AL PAN, PAN
Por Jorge C. Oliva Espinosa
"Al pan, pan" y "Al César, lo que es del César". He reunido un refrán
popular con una cita bíblica y no es por gusto. Ambos me vinieron a la
mente, al escuchar el discurso del Presidente de los Consejos de
Estado y de Ministros, en la clausura del período de sesiones de la
Asamblea Nacional. Nuestro Presidente no se anda con rodeos y calificó
con claridad conceptual lo que veníamos disimulando con eufemismos.
Desde hace rato, los cubanos estamos sustituyendo términos existentes
en el diccionario y aportando significados nuevos al idioma. Así
llamamos jineteras a las prostitutas, desvío o apropiación indebida al
robo, regalitos a los sobornos; se suplanta el verbo delinquir, por
luchar o vivir del invento y los delitos y vandalismos se engloban,
con otras desviaciones de la civilidad, bajo un neologismo muy cubano:
indisciplinas y conductas indebidas. Raúl fue categórico, llamó a cada
cosa por su nombre y deslindó las fronteras, muy claras por cierto,
entre delito, contravención e indisciplina.
Estamos presenciando un cambio muy significativo en el método y en el
estilo de gobierno, distintos a los que estábamos acostumbrados desde
hace décadas. De estilos y métodos diferentes me ocuparé en una
próxima crónica. Pero ahora, es preciso concentrarnos en este
discurso. En él se señala como gran culpable al pueblo.
Paradójicamente, se le pide colaboración al acusado para enfrentar la
situación denunciada y se anuncia como remedio la mano dura y otros
métodos represivos. Sobresalen dos reconocimientos tácitos: los males
que nos aquejan y "la mano blanda", la criminal tolerancia con que
hasta ahora se ha permitido la proliferación de esos males.
Es muy probable que este discurso produzca reacciones diversas. No lo
percibirán igual, delincuentes y personas decentes. Entre estas
últimas, unas lo aplaudirán, otras le imputarán retraso, no apuntar a
las verdaderas causas, ser "más de lo mismo", o tratarán de
descalificarlo al atribuirle culpabilidad en la situación que
denuncia. Situación de degradación y descomposición social que, todos
los que amamos a Cuba, estamos llamados a conjurar y combatir. Pero,
sea cual sea la visión con que se le juzgue, justa o injusta, una cosa
es innegable: Este Presidente ha rescatado el idioma que estábamos
deformando; salva, entre tantos valores perdidos, los valores
semánticos de ciertas palabras, habla bien claro, le dice "al pan, pan
y al vino, vino". Hay que reconocerlo y acreditárselo como
característica. "AL CÉSAR, LO QUE ES DEL CÉSAR".
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Julio 10 de 2013
--
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
martes, 9 de julio de 2013
SOBREVIVIENTE
SOBREVIVIENTE
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Un nuevo amigo me pregunta por qué, entre los epítetos que me adjudico
y escribo bajo mi firma, coloco como último el calificativo de
"Sobreviviente".
Voy a responderle a ese amigo, y de paso brindarles datos sobre mi
persona a aquellos lectores que no me conocen: Pues bien, en primer
término me declaro "cubano" porque lo soy y porque vivo orgulloso de
haber nacido aquí, en esta islita bella, rebelde e insurrecta. Un país
pequeño con una historia enorme, de la que, con razón, podemos
blasonar. Soy cubano en primera instancia, en esencia y sustancia,
porque cubano nací y cubano me formaron. Nada de Cuba me es ajeno, ni
dolor ni alegría, y puedo hacer mía la sentencia de José Antonio Saco:
"Habrá quienes sean tan cubanos como yo, pero no más cubanos que yo".
Consecuente con ello, proclamo mi prosapia libertaria, bien legítima
porque desciendo de mambises y he procurado merecer ese legado, siendo
fiel a la obligación que me impone el descender de ellos. Por último,
como el personaje de la película "Juan de los Muertos", me considero
un "sobreviviente" y puedo, como él, enumerar los eventos que no han
podido acabar conmigo. Así, sobreviví a la pobreza bajo el
capitalismo, sobreviví en la lucha armada contra una dictadura de
cafres y asesinos. De puro milagro, logré llegar vivo al triunfo
embriagador de un enero inolvidable. Más tarde, sobreviví al
sectarismo de la micro-fracción, sobreviví a las ORI "que eran la
candela" y pasé a las filas del PURSC, sobreviví al ciclón Flora,
sobreviví al "Año del Esfuerzo Decisivo", aquel 1969 que llamamos por
coña "Año del Esfuerzo de si vivo", porque sus semanas tuvieron, como
las de Manzanero, más de siete días; luego sobreviví a "la zafra de
los diez millones", al "Período Especial" también sobreviví. Al
comienzo de dicho período, sobreviví al mandato que me impusieron mis
vecinos, cuando me eligieron Delegado a la Asamblea Municipal del
Poder Popular, cargo que desempeñé y del cual salí ileso. Y he
sobrevivido, como Juan de los Muertos, a "todo esto que vino después".
¡Ah!, también luché por la sobrevivencia durante 32 años en una
cátedra universitaria, ganada contra taimada y desleal oposición. En
la colina rebelde que me hizo combatiente revolucionario, no solamente
sobreviví como persona, también logré que sobreviviera el prestigio
que, como Profesor, cimenté durante esas sobrepasadas tres décadas de
entrega y dedicación gustosa. Como colofón y desafío mayor, ahora me
empeño en sobrevivir con mi chequera de jubilado, aunque es casi
seguro que no pueda lograrlo...
Después de leer este extenso rosario de sobrevivencias, extendido a lo
largo de los 77 años que estoy por cumplir ¿no creen ustedes que puedo
declararme, con orgullo, SOBREVIVIENTE?...
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía
Julio 9 de 2013
--
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Un nuevo amigo me pregunta por qué, entre los epítetos que me adjudico
y escribo bajo mi firma, coloco como último el calificativo de
"Sobreviviente".
Voy a responderle a ese amigo, y de paso brindarles datos sobre mi
persona a aquellos lectores que no me conocen: Pues bien, en primer
término me declaro "cubano" porque lo soy y porque vivo orgulloso de
haber nacido aquí, en esta islita bella, rebelde e insurrecta. Un país
pequeño con una historia enorme, de la que, con razón, podemos
blasonar. Soy cubano en primera instancia, en esencia y sustancia,
porque cubano nací y cubano me formaron. Nada de Cuba me es ajeno, ni
dolor ni alegría, y puedo hacer mía la sentencia de José Antonio Saco:
"Habrá quienes sean tan cubanos como yo, pero no más cubanos que yo".
Consecuente con ello, proclamo mi prosapia libertaria, bien legítima
porque desciendo de mambises y he procurado merecer ese legado, siendo
fiel a la obligación que me impone el descender de ellos. Por último,
como el personaje de la película "Juan de los Muertos", me considero
un "sobreviviente" y puedo, como él, enumerar los eventos que no han
podido acabar conmigo. Así, sobreviví a la pobreza bajo el
capitalismo, sobreviví en la lucha armada contra una dictadura de
cafres y asesinos. De puro milagro, logré llegar vivo al triunfo
embriagador de un enero inolvidable. Más tarde, sobreviví al
sectarismo de la micro-fracción, sobreviví a las ORI "que eran la
candela" y pasé a las filas del PURSC, sobreviví al ciclón Flora,
sobreviví al "Año del Esfuerzo Decisivo", aquel 1969 que llamamos por
coña "Año del Esfuerzo de si vivo", porque sus semanas tuvieron, como
las de Manzanero, más de siete días; luego sobreviví a "la zafra de
los diez millones", al "Período Especial" también sobreviví. Al
comienzo de dicho período, sobreviví al mandato que me impusieron mis
vecinos, cuando me eligieron Delegado a la Asamblea Municipal del
Poder Popular, cargo que desempeñé y del cual salí ileso. Y he
sobrevivido, como Juan de los Muertos, a "todo esto que vino después".
¡Ah!, también luché por la sobrevivencia durante 32 años en una
cátedra universitaria, ganada contra taimada y desleal oposición. En
la colina rebelde que me hizo combatiente revolucionario, no solamente
sobreviví como persona, también logré que sobreviviera el prestigio
que, como Profesor, cimenté durante esas sobrepasadas tres décadas de
entrega y dedicación gustosa. Como colofón y desafío mayor, ahora me
empeño en sobrevivir con mi chequera de jubilado, aunque es casi
seguro que no pueda lograrlo...
Después de leer este extenso rosario de sobrevivencias, extendido a lo
largo de los 77 años que estoy por cumplir ¿no creen ustedes que puedo
declararme, con orgullo, SOBREVIVIENTE?...
Desde Regla,
Ayer, "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía
Julio 9 de 2013
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
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domingo, 7 de julio de 2013
CATILINA, NO CATALINA
CATILINA, NO CATALINA
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Siempre listo a meter la cuchareta, Sempronio creyó encontrar una
errata al final de mi reciente artículo titulado "Legislar". Doctoral,
me señala que escribí "Catilina" por Catalina. Para aclararle que no
me refería a la señora del famoso guayo, sino a un tribuno romano
llamado Ca-ti-li-na, tendré que pasar por pedante en la presente
crónica. Sólo para ilustrar a Sempronio corro ese riesgo y escribo
esta brevísima reseña histórica:
Lucio Sergio Catilina fue un político romano que alcanzó notoriedad en
la Roma anterior a nuestra era. En el año 63 a.n.e., se volvió a
postular para el cargo de cónsul, después de haber perdido la primera
vez, e intentó asegurarse la victoria mediante la compra de votos.
Como respuesta, el entonces gobernante, Cicerón, promulgó una ley
prohibiendo maquinaciones de este tipo. Catilina, a su vez, conspiró
con sus partidarios para matarlo junto a los principales miembros del
Senado, el día fijado para las elecciones. Descubierto el complot, se
pospuso la fecha de los comicios, para dar tiempo a discutir sobre el
intento de golpe en el Senado.
Un día después de la fecha original de las elecciones, Cicerón habló
al Senado sobre ese tema y la réplica de Catilina fue inmediata y
violenta. En respuesta, el Senado emitió un senatus consultum ultimum
(medida similar al estado de sitio moderno) por el cual quedó
suspendida la ley regular y Cicerón, como cónsul, fue investido con
poder absoluto. Cuando finalmente se realizaron las elecciones,
Catilina volvió a perder. Anticipando la derrota, los conspiradores ya
habían juntado un ejército. El plan era iniciar una insurrección en
toda Italia, incendiar Roma y matar a tantos miembros del Senado como
fuera posible.
Pero nuevamente Cicerón estaba al tanto. El 8 de noviembre, convocó al
Senado en el Templo de Júpiter Capitolino, Catilina asistió a la
reunión, y fue entonces que Cicerón aprovechó para increparlo con su
primer discurso, de los cuatro que fueron conocidos como "Las
Catilinarias". El primero comenzaba con la célebre frase: "¿Hasta
cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?" (Quousque tandem,
Catilina, abutere patientia nostra?).
Después del segundo discurso, en el cual Cicerón presentó pruebas
fehacientes de la conspiración, Catilina y los otros conspiradores
fueron declarados enemigos públicos, juzgados en rebeldía y condenados
a muerte. Esta condena, fue dictada por el Senado, contra los
implicados ya prófugos. Catilina se unió a un ejército de sus
seguidores, pero fue derrotado. Finalmente, murió en una batalla cerca
de Pistoia, en el centro de Italia.
Esa, en apretada síntesis, es la historia de Catilina, el personaje
que Sempronio tomó por Catalina, la del Guayo. Cualquier semejanza con
personajes y hechos muy posteriores o incluso actuales, debe
acreditarse a esos guiños que a cada rato, como sarcasmo, nos hace la
historia. La muy pícara parece querer recordarnos aquella máxima
latina "Níhil novis sub soleil" (Nada hay nuevo bajo el sol)...
Desde Regla,
Ayer "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía
Julio 8 de 2013
--
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Siempre listo a meter la cuchareta, Sempronio creyó encontrar una
errata al final de mi reciente artículo titulado "Legislar". Doctoral,
me señala que escribí "Catilina" por Catalina. Para aclararle que no
me refería a la señora del famoso guayo, sino a un tribuno romano
llamado Ca-ti-li-na, tendré que pasar por pedante en la presente
crónica. Sólo para ilustrar a Sempronio corro ese riesgo y escribo
esta brevísima reseña histórica:
Lucio Sergio Catilina fue un político romano que alcanzó notoriedad en
la Roma anterior a nuestra era. En el año 63 a.n.e., se volvió a
postular para el cargo de cónsul, después de haber perdido la primera
vez, e intentó asegurarse la victoria mediante la compra de votos.
Como respuesta, el entonces gobernante, Cicerón, promulgó una ley
prohibiendo maquinaciones de este tipo. Catilina, a su vez, conspiró
con sus partidarios para matarlo junto a los principales miembros del
Senado, el día fijado para las elecciones. Descubierto el complot, se
pospuso la fecha de los comicios, para dar tiempo a discutir sobre el
intento de golpe en el Senado.
Un día después de la fecha original de las elecciones, Cicerón habló
al Senado sobre ese tema y la réplica de Catilina fue inmediata y
violenta. En respuesta, el Senado emitió un senatus consultum ultimum
(medida similar al estado de sitio moderno) por el cual quedó
suspendida la ley regular y Cicerón, como cónsul, fue investido con
poder absoluto. Cuando finalmente se realizaron las elecciones,
Catilina volvió a perder. Anticipando la derrota, los conspiradores ya
habían juntado un ejército. El plan era iniciar una insurrección en
toda Italia, incendiar Roma y matar a tantos miembros del Senado como
fuera posible.
Pero nuevamente Cicerón estaba al tanto. El 8 de noviembre, convocó al
Senado en el Templo de Júpiter Capitolino, Catilina asistió a la
reunión, y fue entonces que Cicerón aprovechó para increparlo con su
primer discurso, de los cuatro que fueron conocidos como "Las
Catilinarias". El primero comenzaba con la célebre frase: "¿Hasta
cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?" (Quousque tandem,
Catilina, abutere patientia nostra?).
Después del segundo discurso, en el cual Cicerón presentó pruebas
fehacientes de la conspiración, Catilina y los otros conspiradores
fueron declarados enemigos públicos, juzgados en rebeldía y condenados
a muerte. Esta condena, fue dictada por el Senado, contra los
implicados ya prófugos. Catilina se unió a un ejército de sus
seguidores, pero fue derrotado. Finalmente, murió en una batalla cerca
de Pistoia, en el centro de Italia.
Esa, en apretada síntesis, es la historia de Catilina, el personaje
que Sempronio tomó por Catalina, la del Guayo. Cualquier semejanza con
personajes y hechos muy posteriores o incluso actuales, debe
acreditarse a esos guiños que a cada rato, como sarcasmo, nos hace la
historia. La muy pícara parece querer recordarnos aquella máxima
latina "Níhil novis sub soleil" (Nada hay nuevo bajo el sol)...
Desde Regla,
Ayer "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía
Julio 8 de 2013
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
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jueves, 4 de julio de 2013
LEGISLAR
LEGISLAR
Por Jorge C. Oliva Espinosa
He tenido una fuerte discusión con Sempronio. Leyó mi crítica a
nuestro Parlamento, donde digo que en Cuba, no se legisla. Y me
refuta, de la siguiente manera:
_Estás completamente equivocado, mi socio. Cuba es el país donde más
se legisla... Aquí, eso de "legislar" no está reservado exclusivamente
para Parlamentarios, Representantes, Senadores y Diputados, o como le
llamen indistintamente en otros lugares. Aquí, esa actividad la
practican todos los ciudadanos adultos. Mira, sin movernos de aquí,
donde estamos hablando, te lo voy a demostrar. Vacila a Cheo, el
bodeguero. Ahí, donde tú lo ves, detrás del mostrador, sin nada qué
hacer, pues ya distribuyó a todos sus consumidores, los pocos
productos que todavía quedan en la libreta... ¿Lo notas pensativo,
como sumido en hondas reflexiones? Pues, Cheo está legislando, para
ver cómo cuadra el inventario, hace la liquidación y saca unos kilitos
para poder tocar a los inspectores, compensar el salario que recibe y
seguir viviendo. Ahora, mira para allá, para la farmacia; allá está
Zoila en lo mismo, viendo a ver cómo no hay faltantes de medicinas,
sobre todo las que ha vendido "por la izquierda"... Seguimos, en la
TRD la cosa adquiere mayor peso (pero pesos CUC), allí tanto el
administrador como los dependientes, están todos legislando,
pendientes para que las multas con que sobrecargan los precios, los
productos "luchados" que han logrado colar y vender, los que les trajo
sin facturar "su contacto", el almacenero, y los vueltos que no
devuelven "porque no hay cambio", todo eso junto, redondee la
güanajita que se llevarán a casa. De similar forma, están legislando
los del agromercado estatal, con la vianda que reporten como
"pérdida". En la madrugada, puedes ver a unos viejitos, todos
legislando como si fueran un Concejo de Ancianos, esperando que llegue
la prensa para comprar algunos ejemplares y revenderlos luego a peso.
Ellos son retirados que tienen que legislar muy duro para vivir con
sus pensiones. ¿Y qué me dices, de tanto hombre fuerte y sano, apto
para trabajar y que prefiere salir a legislarla en la calle, a
lucharla, al invento, antes de tener un empleo fijo y mal remunerado?
De los "cuentapropistas" no te voy a hablar, porque ellos son los que
más la han legislado... Por otra parte, cualquier funcionario del
Estado, se la pasa legislando reglamentos, disposiciones, circulares y
demás instrumentos necesarios para poner en ejecución las leyes,
decretos e instrucciones que les bajan de sus ministerios. No importa
si, con frecuencia, contradicen o violan la Constitución. Lo
importante es aplicar lo que le bajen "de arriba". Los directores de
empresas, tiene que legislarla muy duro para no perder el cargo y el
carro asignado correspondiente. Sus choferes también legislan con la
gasolina que desvían y algún que otro uso que le den a esos
vehículos... ¿Y esa gran parte de nuestra juventud, que está
legislando para ver cómo emigra en busca de horizontes que aquí no
encuentra? ¡Todos, mi ambia, todos en Cuba, estamos legislando, asere!
Somos un pueblo de legisladores. En eso le ganamos a los antiguos
romanos.
Cuando le señalo que yo me refería a la ausencia de iniciativas
legislativas de la que adolece nuestra Asamblea Nacional, al parecer
solo destinada a aprobar (y siempre por unanimidad) los decretos
emitidos por el Ejecutivo, Sempronio me aclara, cáustico como siempre:
_Ahí también te equivocas, mi hermano. Esos asambleístas, bien que la
tienen que legislar para no pifiar y que los saquen de escena en la
próxima legislatura, como le pasó a su anterior presidente. Algunos
están vacilando, eso de ser Diputado por obra y gracia del espíritu
santo. ¡No sabes nada, Viejo!...
Desisto de seguir discutiendo con Sempronio. Este reglano, cuando se
enfrasca en sus "catilinarias", hay que dejarlo por incorregible. Es
peor que Catilina y que Cicerón.
Desde Regla,
Ayer "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Julio 4 de 2013
--
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
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Por Jorge C. Oliva Espinosa
He tenido una fuerte discusión con Sempronio. Leyó mi crítica a
nuestro Parlamento, donde digo que en Cuba, no se legisla. Y me
refuta, de la siguiente manera:
_Estás completamente equivocado, mi socio. Cuba es el país donde más
se legisla... Aquí, eso de "legislar" no está reservado exclusivamente
para Parlamentarios, Representantes, Senadores y Diputados, o como le
llamen indistintamente en otros lugares. Aquí, esa actividad la
practican todos los ciudadanos adultos. Mira, sin movernos de aquí,
donde estamos hablando, te lo voy a demostrar. Vacila a Cheo, el
bodeguero. Ahí, donde tú lo ves, detrás del mostrador, sin nada qué
hacer, pues ya distribuyó a todos sus consumidores, los pocos
productos que todavía quedan en la libreta... ¿Lo notas pensativo,
como sumido en hondas reflexiones? Pues, Cheo está legislando, para
ver cómo cuadra el inventario, hace la liquidación y saca unos kilitos
para poder tocar a los inspectores, compensar el salario que recibe y
seguir viviendo. Ahora, mira para allá, para la farmacia; allá está
Zoila en lo mismo, viendo a ver cómo no hay faltantes de medicinas,
sobre todo las que ha vendido "por la izquierda"... Seguimos, en la
TRD la cosa adquiere mayor peso (pero pesos CUC), allí tanto el
administrador como los dependientes, están todos legislando,
pendientes para que las multas con que sobrecargan los precios, los
productos "luchados" que han logrado colar y vender, los que les trajo
sin facturar "su contacto", el almacenero, y los vueltos que no
devuelven "porque no hay cambio", todo eso junto, redondee la
güanajita que se llevarán a casa. De similar forma, están legislando
los del agromercado estatal, con la vianda que reporten como
"pérdida". En la madrugada, puedes ver a unos viejitos, todos
legislando como si fueran un Concejo de Ancianos, esperando que llegue
la prensa para comprar algunos ejemplares y revenderlos luego a peso.
Ellos son retirados que tienen que legislar muy duro para vivir con
sus pensiones. ¿Y qué me dices, de tanto hombre fuerte y sano, apto
para trabajar y que prefiere salir a legislarla en la calle, a
lucharla, al invento, antes de tener un empleo fijo y mal remunerado?
De los "cuentapropistas" no te voy a hablar, porque ellos son los que
más la han legislado... Por otra parte, cualquier funcionario del
Estado, se la pasa legislando reglamentos, disposiciones, circulares y
demás instrumentos necesarios para poner en ejecución las leyes,
decretos e instrucciones que les bajan de sus ministerios. No importa
si, con frecuencia, contradicen o violan la Constitución. Lo
importante es aplicar lo que le bajen "de arriba". Los directores de
empresas, tiene que legislarla muy duro para no perder el cargo y el
carro asignado correspondiente. Sus choferes también legislan con la
gasolina que desvían y algún que otro uso que le den a esos
vehículos... ¿Y esa gran parte de nuestra juventud, que está
legislando para ver cómo emigra en busca de horizontes que aquí no
encuentra? ¡Todos, mi ambia, todos en Cuba, estamos legislando, asere!
Somos un pueblo de legisladores. En eso le ganamos a los antiguos
romanos.
Cuando le señalo que yo me refería a la ausencia de iniciativas
legislativas de la que adolece nuestra Asamblea Nacional, al parecer
solo destinada a aprobar (y siempre por unanimidad) los decretos
emitidos por el Ejecutivo, Sempronio me aclara, cáustico como siempre:
_Ahí también te equivocas, mi hermano. Esos asambleístas, bien que la
tienen que legislar para no pifiar y que los saquen de escena en la
próxima legislatura, como le pasó a su anterior presidente. Algunos
están vacilando, eso de ser Diputado por obra y gracia del espíritu
santo. ¡No sabes nada, Viejo!...
Desisto de seguir discutiendo con Sempronio. Este reglano, cuando se
enfrasca en sus "catilinarias", hay que dejarlo por incorregible. Es
peor que Catilina y que Cicerón.
Desde Regla,
Ayer "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Julio 4 de 2013
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
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jorgecoliva@gmail.com
miércoles, 3 de julio de 2013
QUIEN FUE
¿QUIÉN FUE?
Por Jorge C. Oliva Espinosa
En mi reciente artículo "Como el Curro en la Fiesta", mencioné a
Milován Djilas y como estoy seguro que muchos cubanos, sobre todo
jóvenes, pudieran no saber de quién se trata, decidí escribir una
pequeña reseña sobre esta figura y su destacado desempeño en el
pensamiento marxista y en el movimiento comunista del siglo XX.
Milován Djilas fue un revolucionario, político y escritor yugoslavo
que alcanzó posición y renombre a finales de la primera mitad del
siglo XX y principios de la segunda. Nació en 1911 y se graduó como
abogado en la Universidad de Belgrado. Convencido de las ideas
marxistas, sufrió prisión y torturas durante el régimen monárquico que
por entonces gobernaba su país. Desde 1940 fue miembro del Buró
Político del Partido Comunista yugoslavo, liderado por Josip Broz
Tito, de quien era amigo cercano. Cuando Yugoslavia fue ocupada por
las hordas nazis, participó en el movimiento guerrillero, encabezado
por Broz Tito, que le opuso tenaz resistencia a la invasión fascista.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, y emerger la nueva Yugoslavia
socialista, ocupó importantes cargos en el gobierno comunista que se
hizo del poder. Así, llegó a ocupar la Presidencia de la Asamblea
Nacional y fue Vice Presidente de la República en 1953, viéndosele
como posible sucesor de Tito. Con anterioridad, había cumplido
importantes misiones, encaminadas a buscar un acercamiento con Stalin,
quien había excomulgado a Tito, colgándole el sambenito de
revisionista. Pero una vez convencido de la inutilidad de cualquier
esfuerzo, fue un decidido partidario de la temprana ruptura de
Yugoslavia (1948) con la URSS y del rechazo al poder hegemónico que
ésta imponía a los demás países socialistas y a sus respectivos
partidos comunistas.
Sus críticas al gobierno del que formaba parte, le costaron perder su
posición de Vice Presidente y posteriormente sus demás cargos en el
Partido, siendo expulsado del mismo en 1954. Sus denuncias de los
privilegios que disfrutaba la partidocracia, le llevaron a la cárcel
en 1956, sentenciado por difamación y libelo. Arbitrariamente, esa
sentencia le fue aumentada en diez años, al publicarse en occidente su
libro "La Nueva Clase". Esta obra es una contundente acusación contra
el sistema político que habían adoptado Yugoslavia y el resto de
países del Campo Socialista. En ella, Djilas sostiene que los
militantes comunistas, monopolizando la administración de los bienes
estatales, estaban construyendo en torno a sí mismos una "nueva clase"
social, formada por burócratas que no eran propietarios de los medios
de producción sino meros administradores de éstos. No obstante haber
desaparecido el capitalismo, según Djilas, los militantes comunistas y
sus dirigentes se convertían en una "élite" que, aunque no era
propietaria de los medios de producción, aprovechaba la administración
de éstos, para proporcionarse privilegios y niveles de vida que
estaban fuera del alcance del proletariado.
Alegaba Djilas, que la nueva "élite burocrática" desempeñaba un rol
social muy parecido a la antigua aristocracia de las épocas
prerrevolucionarias, en tanto la "nueva élite" traspasaba su
"influencia" a sus familias y sus miembros sólo cultivaban relaciones
entre sí, aprovechando su acceso exclusivo al poder político para
establecer privilegios en favor de ellos mismos. Esta conducta, según
Djilas, no sólo traicionaba el ideal marxista de la "sociedad sin
clases" sino que creaba un esquema social donde la clase obrera, en la
práctica, no había hallado su verdadera liberación pues estaba
sometida y explotada por una "Nueva Clase".
Las obras de Djilas fueron ampliamente divulgadas en los países
capitalistas. En Cuba, la revista Bohemia publicó, fragmentado en
envíos semanales, su libro "La Nueva Clase". Sus denuncias a los males
del estalinismo, eran presentados como ataques al socialismo. De mayor
valor por venir desde adentro, provenientes de un revolucionario
decepcionado. Esa era y sigue siendo la táctica mediática del Imperio
para desacreditar nuestras ideas. En esto, coincidían con los
corruptores del socialismo, que lo presentaban como un renegado. Sin
embargo, Milován Djilas, continuó hasta el fin de su vida siendo un
marxista convencido, un auténtico revolucionario y jamás abjuró de su
ideología. En 1962, al publicarse su "Conversación con Stalin",
volvieron a aumentarle la condena, en 4 años más. En el 66 fue
amnistiado y siguió escribiendo y viviendo en Belgrado, con la verdad
como bandera, luchando por rescatar el socialismo usurpado por la
nueva clase. En la década de 1980 se afilió al socialismo democrático,
sin abandonar sus ideas marxistas.
Poco antes de la desaparición de la Unión Soviética y de la
reunificación alemana de 1990, alertó contra la creciente amenaza del
nacionalismo extremo, mezclado con xenofobia, como herramienta
desintegradora que causaría enormes daños a los países de Europa
Oriental. Al ocurrir la desmembración de Yugoslavia y durante las
guerras que le siguieron, Djilas condenó el chovinismo de las diversas
etnias (serbios, croatas, bosnios, kosovares y eslovenos) que luchaban
en el país, atacando al régimen de Slobodan Milosevic, pese a ser el
propio Djilas de origen serbio. Relegado en lo que fue Yugoslavia(*),
pero famoso fuera de su país, Djilas falleció en Belgrado en 1995.
Desde Regla,
Ayer "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Julio 3 de 2013
(*) Hoy atomizada en 6 repúblicas: Bosnia-Herzegovina, Croacia,
Eslovenia, Macedonia, Montenegro y Serbia.
--
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
Por Jorge C. Oliva Espinosa
En mi reciente artículo "Como el Curro en la Fiesta", mencioné a
Milován Djilas y como estoy seguro que muchos cubanos, sobre todo
jóvenes, pudieran no saber de quién se trata, decidí escribir una
pequeña reseña sobre esta figura y su destacado desempeño en el
pensamiento marxista y en el movimiento comunista del siglo XX.
Milován Djilas fue un revolucionario, político y escritor yugoslavo
que alcanzó posición y renombre a finales de la primera mitad del
siglo XX y principios de la segunda. Nació en 1911 y se graduó como
abogado en la Universidad de Belgrado. Convencido de las ideas
marxistas, sufrió prisión y torturas durante el régimen monárquico que
por entonces gobernaba su país. Desde 1940 fue miembro del Buró
Político del Partido Comunista yugoslavo, liderado por Josip Broz
Tito, de quien era amigo cercano. Cuando Yugoslavia fue ocupada por
las hordas nazis, participó en el movimiento guerrillero, encabezado
por Broz Tito, que le opuso tenaz resistencia a la invasión fascista.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, y emerger la nueva Yugoslavia
socialista, ocupó importantes cargos en el gobierno comunista que se
hizo del poder. Así, llegó a ocupar la Presidencia de la Asamblea
Nacional y fue Vice Presidente de la República en 1953, viéndosele
como posible sucesor de Tito. Con anterioridad, había cumplido
importantes misiones, encaminadas a buscar un acercamiento con Stalin,
quien había excomulgado a Tito, colgándole el sambenito de
revisionista. Pero una vez convencido de la inutilidad de cualquier
esfuerzo, fue un decidido partidario de la temprana ruptura de
Yugoslavia (1948) con la URSS y del rechazo al poder hegemónico que
ésta imponía a los demás países socialistas y a sus respectivos
partidos comunistas.
Sus críticas al gobierno del que formaba parte, le costaron perder su
posición de Vice Presidente y posteriormente sus demás cargos en el
Partido, siendo expulsado del mismo en 1954. Sus denuncias de los
privilegios que disfrutaba la partidocracia, le llevaron a la cárcel
en 1956, sentenciado por difamación y libelo. Arbitrariamente, esa
sentencia le fue aumentada en diez años, al publicarse en occidente su
libro "La Nueva Clase". Esta obra es una contundente acusación contra
el sistema político que habían adoptado Yugoslavia y el resto de
países del Campo Socialista. En ella, Djilas sostiene que los
militantes comunistas, monopolizando la administración de los bienes
estatales, estaban construyendo en torno a sí mismos una "nueva clase"
social, formada por burócratas que no eran propietarios de los medios
de producción sino meros administradores de éstos. No obstante haber
desaparecido el capitalismo, según Djilas, los militantes comunistas y
sus dirigentes se convertían en una "élite" que, aunque no era
propietaria de los medios de producción, aprovechaba la administración
de éstos, para proporcionarse privilegios y niveles de vida que
estaban fuera del alcance del proletariado.
Alegaba Djilas, que la nueva "élite burocrática" desempeñaba un rol
social muy parecido a la antigua aristocracia de las épocas
prerrevolucionarias, en tanto la "nueva élite" traspasaba su
"influencia" a sus familias y sus miembros sólo cultivaban relaciones
entre sí, aprovechando su acceso exclusivo al poder político para
establecer privilegios en favor de ellos mismos. Esta conducta, según
Djilas, no sólo traicionaba el ideal marxista de la "sociedad sin
clases" sino que creaba un esquema social donde la clase obrera, en la
práctica, no había hallado su verdadera liberación pues estaba
sometida y explotada por una "Nueva Clase".
Las obras de Djilas fueron ampliamente divulgadas en los países
capitalistas. En Cuba, la revista Bohemia publicó, fragmentado en
envíos semanales, su libro "La Nueva Clase". Sus denuncias a los males
del estalinismo, eran presentados como ataques al socialismo. De mayor
valor por venir desde adentro, provenientes de un revolucionario
decepcionado. Esa era y sigue siendo la táctica mediática del Imperio
para desacreditar nuestras ideas. En esto, coincidían con los
corruptores del socialismo, que lo presentaban como un renegado. Sin
embargo, Milován Djilas, continuó hasta el fin de su vida siendo un
marxista convencido, un auténtico revolucionario y jamás abjuró de su
ideología. En 1962, al publicarse su "Conversación con Stalin",
volvieron a aumentarle la condena, en 4 años más. En el 66 fue
amnistiado y siguió escribiendo y viviendo en Belgrado, con la verdad
como bandera, luchando por rescatar el socialismo usurpado por la
nueva clase. En la década de 1980 se afilió al socialismo democrático,
sin abandonar sus ideas marxistas.
Poco antes de la desaparición de la Unión Soviética y de la
reunificación alemana de 1990, alertó contra la creciente amenaza del
nacionalismo extremo, mezclado con xenofobia, como herramienta
desintegradora que causaría enormes daños a los países de Europa
Oriental. Al ocurrir la desmembración de Yugoslavia y durante las
guerras que le siguieron, Djilas condenó el chovinismo de las diversas
etnias (serbios, croatas, bosnios, kosovares y eslovenos) que luchaban
en el país, atacando al régimen de Slobodan Milosevic, pese a ser el
propio Djilas de origen serbio. Relegado en lo que fue Yugoslavia(*),
pero famoso fuera de su país, Djilas falleció en Belgrado en 1995.
Desde Regla,
Ayer "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Julio 3 de 2013
(*) Hoy atomizada en 6 repúblicas: Bosnia-Herzegovina, Croacia,
Eslovenia, Macedonia, Montenegro y Serbia.
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
martes, 2 de julio de 2013
COMO EL CURRO EN LA FIESTA
COMO EL CURRO EN LA FIESTA
Por Jorge C. Oliva Espinosa
No me canso de leer y volver a leer un extenso artículo del compañero
Pedro Campos, titulado "La Encrucijada de la Economía Cubana". Es una
exposición contundente, argumentada de forma irrebatible y llena de
deprimentes verdades. Entre sus muchas y acertadas afirmaciones,
remarqué aquella en que señala: "Si la independencia de España en el
Siglo XIX fue retardada por el miedo al negro, en este Siglo XXI, el
socialismo lo está siendo por el miedo al trabajador." No es la única
verdad que postula. Son muchos sus enunciados categóricos que no
admiten cuestionamiento alguno. Así, con notable lucidez y poder de
síntesis, resume las ideas contenidas en su artículo, de la siguiente
forma: "Para destrabarse, la economía cubana debe avanzar
decididamente hacia la privatización o hacia la socialización; pero la
burocracia estatalista, obstruye ambos caminos".
Con un realismo conmovedor, Campos nos describe las dos opciones que
se abren ante los gobernantes cubanos, por una de las cuales debe
enrumbarse nuestra economía. Las dos, en direcciones contrapuestas,
se presentan como los dos ramales de un camino que se bifurca. Es la
encrucijada que menciona el autor. Para continuar avanzando, habrá que
decidir por cuál rama tomar. Una conduce a la privatización retrógrada
que nos regresaría al capitalismo, donde los capitalistas serán
entidades privadas, el Estado o ambos en contubernio. En sentido
contrario, se abre el camino de la socialización plena y verdadera, en
la que se afirmen los principios de una real sociedad socialista,
donde el poder sea del pueblo; no la estatalización que encubre un
capitalismo de estado.
Después de desmenuzar los componentes de la sociedad, sometida a
simple espectadora de la decisión que se tome y cuyo costo pagará,
Campos identifica, con certeza plena, la clase que obstaculiza
cualquiera de las dos opciones. Nos revela el motivo que la lleva a
presentar cerril resistencia a ambas y con ello, inmovilizar a los que
debían conducir la marcha. Esa clase paralizadora es la nueva
burguesía abroquelada en el poder, la "Nueva Clase" de la que habló el
yugoslavo Milován Djilas en 1957, clase cuya motivación y fin último
es conservar el poder. El poder del que se han apoderado como élite,
del que disfrutan ellos y sus familias, convertidos en una nueva
aristocracia y que temen perder. De esta forma, vemos a una casta
burocrática opuesta a la sociedad en pleno. Ella teme tanto a los que
añoran el capitalismo y desean su regreso, como a los partidarios del
socialismo. Se enfrenta, pertinazmente, a todos, a todos trata como a
enemigos y hace imposible cualquier cambio. Esta nueva clase, que
Campos denomina "buroburguesía", tiene la certeza que será desplazada
del poder, cualesquiera que sean los triunfadores, socialistas o
capitalistas. Por esa razón, estanca la toma de cualquier decisión y,
situada ante la encrucijada, como una pesada mole, hace imposible
avanzar.
Como diría Sempronio, coloca al gobierno en la clásica posición del
proverbial Curro. El que estaba en la fiesta y no se podía ir ni
quedar.
Desde Regla,
Ayer "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Julio 2 de 2013
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
Por Jorge C. Oliva Espinosa
No me canso de leer y volver a leer un extenso artículo del compañero
Pedro Campos, titulado "La Encrucijada de la Economía Cubana". Es una
exposición contundente, argumentada de forma irrebatible y llena de
deprimentes verdades. Entre sus muchas y acertadas afirmaciones,
remarqué aquella en que señala: "Si la independencia de España en el
Siglo XIX fue retardada por el miedo al negro, en este Siglo XXI, el
socialismo lo está siendo por el miedo al trabajador." No es la única
verdad que postula. Son muchos sus enunciados categóricos que no
admiten cuestionamiento alguno. Así, con notable lucidez y poder de
síntesis, resume las ideas contenidas en su artículo, de la siguiente
forma: "Para destrabarse, la economía cubana debe avanzar
decididamente hacia la privatización o hacia la socialización; pero la
burocracia estatalista, obstruye ambos caminos".
Con un realismo conmovedor, Campos nos describe las dos opciones que
se abren ante los gobernantes cubanos, por una de las cuales debe
enrumbarse nuestra economía. Las dos, en direcciones contrapuestas,
se presentan como los dos ramales de un camino que se bifurca. Es la
encrucijada que menciona el autor. Para continuar avanzando, habrá que
decidir por cuál rama tomar. Una conduce a la privatización retrógrada
que nos regresaría al capitalismo, donde los capitalistas serán
entidades privadas, el Estado o ambos en contubernio. En sentido
contrario, se abre el camino de la socialización plena y verdadera, en
la que se afirmen los principios de una real sociedad socialista,
donde el poder sea del pueblo; no la estatalización que encubre un
capitalismo de estado.
Después de desmenuzar los componentes de la sociedad, sometida a
simple espectadora de la decisión que se tome y cuyo costo pagará,
Campos identifica, con certeza plena, la clase que obstaculiza
cualquiera de las dos opciones. Nos revela el motivo que la lleva a
presentar cerril resistencia a ambas y con ello, inmovilizar a los que
debían conducir la marcha. Esa clase paralizadora es la nueva
burguesía abroquelada en el poder, la "Nueva Clase" de la que habló el
yugoslavo Milován Djilas en 1957, clase cuya motivación y fin último
es conservar el poder. El poder del que se han apoderado como élite,
del que disfrutan ellos y sus familias, convertidos en una nueva
aristocracia y que temen perder. De esta forma, vemos a una casta
burocrática opuesta a la sociedad en pleno. Ella teme tanto a los que
añoran el capitalismo y desean su regreso, como a los partidarios del
socialismo. Se enfrenta, pertinazmente, a todos, a todos trata como a
enemigos y hace imposible cualquier cambio. Esta nueva clase, que
Campos denomina "buroburguesía", tiene la certeza que será desplazada
del poder, cualesquiera que sean los triunfadores, socialistas o
capitalistas. Por esa razón, estanca la toma de cualquier decisión y,
situada ante la encrucijada, como una pesada mole, hace imposible
avanzar.
Como diría Sempronio, coloca al gobierno en la clásica posición del
proverbial Curro. El que estaba en la fiesta y no se podía ir ni
quedar.
Desde Regla,
Ayer "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía.
Julio 2 de 2013
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
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jorgecoliva@gmail.com
lunes, 1 de julio de 2013
ACTUALIZACION Y CAMBIO
ACTUALIZACIÓN Y CAMBIO
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Sempronio me contó la siguiente historia. Es una historia muy
conocida, pero merece que escuchemos su versión. Cualquiera puede
comprobar que es verídica en su totalidad. Ahí les va:
"Un cubano tenía un auto de los años 50 del pasado siglo, lo había
heredado de su hermano mayor. Pero cuando éste le traspasó la
propiedad, ya era un desastre. Durante más de cincuenta años, su
hermano, él y los amigos de ambos, le habían dado uso y abuso sin
miramientos y el pobre cacharro ya no podía más. Sencillamente no
andaba. Y entonces, el nuevo dueño decidió proceder a su
modernización. Convertirlo en algo tan moderno, que fuera actual. Y le
llamó al cambio de modelo, actualización. Aunque sentía escrúpulos con
las palabras cambio y reformas, anunció que iba a cambiarle todo lo
que fuera necesario cambiar; en resumen, sustituir su modelo por otro,
que eso es lo que entraña una remodelación. Remodelar implica un
cambio o reforma de modelo. Desechar el viejo y adoptar otro distinto.
Pero, es el caso que ya le habían hecho demasiadas adaptaciones al
deteriorado vehículo. Algunas, fueron dictadas por la necesidad de
mantenerlo funcionando. Otras, las motivó el capricho. Tantas
modificaciones le hicieron, que aquel trasto no conservaba ni su
modelo original, ni poseía ningún otro modelo definido. Era totalmente
ecléctico, un verdadero invento. No obstante, el propietario insistía
en actualizarle el modelo que ya no tenía.
Lo primero que hizo, fue sustituir el viejo motor y colocarle uno más
potente y moderno. Luego hizo lo mismo con la caja de velocidades y
con la transmisión. Más tarde, le puso una carrocería nueva con la que
varió su aspecto externo. Eso sí, no le cambió la dirección y la vieja
fue incapaz de soportar tantas modificaciones. Era una dirección
mecánica y ruda, que requería de un gran esfuerzo para producir el
menor giro. Pero nuestro protagonista se negó a cambiarla, no quiso
renovarla y emplear una hidráulica que ofreciera menos resistencia a
la manipulación. Debido a ello, le fue imposible manejar su artefacto.
Sin embargo, se ufanaba en proclamar que, producto de todos esos
injertos, tendría un carro actualizado, totalmente renovado,
remodelado, modificado, modernizado, un automóvil absolutamente
diferente. Sin embargo, era evidente que no serviría para conducirlo
por las calles y menos aún para transitar por caminos nuevos, a medio
construir. El testarudo innovador no comprendió el enorme costo que
había significado las transformaciones que acometió. Más racional le
hubiera resultado CAMBIARLO, optar por un carro hecho para estos
tiempos, para la actualidad. De esa forma sí tendría un auto
actualizado, del siglo XXI. Él parecía desconocer la imposibilidad de
actualizar algo, sin cambiarlo. Porque existe una relación de
dependencia entre estos verbos tan parecidos, pero de muy diferentes
significados: Actualizar y Cambiar".
Desde Regla,
Ayer "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía
Julio 1ro de 2013
--
________________________________________________________________
De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
http://jorgecolivaespinosa.blogspot.com
jorgecoliva@gmail.com
Por Jorge C. Oliva Espinosa
Sempronio me contó la siguiente historia. Es una historia muy
conocida, pero merece que escuchemos su versión. Cualquiera puede
comprobar que es verídica en su totalidad. Ahí les va:
"Un cubano tenía un auto de los años 50 del pasado siglo, lo había
heredado de su hermano mayor. Pero cuando éste le traspasó la
propiedad, ya era un desastre. Durante más de cincuenta años, su
hermano, él y los amigos de ambos, le habían dado uso y abuso sin
miramientos y el pobre cacharro ya no podía más. Sencillamente no
andaba. Y entonces, el nuevo dueño decidió proceder a su
modernización. Convertirlo en algo tan moderno, que fuera actual. Y le
llamó al cambio de modelo, actualización. Aunque sentía escrúpulos con
las palabras cambio y reformas, anunció que iba a cambiarle todo lo
que fuera necesario cambiar; en resumen, sustituir su modelo por otro,
que eso es lo que entraña una remodelación. Remodelar implica un
cambio o reforma de modelo. Desechar el viejo y adoptar otro distinto.
Pero, es el caso que ya le habían hecho demasiadas adaptaciones al
deteriorado vehículo. Algunas, fueron dictadas por la necesidad de
mantenerlo funcionando. Otras, las motivó el capricho. Tantas
modificaciones le hicieron, que aquel trasto no conservaba ni su
modelo original, ni poseía ningún otro modelo definido. Era totalmente
ecléctico, un verdadero invento. No obstante, el propietario insistía
en actualizarle el modelo que ya no tenía.
Lo primero que hizo, fue sustituir el viejo motor y colocarle uno más
potente y moderno. Luego hizo lo mismo con la caja de velocidades y
con la transmisión. Más tarde, le puso una carrocería nueva con la que
varió su aspecto externo. Eso sí, no le cambió la dirección y la vieja
fue incapaz de soportar tantas modificaciones. Era una dirección
mecánica y ruda, que requería de un gran esfuerzo para producir el
menor giro. Pero nuestro protagonista se negó a cambiarla, no quiso
renovarla y emplear una hidráulica que ofreciera menos resistencia a
la manipulación. Debido a ello, le fue imposible manejar su artefacto.
Sin embargo, se ufanaba en proclamar que, producto de todos esos
injertos, tendría un carro actualizado, totalmente renovado,
remodelado, modificado, modernizado, un automóvil absolutamente
diferente. Sin embargo, era evidente que no serviría para conducirlo
por las calles y menos aún para transitar por caminos nuevos, a medio
construir. El testarudo innovador no comprendió el enorme costo que
había significado las transformaciones que acometió. Más racional le
hubiera resultado CAMBIARLO, optar por un carro hecho para estos
tiempos, para la actualidad. De esa forma sí tendría un auto
actualizado, del siglo XXI. Él parecía desconocer la imposibilidad de
actualizar algo, sin cambiarlo. Porque existe una relación de
dependencia entre estos verbos tan parecidos, pero de muy diferentes
significados: Actualizar y Cambiar".
Desde Regla,
Ayer "La Sierra Chiquita"; ayer, hoy y siempre, bastión de rebelde cubanía
Julio 1ro de 2013
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De la Revolución iniciada en 1868 y aún inconclusa, soy hijo; a ella me
debo.
Jorge C. Oliva Espinosa. Cubano, nieto de mambises, sobreviviente.
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