A los consumidores:
Velando por el cumplimiento de la canasta básica y sin reparar en
esfuerzos, estamos suministrando el quinto envío de minicuentos como
producto adicional. Todos son de mi producción.
Jorge C. Oliva
Centro Distribuidor.
COMO A MACBETH
Igual que a Macbeth, las brujas le hicieron una predicción oscura. Al
noble escocés le dijeron: "Ningún nacido de mujer te podrá dar
muerte". Y en tétrica burla, un nonato (nacido de cadáver) lo mató. A
él, las mismas brujas también le predijeron:
"Ningún nacido varón te vencerá en las lides amorosas... "
Y fue por la vida, preferido de las mujeres... Hasta que se prendó
locamente de una bella y rara hembra. Había encontrado, al fin, el
amor de su vida. Ninguna, de las que anteriormente conoció y amó,
había ocupado un lugar tan absoluto en su corazón y en su mente. Y
como a Macbeth, se le repitió el trágico sarcasmo:
Su amada dio las espaldas a Eros y se entregó, llena de ardor, a los
brazos de Lesbia.
VICISITUDES DE UN ECONOMISTA
Apuró de un gran trago el resto de la ginebra y se enjuagó la boca,
refrescándola, con la cerveza que rebosaba la jarra. Fuerte cerveza
muniquense, que dejó parte de su espuma en la enmarañada barba. No
tenía dinero para una segunda ronda y allí hacía rato le habían
suspendido el crédito, así que maldiciendo su suerte, se levantó,
pesadamente, resignado a marcharse temprano a casa. Colocó sobre la
mesa las monedillas correspondientes a su consumo y antes de
retirarse, echó una altiva mirada de reto y reprobación al tabernero.
Por oscuras callejas, dando grandes rodeos que le evitan el pasar por
los comercios de sus muchos acreedores, llega por fin a su morada.
Todavía, al subir las escaleras, debe escabullir el cuerpo al portero
que le recordará, si lo encuentra, los alquile¬res vencidos. Una vez
adentro, aún tendrá que sufrir las recrimi¬naciones de la mujer, que
le llueven como interminable cantilena:
Las niñas no tienen qué comer y tú, bebiendo y bebiendo. Hoy el
casero nos ha dado su último plazo y el carnicero se negó a enviarnos
las salchichas que pedimos. Esta noche sólo comeremos caldo de
patatas. A papá no le puedo pedir más y lo que nos envió el bueno de
Federico, ya te lo tomaste...
Agobiado, él se refugia en su escritorio, cierra la puerta y se
acomoda en su mesa de trabajo. Moja la pluma en el viejo y ca¬si seco
tintero y reinicia, por trigésima vez, el primer capítulo de EL
CAPITAL.
GALATEA-REVOLUCIÓN
El anciano, encorvado y tembloroso, se sienta y escribe: -"Fue un día
como hoy. Hace ya muchos, muchos años. Después de largo asedio, logré
robarte un beso. Nuestro primer beso. El primer beso de tu boca
entonces virgen. El primero de la mía abochornada de serlo. Beso de
adolescentes. Después de ése, tuvimos muchos. Fiestas de besos.
Primero nuestras. Luego tú las tuyas y yo las mías. Claro que para
entonces nuestras bocas sabían un poco más y ya no éramos tan
cándidos. Aquel día, luego de probar la delicia del robo, atolondrado,
salí corriendo y nos dejé a nosotros dos solos, aturdidos, llenos de
desconcierto ante el maravilloso descubrimiento. ¡Mira que yo era
loco!... ¡Mira si lo sigo siendo, que aún hoy te estoy recordando y
te escribo este cuento! ¡A ti, que ya no existes! Que sólo exististe
en aquel momento en que, con un beso robado, te inventé."
De pronto lo escrito se le vuelve borroso, suelta la pluma y se
desploma sobre la mesa. Después de escribir su último cuento,
evocándola, muere Pigmalión.
--
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
jueves, 22 de agosto de 2013
martes, 20 de agosto de 2013
ELIGE TÚ QUE CANTO YO
ELIGE TÚ QUE CANTO YO
Por Jorge C. Oliva Espinosa
El título de este artículo no se refiere a la canción que popularizó
el inmortal Beny Moré. Si lo traigo a colación es porque yo, tú, él,
ella, en fin, nosotros, estamos obligados a "cantar" lo que determina
un número insignificante de personas. Ese pequeño grupo, constituido
en gobierno, asume nuestra representación y en nuestro nombre, toma
decisiones que nos afectan a todos. El resultado no es nada
democrático: una minoría redacta leyes, decretos, etc. y decide lo que
el resto del conglomerado social debe acatar y cumplir. Esto es lo que
ocurre en todos los países, es la forma asumida por las democracias
representativas; sistema que hace rato está totalmente desprestigiado,
al demostrar que ni es democrático, ni es realmente representativo.
Para paliar esta deficiencia y en ocasiones especiales, algunos
gobiernos convocan al pueblo para que intervenga en la confección de
las normativas por las que ha de regirse; estos actos que reivindican
la soberanía popular, se concretan en asambleas constituyentes,
plebiscitos y referendos.
En Cuba tuvimos un referendo en 1976, cuando aprobamos con nuestro
voto la Constitución, la que está vigente, aunque ya modificada en dos
ocasiones. Por cierto, para una de esas modificaciones, debió acudirse
a plebiscito, según establece la propia Constitución, pero como no se
cumplió ese requisito, dicha reforma resultó violatoria de nuestra Ley
de Leyes y por tanto anticonstitucional. Además, como no existe
separación de poderes, las mismas personas que asumen la iniciativa
legislativa, son las que aprueban, respaldan y ejecutan sus propios
actos jurídicos. Todos estos absurdos e incongruencias fueron tratados
por Julio César Guanche en un medular ensayo titulado "La Verdad no se
Ensaya, Cuba: El Socialismo y la Democracia". No soy especialista en
Derecho y, por lo tanto, no me corresponde analizar esta cuestión
desde el punto de vista técnico; mi objetivo es otro: considerar a la
luz de la razón y la lógica, algo que nos afecta a todos.
Después de 1976 no hemos tenido otro referendo o plebiscito y en su
lugar se ha recurrido a la "consulta popular". ¿En qué consiste ésta?
En cada núcleo del partido, en cada comité de base de la UJC, en cada
CDR, en cada bloque de la FMC, en cada centro de trabajo, en cada
unidad militar, se discute lo propuesto; esto da una imagen de
participación universal. Como cada ciudadano cubano pertenece a varias
de estas organizaciones, es frecuente que cada uno de nosotros repita
su participación. De estas reuniones salen sugerencias y
modificaciones que luego serán analizadas y resumidas por el gobierno
quien, en definitiva, tendrá a su cargo la redacción definitiva del
documento que será finalmente aprobado. Que en una o en muchas de esas
reuniones se haga una propuesta, no quiere decir que la misma se
plasme en ley. Es decir, todos pueden opinar, pero unos pocos deciden.
Esto maquilla de participación democrática dichos actos, preñados de
una verticalidad que los invalida como democráticos y participativos.
Sin embargo, la propaganda oficial los exhibe como demostración de
democracia incuestionable. Es lo que ocurrió con los Lineamientos
económicos y sociales, aquellos que determinarán nuestro futuro
inmediato y que pretenden actualizar un modelo que ha demostrado ser
obsoleto. Eso no debe ocurrir con el actual proyecto de NUEVO CÓDIGO
DEL TRABAJO. En una República de trabajadores, son los trabajadores
los que deben aprobar con su voto dicho código. Por tanto, es
imperativo que lo que nos afectará a todos, sea aprobado por todos. En
asuntos como éste, no podemos permitir que otro elija lo que después
todos tengamos que cantar. En lugar del "Elige tú que canto yo",
digamos: ¡YO ELIJO LO QUE VOY A CANTAR!
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Agosto 21 de 2013
--
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
Por Jorge C. Oliva Espinosa
El título de este artículo no se refiere a la canción que popularizó
el inmortal Beny Moré. Si lo traigo a colación es porque yo, tú, él,
ella, en fin, nosotros, estamos obligados a "cantar" lo que determina
un número insignificante de personas. Ese pequeño grupo, constituido
en gobierno, asume nuestra representación y en nuestro nombre, toma
decisiones que nos afectan a todos. El resultado no es nada
democrático: una minoría redacta leyes, decretos, etc. y decide lo que
el resto del conglomerado social debe acatar y cumplir. Esto es lo que
ocurre en todos los países, es la forma asumida por las democracias
representativas; sistema que hace rato está totalmente desprestigiado,
al demostrar que ni es democrático, ni es realmente representativo.
Para paliar esta deficiencia y en ocasiones especiales, algunos
gobiernos convocan al pueblo para que intervenga en la confección de
las normativas por las que ha de regirse; estos actos que reivindican
la soberanía popular, se concretan en asambleas constituyentes,
plebiscitos y referendos.
En Cuba tuvimos un referendo en 1976, cuando aprobamos con nuestro
voto la Constitución, la que está vigente, aunque ya modificada en dos
ocasiones. Por cierto, para una de esas modificaciones, debió acudirse
a plebiscito, según establece la propia Constitución, pero como no se
cumplió ese requisito, dicha reforma resultó violatoria de nuestra Ley
de Leyes y por tanto anticonstitucional. Además, como no existe
separación de poderes, las mismas personas que asumen la iniciativa
legislativa, son las que aprueban, respaldan y ejecutan sus propios
actos jurídicos. Todos estos absurdos e incongruencias fueron tratados
por Julio César Guanche en un medular ensayo titulado "La Verdad no se
Ensaya, Cuba: El Socialismo y la Democracia". No soy especialista en
Derecho y, por lo tanto, no me corresponde analizar esta cuestión
desde el punto de vista técnico; mi objetivo es otro: considerar a la
luz de la razón y la lógica, algo que nos afecta a todos.
Después de 1976 no hemos tenido otro referendo o plebiscito y en su
lugar se ha recurrido a la "consulta popular". ¿En qué consiste ésta?
En cada núcleo del partido, en cada comité de base de la UJC, en cada
CDR, en cada bloque de la FMC, en cada centro de trabajo, en cada
unidad militar, se discute lo propuesto; esto da una imagen de
participación universal. Como cada ciudadano cubano pertenece a varias
de estas organizaciones, es frecuente que cada uno de nosotros repita
su participación. De estas reuniones salen sugerencias y
modificaciones que luego serán analizadas y resumidas por el gobierno
quien, en definitiva, tendrá a su cargo la redacción definitiva del
documento que será finalmente aprobado. Que en una o en muchas de esas
reuniones se haga una propuesta, no quiere decir que la misma se
plasme en ley. Es decir, todos pueden opinar, pero unos pocos deciden.
Esto maquilla de participación democrática dichos actos, preñados de
una verticalidad que los invalida como democráticos y participativos.
Sin embargo, la propaganda oficial los exhibe como demostración de
democracia incuestionable. Es lo que ocurrió con los Lineamientos
económicos y sociales, aquellos que determinarán nuestro futuro
inmediato y que pretenden actualizar un modelo que ha demostrado ser
obsoleto. Eso no debe ocurrir con el actual proyecto de NUEVO CÓDIGO
DEL TRABAJO. En una República de trabajadores, son los trabajadores
los que deben aprobar con su voto dicho código. Por tanto, es
imperativo que lo que nos afectará a todos, sea aprobado por todos. En
asuntos como éste, no podemos permitir que otro elija lo que después
todos tengamos que cantar. En lugar del "Elige tú que canto yo",
digamos: ¡YO ELIJO LO QUE VOY A CANTAR!
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Agosto 21 de 2013
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
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jorgecoliva@gmail.com
lunes, 19 de agosto de 2013
¡DIRIGE, DIRIGENTE!
¡DIRIGE, DIRIGENTE!
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Ya en un escrito anterior (1) expuse que dirigir es algo difícil, que
entraña técnicas y responsabilidades que muchos no comprenden y que es
terreno que atrae a logreros e incompetentes. Erróneamente, a todo
aquel que dirige se le llama dirigente; pero no todos los que se
desempeñan como tales, merecen tal nombre. Dirigente es más, es poseer
el liderazgo de los dirigidos, ser reconocido por ellos; es quien sea
capaz de conducir a un colectivo hacia la consecución de los objetivos
propuestos; es, en fin, quien educa con el ejemplo y se hace seguir. Y
esto rara vez se alcanza cuando para un cargo de dirección se designa
"desde arriba", sin consultar la opinión de los que van a ser
dirigidos. Mal puede dirigir quien ha sido impuesto o es ajeno a la
actividad que se supone dirija. Para seleccionar al "cuadro de
dirección" apropiado deben tomarse en cuenta muchos factores: con
frecuencia algunos de estos elementos se obvian o se supeditan a la
confiabilidad y la incondicionalidad; lo cual muchas veces determinan
la peor selección y abren el camino a la incompetencia y al
oportunismo.
Si el mal llamado dirigente está facultado para nombrar a otros
directivos subalternos, es muy probable que elija a aquellos que
adolezcan de sus mismas deficiencias. Solo así se explica el
nombramiento de un "Malanga" para Decano de una Facultad Universitaria
y su posterior asunción a una vicerrectoría; de allí que el subalterno
nombrado por éste como jefe de mantenimiento, cometiera tropelías como
pintar la estatua del Alma Mater con pintura verde olivo, porque
estimó que estaba deteriorada por la pátina, o modificar el logotipo
UH y proyectar su sustitución por el disparatado HH (porque "sabía que
la palabra Universidad se escribe con H"). Y es que la mala selección
genera una suerte de reacción en cadena, capaz de trasmitir
incapacidad a los distintos niveles de dirección. Cuentan que el
difunto Delio Carreras, historiador de la Universidad y prestigioso
profesor, por poco sufre un infarto cuando la histórica estatua
permaneció unas dos semanas pintada; menor suerte corrió el "novedoso"
logotipo que únicamente llegó a "adornar" la camioneta que manejaba
aquel energúmeno.
Era el tiempo que ocupaba la silla de Rector un personaje de triste
recordación, alguien a quien nadie respetaba por su manifiesta
incapacidad y sus continuos dislates. De ahí que la cadena de
calamidades se replicaran en cada escalón de mando hasta llegar a la
base: el Departamento Docente. En el mío, tuvimos todo un caso.
Graduado en la URSS de la carrera Ingeniería Azucarera, era
"especialista" en la fabricación de azúcar de remolacha; pero como en
Cuba fabricamos el producto a partir de la caña, de este proceso era
un perfecto ignorante. Eso sí, era "políticamente confiable" (después
desertó en una misión) y "absolutamente incondicional" (de los
superiores a los que debía el nombramiento). Por dichos motivos, lo
pusieron a dirigir la entonces recién creada Facultad Agroindustrial
Azucarera, la cual tuvo efímera vida, por suerte; entonces, "el
cuadro" fue trasladado y nos lo "regalaron" como Jefe de Departamento
y luego como Vicedecano; allí se ganó un nombre: "El Inca", no por
relación alguna con esa cultura precolombina, sino como apócope de EL
INCAPAZ.
Como de mi vida laboral, dediqué más de 35 años al ámbito
universitario, me he limitado a relatar algunos casos que sufrimos en
nuestra alta casa de estudios. Sin embargo, eventos similares se
repetían en otras esferas y actividades; en mi posterior desempeño
como asesor fui testigo de más de uno. Sólo cuento los que presencié y
que pueden verificarse con los testimonios de cualquiera que haya
vivido aquella época.
Desde Regla,
Ayer "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Agosto 20 de 2013
(1) "DIRIGIR, PALABRA MÁGICA", julio 23 de 2013
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
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jorgecoliva@gmail.com
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Ya en un escrito anterior (1) expuse que dirigir es algo difícil, que
entraña técnicas y responsabilidades que muchos no comprenden y que es
terreno que atrae a logreros e incompetentes. Erróneamente, a todo
aquel que dirige se le llama dirigente; pero no todos los que se
desempeñan como tales, merecen tal nombre. Dirigente es más, es poseer
el liderazgo de los dirigidos, ser reconocido por ellos; es quien sea
capaz de conducir a un colectivo hacia la consecución de los objetivos
propuestos; es, en fin, quien educa con el ejemplo y se hace seguir. Y
esto rara vez se alcanza cuando para un cargo de dirección se designa
"desde arriba", sin consultar la opinión de los que van a ser
dirigidos. Mal puede dirigir quien ha sido impuesto o es ajeno a la
actividad que se supone dirija. Para seleccionar al "cuadro de
dirección" apropiado deben tomarse en cuenta muchos factores: con
frecuencia algunos de estos elementos se obvian o se supeditan a la
confiabilidad y la incondicionalidad; lo cual muchas veces determinan
la peor selección y abren el camino a la incompetencia y al
oportunismo.
Si el mal llamado dirigente está facultado para nombrar a otros
directivos subalternos, es muy probable que elija a aquellos que
adolezcan de sus mismas deficiencias. Solo así se explica el
nombramiento de un "Malanga" para Decano de una Facultad Universitaria
y su posterior asunción a una vicerrectoría; de allí que el subalterno
nombrado por éste como jefe de mantenimiento, cometiera tropelías como
pintar la estatua del Alma Mater con pintura verde olivo, porque
estimó que estaba deteriorada por la pátina, o modificar el logotipo
UH y proyectar su sustitución por el disparatado HH (porque "sabía que
la palabra Universidad se escribe con H"). Y es que la mala selección
genera una suerte de reacción en cadena, capaz de trasmitir
incapacidad a los distintos niveles de dirección. Cuentan que el
difunto Delio Carreras, historiador de la Universidad y prestigioso
profesor, por poco sufre un infarto cuando la histórica estatua
permaneció unas dos semanas pintada; menor suerte corrió el "novedoso"
logotipo que únicamente llegó a "adornar" la camioneta que manejaba
aquel energúmeno.
Era el tiempo que ocupaba la silla de Rector un personaje de triste
recordación, alguien a quien nadie respetaba por su manifiesta
incapacidad y sus continuos dislates. De ahí que la cadena de
calamidades se replicaran en cada escalón de mando hasta llegar a la
base: el Departamento Docente. En el mío, tuvimos todo un caso.
Graduado en la URSS de la carrera Ingeniería Azucarera, era
"especialista" en la fabricación de azúcar de remolacha; pero como en
Cuba fabricamos el producto a partir de la caña, de este proceso era
un perfecto ignorante. Eso sí, era "políticamente confiable" (después
desertó en una misión) y "absolutamente incondicional" (de los
superiores a los que debía el nombramiento). Por dichos motivos, lo
pusieron a dirigir la entonces recién creada Facultad Agroindustrial
Azucarera, la cual tuvo efímera vida, por suerte; entonces, "el
cuadro" fue trasladado y nos lo "regalaron" como Jefe de Departamento
y luego como Vicedecano; allí se ganó un nombre: "El Inca", no por
relación alguna con esa cultura precolombina, sino como apócope de EL
INCAPAZ.
Como de mi vida laboral, dediqué más de 35 años al ámbito
universitario, me he limitado a relatar algunos casos que sufrimos en
nuestra alta casa de estudios. Sin embargo, eventos similares se
repetían en otras esferas y actividades; en mi posterior desempeño
como asesor fui testigo de más de uno. Sólo cuento los que presencié y
que pueden verificarse con los testimonios de cualquiera que haya
vivido aquella época.
Desde Regla,
Ayer "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Agosto 20 de 2013
(1) "DIRIGIR, PALABRA MÁGICA", julio 23 de 2013
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
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jorgecoliva@gmail.com
LUCES Y SOMBRAS (1)
LUCES Y SOMBRAS (1)
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Toda figura está compuesta de luces y de sombras. Las luces y aun las
sombras, poseen matices. Esto sucede con los hombres y con los hechos
en que participan, pues parece que la vida es la resultante de
múltiples contrastes. El que desee tener una visión lo más cercana a
la realidad, debe tener en cuenta esta composición, siempre presente
en hombres y actos. Los apologistas verán solo las luces, los
detractores nos darán una visión siempre oscura, pues resaltaran
únicamente las sombras. Tanto apologistas como detractores serán
incapaces de brindarnos una versión fiel, unos y otros se empeñan en
deformar la realidad; la hacen víctima de sus parcialidades y
pasiones.
Lo anterior adquiere especial importancia cuando se trata de la
historia y los historiadores. La historia requiere de rigor al
contarla. Las generaciones futuras nos juzgarán muy severamente si
perciben que le hemos manipulado este presente que será el pasado de
ellos; un pasado que despertará el interés de futuros historiadores.
Ellos descubrirán cualquier superchería que se cometa ahora.
Ahora bien, cada historiador redacta en un contexto y circunstancia.
Está sujeto a presiones y a intereses, tanto propios como de grupos de
poder. Si se decide a jugar el papel de "oficialista" no escribirá
otra cosa que lo "conveniente, lo publicable", será un historiador "de
éxito". Si, por el contrario, obedece a sus pasiones y adopta una
actitud crítica, recibirá el calificativo de herético; tratarán de
ignorarlo, desaparecerlo, será el maldito autor de historias
apócrifas. Como todo cuestionador, será considerado "un enemigo de la
fe necesaria". Claro que estos dos casos son los extremos. Existen
también los investigadores acuciosos, los que han decidido pegarse a
la verdad descubierta, morir combatiendo al lado de ella, "como el
último peleador"; estos acotarán en sus relatos la suma de luces y
sombras, afrontarán el riesgo de ser considerados sacrílegos
socavadores de altares, serán los que, en definitiva, asuman la tarea
peligrosa del Historiador. En la historia de esta isla rebelde e
irredenta, los contrarios aparecen de continuo. Frente a
desprendimientos y sacrificios supremos, la ruindad más repudiable; a
la altura de principios y a la dignidad plena, harán contrapunto la
infamia y la bajeza. Después de estas disquisiciones teorizantes,
quiero concluir con un ejemplo concreto.
Me preguntaron por el personaje que se brindó para fusilar a Máximo
Gómez y por el contexto en que lo hizo. Respondí de inmediato que
había sido Salvador Cisneros Betancourt, Marqués de Santa Lucía,
personaje lleno de luces y sombras, patricio y patricida. Camagüeyano
de prosapia ilustre, con título de nobleza y cultura de caballerizo;
alzado por nuestra independencia desde 1869 hasta el ocaso de su vida,
cuando en la asamblea constituyente, acogotada por el interventor
yanqui, votó en solitario por el rechazo a la enmienda impuesta como
apéndice infamante. Un hecho arroja sobre su figura tenebrosas
sospechas acerca del trágico desenlace de San Lorenzo: el detalle de
que un antiguo esclavo suyo haya sido el delator del refugio del Padre
de la Patria. El mismo Marqués que, trasmutado en ciudadano de nuestra
República en armas, hiciera blanco de su racismo a los Maceo.
Pues bien, se debatía en la Asamblea de Santa Cruz la solicitud de
empréstito destinado al licenciamiento del Ejército Libertador; Máximo
Gomez se oponía a que se contrajera semejante deuda con el vecino
poderoso que ya aherrojaba la Patria. Su visión de caudillo militar no
se avenía con igual visión política. A su vista de águila como
estratega se oponía una severa miopía como estadista. Así, Gómez no
comprendía que si el gobierno norteamericano accedía al préstamo, de
facto estaba reconociendo a los órganos de la República aún no nacida.
Entre los representantes del gobierno cubano y el Generalísimo, no
existía la comunicación necesaria para actuar de consuno, y el choque,
alimentado por rencillas anteriores y viejos rencores, fue inevitable.
El enconado debate determinó la destitución de Gómez como General en
Jefe y la posterior disolución de la asamblea que lo destituyó. Y fue
en esa ocasión, cuando se debatía la sanción a imponerle al caudillo
indomable, donde Salvador Cisneros Betancourt se ofreció para
fusilarle. Este ejecutor voluntario de una sentencia que nadie se
atrevió a dictar, es el mismo personaje que en 1906 llevó un ramo de
flores, como desagravio postrero, a la tumba de Carlos Manuel de
Céspedes. En el libro "El Diario Perdido" (2) de Eusebio Leal, página
53 aparece la foto que testimonia el hecho. Para que nadie se
escandalice con mi artículo de hoy, cierro con una sentencia extraída
de la misma página de la obra citada; cita que considero válida para
todos los tiempos y en especial para este que estamos viviendo:
"Es mal servicio el que se presta a los pueblos cuando se les oculta
por temores pueriles o por espanto ante las consecuencias probables,
los hechos históricos."
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía
Agosto 19 de 2013
(1) Este artículo se lo dedico al misterioso personaje nombrado "El
Francotirador del Cauto", con cuyas opiniones coincido muy
frecuentemente.
(2) Leal Spengler, Eusebio: "Carlos Manuel de Céspedes, El Diario
Perdido", Editorial de Ciencias Sociales, La Habana 1994
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Toda figura está compuesta de luces y de sombras. Las luces y aun las
sombras, poseen matices. Esto sucede con los hombres y con los hechos
en que participan, pues parece que la vida es la resultante de
múltiples contrastes. El que desee tener una visión lo más cercana a
la realidad, debe tener en cuenta esta composición, siempre presente
en hombres y actos. Los apologistas verán solo las luces, los
detractores nos darán una visión siempre oscura, pues resaltaran
únicamente las sombras. Tanto apologistas como detractores serán
incapaces de brindarnos una versión fiel, unos y otros se empeñan en
deformar la realidad; la hacen víctima de sus parcialidades y
pasiones.
Lo anterior adquiere especial importancia cuando se trata de la
historia y los historiadores. La historia requiere de rigor al
contarla. Las generaciones futuras nos juzgarán muy severamente si
perciben que le hemos manipulado este presente que será el pasado de
ellos; un pasado que despertará el interés de futuros historiadores.
Ellos descubrirán cualquier superchería que se cometa ahora.
Ahora bien, cada historiador redacta en un contexto y circunstancia.
Está sujeto a presiones y a intereses, tanto propios como de grupos de
poder. Si se decide a jugar el papel de "oficialista" no escribirá
otra cosa que lo "conveniente, lo publicable", será un historiador "de
éxito". Si, por el contrario, obedece a sus pasiones y adopta una
actitud crítica, recibirá el calificativo de herético; tratarán de
ignorarlo, desaparecerlo, será el maldito autor de historias
apócrifas. Como todo cuestionador, será considerado "un enemigo de la
fe necesaria". Claro que estos dos casos son los extremos. Existen
también los investigadores acuciosos, los que han decidido pegarse a
la verdad descubierta, morir combatiendo al lado de ella, "como el
último peleador"; estos acotarán en sus relatos la suma de luces y
sombras, afrontarán el riesgo de ser considerados sacrílegos
socavadores de altares, serán los que, en definitiva, asuman la tarea
peligrosa del Historiador. En la historia de esta isla rebelde e
irredenta, los contrarios aparecen de continuo. Frente a
desprendimientos y sacrificios supremos, la ruindad más repudiable; a
la altura de principios y a la dignidad plena, harán contrapunto la
infamia y la bajeza. Después de estas disquisiciones teorizantes,
quiero concluir con un ejemplo concreto.
Me preguntaron por el personaje que se brindó para fusilar a Máximo
Gómez y por el contexto en que lo hizo. Respondí de inmediato que
había sido Salvador Cisneros Betancourt, Marqués de Santa Lucía,
personaje lleno de luces y sombras, patricio y patricida. Camagüeyano
de prosapia ilustre, con título de nobleza y cultura de caballerizo;
alzado por nuestra independencia desde 1869 hasta el ocaso de su vida,
cuando en la asamblea constituyente, acogotada por el interventor
yanqui, votó en solitario por el rechazo a la enmienda impuesta como
apéndice infamante. Un hecho arroja sobre su figura tenebrosas
sospechas acerca del trágico desenlace de San Lorenzo: el detalle de
que un antiguo esclavo suyo haya sido el delator del refugio del Padre
de la Patria. El mismo Marqués que, trasmutado en ciudadano de nuestra
República en armas, hiciera blanco de su racismo a los Maceo.
Pues bien, se debatía en la Asamblea de Santa Cruz la solicitud de
empréstito destinado al licenciamiento del Ejército Libertador; Máximo
Gomez se oponía a que se contrajera semejante deuda con el vecino
poderoso que ya aherrojaba la Patria. Su visión de caudillo militar no
se avenía con igual visión política. A su vista de águila como
estratega se oponía una severa miopía como estadista. Así, Gómez no
comprendía que si el gobierno norteamericano accedía al préstamo, de
facto estaba reconociendo a los órganos de la República aún no nacida.
Entre los representantes del gobierno cubano y el Generalísimo, no
existía la comunicación necesaria para actuar de consuno, y el choque,
alimentado por rencillas anteriores y viejos rencores, fue inevitable.
El enconado debate determinó la destitución de Gómez como General en
Jefe y la posterior disolución de la asamblea que lo destituyó. Y fue
en esa ocasión, cuando se debatía la sanción a imponerle al caudillo
indomable, donde Salvador Cisneros Betancourt se ofreció para
fusilarle. Este ejecutor voluntario de una sentencia que nadie se
atrevió a dictar, es el mismo personaje que en 1906 llevó un ramo de
flores, como desagravio postrero, a la tumba de Carlos Manuel de
Céspedes. En el libro "El Diario Perdido" (2) de Eusebio Leal, página
53 aparece la foto que testimonia el hecho. Para que nadie se
escandalice con mi artículo de hoy, cierro con una sentencia extraída
de la misma página de la obra citada; cita que considero válida para
todos los tiempos y en especial para este que estamos viviendo:
"Es mal servicio el que se presta a los pueblos cuando se les oculta
por temores pueriles o por espanto ante las consecuencias probables,
los hechos históricos."
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía
Agosto 19 de 2013
(1) Este artículo se lo dedico al misterioso personaje nombrado "El
Francotirador del Cauto", con cuyas opiniones coincido muy
frecuentemente.
(2) Leal Spengler, Eusebio: "Carlos Manuel de Céspedes, El Diario
Perdido", Editorial de Ciencias Sociales, La Habana 1994
--
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
jueves, 15 de agosto de 2013
ENVIO POR ADELANTO
ENVÍO POR ADELANTO
Con motivo de las vacaciones de mi ayudante Sempronio y haciendo un
esfuerzo extra, he decidido hacer un envío de minicuentos en calidad
de adelanto. Se advierte que esto no debe considerarse como un aumento
en la distribución del producto, el cual se seguirá rigiendo por la
cuota normada.
Jorge C. Oliva Espinosa, Regla de mis amores, agosto 14 de 2013
RELATIVIDAD
Yo apenas había nacido cuando vi llegar a los primeros. Venían
desesperados y yo era tan chico, que me parecieron enormes. Eran
temibles, pues dominaban el fuego y lo usaban para destruirnos. A
muchos de mis hermanos mayores, con el sólo objeto de alimentarse o
calentarse, los arrojaron a las llamas. Huían del frío, iban en busca
de una zona más propicia para sobrevivir. Benditos ellos que podían
moverse. Yo no. Yo permanecía allí, afincado a mi lugar. Algunos se
quedaron y se adaptaron, como yo, a las duras condiciones climáticas.
Eran los más aptos. Sus vidas eran fugaces. Con velocidad de vértigo,
nacían, crecían, se reproducían y morían. Para mí eran instantes los
que tardaban sus descendencias en llegar, transformarse y desaparecer
Sin embargo, ese breve lapso bastaba para que lo arrasaran todo y
dejaran destrucción y muerte como huellas de su paso. También se
mataban entre ellos. Siempre tenían un motivo para hacerlo. Muchos
morían jóvenes, casi al nacer. No obstante, su número iba en aumento y
los nuevos siempre se diferenciaban algo de los padres. Cada vez me
parecían más peligrosos, pero más pequeños. Porque yo seguía, poco a
poco, creciendo y haciéndome mayor. Se me hizo evidente que teníamos
relojes distintos. Los de ellos más rápidos, el mío más lento. Era
muy joven todavía para pensar en esas cosas de la relatividad y del
tiempo. Así fui testigo del ciclo minúsculo y repetitivo de sus vidas,
generación tras generación. Ellos fueron modificando la faz del
entorno. Cambiándolo todo y transformándose ellos mismos. Sólo
mantuvieron inalterables su capacidad de destrucción y el primitivo
impulso de matar. Y llegó el momento en que, desde allá abajo, se
fijaron en mí, se asombraron de mi estatura y, admirados, descubrieron
que yo había vivido lo que contaban como miles de años. Una enormidad
para ellos, una insignificancia para mí. Entonces me llamaron Sequoia
o algo así.
GRAN OFERTA
No piensa. En sus programas y subrutinas no está la pregunta, el
cuestionamiento, y mucho menos la réplica. Está programado para
obedecer y ejecutar cualquier orden que reciba. Existen distintos
modelos, cada uno para una aplicación específica, pero todos
absolutamente confiables y obedientes. Nunca harán cosa alguna que no
haya sido ordenada. Los primeros ejemplares, llamados sicarios, fueron
diseñados para reprimir y matar y en su momento fueron muy efectivos,
aunque al final no pudieron exterminar la rebeldía. Eso sí, liquidaron
a muchos rebeldes. Aquellos prototipos primitivos fueron modernizados
y ahora se ofrecen en dos versiones construidas sobre el mismo chasis,
pero adaptadas a las nuevas tareas: Son el modelo llamado Funcionario
y el modelo Burócrata. El primero tiene integradas las funciones del
segundo, pero puede asumir trabajos de mayor envergadura, mientras que
el modelo burócrata es más económico y lo recomendamos para labores de
oficina y dirección a niveles intermedios y de base. No deje de
adquirir el suyo. Disponibles en cualquier mercado de ocasión.
ADVERTENCIA
En la jaula donde exhibían al Hombre, colocaron el siguiente letrero:
"¡Cuidado! Especie peligrosa: Sueña."
--
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
Con motivo de las vacaciones de mi ayudante Sempronio y haciendo un
esfuerzo extra, he decidido hacer un envío de minicuentos en calidad
de adelanto. Se advierte que esto no debe considerarse como un aumento
en la distribución del producto, el cual se seguirá rigiendo por la
cuota normada.
Jorge C. Oliva Espinosa, Regla de mis amores, agosto 14 de 2013
RELATIVIDAD
Yo apenas había nacido cuando vi llegar a los primeros. Venían
desesperados y yo era tan chico, que me parecieron enormes. Eran
temibles, pues dominaban el fuego y lo usaban para destruirnos. A
muchos de mis hermanos mayores, con el sólo objeto de alimentarse o
calentarse, los arrojaron a las llamas. Huían del frío, iban en busca
de una zona más propicia para sobrevivir. Benditos ellos que podían
moverse. Yo no. Yo permanecía allí, afincado a mi lugar. Algunos se
quedaron y se adaptaron, como yo, a las duras condiciones climáticas.
Eran los más aptos. Sus vidas eran fugaces. Con velocidad de vértigo,
nacían, crecían, se reproducían y morían. Para mí eran instantes los
que tardaban sus descendencias en llegar, transformarse y desaparecer
Sin embargo, ese breve lapso bastaba para que lo arrasaran todo y
dejaran destrucción y muerte como huellas de su paso. También se
mataban entre ellos. Siempre tenían un motivo para hacerlo. Muchos
morían jóvenes, casi al nacer. No obstante, su número iba en aumento y
los nuevos siempre se diferenciaban algo de los padres. Cada vez me
parecían más peligrosos, pero más pequeños. Porque yo seguía, poco a
poco, creciendo y haciéndome mayor. Se me hizo evidente que teníamos
relojes distintos. Los de ellos más rápidos, el mío más lento. Era
muy joven todavía para pensar en esas cosas de la relatividad y del
tiempo. Así fui testigo del ciclo minúsculo y repetitivo de sus vidas,
generación tras generación. Ellos fueron modificando la faz del
entorno. Cambiándolo todo y transformándose ellos mismos. Sólo
mantuvieron inalterables su capacidad de destrucción y el primitivo
impulso de matar. Y llegó el momento en que, desde allá abajo, se
fijaron en mí, se asombraron de mi estatura y, admirados, descubrieron
que yo había vivido lo que contaban como miles de años. Una enormidad
para ellos, una insignificancia para mí. Entonces me llamaron Sequoia
o algo así.
GRAN OFERTA
No piensa. En sus programas y subrutinas no está la pregunta, el
cuestionamiento, y mucho menos la réplica. Está programado para
obedecer y ejecutar cualquier orden que reciba. Existen distintos
modelos, cada uno para una aplicación específica, pero todos
absolutamente confiables y obedientes. Nunca harán cosa alguna que no
haya sido ordenada. Los primeros ejemplares, llamados sicarios, fueron
diseñados para reprimir y matar y en su momento fueron muy efectivos,
aunque al final no pudieron exterminar la rebeldía. Eso sí, liquidaron
a muchos rebeldes. Aquellos prototipos primitivos fueron modernizados
y ahora se ofrecen en dos versiones construidas sobre el mismo chasis,
pero adaptadas a las nuevas tareas: Son el modelo llamado Funcionario
y el modelo Burócrata. El primero tiene integradas las funciones del
segundo, pero puede asumir trabajos de mayor envergadura, mientras que
el modelo burócrata es más económico y lo recomendamos para labores de
oficina y dirección a niveles intermedios y de base. No deje de
adquirir el suyo. Disponibles en cualquier mercado de ocasión.
ADVERTENCIA
En la jaula donde exhibían al Hombre, colocaron el siguiente letrero:
"¡Cuidado! Especie peligrosa: Sueña."
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
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miércoles, 14 de agosto de 2013
RECUERDOS DE MALANGA
RECUERDOS DE MALANGA
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Comienzo con una ineludible rectificación; El choque de aquel
aventurero, el más grave, fue con Delio Gómez Ochoa, entonces en el
cargo de Administrador de la Facultad. Luis Blanca ya no trabajaba con
nosotros, pues había tenido otro choque con un anterior decano a quien
apodábamos Míster Magoo (el personaje cegato de las tiras cómicas y
dibujos animados). Como ven, hemos tenido varios personajes
interesantes colocados en la silla de mando, y para muchos de ellos
fuimos una verdadera pesadilla. No, no era tarea fácil dirigirnos.
¡Honremos siempre la Verdad!
Cumplido el deber de rectificar, pasemos a ocuparnos de "Malanga,"
quien pudo recitar como suyos aquellos versos del Tenorio: "Yo a los
palacios subí/yo a las cabañas bajé/y en todas partes dejé/memoria
amarga de mí/." Porque su vida transcurrió de farsa en farsa, de
engaño en engaño, siempre haciendo el mal. Ya Newton Briones comprobó
que fue el mismo tipejo que se erigió como tremebundo fiscal de la
revolucionaria Rita Vilar; que fue su inquisidor implacable. Yo siento
que es necesario recordarlo y recordar el repugnante rastro que dejó
tras sí este tunante. Y no es por venganza. Ya, por edad debe haber
muerto allá, donde seguro se fue a refugiar, al vertedero miamense,
porque aquí ya no le quedaba nadie a quien engañar. No es tiempo ya de
pasarle la cuenta, pero me embarga una preocupación terrible: que su
asqueroso quehacer pueda reencarnarse en otros "Malangas". Persisten
las condiciones que lo originaron, hay terreno propicio y no faltarán
agricultores que lo cultiven. Ese es el motivo de mi insistencia en
hablar de este patético monstruo. Monstruo que "alguien" poderoso creó
y protegió, abrigándolo como el agricultor cuida de una plantica para
que crezca...
Hoy les traigo a mis lectores, una pequeña muestra de los incidentes
en que se vio envuelto nuestro "Malanga". Son episodios al parecer de
un sainete, porque están envueltos en una atmósfera ridícula,
trágico-cómica. Aquí se los cuento:
Sigue muerta
Un profesor tenía a su madre muy grave y avisó que por dicho motivo no
asistiría al claustro citado. Malanga le dijo que estaba completamente
justificado. Cuando el Profesor volvió a su trabajo, al cabo de unos
días de ausencia, Malanga se interesó solícito por el estado de la
enferma. El Profesor, abatido, le respondió que su madre había
fallecido. Malanga le dio "su más sentido pésame". Pero, al cabo de
unos días, al encontrarse en un pasillo con el citado profesor, volvió
a preguntarle con igual y fingida solicitud: ¿Cómo sigue su madre? El
Profesor tomó como una pifia de la memoria del inefable Decano y le
recriminó suavemente: Decano, el otro día le dije que mi madre había
muerto... Malanga no se alteró, se recompuso rápidamente y respondió:
Es verdad, chico, disculpa mi falta de memoria, es que ustedes son
tantos y tantos los problemas que tengo que resolver, que me falla la
memoria... Pero parece que la memoria no le fallaba, porque no puede
fallar lo que no existe y antes de las 72 horas volvió a preguntarle
al cuitado profesor, haciéndose el atento: ¿Cómo sigue su señora
madre? A lo que respondió el profesor: Ella sigue muerta.
Malanga quiere ser como Chomy
El Rector José M. Miyar Barruecos dejó en la Universidad un grato
recuerdo. Fue siempre atento, sencillo, asequible y cordial, e hizo
gala de una memoria de archivo. Chomy, como con cariño le llamaban sus
allegados, nos conocía a cada uno y nos saludaba por nuestro nombre.
Esto ejercía una influencia positiva, pues elevaba la autoestima de
cada profesor que se sabía conocido y reconocido por su Rector.
Malanga se enteró de la merecida fama y prestigio que había gozado
Miyar Barruecos entre nosotros y quiso emularlo. Pero le faltaba todo
lo que a Chomy le sobraba, entre otras cosas la memoria. El resultado
de sus esfuerzos fue la burla general que le hizo el joven profesorado
de la entonces Escuela de Ingeniería Mecánica. Cuando alguno de
nosotros era saludado por Malanga y nos llamaba por el nombre de otro
compañero, le rectificábamos de inmediato: "Perdone, Decano, pero yo
no soy fulano. (Pero no nos identificábamos). Él seguía insistiendo:
"Ah, es verdad, tú eres mengano". A lo que volvíamos a negar: No,
Decano, no soy mengano. Y así seguíamos sin decirle quiénes éramos.
Algunos compañeros llevaron la burla hasta la décima pregunta. Porque
él seguía insistiendo, empeñado en adivinar la identidad del
interpelado. Todos, al final, le cortábamos con un cortés:
"Discúlpeme, Decano, tengo que entrar en clase". Y lo dejábamos,
tratando de saber quién demonios éramos. Porque en realidad, para
Malanga, éramos unos demonios.
Una Clase Magistral
En casi todas las escuelas que componían nuestra Facultad de
Tecnología se impartían materias y disciplinas relativas a la
organización, ya sea del trabajo en sí, de las investigaciones, de una
obra y su administración, etc. Pero en la Escuela de Ingeniería
Industrial se hacía especial énfasis en esta materia e incluso se le
dedicaban asignaturas independientes como la Organización del Trabajo,
Economía para Ingenieros y la Organización de la Producción. Esto
parecía ignorarlo Malanga, pues lleno de entusiasmo se dispuso a
brindarle al Consejo de Dirección de la Facultad, una clase magistral
cuyo tema era, precisamente, la organización. El conferencista, por
supuesto, era él.
Al abrir la sesión, aquel payaso entregó a cada asistente un juego de
plumones de distintos colores. Inmediatamente, subió al estrado y dejó
pasmado al auditorio con su concepto de organización. En su
microcefalia, con plumones de colores se resolvían los problemas y se
organizaba el trabajo. Así, explicó que los asuntos urgentes debían
marcarse con el color rojo, para darles atención inmediata. Los que se
pudieran resolver dentro de la semana, debían marcarse en verde y los
que se pospusieran para fechas no cercanas en amarillo. De esta forma,
dictaminó categórico, podrán organizar sus trabajos y serán más
eficientes. Acto seguido, reiteró el uso de cada color. Con ello dio
por concluida aquella "Clase Magistral" con la cual quiso
organizarnos...
Si algunos de mis lectores, creen que todo lo anterior son
maledicencias mías o episodios inventados por mí, les invito a
comprobar mi testimonio. Todavía quedan en el país muchos Profesores
de aquella etapa, algunos incluso siguen en activo. Ellos pueden
corroborar lo cierto de lo que aquí dejo escrito y hasta quizás
aporten otros episodios que he olvidado.
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía
Agosto 14 de 2013
--
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Comienzo con una ineludible rectificación; El choque de aquel
aventurero, el más grave, fue con Delio Gómez Ochoa, entonces en el
cargo de Administrador de la Facultad. Luis Blanca ya no trabajaba con
nosotros, pues había tenido otro choque con un anterior decano a quien
apodábamos Míster Magoo (el personaje cegato de las tiras cómicas y
dibujos animados). Como ven, hemos tenido varios personajes
interesantes colocados en la silla de mando, y para muchos de ellos
fuimos una verdadera pesadilla. No, no era tarea fácil dirigirnos.
¡Honremos siempre la Verdad!
Cumplido el deber de rectificar, pasemos a ocuparnos de "Malanga,"
quien pudo recitar como suyos aquellos versos del Tenorio: "Yo a los
palacios subí/yo a las cabañas bajé/y en todas partes dejé/memoria
amarga de mí/." Porque su vida transcurrió de farsa en farsa, de
engaño en engaño, siempre haciendo el mal. Ya Newton Briones comprobó
que fue el mismo tipejo que se erigió como tremebundo fiscal de la
revolucionaria Rita Vilar; que fue su inquisidor implacable. Yo siento
que es necesario recordarlo y recordar el repugnante rastro que dejó
tras sí este tunante. Y no es por venganza. Ya, por edad debe haber
muerto allá, donde seguro se fue a refugiar, al vertedero miamense,
porque aquí ya no le quedaba nadie a quien engañar. No es tiempo ya de
pasarle la cuenta, pero me embarga una preocupación terrible: que su
asqueroso quehacer pueda reencarnarse en otros "Malangas". Persisten
las condiciones que lo originaron, hay terreno propicio y no faltarán
agricultores que lo cultiven. Ese es el motivo de mi insistencia en
hablar de este patético monstruo. Monstruo que "alguien" poderoso creó
y protegió, abrigándolo como el agricultor cuida de una plantica para
que crezca...
Hoy les traigo a mis lectores, una pequeña muestra de los incidentes
en que se vio envuelto nuestro "Malanga". Son episodios al parecer de
un sainete, porque están envueltos en una atmósfera ridícula,
trágico-cómica. Aquí se los cuento:
Sigue muerta
Un profesor tenía a su madre muy grave y avisó que por dicho motivo no
asistiría al claustro citado. Malanga le dijo que estaba completamente
justificado. Cuando el Profesor volvió a su trabajo, al cabo de unos
días de ausencia, Malanga se interesó solícito por el estado de la
enferma. El Profesor, abatido, le respondió que su madre había
fallecido. Malanga le dio "su más sentido pésame". Pero, al cabo de
unos días, al encontrarse en un pasillo con el citado profesor, volvió
a preguntarle con igual y fingida solicitud: ¿Cómo sigue su madre? El
Profesor tomó como una pifia de la memoria del inefable Decano y le
recriminó suavemente: Decano, el otro día le dije que mi madre había
muerto... Malanga no se alteró, se recompuso rápidamente y respondió:
Es verdad, chico, disculpa mi falta de memoria, es que ustedes son
tantos y tantos los problemas que tengo que resolver, que me falla la
memoria... Pero parece que la memoria no le fallaba, porque no puede
fallar lo que no existe y antes de las 72 horas volvió a preguntarle
al cuitado profesor, haciéndose el atento: ¿Cómo sigue su señora
madre? A lo que respondió el profesor: Ella sigue muerta.
Malanga quiere ser como Chomy
El Rector José M. Miyar Barruecos dejó en la Universidad un grato
recuerdo. Fue siempre atento, sencillo, asequible y cordial, e hizo
gala de una memoria de archivo. Chomy, como con cariño le llamaban sus
allegados, nos conocía a cada uno y nos saludaba por nuestro nombre.
Esto ejercía una influencia positiva, pues elevaba la autoestima de
cada profesor que se sabía conocido y reconocido por su Rector.
Malanga se enteró de la merecida fama y prestigio que había gozado
Miyar Barruecos entre nosotros y quiso emularlo. Pero le faltaba todo
lo que a Chomy le sobraba, entre otras cosas la memoria. El resultado
de sus esfuerzos fue la burla general que le hizo el joven profesorado
de la entonces Escuela de Ingeniería Mecánica. Cuando alguno de
nosotros era saludado por Malanga y nos llamaba por el nombre de otro
compañero, le rectificábamos de inmediato: "Perdone, Decano, pero yo
no soy fulano. (Pero no nos identificábamos). Él seguía insistiendo:
"Ah, es verdad, tú eres mengano". A lo que volvíamos a negar: No,
Decano, no soy mengano. Y así seguíamos sin decirle quiénes éramos.
Algunos compañeros llevaron la burla hasta la décima pregunta. Porque
él seguía insistiendo, empeñado en adivinar la identidad del
interpelado. Todos, al final, le cortábamos con un cortés:
"Discúlpeme, Decano, tengo que entrar en clase". Y lo dejábamos,
tratando de saber quién demonios éramos. Porque en realidad, para
Malanga, éramos unos demonios.
Una Clase Magistral
En casi todas las escuelas que componían nuestra Facultad de
Tecnología se impartían materias y disciplinas relativas a la
organización, ya sea del trabajo en sí, de las investigaciones, de una
obra y su administración, etc. Pero en la Escuela de Ingeniería
Industrial se hacía especial énfasis en esta materia e incluso se le
dedicaban asignaturas independientes como la Organización del Trabajo,
Economía para Ingenieros y la Organización de la Producción. Esto
parecía ignorarlo Malanga, pues lleno de entusiasmo se dispuso a
brindarle al Consejo de Dirección de la Facultad, una clase magistral
cuyo tema era, precisamente, la organización. El conferencista, por
supuesto, era él.
Al abrir la sesión, aquel payaso entregó a cada asistente un juego de
plumones de distintos colores. Inmediatamente, subió al estrado y dejó
pasmado al auditorio con su concepto de organización. En su
microcefalia, con plumones de colores se resolvían los problemas y se
organizaba el trabajo. Así, explicó que los asuntos urgentes debían
marcarse con el color rojo, para darles atención inmediata. Los que se
pudieran resolver dentro de la semana, debían marcarse en verde y los
que se pospusieran para fechas no cercanas en amarillo. De esta forma,
dictaminó categórico, podrán organizar sus trabajos y serán más
eficientes. Acto seguido, reiteró el uso de cada color. Con ello dio
por concluida aquella "Clase Magistral" con la cual quiso
organizarnos...
Si algunos de mis lectores, creen que todo lo anterior son
maledicencias mías o episodios inventados por mí, les invito a
comprobar mi testimonio. Todavía quedan en el país muchos Profesores
de aquella etapa, algunos incluso siguen en activo. Ellos pueden
corroborar lo cierto de lo que aquí dejo escrito y hasta quizás
aporten otros episodios que he olvidado.
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía
Agosto 14 de 2013
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
martes, 13 de agosto de 2013
OTROS MALANGAS
OTROS "MALANGAS"
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Le decía yo a mi admirado Newton Briones, que "Malanga" había chocado
en la CUJAE, con verdaderos revolucionarios que todavía olían a
pólvora. Entre ellos, "Malanga" tuvo la mala pata de chocar con un
Luis Blanca y con un Delio Gómez Ochoa. Esa fue su desgracia, pero
para llegar a dónde llegó, este farsante tuvo que contar con un
respaldo en las altas esferas de decisión. ¿Si no es así, cómo
explicar su meteórico ascenso de Director de un Tecnológico Militar
(donde también hizo de las suyas) a Decano de una Facultad
universitaria?... Me lamentaba yo, en mi mensaje a Newton, de haber
desconocido entonces el proceder de Malanga contra Rita Vilar. De
conocerlo cualquiera de los que lo sufrimos, seguro que hubiera durado
mucho menos su estancia entre nosotros. Pero bueno, esta lamentación
cae en el plano metafísico del "quién lo hubiera sabido." Otra
lamentación, bien realista, me ronda ahora. Y es que si el padrino de
Malanga aún ejerce poder para apadrinar, es seguro que otros
"Malangas", y hasta quizás más peligrosos, arriben a posiciones de
poder desde las cuales cobren nuevas víctimas, siempre entre los
verdaderos revolucionarios.
Como mi inseparable Sempronio no leyó la crónica donde, en octubre 31
de 2012, reseñé a tan funesto personaje, para su conocimiento y el de
otros que también lo ignoren, copio a continuación mi crónica de
marras:
MALANGA
Nombre y apellido de patricio independentista, atuendo militar con
grados de capitán y una cojera, parecían anunciar al veterano de la
Sierra, descendiente de patriotas, patriota él mismo, lisiado por
gloriosas heridas de guerra. Decían sus acólitos, aquellos que le
llamaban con familiaridad por el diminutivo de su nombre, que era
arquitecto. Con el resto del personal, se mostraba enérgico y
exigente, como le cuadra a un militar y al principio nos engañó con la
suma de estas apariencias. Pero en realidad era un típico farsante y
un avispado oportunista que explotaba la aparente aureola que lo
envolvía. Su baja estatura no era sólo física, se correspondía con la
del enano espiritual que en realidad era. Pero así nos lo enviaron
"desde arriba," a dirigir nuestra Facultad de Tecnología. La que
entonces pertenecía a la Universidad de la Habana. Había venido "de lo
alto", como un paracaidista, y así tuvimos que aceptarlo: Como un
enviado del Olimpo gobernante, un triste regalo que nos hacían los
Dioses.
Cuando, en la mega zafra del 70 nos mudamos al Central Guiteras, este
personaje, para vergüenza nuestra, encabezó el contingente
universitario. En los consejillos diarios con la Dirección de coloso
azucarero, con frecuencia sus terribles metidas de pata, y no
precisamente la que tenía más corta, nos hicieron sonrojar. Baste la
siguiente anécdota como botón de muestra: El jefe de máquinas había
acabado de informar, que ese día la molida se había interrumpido por
culpa de "los gallegos"; las así llamadas masas delanteras del tándem
de molinos. Pues nuestro brillante Decano, sorprendió a todos con su
rebuzno: Pidió que le dejaran hablar con dichos gallegos y él sabría
convencerles para que trabajaran bien. Todos nos miramos consternados.
Por suerte, los experimentados trabadores allí presentes, tomaron sus
palabras como un chiste.
Pero entre cielo y tierra no puede permanecer nada oculto. Cuando con
sus desmanes, comenzó a ganarse la repulsión de muchos, algunos se
ocuparon de escudriñar su pasado. Tuvo la poca cordura de chocar con
compañeros que sí habían estado en lo más crudo y fogueado de la
brega, sin hacer alarde después de sus bien ganados méritos. Ellos se
encargaron de buscar su expediente. Lo que descubrieron fue asombroso.
No había tenido la mínima participación en nuestra última contienda,
la que libró todo el pueblo por derrocar al tirano. Lo del uniforme y
sus grados le venía por haber sido Director de un Instituto
Técnico-Militar donde, por plantilla, a ese cargo corresponden las
insignias de capitán. De allí había salido a cajas destempladas. No
obstante, al parecer contó con la protección de algún poderoso, a
quien quizás también engañó. La revelación de su verdadera identidad
le trajo aparejado el mote que se ganó entre nosotros: "Malanga", por
tener "una pata ma-langa que la otra." Con ese nombre pasó a la
historia de la CUJAE, así le conocen todos los que trabajaron allí en
aquellos años duros, de prueba constante, de esfuerzos diarios. Y pasó
el tiempo "y pasó un águila sobre el mar"… Ya la antigua Facultad se
había convertido en Instituto Superior, independiente de la
Universidad y teníamos un Rector acorde al cargo. Las noticias que
entonces tuvimos de "Malanga" decían a lo claro que había hallado el
lugar que le correspondía dentro de la fauna ciudadana: Algunos le
vieron vestido de blanco total, recorriendo las calles habaneras,
predicando la palabra del Señor y anunciando El Armagedón y la venida
del Reino, como Testigo de Jehová. La capacidad histriónica con que
nos engañó, quizás le ganen la vida eterna, la que otorga como premio
su secta religiosa. Lo que sí es cierto, es que, para nosotros, pasó a
la inmortalidad con el nombre de "Malanga."
Regla, octubre 31 de 2012
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Le decía yo a mi admirado Newton Briones, que "Malanga" había chocado
en la CUJAE, con verdaderos revolucionarios que todavía olían a
pólvora. Entre ellos, "Malanga" tuvo la mala pata de chocar con un
Luis Blanca y con un Delio Gómez Ochoa. Esa fue su desgracia, pero
para llegar a dónde llegó, este farsante tuvo que contar con un
respaldo en las altas esferas de decisión. ¿Si no es así, cómo
explicar su meteórico ascenso de Director de un Tecnológico Militar
(donde también hizo de las suyas) a Decano de una Facultad
universitaria?... Me lamentaba yo, en mi mensaje a Newton, de haber
desconocido entonces el proceder de Malanga contra Rita Vilar. De
conocerlo cualquiera de los que lo sufrimos, seguro que hubiera durado
mucho menos su estancia entre nosotros. Pero bueno, esta lamentación
cae en el plano metafísico del "quién lo hubiera sabido." Otra
lamentación, bien realista, me ronda ahora. Y es que si el padrino de
Malanga aún ejerce poder para apadrinar, es seguro que otros
"Malangas", y hasta quizás más peligrosos, arriben a posiciones de
poder desde las cuales cobren nuevas víctimas, siempre entre los
verdaderos revolucionarios.
Como mi inseparable Sempronio no leyó la crónica donde, en octubre 31
de 2012, reseñé a tan funesto personaje, para su conocimiento y el de
otros que también lo ignoren, copio a continuación mi crónica de
marras:
MALANGA
Nombre y apellido de patricio independentista, atuendo militar con
grados de capitán y una cojera, parecían anunciar al veterano de la
Sierra, descendiente de patriotas, patriota él mismo, lisiado por
gloriosas heridas de guerra. Decían sus acólitos, aquellos que le
llamaban con familiaridad por el diminutivo de su nombre, que era
arquitecto. Con el resto del personal, se mostraba enérgico y
exigente, como le cuadra a un militar y al principio nos engañó con la
suma de estas apariencias. Pero en realidad era un típico farsante y
un avispado oportunista que explotaba la aparente aureola que lo
envolvía. Su baja estatura no era sólo física, se correspondía con la
del enano espiritual que en realidad era. Pero así nos lo enviaron
"desde arriba," a dirigir nuestra Facultad de Tecnología. La que
entonces pertenecía a la Universidad de la Habana. Había venido "de lo
alto", como un paracaidista, y así tuvimos que aceptarlo: Como un
enviado del Olimpo gobernante, un triste regalo que nos hacían los
Dioses.
Cuando, en la mega zafra del 70 nos mudamos al Central Guiteras, este
personaje, para vergüenza nuestra, encabezó el contingente
universitario. En los consejillos diarios con la Dirección de coloso
azucarero, con frecuencia sus terribles metidas de pata, y no
precisamente la que tenía más corta, nos hicieron sonrojar. Baste la
siguiente anécdota como botón de muestra: El jefe de máquinas había
acabado de informar, que ese día la molida se había interrumpido por
culpa de "los gallegos"; las así llamadas masas delanteras del tándem
de molinos. Pues nuestro brillante Decano, sorprendió a todos con su
rebuzno: Pidió que le dejaran hablar con dichos gallegos y él sabría
convencerles para que trabajaran bien. Todos nos miramos consternados.
Por suerte, los experimentados trabadores allí presentes, tomaron sus
palabras como un chiste.
Pero entre cielo y tierra no puede permanecer nada oculto. Cuando con
sus desmanes, comenzó a ganarse la repulsión de muchos, algunos se
ocuparon de escudriñar su pasado. Tuvo la poca cordura de chocar con
compañeros que sí habían estado en lo más crudo y fogueado de la
brega, sin hacer alarde después de sus bien ganados méritos. Ellos se
encargaron de buscar su expediente. Lo que descubrieron fue asombroso.
No había tenido la mínima participación en nuestra última contienda,
la que libró todo el pueblo por derrocar al tirano. Lo del uniforme y
sus grados le venía por haber sido Director de un Instituto
Técnico-Militar donde, por plantilla, a ese cargo corresponden las
insignias de capitán. De allí había salido a cajas destempladas. No
obstante, al parecer contó con la protección de algún poderoso, a
quien quizás también engañó. La revelación de su verdadera identidad
le trajo aparejado el mote que se ganó entre nosotros: "Malanga", por
tener "una pata ma-langa que la otra." Con ese nombre pasó a la
historia de la CUJAE, así le conocen todos los que trabajaron allí en
aquellos años duros, de prueba constante, de esfuerzos diarios. Y pasó
el tiempo "y pasó un águila sobre el mar"… Ya la antigua Facultad se
había convertido en Instituto Superior, independiente de la
Universidad y teníamos un Rector acorde al cargo. Las noticias que
entonces tuvimos de "Malanga" decían a lo claro que había hallado el
lugar que le correspondía dentro de la fauna ciudadana: Algunos le
vieron vestido de blanco total, recorriendo las calles habaneras,
predicando la palabra del Señor y anunciando El Armagedón y la venida
del Reino, como Testigo de Jehová. La capacidad histriónica con que
nos engañó, quizás le ganen la vida eterna, la que otorga como premio
su secta religiosa. Lo que sí es cierto, es que, para nosotros, pasó a
la inmortalidad con el nombre de "Malanga."
Regla, octubre 31 de 2012
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
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