí a un anti Anteo que deseaba
separarse de la tierra, para distanciarse de todo lo detestable que
ella albergaba. Hoy, me quedo con el pobre Anteo y su frágil
invencibilidad; sé que cuando me separen de la tierra, pereceré.
CUESTIONAMIENTO
Es cierto que abogó por ellos, pero al final los abandonó. Así que no
era tan bueno como nos lo pintan. Si lo hubiera sido en realidad,
habría compartido la suerte de los suyos. Y no, en vez de luchar para
salvarlos, bien que supo salirse a tiempo; antes que la lluvia de
fuego cayera sobre Sodoma.
ENTREGA DESINTERESADA
Enfrentó dolor y penurias, renunció a todo, sacrificó su vida, con tal
de ganar la gloria eterna.
MERCADO
Pidió el producto deseado y, después que aceptó pagar su altísimo
precio, le preguntaron cuál modelo quería, porque existían varios. Él
respondió: "El auténtico, el mejor". Pero no tenían en existencia y
había que encargar su confección a la medida. El establecimiento se
llamaba "Liberación" y solo ofrecía: "Socialismo".
RENUNCIACIÓN
Le pidió que asumiera el papel de traidor, para poder cumplir las
predicciones y fortalecer la fe. En prueba de su fidelidad sin
límites, Judas aceptó la misión.
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jorgecoliva@gmail.com
miércoles, 22 de enero de 2014
RECURSOS DE MAGO
RECURSOS DE MAGO
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Desde niño me han maravillado los magos o prestidigitadores, esos
artistas del ilusionismo que, ante nuestros ojos, desaparecen un
bastón o sacan un conejo del sombrero. Durante mi infancia, los creía
dotados de poderes sobrenaturales; luego, ya mayorcito, continué
admirando sus habilidades para el engaño y me esforzaba,
infructuosamente, por descubrir sus trucos.
Solamente cuando aprendí algo de retórica y supe de los recursos que
existen para convencer mediante palabras, gestos, movimientos y otros
procederes, pude asociar el trabajo de un ilusionista con el de un
político; ambos manejan la ilusión y nos hacen creer lo que ellos
quieren que creamos, nos convencen de algo que no es exactamente como
lo muestran, mientras nos ocultan lo que les conviene. Por algo Martí
advirtió que "en política lo real es lo que no se ve". Tan artistas
del engaño pueden ser unos como otros, solo que los magos "serios",
ahora se llaman ilusionistas y, a veces, los políticos devienen
conductores de pueblos.
Un mago actual, como David Cooperfield, cuenta con los ingenios de la
tecnología moderna; un político con poder, pone a su servicio los
recursos aviesos de la retórica y de la manipulación. El político
utiliza los medios de información para crear determinada opinión en
las masas; con ellos, suele desviar la atención popular y dirigirla
hacia otros focos convenientes a sus intereses.
Noham Chomsky cita diez de esas técnicas de manipulación, pero todas
necesitan contar con el auxilio de grandes medios, es decir, con el
poder. George W. utilizó la salvajada de las torres gemelas para, en
nombre de la lucha contra el terrorismo, limitar las libertades del
ciudadano norteamericano y convencerlos que era justo invadir
Afganistán.
En contraposición, el primer mago que recuerdo, el que venía con un
pobre circo ambulante de pueblo en pueblo, no poseía recurso alguno.
Este esforzado artista, al no contar con medios técnicos para distraer
la atención del público, utilizaba a un payaso que, en el extremo
opuesto de la pista, producía un ruido inesperado. Todos miraban hacia
allá y él aprovechaba el momento para desaparecer algún objeto o para
sustituirlo por otro.
Recordando a aquel primer mago y lo escrito por Chomsky, esbozo una
hipótesis que pudiera dar la posible explicación a lo que algunos
creen una locura, otros una burla, unos terceros una burrada, pero que
todos, en unánime algarabía, han calificado de absurda disposición. Me
refiero a los precios fijados para la compra de un automóvil, derecho
que ahora tiene "cualquier cubano". No hago una afirmación, planteo
una teoría para encontrar un objetivo lógico de esos astronómicos e
irracionales precios; pero de confirmarse mi presunción, la medida
dictada no sería ningún disparate, ni locura ni, como dice Kike
Quiñones, un acto genial de humorismo, merecedor del Premio Nacional
del Humor. A mí se me ocurre pensar que pudiera ser un recurso, un
artilugio que nos ofrece la ilusión de que podemos criticar hasta
despotricar y que, posibilitando una catarsis general, un desahogo
colectivo, nos desvía el interés por otras cuestiones a las que
debíamos atender. De ser cierta mi idea, la criticada disposición
habría logrado sus propósitos de manera indudable. Ahora, la pregunta
es ¿De cuáles asuntos nos aparta la atención?... ¡Ojo con la otra mano
del mago!
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía
Enero 22 de 2014
--
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Desde niño me han maravillado los magos o prestidigitadores, esos
artistas del ilusionismo que, ante nuestros ojos, desaparecen un
bastón o sacan un conejo del sombrero. Durante mi infancia, los creía
dotados de poderes sobrenaturales; luego, ya mayorcito, continué
admirando sus habilidades para el engaño y me esforzaba,
infructuosamente, por descubrir sus trucos.
Solamente cuando aprendí algo de retórica y supe de los recursos que
existen para convencer mediante palabras, gestos, movimientos y otros
procederes, pude asociar el trabajo de un ilusionista con el de un
político; ambos manejan la ilusión y nos hacen creer lo que ellos
quieren que creamos, nos convencen de algo que no es exactamente como
lo muestran, mientras nos ocultan lo que les conviene. Por algo Martí
advirtió que "en política lo real es lo que no se ve". Tan artistas
del engaño pueden ser unos como otros, solo que los magos "serios",
ahora se llaman ilusionistas y, a veces, los políticos devienen
conductores de pueblos.
Un mago actual, como David Cooperfield, cuenta con los ingenios de la
tecnología moderna; un político con poder, pone a su servicio los
recursos aviesos de la retórica y de la manipulación. El político
utiliza los medios de información para crear determinada opinión en
las masas; con ellos, suele desviar la atención popular y dirigirla
hacia otros focos convenientes a sus intereses.
Noham Chomsky cita diez de esas técnicas de manipulación, pero todas
necesitan contar con el auxilio de grandes medios, es decir, con el
poder. George W. utilizó la salvajada de las torres gemelas para, en
nombre de la lucha contra el terrorismo, limitar las libertades del
ciudadano norteamericano y convencerlos que era justo invadir
Afganistán.
En contraposición, el primer mago que recuerdo, el que venía con un
pobre circo ambulante de pueblo en pueblo, no poseía recurso alguno.
Este esforzado artista, al no contar con medios técnicos para distraer
la atención del público, utilizaba a un payaso que, en el extremo
opuesto de la pista, producía un ruido inesperado. Todos miraban hacia
allá y él aprovechaba el momento para desaparecer algún objeto o para
sustituirlo por otro.
Recordando a aquel primer mago y lo escrito por Chomsky, esbozo una
hipótesis que pudiera dar la posible explicación a lo que algunos
creen una locura, otros una burla, unos terceros una burrada, pero que
todos, en unánime algarabía, han calificado de absurda disposición. Me
refiero a los precios fijados para la compra de un automóvil, derecho
que ahora tiene "cualquier cubano". No hago una afirmación, planteo
una teoría para encontrar un objetivo lógico de esos astronómicos e
irracionales precios; pero de confirmarse mi presunción, la medida
dictada no sería ningún disparate, ni locura ni, como dice Kike
Quiñones, un acto genial de humorismo, merecedor del Premio Nacional
del Humor. A mí se me ocurre pensar que pudiera ser un recurso, un
artilugio que nos ofrece la ilusión de que podemos criticar hasta
despotricar y que, posibilitando una catarsis general, un desahogo
colectivo, nos desvía el interés por otras cuestiones a las que
debíamos atender. De ser cierta mi idea, la criticada disposición
habría logrado sus propósitos de manera indudable. Ahora, la pregunta
es ¿De cuáles asuntos nos aparta la atención?... ¡Ojo con la otra mano
del mago!
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía
Enero 22 de 2014
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debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
RECURSOS DE MAGO
RECURSOS DE MAGO
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Desde niño me han maravillado los magos o prestidigitadores, esos
artistas del ilusionismo que, ante nuestros ojos, desaparecen un
bastón o sacan un conejo del sombrero. Durante mi infancia, los creía
dotados de poderes sobrenaturales; luego, ya mayorcito, continué
admirando sus habilidades para el engaño y me esforzaba,
infructuosamente, por descubrir sus trucos.
Solamente cuando aprendí algo de retórica y supe de los recursos que
existen para convencer mediante palabras, gestos, movimientos y otros
procederes, pude asociar el trabajo de un ilusionista con el de un
político; ambos manejan la ilusión y nos hacen creer lo que ellos
quieren que creamos, nos convencen de algo que no es exactamente como
lo muestran, mientras nos ocultan lo que les conviene. Por algo Martí
advirtió que "en política lo real es lo que no se ve". Tan artistas
del engaño pueden ser unos como otros, solo que los magos "serios",
ahora se llaman ilusionistas y, a veces, los políticos devienen
conductores de pueblos.
Un mago actual, como David Cooperfield, cuenta con los ingenios de la
tecnología moderna; un político con poder, pone a su servicio los
recursos aviesos de la retórica y de la manipulación. El político
utiliza los medios de información para crear determinada opinión en
las masas; con ellos, suele desviar la atención popular y dirigirla
hacia otros focos convenientes a sus intereses.
Noham Chomsky cita diez de esas técnicas de manipulación, pero todas
necesitan contar con el auxilio de grandes medios, es decir, con el
poder. George W. utilizó la salvajada de las torres gemelas para, en
nombre de la lucha contra el terrorismo, limitar las libertades del
ciudadano norteamericano y convencerlos que era justo invadir
Afganistán.
En contraposición, el primer mago que recuerdo, el que venía con un
pobre circo ambulante de pueblo en pueblo, no poseía recurso alguno.
Este esforzado artista, al no contar con medios técnicos para distraer
la atención del público, utilizaba a un payaso que, en el extremo
opuesto de la pista, producía un ruido inesperado. Todos miraban hacia
allá y él aprovechaba el momento para desaparecer algún objeto o para
sustituirlo por otro.
Recordando a aquel primer mago y lo escrito por Chomsky, esbozo una
hipótesis que pudiera dar la posible explicación a lo que algunos
creen una locura, otros una burla, unos terceros una burrada, pero que
todos, en unánime algarabía, han calificado de absurda disposición. Me
refiero a los precios fijados para la compra de un automóvil, derecho
que ahora tiene "cualquier cubano". No hago una afirmación, planteo
una teoría para encontrar un objetivo lógico de esos astronómicos e
irracionales precios; pero de confirmarse mi presunción, la medida
dictada no sería ningún disparate, ni locura ni, como dice Kike
Quiñones, un acto genial de humorismo, merecedor del Premio Nacional
del Humor. A mí se me ocurre pensar que pudiera ser un recurso, un
artilugio que nos ofrece la ilusión de que podemos criticar hasta
despotricar y que, posibilitando una catarsis general, un desahogo
colectivo, nos desvía el interés por otras cuestiones a las que
debíamos atender. De ser cierta mi idea, la criticada disposición
habría logrado sus propósitos de manera indudable. Ahora, la pregunta
es ¿De cuáles asuntos nos aparta la atención?... ¡Ojo con la otra mano
del mago!
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía
Enero 22 de 2014
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
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Por Jorge C. Oliva Espinosa
Desde niño me han maravillado los magos o prestidigitadores, esos
artistas del ilusionismo que, ante nuestros ojos, desaparecen un
bastón o sacan un conejo del sombrero. Durante mi infancia, los creía
dotados de poderes sobrenaturales; luego, ya mayorcito, continué
admirando sus habilidades para el engaño y me esforzaba,
infructuosamente, por descubrir sus trucos.
Solamente cuando aprendí algo de retórica y supe de los recursos que
existen para convencer mediante palabras, gestos, movimientos y otros
procederes, pude asociar el trabajo de un ilusionista con el de un
político; ambos manejan la ilusión y nos hacen creer lo que ellos
quieren que creamos, nos convencen de algo que no es exactamente como
lo muestran, mientras nos ocultan lo que les conviene. Por algo Martí
advirtió que "en política lo real es lo que no se ve". Tan artistas
del engaño pueden ser unos como otros, solo que los magos "serios",
ahora se llaman ilusionistas y, a veces, los políticos devienen
conductores de pueblos.
Un mago actual, como David Cooperfield, cuenta con los ingenios de la
tecnología moderna; un político con poder, pone a su servicio los
recursos aviesos de la retórica y de la manipulación. El político
utiliza los medios de información para crear determinada opinión en
las masas; con ellos, suele desviar la atención popular y dirigirla
hacia otros focos convenientes a sus intereses.
Noham Chomsky cita diez de esas técnicas de manipulación, pero todas
necesitan contar con el auxilio de grandes medios, es decir, con el
poder. George W. utilizó la salvajada de las torres gemelas para, en
nombre de la lucha contra el terrorismo, limitar las libertades del
ciudadano norteamericano y convencerlos que era justo invadir
Afganistán.
En contraposición, el primer mago que recuerdo, el que venía con un
pobre circo ambulante de pueblo en pueblo, no poseía recurso alguno.
Este esforzado artista, al no contar con medios técnicos para distraer
la atención del público, utilizaba a un payaso que, en el extremo
opuesto de la pista, producía un ruido inesperado. Todos miraban hacia
allá y él aprovechaba el momento para desaparecer algún objeto o para
sustituirlo por otro.
Recordando a aquel primer mago y lo escrito por Chomsky, esbozo una
hipótesis que pudiera dar la posible explicación a lo que algunos
creen una locura, otros una burla, unos terceros una burrada, pero que
todos, en unánime algarabía, han calificado de absurda disposición. Me
refiero a los precios fijados para la compra de un automóvil, derecho
que ahora tiene "cualquier cubano". No hago una afirmación, planteo
una teoría para encontrar un objetivo lógico de esos astronómicos e
irracionales precios; pero de confirmarse mi presunción, la medida
dictada no sería ningún disparate, ni locura ni, como dice Kike
Quiñones, un acto genial de humorismo, merecedor del Premio Nacional
del Humor. A mí se me ocurre pensar que pudiera ser un recurso, un
artilugio que nos ofrece la ilusión de que podemos criticar hasta
despotricar y que, posibilitando una catarsis general, un desahogo
colectivo, nos desvía el interés por otras cuestiones a las que
debíamos atender. De ser cierta mi idea, la criticada disposición
habría logrado sus propósitos de manera indudable. Ahora, la pregunta
es ¿De cuáles asuntos nos aparta la atención?... ¡Ojo con la otra mano
del mago!
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía
Enero 22 de 2014
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
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domingo, 19 de enero de 2014
“PAPITO”
"PAPITO"
Por Jorge C. Oliva Espinosa
No fue el díscolo y superficial hombre que muchos le creyeron; ni el
bon vivant descarriado que andaba siempre "por la libre". A su
alrededor se tejió la leyenda negra que le atribuía ser "el enfant
terrible" de la Revolución y él asumió ese papel como una tarea más;
así cargó con culpas ajenas por altas razones políticas y como prueba
de fidelidad; con estoicismo ejemplar aceptó ese rol.
Compartimos un tramo de nuestras vidas y nos unió una bella amistad
basada en objetivos y principios comunes. Siendo ya profesionales,
habíamos vuelto a ser estudiantes, los dos en busca de un segundo
título universitario. Él, graduado de Derecho, cursaba el tercer año
de Ingeniería Industrial; yo, ingeniero, me empeñaba en titularme como
abogado. En cuanto nos conocimos, surgió entre nosotros una
identificación basada en un pasado y un presente semejantes; en
distintos escenarios, ambos habíamos peleado contra una dictadura y
guardábamos recuerdos imborrables que eran girones de nuestras vidas.
Yo había plasmado en un relato novelado mis vivencias de combatiente
subversivo; él, teniendo una participación mil veces más rica, se
mostraba reticente a escribir sus memorias. Sin embargo, en nuestras
largas conversaciones, el tema de la lucha, recuerdos y lecciones, era
recurrente. Tuvo que pasar mucho tiempo y sufrir muchos sinsabores,
para que se decidiera a escribirlas en un libro que tituló "El Túnel".
Quizás mi insistencia y la de otros amigos, pesaron en su decisión de
publicarlo. No sé si al fin lo logró. Me dio a leer algunos capítulos
y los testimonios que allí vertió me parecieron tan iconoclastas y
contundentes como los que, en su momento, escribió Fermín Valdés
Domínguez. Así y todo, murió fiel a la Revolución por la que peleó con
bravura y dejó mucho por escribir.
Hombre de sólida cultura y gran sensibilidad, protagonista de hechos
insólitos, de fidelidad a toda prueba para con la Revolución y sus
líderes, conservaba la irreverencia y la temeraria alegría tan
características de los jóvenes. Soñador, romántico, decidido,
hiperbólico, todo en una pieza: era un cubano total; Jorge Serguera
Riverí, comandante del Ejército Rebelde, rebelde intrínseco, "Papito"
para sus amigos, fue uno de esos hombres imprescindibles que, con sus
errores y aciertos, hacen posible La Historia.
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Enero 20 de 2014
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
Por Jorge C. Oliva Espinosa
No fue el díscolo y superficial hombre que muchos le creyeron; ni el
bon vivant descarriado que andaba siempre "por la libre". A su
alrededor se tejió la leyenda negra que le atribuía ser "el enfant
terrible" de la Revolución y él asumió ese papel como una tarea más;
así cargó con culpas ajenas por altas razones políticas y como prueba
de fidelidad; con estoicismo ejemplar aceptó ese rol.
Compartimos un tramo de nuestras vidas y nos unió una bella amistad
basada en objetivos y principios comunes. Siendo ya profesionales,
habíamos vuelto a ser estudiantes, los dos en busca de un segundo
título universitario. Él, graduado de Derecho, cursaba el tercer año
de Ingeniería Industrial; yo, ingeniero, me empeñaba en titularme como
abogado. En cuanto nos conocimos, surgió entre nosotros una
identificación basada en un pasado y un presente semejantes; en
distintos escenarios, ambos habíamos peleado contra una dictadura y
guardábamos recuerdos imborrables que eran girones de nuestras vidas.
Yo había plasmado en un relato novelado mis vivencias de combatiente
subversivo; él, teniendo una participación mil veces más rica, se
mostraba reticente a escribir sus memorias. Sin embargo, en nuestras
largas conversaciones, el tema de la lucha, recuerdos y lecciones, era
recurrente. Tuvo que pasar mucho tiempo y sufrir muchos sinsabores,
para que se decidiera a escribirlas en un libro que tituló "El Túnel".
Quizás mi insistencia y la de otros amigos, pesaron en su decisión de
publicarlo. No sé si al fin lo logró. Me dio a leer algunos capítulos
y los testimonios que allí vertió me parecieron tan iconoclastas y
contundentes como los que, en su momento, escribió Fermín Valdés
Domínguez. Así y todo, murió fiel a la Revolución por la que peleó con
bravura y dejó mucho por escribir.
Hombre de sólida cultura y gran sensibilidad, protagonista de hechos
insólitos, de fidelidad a toda prueba para con la Revolución y sus
líderes, conservaba la irreverencia y la temeraria alegría tan
características de los jóvenes. Soñador, romántico, decidido,
hiperbólico, todo en una pieza: era un cubano total; Jorge Serguera
Riverí, comandante del Ejército Rebelde, rebelde intrínseco, "Papito"
para sus amigos, fue uno de esos hombres imprescindibles que, con sus
errores y aciertos, hacen posible La Historia.
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Enero 20 de 2014
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
jueves, 16 de enero de 2014
(Complemento final)
INVISIBLE, ABSOLUTO, SUPREMO
(Complemento final)
El último párrafo del artículo del Supremo, merece un análisis
particular. Entraña una sugerencia del Divino, que debemos obedecer
como mandato, para que los Jurados futuros se ciñan a unas normas que
encierren sus sabios e inapelables criterios. Algo muy lógico, pues la
composición de los jurados varía en cada certamen y no todos son
merecedores de ese honor; algunos electos pueden ser seres normales,
simples mortales, dado que la infalible divinidad no abunda. Es de
esperar que, en el próximo congreso de la UNEAC, algunos de los
favorecidos por la altísima gracia de El Absoluto, tanto de los
premiados por él, como de los "invisibilizados", propongan un manual
de procedimientos para los jurados, una especie de ley a la que será
obligatorio ajustarse. Y como garante de su estricto cumplimiento, la
creación del cargo de "Presidente Vitalicio", quien presidirá en lo
adelante todos los jurados de concursos literarios que se convoquen.
Por supuesto, que ya ustedes habrán imaginado quién es el ÚNICO que
merece ser nombrado para ocupar tan alto sitial. Solo nos queda rogar
que ¡El Magnánimo tenga conmiseración de nosotros!
Desde la Regla mambisa, como siempre,
Jorge C. Oliva Espinosa
Enero 16 de 2014
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
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jorgecoliva@gmail.com
(Complemento final)
El último párrafo del artículo del Supremo, merece un análisis
particular. Entraña una sugerencia del Divino, que debemos obedecer
como mandato, para que los Jurados futuros se ciñan a unas normas que
encierren sus sabios e inapelables criterios. Algo muy lógico, pues la
composición de los jurados varía en cada certamen y no todos son
merecedores de ese honor; algunos electos pueden ser seres normales,
simples mortales, dado que la infalible divinidad no abunda. Es de
esperar que, en el próximo congreso de la UNEAC, algunos de los
favorecidos por la altísima gracia de El Absoluto, tanto de los
premiados por él, como de los "invisibilizados", propongan un manual
de procedimientos para los jurados, una especie de ley a la que será
obligatorio ajustarse. Y como garante de su estricto cumplimiento, la
creación del cargo de "Presidente Vitalicio", quien presidirá en lo
adelante todos los jurados de concursos literarios que se convoquen.
Por supuesto, que ya ustedes habrán imaginado quién es el ÚNICO que
merece ser nombrado para ocupar tan alto sitial. Solo nos queda rogar
que ¡El Magnánimo tenga conmiseración de nosotros!
Desde la Regla mambisa, como siempre,
Jorge C. Oliva Espinosa
Enero 16 de 2014
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debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
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jorgecoliva@gmail.com
miércoles, 15 de enero de 2014
INVISIBLE, ABSOLUTO, SUPREMO, ATRIBUTOS DIVINOS
INVISIBLE, ABSOLUTO, SUPREMO, ATRIBUTOS DIVINOS
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Ateos y creyentes concordarán que ser invisible, absoluto, supremo,
son atributos que se confieren solo a las deidades. El que se crea
poseedor de dichas propiedades y además ser infalible y dueño de la
verdad, padece de delirios, quizás producidos por serios trastornos
mentales. Ahora verán porqué lo afirmo.
A finales del año 2012, fui objeto de una agresión incivilizada y
gratuita. Al enjuiciar de forma falaz un artículo mío (1), se me
atribuyeron opiniones que no tengo y se me pintó como lo que no soy.
El procedimiento fue de los más manidos y sucios, pues se citaba mi
escrito sin darlo a conocer. Se ocultaba y condenaba lo oculto. Todo
eso se hizo públicamente, en "Espacio Laical", sin la mínima decencia
de hacérmelo saber. Me enteré por casualidad, pues no soy lector de la
mencionada revista, cuando alguien me avisó que en esa publicación se
hablaba de mí y de mi escrito. Cuando tuve oportunidad de leer lo que
se decía sobre mi persona, me llené de asombro. El autor de la fea
acción, decía no conocerme, pero eso no era óbice para acusarme de
"poco reflexivo" y recomendarme "menguar mi intolerancia y mi
incapacidad de escuchar al otro"; además, recurriendo a bajos
procedimientos de chismografía solariega, citaba el testimonio de un
amigo suyo, a quien supuestamente yo le había preguntado sobre el
tiempo que hacía no se comía un bistec de palomilla. Esta
incongruencia parecía un recurso surrealista, producto de la vena
poética del difamador, el renombrado poeta, escritor, literato y
profesor universitario, Guillermo Rodríguez Rivera.
Mi respuesta fue inmediata y viril, pero a la altura de una ética
desconocida por el que así me difamaba. También me dirigí a la
Dirección de la revista, solicitando mi derecho a réplica. De esta
última no recibí respuesta; era natural, pues la publicación había
pifiado al dar a conocer la versión de un artículo mío y no el
artículo en sí. De GRR, recibí un mensaje personal de excusa por
olvidar haberme conocido con anterioridad y no asociar mi nombre con
sus recuerdos de infancia; de sus diatribas, no retiraba ninguna. Como
la ofensa se me había inferido en público, no acepté aquella acción
limitada a mi exclusivo conocimiento y a detalles sin importancia.
Tanto el incidente como sus móviles me resultaron incomprensibles.
Solo un desvarío o un retruécano bien complejo de la siquis, podían
explicar tal comportamiento en una persona ilustrada, un proceder
torcido, propio de un cafre. Pero, todo se aclara bajo el sol y el
pasado diez de enero en el boletín "Por Cuba", un artículo de GRR me
dio la cabal respuesta. Para que lo juzguen ustedes, se los copio a
continuación. Al final, incluyo el comentario que me mereció, del cual
envié copia al interesado. De igual manera procedo ahora. Es que tengo
una ética, soy una persona decente, admito que puedo equivocarme, no
me creo poseedor de atributos divinos y no padezco de egolatría.
En definitiva, si alguien se cree juez supremo, dueño absoluto de la
verdad, son alucinaciones de cada cual, allá ellos. Lo que sí no es
admisible, bajo ninguna forma, es que se abroguen el derecho de tratar
a los demás como seres despreciables e insignificantes.
ii
BOLETTITULARESAño 12 Número 3 | Fecha 2014-01-10
LA LITERATURA INVISIBLE
por Guillermo Rodríguez Rivera
Sobre el Premio Nacional de Literatura en Cuba
La concesión de los dos más recientes premios nacionales de literatura
– los otorgados a Leonardo Padura y Reina María Rodríguez – me han
ayudado a acabar de definir unas ideas cuyo germen tenía en mente
desde meses atrás. Lo primero que me gustaría aclarar es que admiro la
obra del novelista y la poetisa. La poesía de Reina María (su autora
está llegando ahora a los sesenta años) me interesó desde que apareció
La gente de mi barrio, el primero de sus poemarios.
Me pareció entonces que, de modo bastante obvio, ese libro estaba en
la dirección de la poesía que venía, en estilo y asuntos poéticos, de
la manera que caracterizó nuestros años sesenta, desde el cuaderno que
mejor y primero la representó, que fue Historia antigua, de Roberto
Fernández Retamar, de 1965.
No tuve duda entonces que tanto por su fecha de nacimiento como por su
trabajo poético, Reina María se colocaba como un claro final de la
poesía conversacional que había sido el centro del trabajo de los
poetas de mi generación aunque, en manera alguna, constituyó el único
modo que ella tuvo de expresarse. Puedo decir que, cuando en 1984 fui
miembro del jurado de poesía del Premio Casa, me complació contribuir
a otorgarle a Reina María ese importante premio por su libro Para un
cordero blanco.
A la poesía conversacional rinde también tributo la voz de Nancy
Morejón (1944) con poemarios como Amor. ciudad atribuida y, sobre
todo, Richard trajo su flauta y otros argumentos, de 1967. Pero,
después, la poesía de Nancy enrumba por caminos diferentes: el
hallazgo poético de su negritud y el culto a una expresión signada por
el amor a la palabra lujosa, que le trae su formación en la tradición
poética francesa. Pero Nancy tiene, desde bien temprano, el premio
nacional de literatura, que todavía le falta a otra esencial voz
femenina que –a mi modo de ver– debió recibirlo antes que Reina María.
Estoy hablando de Lina de Feria.
Todavía más que la de Nancy, la de Lina representa esa poesía de la
oscuridad, del enriquecedor laberinto de la palabra que, en la poesía
cubana, permanentemente aparece al lado de la poesía de la claridad.
Creo que, además, Lina ha tenido más incidencia que Reina María en el
trabajo de las nuevas promociones de poetas cubanos. A ese ámbito
casaliano de la oscuridad, pertenece también la obra de Raúl Hernández
Novás, a quien se ha colocado como representante de la "generación de
los años ochenta", denominada por algún crítico por su fecha de
irrupción en la difusión de la literatura pero, como se ve, en la que
puede resultar esencial una voz que pertenece a la generación que la
precede.
Nacido en 1947 – tres años después que Nancy Morejón y Luis Rogelio
Nogueras, dos después que Raúl Rivero – Hernández Novás es un hombre
de esa generación, que no pudo expresarse en los años setenta, en los
que le habría correspondido naturalmente comenzar a publicar, porque
es ese el momento dogmático del Quinquenio Gris, en la que no es
admitida una poesía como la de Raúl, que tiene que esperar hasta los
años ochenta para empezar a darse a conocer. Pero esa circunstancia
sociológica no autoriza un cambio de generación. Ante la reaparición
televisiva de algunos de los más destacados impulsores de la política
cultural del Quinquenio, una zona de nuestra intelectualidad reaccionó
vivamente, temiendo la reaparición efectiva de ellos en la dirección
de la cultura.
A través de la que se llamó en esos días "la guerra de los correos",
se dijeron electrónicamente las cosas que no se pudieron decir en los
años setenta y, de alguna manera, fue también llover sobre mojado. El
caso de Raúl Hernández Novás y el de mi propio poemario El libro rojo,
aparecido muchos años después de 1971 – cuando debió editarse, después
de haber sido finalista en el Premio Casa – nos están indicando que
hace rato sonó la hora de cesar las repetitivas quejas sobre el
Quinquenio y, en su lugar, precisar que procesos cortó, cuáles obras
interrumpió y de qué manera alteró el proceso de nuestra literatura.
Aunque no he sido íntimo de Leonardo Padura, creo que tengo una buena
relación con él y, sobre todo, he sido un admirador de su obra
narrativa. Mi voto fue el que, en muy reñida decisión, decidió el
otorgamiento del premio de la crítica a su obra La novela de mi vida,
sobre la esencial figura que es, para la literatura cubana, José María
Heredia. Me hubiera parecido su novela mejor, si no hubiera sido
porque, a la ácida crítica de Padura a Domingo Delmonte, le faltó un
aspecto esencial: consignar el equivocado rechazo de Delmonte a los
hallazgos románticos del poema herediano. Acaso Padura – narrador y no
poeta – no pudo adentrarse en esa manquedad esencial de la sin duda
muy calificada crítica delmontina. Por ello, entre sus novelas, sigo
prefiriendo la excelente La neblina del ayer.
La superexitosa El hombre que amaba los perros me parece un tanto
reiterativa después de la gran trilogía histórica de Isaac Deutscher,
que acaso la generación de Padura ignoró, pero que fue esencial para
la formación ideológica de una fundamental porción de la mía. No hay
que olvidar que el grupo de jóvenes pensadores que centró el trabajo
de Pensamiento crítico, publicó regularmente en El Caimán Barbudo. Y,
literariamente, creo que la investigación histórica le desborda la
estructura novelesca a la novela: la trama sufre porque empiezan a
aparecer situaciones narrativas que podrían ser útiles a la indagación
histórica, pero que ella no necesita.
Padura ha dicho que fue su generación la que devolvió la vitalidad a
la literatura cubana tras el penoso período del Quinquenio Gris. Creo
que esa es una visión extremadamente parcial.
Las represiones y censuras del Quinquenio Gris fueron tan abarcadoras
en el ámbito literario que fue casi toda la literatura cubana de valía
– exceptúo a Nicolás Guillén y a Alejo Carpentier, que claro que no
fueron censurados –la que recomenzó a devolverle vitalidad a la
difusión de la misma. En cuanto a las obras nuevas, resultó esencial,
en las entradas de los años ochenta, la obra de Luis Rogelio Nogueras:
me refiero a la aparición de un poemario como Imitación de la vida,
(Premio Casa de las Américas y elogiado por José Saramago) y de una
novela como Y si muero mañana, en la que la trama policial se trataba
como nunca hasta entonces se había tratado entre nosotros. Antes de
otorgarle el Premio Nacional de Literatura a Leonardo Padura, me
parecía más justo y mucho más correspondiente con nuestra historia
cultural, habérselo concedido a Eduardo Heras León.
El Chino, ácidamente estigmatizado en los días del Quinquenio Gris por
haber escrito el que me parece su mejor libro (Los pasos en la hierba)
no escribió una literatura que las conservadoras grandes editoriales
de los tiempos que corren habrían editado, pero contribuyó, con varios
libros de relatos de gran calidad a conformar una narrativa épica que,
junto a los libros de Jesús Díaz y Norberto Fuentes, Ilustra los días
heroicos en que se enmarcaron hechos como la batalla de Playa Girón,
la limpia del Escambray y la Zafra de los Diez Millones: no mirar esa
historia, es no mirar lo que somos, es desconocernos nosotros mismos.
Lamenté enormemente cuando Jesús decidió abandonar el país y la
Revolución. Pero le escuché decir alguna vez a mi profesor Raimundo
Lazo que los escritores no cruzan las fronteras con sus libros debajo
del brazo. Si hemos publicado textos de exiliados como Jorge Mañach,
Lino Novás Calvo y Carlos Montenegro, esenciales para comprender la
literatura del país; si premiamos estudios sobre la obra narrativa de
Calvert Casey, o publicamos un importante estudio sobre la crítica
cinematográfica de Guillermo Cabrera Infante, creo que es imposible no
reeditar novelas como Las iniciales de la tierra –la mas importante
novela de la Revolución Cubana– o editar esa juguetona y trágica obra
maestra que es Las palabras perdidas.
Admiro el trabajo de Padura, pero creo que tenía tiempo para obtener
ese galardón por un trabajo que abarque mejor la obra de toda su vida.
Si vamos a subordinar el Premio Nacional a los éxitos de mercado
–sobre todo foráneos– creo que desconoceremos nuestra historia y
tendremos que esperar a que desde fuera nos digan cómo debe ser. Dos
veces he sido miembro del jurado que concede el Premio Nacional de
Literatura. La primera vez, tuvimos en cuenta la decisiva obra crítica
de Ángel Augier, pero también su ancianidad; lo propio ocurrió al
concederle el galardón a Humberto Arenal, autor de una obra narrativa
un tanto magra. Valoramos la larga presencia de Humberto en la vida
cultural cubana.
Los jurados que conceden el Premio han variado numerosas veces. Por
ello, no creo que su otorgamiento deba regirse por el variable
criterio de los diferentes jurados, sino que debieran existir unas
normas que guiaran la acción del jurado para conciliar –como ha sido
en algunos casos– el éxito editorial con el reconocimiento a la obra
de la vida y a la historia de nuestra cultura, y no invisibilizar
momentos, obras y autores esenciales de nuestra literatura.
COMENTARIO QUE ENVIÉ AL BOLETÍN "POR CUBA" CON COPIA A GRR
Leo con estupor el artículo de GRR titulado "La Literatura Invisible"
y lo primero que pienso es que debía titularse "La Egolatría Visible".
Por haber sido elegido para constituir jurados de certámenes
literarios, ya este Rodríguez se siente autorizado a descalificar a
otros jurados e invalidar los premios que hayan otorgado sin su sabia
contribución.
Además, según él, dos premiados (Leonardo Padura, el de la crítica y
Reina María Rodríguez, el Casa 1984) le deben a su voto el haberlo
obtenido. Semejante favor debe garantizarle el agradecimiento eterno
de los galardonados, que le deben rendir pleitesía por su
magnanimidad; eso al menos, colijo yo de su escrito. Sin embargo,
según GRR, ninguno de los dos merecía el premio Nacional de
Literatura.
¡Qué maravilla de autosuficiencia! ¡La modestia brilla por su
ausencia! No podía esperarse menos de quien se cree árbitro supremo y
descalifica el acuerdo de cualquier otro jurado en el cual él no
participe. Ahora comprendo el origen de la embestida anti ética que
sufrió uno de mis artículos por parte de este Rodríguez: No conté con
él para escribirlo.
Jorge C. Oliva Espinosa jorgecoliva@gmail.com
Desde Regla, Ayer, "La Sierra Chiquita", ayer, hoy y siempre, bastión
de rebelde cubanía.
Enero 16 de 2014¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬
(1) Mi artículo titulado "Combatientes y Debatientes", publicado en
octubre 13 de 2012
--
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Ateos y creyentes concordarán que ser invisible, absoluto, supremo,
son atributos que se confieren solo a las deidades. El que se crea
poseedor de dichas propiedades y además ser infalible y dueño de la
verdad, padece de delirios, quizás producidos por serios trastornos
mentales. Ahora verán porqué lo afirmo.
A finales del año 2012, fui objeto de una agresión incivilizada y
gratuita. Al enjuiciar de forma falaz un artículo mío (1), se me
atribuyeron opiniones que no tengo y se me pintó como lo que no soy.
El procedimiento fue de los más manidos y sucios, pues se citaba mi
escrito sin darlo a conocer. Se ocultaba y condenaba lo oculto. Todo
eso se hizo públicamente, en "Espacio Laical", sin la mínima decencia
de hacérmelo saber. Me enteré por casualidad, pues no soy lector de la
mencionada revista, cuando alguien me avisó que en esa publicación se
hablaba de mí y de mi escrito. Cuando tuve oportunidad de leer lo que
se decía sobre mi persona, me llené de asombro. El autor de la fea
acción, decía no conocerme, pero eso no era óbice para acusarme de
"poco reflexivo" y recomendarme "menguar mi intolerancia y mi
incapacidad de escuchar al otro"; además, recurriendo a bajos
procedimientos de chismografía solariega, citaba el testimonio de un
amigo suyo, a quien supuestamente yo le había preguntado sobre el
tiempo que hacía no se comía un bistec de palomilla. Esta
incongruencia parecía un recurso surrealista, producto de la vena
poética del difamador, el renombrado poeta, escritor, literato y
profesor universitario, Guillermo Rodríguez Rivera.
Mi respuesta fue inmediata y viril, pero a la altura de una ética
desconocida por el que así me difamaba. También me dirigí a la
Dirección de la revista, solicitando mi derecho a réplica. De esta
última no recibí respuesta; era natural, pues la publicación había
pifiado al dar a conocer la versión de un artículo mío y no el
artículo en sí. De GRR, recibí un mensaje personal de excusa por
olvidar haberme conocido con anterioridad y no asociar mi nombre con
sus recuerdos de infancia; de sus diatribas, no retiraba ninguna. Como
la ofensa se me había inferido en público, no acepté aquella acción
limitada a mi exclusivo conocimiento y a detalles sin importancia.
Tanto el incidente como sus móviles me resultaron incomprensibles.
Solo un desvarío o un retruécano bien complejo de la siquis, podían
explicar tal comportamiento en una persona ilustrada, un proceder
torcido, propio de un cafre. Pero, todo se aclara bajo el sol y el
pasado diez de enero en el boletín "Por Cuba", un artículo de GRR me
dio la cabal respuesta. Para que lo juzguen ustedes, se los copio a
continuación. Al final, incluyo el comentario que me mereció, del cual
envié copia al interesado. De igual manera procedo ahora. Es que tengo
una ética, soy una persona decente, admito que puedo equivocarme, no
me creo poseedor de atributos divinos y no padezco de egolatría.
En definitiva, si alguien se cree juez supremo, dueño absoluto de la
verdad, son alucinaciones de cada cual, allá ellos. Lo que sí no es
admisible, bajo ninguna forma, es que se abroguen el derecho de tratar
a los demás como seres despreciables e insignificantes.
ii
BOLETTITULARESAño 12 Número 3 | Fecha 2014-01-10
LA LITERATURA INVISIBLE
por Guillermo Rodríguez Rivera
Sobre el Premio Nacional de Literatura en Cuba
La concesión de los dos más recientes premios nacionales de literatura
– los otorgados a Leonardo Padura y Reina María Rodríguez – me han
ayudado a acabar de definir unas ideas cuyo germen tenía en mente
desde meses atrás. Lo primero que me gustaría aclarar es que admiro la
obra del novelista y la poetisa. La poesía de Reina María (su autora
está llegando ahora a los sesenta años) me interesó desde que apareció
La gente de mi barrio, el primero de sus poemarios.
Me pareció entonces que, de modo bastante obvio, ese libro estaba en
la dirección de la poesía que venía, en estilo y asuntos poéticos, de
la manera que caracterizó nuestros años sesenta, desde el cuaderno que
mejor y primero la representó, que fue Historia antigua, de Roberto
Fernández Retamar, de 1965.
No tuve duda entonces que tanto por su fecha de nacimiento como por su
trabajo poético, Reina María se colocaba como un claro final de la
poesía conversacional que había sido el centro del trabajo de los
poetas de mi generación aunque, en manera alguna, constituyó el único
modo que ella tuvo de expresarse. Puedo decir que, cuando en 1984 fui
miembro del jurado de poesía del Premio Casa, me complació contribuir
a otorgarle a Reina María ese importante premio por su libro Para un
cordero blanco.
A la poesía conversacional rinde también tributo la voz de Nancy
Morejón (1944) con poemarios como Amor. ciudad atribuida y, sobre
todo, Richard trajo su flauta y otros argumentos, de 1967. Pero,
después, la poesía de Nancy enrumba por caminos diferentes: el
hallazgo poético de su negritud y el culto a una expresión signada por
el amor a la palabra lujosa, que le trae su formación en la tradición
poética francesa. Pero Nancy tiene, desde bien temprano, el premio
nacional de literatura, que todavía le falta a otra esencial voz
femenina que –a mi modo de ver– debió recibirlo antes que Reina María.
Estoy hablando de Lina de Feria.
Todavía más que la de Nancy, la de Lina representa esa poesía de la
oscuridad, del enriquecedor laberinto de la palabra que, en la poesía
cubana, permanentemente aparece al lado de la poesía de la claridad.
Creo que, además, Lina ha tenido más incidencia que Reina María en el
trabajo de las nuevas promociones de poetas cubanos. A ese ámbito
casaliano de la oscuridad, pertenece también la obra de Raúl Hernández
Novás, a quien se ha colocado como representante de la "generación de
los años ochenta", denominada por algún crítico por su fecha de
irrupción en la difusión de la literatura pero, como se ve, en la que
puede resultar esencial una voz que pertenece a la generación que la
precede.
Nacido en 1947 – tres años después que Nancy Morejón y Luis Rogelio
Nogueras, dos después que Raúl Rivero – Hernández Novás es un hombre
de esa generación, que no pudo expresarse en los años setenta, en los
que le habría correspondido naturalmente comenzar a publicar, porque
es ese el momento dogmático del Quinquenio Gris, en la que no es
admitida una poesía como la de Raúl, que tiene que esperar hasta los
años ochenta para empezar a darse a conocer. Pero esa circunstancia
sociológica no autoriza un cambio de generación. Ante la reaparición
televisiva de algunos de los más destacados impulsores de la política
cultural del Quinquenio, una zona de nuestra intelectualidad reaccionó
vivamente, temiendo la reaparición efectiva de ellos en la dirección
de la cultura.
A través de la que se llamó en esos días "la guerra de los correos",
se dijeron electrónicamente las cosas que no se pudieron decir en los
años setenta y, de alguna manera, fue también llover sobre mojado. El
caso de Raúl Hernández Novás y el de mi propio poemario El libro rojo,
aparecido muchos años después de 1971 – cuando debió editarse, después
de haber sido finalista en el Premio Casa – nos están indicando que
hace rato sonó la hora de cesar las repetitivas quejas sobre el
Quinquenio y, en su lugar, precisar que procesos cortó, cuáles obras
interrumpió y de qué manera alteró el proceso de nuestra literatura.
Aunque no he sido íntimo de Leonardo Padura, creo que tengo una buena
relación con él y, sobre todo, he sido un admirador de su obra
narrativa. Mi voto fue el que, en muy reñida decisión, decidió el
otorgamiento del premio de la crítica a su obra La novela de mi vida,
sobre la esencial figura que es, para la literatura cubana, José María
Heredia. Me hubiera parecido su novela mejor, si no hubiera sido
porque, a la ácida crítica de Padura a Domingo Delmonte, le faltó un
aspecto esencial: consignar el equivocado rechazo de Delmonte a los
hallazgos románticos del poema herediano. Acaso Padura – narrador y no
poeta – no pudo adentrarse en esa manquedad esencial de la sin duda
muy calificada crítica delmontina. Por ello, entre sus novelas, sigo
prefiriendo la excelente La neblina del ayer.
La superexitosa El hombre que amaba los perros me parece un tanto
reiterativa después de la gran trilogía histórica de Isaac Deutscher,
que acaso la generación de Padura ignoró, pero que fue esencial para
la formación ideológica de una fundamental porción de la mía. No hay
que olvidar que el grupo de jóvenes pensadores que centró el trabajo
de Pensamiento crítico, publicó regularmente en El Caimán Barbudo. Y,
literariamente, creo que la investigación histórica le desborda la
estructura novelesca a la novela: la trama sufre porque empiezan a
aparecer situaciones narrativas que podrían ser útiles a la indagación
histórica, pero que ella no necesita.
Padura ha dicho que fue su generación la que devolvió la vitalidad a
la literatura cubana tras el penoso período del Quinquenio Gris. Creo
que esa es una visión extremadamente parcial.
Las represiones y censuras del Quinquenio Gris fueron tan abarcadoras
en el ámbito literario que fue casi toda la literatura cubana de valía
– exceptúo a Nicolás Guillén y a Alejo Carpentier, que claro que no
fueron censurados –la que recomenzó a devolverle vitalidad a la
difusión de la misma. En cuanto a las obras nuevas, resultó esencial,
en las entradas de los años ochenta, la obra de Luis Rogelio Nogueras:
me refiero a la aparición de un poemario como Imitación de la vida,
(Premio Casa de las Américas y elogiado por José Saramago) y de una
novela como Y si muero mañana, en la que la trama policial se trataba
como nunca hasta entonces se había tratado entre nosotros. Antes de
otorgarle el Premio Nacional de Literatura a Leonardo Padura, me
parecía más justo y mucho más correspondiente con nuestra historia
cultural, habérselo concedido a Eduardo Heras León.
El Chino, ácidamente estigmatizado en los días del Quinquenio Gris por
haber escrito el que me parece su mejor libro (Los pasos en la hierba)
no escribió una literatura que las conservadoras grandes editoriales
de los tiempos que corren habrían editado, pero contribuyó, con varios
libros de relatos de gran calidad a conformar una narrativa épica que,
junto a los libros de Jesús Díaz y Norberto Fuentes, Ilustra los días
heroicos en que se enmarcaron hechos como la batalla de Playa Girón,
la limpia del Escambray y la Zafra de los Diez Millones: no mirar esa
historia, es no mirar lo que somos, es desconocernos nosotros mismos.
Lamenté enormemente cuando Jesús decidió abandonar el país y la
Revolución. Pero le escuché decir alguna vez a mi profesor Raimundo
Lazo que los escritores no cruzan las fronteras con sus libros debajo
del brazo. Si hemos publicado textos de exiliados como Jorge Mañach,
Lino Novás Calvo y Carlos Montenegro, esenciales para comprender la
literatura del país; si premiamos estudios sobre la obra narrativa de
Calvert Casey, o publicamos un importante estudio sobre la crítica
cinematográfica de Guillermo Cabrera Infante, creo que es imposible no
reeditar novelas como Las iniciales de la tierra –la mas importante
novela de la Revolución Cubana– o editar esa juguetona y trágica obra
maestra que es Las palabras perdidas.
Admiro el trabajo de Padura, pero creo que tenía tiempo para obtener
ese galardón por un trabajo que abarque mejor la obra de toda su vida.
Si vamos a subordinar el Premio Nacional a los éxitos de mercado
–sobre todo foráneos– creo que desconoceremos nuestra historia y
tendremos que esperar a que desde fuera nos digan cómo debe ser. Dos
veces he sido miembro del jurado que concede el Premio Nacional de
Literatura. La primera vez, tuvimos en cuenta la decisiva obra crítica
de Ángel Augier, pero también su ancianidad; lo propio ocurrió al
concederle el galardón a Humberto Arenal, autor de una obra narrativa
un tanto magra. Valoramos la larga presencia de Humberto en la vida
cultural cubana.
Los jurados que conceden el Premio han variado numerosas veces. Por
ello, no creo que su otorgamiento deba regirse por el variable
criterio de los diferentes jurados, sino que debieran existir unas
normas que guiaran la acción del jurado para conciliar –como ha sido
en algunos casos– el éxito editorial con el reconocimiento a la obra
de la vida y a la historia de nuestra cultura, y no invisibilizar
momentos, obras y autores esenciales de nuestra literatura.
COMENTARIO QUE ENVIÉ AL BOLETÍN "POR CUBA" CON COPIA A GRR
Leo con estupor el artículo de GRR titulado "La Literatura Invisible"
y lo primero que pienso es que debía titularse "La Egolatría Visible".
Por haber sido elegido para constituir jurados de certámenes
literarios, ya este Rodríguez se siente autorizado a descalificar a
otros jurados e invalidar los premios que hayan otorgado sin su sabia
contribución.
Además, según él, dos premiados (Leonardo Padura, el de la crítica y
Reina María Rodríguez, el Casa 1984) le deben a su voto el haberlo
obtenido. Semejante favor debe garantizarle el agradecimiento eterno
de los galardonados, que le deben rendir pleitesía por su
magnanimidad; eso al menos, colijo yo de su escrito. Sin embargo,
según GRR, ninguno de los dos merecía el premio Nacional de
Literatura.
¡Qué maravilla de autosuficiencia! ¡La modestia brilla por su
ausencia! No podía esperarse menos de quien se cree árbitro supremo y
descalifica el acuerdo de cualquier otro jurado en el cual él no
participe. Ahora comprendo el origen de la embestida anti ética que
sufrió uno de mis artículos por parte de este Rodríguez: No conté con
él para escribirlo.
Jorge C. Oliva Espinosa jorgecoliva@gmail.com
Desde Regla, Ayer, "La Sierra Chiquita", ayer, hoy y siempre, bastión
de rebelde cubanía.
Enero 16 de 2014¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬
(1) Mi artículo titulado "Combatientes y Debatientes", publicado en
octubre 13 de 2012
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
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